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Banco Mundial: herramienta financiera de la economía neoliberal

Lunes 12 de abril de 2010 por CEPRID

Luis Alberto Matos

CEPRID

“El Banco Mundial recibe más dinero, de los países pobres, que lo que les da.”

Social Watch (Red Internacional de Control Ciudadano)

Creado en 1944 y con sede en Washington, el Banco Mundial se autodefine como “una fuente vital de asistencia financiera y técnica para los llamados países en desarrollo”. Asume, como su propósito, reducir la pobreza mediante préstamos de bajos intereses y apoyo económico a esas naciones. Sin embargo, su historia, acciones y resultados no concuerdan con tal misión.

Según Marcelo Resende: “Muchas investigaciones independientes indican que los proyectos del Banco Mundial han presentando problemas económicos, sociales y ambientales. Sin embargo, permanecen como parte estratégica de un proyecto que busca garantizar las bases para la expansión del neoliberalismo, incluyendo la privatización de tierras públicas, áreas comunitarias, aguas y selvas”. Conviene recordar que Robert B. Zoellick, actual Presidente del Banco Mundial, fué el número dos en el Departamento de Estado en la “Administración Bush”.

Según la Red Voltaire “Zoellick es el estratega del uso de los acuerdos económicos multilaterales parciales, como medio para acabar con el consenso en el seno de las organizaciones internacionales”. En su criterio “Zoellick, en su afán de construir un mundo unipolar globalizado, utiliza el libre comercio para destruir las economías dirigidas y privatizar los servicios públicos”.

Cifras de la institución revelan que la suma de las cuotas, más los intereses pagados por los países en desarrollo al Banco Mundial, desde 1991, es superior a los montos entregados por esa institución a sus gobiernos.

Experiencias negativas

Venezuela, Ecuador y Bolivia tratan de construir una alternativa que sustituya al Banco Mundial. Ejemplo para todo el planeta, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, suspendió el pago del 30% de la deuda pública externa de su país por considerarla fraudulenta. Si hiciéramos una auditoría eficaz y sincera en muchas naciones, incluyendo la nuestra, quizás hasta pudiéramos superar tal porcentaje. En Brasil, los programas del Banco Mundial incluyeron siempre el catastro de los inmuebles rurales, seguido de una mercantilización de la reforma agraria y un verdadero mercadeo de tierras que acumuló más espacios productivos para cada vez menor número de propietarios. En Zimbabwe, en las ultimas décadas del pasado siglo, el gobierno les compraba tierras a los blancos y se la distribuía a los negros, constituyendo asentamientos. El Banco Mundial se opuso e indujo a la “Unión de Hacendados Blancos” a no vender sus posesiones. Posteriormente, a finales de los 90, el propio Banco Mundial invirtió en el mercado de tierras.

En Sri Lanka, el Banco Mundial defendió el recorte de subsidios a fertilizantes y semillas, la privatización de las empresas y la venta de molinos a una selecta minoría.

La semana pasada, su Director de Política Económica para América Latina, Marcelo Giugale, llegó a La Paz para reunirse con las autoridades gubernamentales sobre desarrollo económico. Pero salió de allí a un encuentro “privado” con el Presidente de la Confederación de Empresarios de Bolivia.

Mercantilización agraria

En Guatemala el mercadeo de tierras fué implementado en 1994, a través de un Fondo con financiamiento del Banco Mundial. Su objetivo era la privatización de las tierras públicas.

En India, en 1975, el Informe de Política de Reforma Agraria del Banco Mundial señalaba a la articulación y al registro de tierras como los principales problemas para el establecimiento de un próspero “mercado de tierras”.

Para combatirlos, ofrecieron un “paquete” que incluía la titulación, el relevamiento catastral y el registro para permitir las transacciones de venta de tierras de los productores “menos eficientes” para los “más eficientes”. Según la terminología del Banco Mundial, esto genera “lucros máximos”.

En Sudáfrica, el gobierno implementó el mercadeo de tierras con programas del Banco Mundial destinados a los agricultores de mayor poder adquisitivo. Los campesinos fueron desplazados y utilizados como mano de obra en tales haciendas, deteniendo el proceso de reforma agraria.

En Tailandia, el acceso seguro a la tierra fué el argumento para la intervención del Banco Mundial en la política agraria.

Privatización del agua

Fiel a su concepción neoliberal de la economía, el Banco Mundial asegura que la forma de aumentar la disponibilidad de agua es tratándola en forma similar a cualquier otro producto natural. Y que “como el cobre, el oro y el petróleo, debe ser explorada y desarrollada por capitales privados que tengan el aliciente de la ganancia para animarse a invertir”.

Según sus propias estadísticas, un habitante del sur del planeta consume un promedio de 20 litros de agua por día, mientras que un estadounidense supera los 600 litros. Algunos sostienen que, para el 2030, cerca de 3.000 millones de personas no tendrán suficiente acceso al agua potable.

La privatización pudiera elevar considerablemente el precio de venta del agua al usuario final. ¿Cuál sería entonces ese precio?

En una “economía neoliberal” los precios no tienen absolutamente ninguna relación con los costos. Será el famoso nivel de equilibrio de supuestas curvas de oferta y demanda, en un mercado dirigido hacia quien esté dispuesto y en condiciones de pagar en un escenario de creciente escasez, ningún sustituto y oferta monopólica. Voceros del Banco Mundial aseguran que, a largo plazo, funcionará un mercado mundial del agua similar al actual del petróleo. Quizás deberíamos ir pensando en una OPEA (Organización de Países Exportadores de Agua).

Flexibilización laboral

Efectivo este año, México obtuvo un préstamo del Banco Mundial por 1.500 millones de dólares. Entre otras cosas, la transacción lo obliga a “flexibilizar” su mercado laboral.

Valeria Enríquez, investigadora del Centro de Análisis e Investigación Fundar, señala que tal flexibilización “apunta hacia la precarización de la mano de obra y no incrementa el bienestar de los trabajadores”. Danae Duana Ávila, del Instituto Politécnico Nacional mexicano, asegura que ahora en su país aumentará el desempleo, decrecerá el poder adquisitivo e incrementarán aún más las actividades informales. Concluye que “se favorece la estrategia de competitividad por medio de bajos salarios”.

Valeria Enríquez, del Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, afirma que el Banco Mundial “condiciona” al gobierno mexicano a continuar con la política económica neoliberal.

Más de un mexicano dirá “todo por piches mil quinientos millones de dólares que se lo gastan en un ratito no más”.

Desplazamiento campesino

El Banco Mundial es enemigo de cualquier reforma agraria que entregue la tierra al campesinado.

El caso de Colombia es ejemplar. En 1950, el Banco Mundial recomendaba la migración incentivada de los campesinos y la formación de un sector agropecuario concentrado en la expansión del rebaño bovino para abastecer al mercado norteamericano de proteína animal. El principal obstáculo al crecimiento del país, de acuerdo con el Banco Mundial, era el número excesivo de campesinos: sugería dos formas de resolver la situación: atraer a los campesinos a las ciudades o expulsarlos mediante un “shock”.

Según el economista Héctor Mondragón, “no hay desplazados en Colombia porque hay guerra, sino que hay guerra para que haya desplazados”.

jaquematos@cantv.net


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