CEPRID

La crisis del agua en Asia

Miércoles 10 de junio de 2009 por CEPRID

Aleksandr Shustov

Global Research

Traducido para el CEPRID por Manuel Gancedo Florín

El déficit en recursos hídricos, que pueden en el futuro ser de mayor demanda que el petróleo y el gas natural se ha convertido ya en una realidad en muchas partes del interior de Eurasia. Asia central no ha disfrutado de un superávit en agua desde hace ya bastante tiempo. El problema del agua se está cargando cada vez más de significado geopolítico, afectando directamente a los intereses rusos. A principios de 2009, cuando por una parte había en Rusia un creciente interés por los proyectos de la antigua Unión Soviética por construir grandes centrales hidroeléctricas en Tayikistán y Kirguizistán, por la otra las actividades de Uzbekistán, que en esencia comenzaron a formar en la región una especie de “bloque del agua”, eran también evidentes. La diplomacia rusa hizo intentos por mantener un equilibrio entre los intereses de los “países productores de agua” (Tayikistán, Kirguizistán) que controlan los nacimientos de las principales arterias de agua, el Amu Darya y el Syr-Darya, y los países “corriente abajo” (Kazajistán, Uzbekistán y Turkmenistán) con su crítica dependencia del flujo de agua desde las nacientes, pero estos esfuerzos fueron casi fútiles.

Si se estableciera en Asia central esta constelación geopolítica de tipo “bloque”, el estancamiento entre los países “corriente arriba” y los países “corriente abajo” en su debate sobre la conveniencia de construir grandes instalaciones hidroeléctricas en los ríos transfronterizos Amu Darya y Syr-Darya sería inevitable.

El 13 de abril el Ministro de Exteriores uzbeko emitió un comunicado de prensa, cuya esencia puede resumirse en estos dos puntos:

1) La construcción de nuevas centrales hidroeléctricas es un asunto que concierne a todos los estados de la región y que podría agravar la ya de por sí difícil situación del suministro de agua en “las regiones corriente abajo” dando lugar a desequilibrios en la frágil situación ecológica;

2) Los problemas relacionados con el agua y el suministro de energía en Asia central deberían ser resueltos sin la interferencia de “terceros” países (o sea, la Federación Rusa). Para el Ministro de Exteriores de Uzbekistán los desarrolladores de proyectos hidroeléctricos de gran escala deberían tomar en cuenta los intereses de todos los estados de la región y ser investigados a fondo por expertos internacionales para asesorar en cuanto a la seguridad tecnológica y medioambiental así como garantizar el mantenimiento del equilibrio hídrico. La violación de estos principios podría tener “imprevisibles consecuencias ambientales, económicas, sociales y políticas”. En los últimos años los problemas de suministro de agua que afrontaron los “países corriente abajo” se agravaron por la escasez de agua, cuyo nivel en el Amu Darya y el Syr-Darya es, según el Ministro de Exteriores uzbeko, de alrededor del 70% de la media anual habitual.

El ministerio de exteriores de Uzbekistán ve la central hidroeléctrica de Kambaratinsk, actualmente en construcción en en Kirguizistán,y el plan de construir otra en Rogunsk, Tayikistán, como las menos amigables con el medio ambiente en Asia central. La construcción de ambas centrales eléctricas se inició con la URSS y aún están inacabadas. La capacidad estimada de la central de Kambaratinsk-1 en el curso medio del Naryn, tributario del Syr-Darya, es de 1.900 MW y una producción anual eléctrica estimada en 5,1 billones de KW/h. El gobierno de Uzbekistán planea tener una capacidad en la central de Rogunsk en la cuenca del Vakhsh de casi el doble, hasta los 3.600 MW, con una producción anual de hasta 13,4 billones de KW/h.

Se espera de Rusia que juegue un papel decisivo en la construcción de ambas centrales eléctricas, convirtiéndose en el principal inversor en ambos proyectos. En octubre de 2008 durante la visita a Bishkek del presidente ruso Dmitry Medvedev se firmaron acuerdos sobre la participación de empresas rusas en la construcción de la central eléctrica de Kambaratinsk, en Kirguizistán. En noviembre el jefe de la Administración Federal de la Federación Rusa, S. Naryshkin solicitó ayuda para la construcción de la central eléctrica de Rogunsk en Tayikistán.

Uzbekistán tiene la mayor población entre los países de Asia central, dos tercios de los cuales, aproximadamente, reside en áreas rurales agrícolas; depende más que otras del suministro de agua desde los países “corriente arriba”. Las autoridades Tayikas son conscientes del potencial del suministro de agua como herramienta de presión económica y política sobre sus vecinos. Las declaraciones que hizo el presidente Medvedev durante su visita a la capital de Uzbekistán en enero a efectos de que la implantación de grandes proyectos hidroeléctricos conjugaría los intereses de todos los países de la región no despejó sus miedos.

En cambio, la construcción de centrales hidroeléctricas es esencial para los países “corriente arriba” de Asia central. Al contrario que Kazajistán, Uzbekistán y Turkmenistán, Kirguizistán y Tayikistán no tienen fuentes significativas de petróleo y gas natural para proveer de calefacción y electricidad a su población y a su economía. Los principales proveedores de electricidad en Kirguizistán y Uzbekistán son las centrales hidroeléctricas. Sus reservas de agua son necesarias para regar los campos de los países “corriente abajo” en verano, y para la producción de electricidad en invierno en los países “corriente arriba”. Estas contradicciones se agravaron tras la desintegración de la Unión Soviética, cuando las antiguas repúblicas ricas en petróleo y gas empezaron a venderlos a precio de mercado, mientras que los nuevos estados independientes, incapaces de comprar esta energía en cantidades suficientes, tuvieron que incrementar dramáticamente la producción eléctrica en invierno, cuya capacidad es, en cualquier caso, críticamente insuficiente. La única salida para Kirguizistán y Tayikistán es la construcción de nuevas centrales eléctricas para superar el déficit de electricidad y para vendérsela a los países vecinos.

Los intereses de los países “corriente abajo” en cuanto al uso del agua coinciden y objetivamente contradicen los intereses de sus vecinos “corriente arriba” de construir nuevas centrales hidroeléctricas. Durante una conversación telefónica en abril de 2009 los presidentes I. Karimov de Uzbekistán y G, Berdymukhammedov de Turkmenistán hicieron “notar la significancia de los esfuerzos conjuntos en desarrollar nuevas propuestas para encontrar soluciones al problema del agua, común a los países de la región, así como el del Mar Aral”. Anteriormente I. Karimov discutió el problema del agua con el presidente de Kazajistán N. Nazarbayev. Y el primer ministro de Kazajistán hizo una visita a Tashkent. Los analistas dicen que estas negociaciones ayudaron a desarrollar una postura común de los dos países “corriente abajo” con un ojo en la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas en Kirguizistán y Tayikistán.

La diferencia de intereses de los países centroasiáticos “corriente arriba” y “corriente abajo” que plantea la amenaza de acabar en un conflicto entre estados es un desafío tanto diplomático como geopolítico para Rusia. Renunciar a construir centrales eléctricas en Kirguizistán y Tayikistán e ignorar sus intereses sería como invitar a otros estados, principalmente China e Irán que tienen intereses energéticos en Asia Central. Sin embargo no es menos significativo para Rusia el mantener lazos firmes con Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán en el área de petróleo y gas. En una palabra, el “problema del agua” en Asia Central tiene cuestiones para la diplomacia rusa que deben ser resueltas sin tardanza.


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