LA QUE LLEGÓ DEL FRÍO

Su nombre es Al Dadrev, «La que llegó de la Tierra del Frío». Nadie recuerda cuándo llegó por primera vez, el hecho es que está aquí, que siempre ha estado y que siempre vuelve.
Según dice, La Tierra del Frío se extiende más allá de las Murallas, y es tan grande que no tiene límites, aunque nadie ha estado allí, ni siquiera nadie la ha visto porque las Murallas no tienen puertas ni ventanas.

Resulta terrible pensar que podría existir algo así, fuera de nuestro control, algo que es por sí mismo, que no necesita de nosotr*s para darle un sentido a su existencia. Algo que es, con o sin nosotr*s. Sólo de pensarlo el temor se apodera de mí y me recorre un escalofrío.

Es por eso que a nadie nos gusta «La que vino del Frío», sus palabras, su actitud, su sola presencia, nos resultan duras y frías como el hielo. Su forma de hablar es indignante, nunca expresa dudas, es directa y tajante como el viento que arrastra los cristales de escarcha.

Por eso, cada vez que «La que llegó del frío» vuelve a aparecer entre nosotr*s, la perseguimos, la despreciamos, la encerramos, la torturamos, la asesinamos…

Pero siempre vuelve, y se queda ahí, en las plazas, en las calles, recordándonos que El Frío existe, que Ella lo conoce, que El Frío es Ella: Al Dadrev.

¡El Frío! ¡Qué disparate! Pero si tod*s sabemos que El Frío no existe, que sólo existen diferentes grados de calor, que dependen de muchas cosas: de la situación, de las personas, del lugar, del estado de ánimo, del tiempo…

Pero, ¿y si realmente existiese El Frío?… No, no puede ser, eso supondría el fin de todo lo que somos, de lo que hemos creado a lo largo de tantos milenios, de toda nuestra Civilización. Algun* podría pensar que Al Dadrev es una revolucionaria, que trata de cambiar el Sistema establecido. Pero incluso l*s propi*s elementos y grupos más disconformes de entre nosotr*s la repudian y reprimen, por la misma razón que l*s demás: la dureza gélida de sus gestos, su blanca y marmórea frialdad en la expresión, la oscuridad helada que desprende su mirada, sus frases afiladas como carámbanos y la fortaleza y resistencia de su ánimo duro y frío como el metal.

No, no resulta nada cómodo que nos recuerden que El Frío existe. Nos obliga a tenerlo en cuenta, a abrigarnos para vivir con Él, a respetarlo,…

¡Qué tontería! Si todos sabemos que El Frío es un mito, una mentira fruto de la demencia de «La que vino de la Tierra del Frío».

Pero si es una mentira ¿Por qué nos incomoda tanto su presencia? ¿Por qué no dejamos de tomar en serio a Al Dadrev?
Hay algo en «La que vino de la Tierra del Frío» que nos impide olvidarla del todo, algo en Ella o en nosotr*s que nos atrae y fascina, que nos asusta y repele, algo que todos conocemos aunque prefiramos olvidarlo por comodidad ¿Qué podrá ser?

¿Será que es El Frío, y no el calor, lo que realmente existe, y que la idea de su inexistencia en la que basamos nuestras vidas, nuestras culturas, nuestras ideologías, es falsa? Sería terrible; toda una Civilización, toda una Historia, todas las luchas, revoluciones y guerras llevadas a cabo para y por el avance de la Sociedad y hasta esa misma Sociedad, basadas en una mentira, todo una gran mentira, sin paliativos, sin adornos que la suavicen ¡Todo Mentira!

O quizá ¡Será que El Frío existe pero también el calor, y que El Frío está siempre presente, aunque lo tratemos de suavizar calentándolo? Daría igual, aún así significaría que a lo largo de los milenios habríamos sido sord*s y cieg*s a la existencia del Frío y, por tanto, habríamos basado en mentiras todo lo que hemos hecho, pensado y sido !Qué gran error!

Quizá por eso «La que vino de la Tierra del Frío» no nos agrada. Porque nos recuerda que el calor y la comodidad que creemos sentir son falsos, que se basan en excusas y mentiras. Porque en el fondo sabemos que lo que la Extranjera dice, hace, es y representa, es La Verdad, sin disfraces, sin vestimentas que la oculten a nuestros ojos, que la hagan menos fría, menos dura, menos incómoda.

Sí, lo que trae «La que llegó del Frío» es La Verdad: un gran bloque de hielo contra el que chocan las bases sobre las que construimos nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestras creencias e ideas, nuestras Murallas, que damos por buenas basándonos en lo cómodas y agradables que resultan a la hora de tratar de explicarlo todo.

Pero ese cálido sosiego se rompe en mil pedazos cada vez que Al Dadrev aparece y nos recuerda la falsedad y la debilidad en que se basa todo ello, mostrándonos la cara fría de una Realidad que nunca quisimos aceptar. «La que llegó de la Tierra del Frío» no entraña peligro alguno para las personas. Sus duros modos y palabras no son en absoluto insultantes o agresivos, aunque much*s, de nuevo por comodidad, así lo consideren. Ella no implica violencia e intolerancia hacia la gente. Su fría presencia no es alimentada por el odio ni la venganza. Sin embargo, la Extranjera y El Frío que representa suponen una amenaza sin límites para nuestra forma de ser y de vivir, para nuestra conciencia y nuestras ideas. Con la blanca solidez del hielo hace añicos, pulveriza nuestras ideas y culturas basadas en la mentira. Aunque jamás ha tocado o despreciado a un* de nosotr*s, es su sola presencia lo que nos violenta.

En realidad, l*s que la insultamos, despreciados o golpeamos somos nosotr*s, porque sabemos en lo más profundo de nuestras cabezas que El Frío existe, que Al Dadrev tiene Razón. Esto no nos permite seguir viviendo felices. El Frío es incómodo.
Ayer matamos de nuevo a «La que vino de la Tierra del Frío», con la esperanza de que no vuelva jamás.

Hoy me siento incómoda, descontenta, inquieta. La felicidad y tranquilidad que sentía hace unos días ha desaparecido y el frío, un Frío intenso me recorre los huesos.

Es cierto, El Frío -La Verdad- no es nada cómodo, aunque resulta fascinante y necesario y ahora estoy segura de que existe, está aquí. Al Dadrev, «La que llegó de la Tierra del Frío», ha vuelto.

E=m.c2
(Bilbo)