LA PRISIÓN, INDUSTRIA CON FUTURO

Desde que entró en vigor el nuevo código penal se habla mucho sobre el aumento de pres*s, la falta de espacio en las prisiones, e incluso se duda de si es posible aplicar el nuevo código por la falta de infraestructura carcelaria y el bajo presupuesto para el sistema penal. Suerte que existe el gran hermano norteamericano que siempre va unos pasos por delante con respecto al desarrollo de la sociedad en la vieja Europa.

El aumento de pres*s que se espera en España, ya se produjo en EE.UU. hace unos cuantos años ( se subió de 329.000 en 1980 a 1.012.000 en 1994). Como se sabe los yankees son capitalistas muy experimentados y el Estado norteamericano ya ha privatizado muchos mas sectores estatales que los estados europeos. Así también las prisiones. Porque claro, es muy caro tener encerradas a más de un millón de personas alimentarlas, alojarlas y «cuidarlas». Y la plaza de una cárcel privada es más barata que una estatal.

Pero los nuevos empresarios penales no quedaron satisfechos con las ganancias sacadas de la desgracia de otra gente, y pensaron en otras formas de rentabilizar su cárcel privada. Se acordaron de los campos de concentración de los nazis en los que antes de exterminar a la gente se le hacía trabajar y producir. Llegaron a la conclusión de que es la forma ideal de aprovechar todo el material humano de las prisiones que sólo vive a costa de los buenos ciudadanos. Empezaron a construir fábricas al lado de las cárceles y a crear una industria penal.

Hace poco el jefe de la más exitosa empresa carcelaria de EE.UU. dijo: «el aumento del número de presos es muy favorable para nosotros». También se alegraron los productores de armas en EE.UU. Su industria experimentó un importante incremento desde que se produjeron los recortes en el presupuesto militar, pero en la búsqueda de nuevas oportunidades han descubierto la industria penal como nuevo campo de inversión.

También la actitud de la sociedad norteamericana ha cambiado, gracias a la crisis económica. Donde hace unos años l@s vecin@s se negaban a la construcción de una cárcel cerca de su comunidad, ahora ofrecen terrenos para la construcción, porque ven en ello una posibilidad de mejorar su economía y crear nuevos puestos de trabajo. El jefe de la oficina federal de prisiones Bill Patrick dijo: «al fin los ciudadanos comprendieron que somos una industria que no sufre bajo la recesión economica, limpia, atractiva y segura».
Para entender este desarrollo del sistema penal en EE.UU. basta fijarse en los gastos anuales que emplea el gobierno norteamericano para conservar su «paz social». En seis estados el presupuesto para las prisiones supera los 1000 millones de dólares, encabezado por California, con 3.600 millones de dólares anuales. He aquí un ejemplo de lo que significa para l@s californian@s: en los últimos 10 años los gastos en el sistema penal subieron de un 3,9% a un 8,2% del presupuesto, mientras los gastos en educación disminuyeron de un 14,4% a un 9,3%. O sea, para mantener todas estas prisiones hará falta más y más dinero. Eso significará más y más recortes en programas destinados a la prevencion del crimen (educación, formación laboral. asistencia a jóvenes…). Lo cual probablemente significara más y más presos. Por eso, las perspectivas para la industria carcelaria son fantásticas. Es la industria con mayor crecimiento en los EE.UU. Las ganancias de esta industria en 1993 eran de 1.300 millones de dólares y para el año 2000 se espera una ganancia anual de 8.900 millones de dólares y se calcula que habrá 500.000 pres@s trabajando en esas fábricas.

Los sueldos que se pagan a los presos son miserables, oscilan entre uno y cinco dólares la hora, cuando el trabajo que realizan tendría que ser pagado al menos con el triple.
Este hecho ya repercutió en el mercado laboral norteamericano, hay varios miles de trabajadores que han perdido su empleo porque su empresa abrió una fábrica al lado de la prisión. También en las huelgas las empresas se aprovechan de los reclusos para sustituir huelguistas y anular de esa manera el efecto de la huelga, con el apoyo indirecto del Estado.

Luis Talemanetz, un preso activista, explica: «El preso está totalmente expuesto a la voluntad del estado, privado de toda clase de derechos, sin ninguna posibilidad de organizarse. Si no trabajas te reprimen de forma violenta. Yo me declaré en huelga y me mandaron al agujero (celda minúscula, sin ventanas). Encima la situación te obliga a trabajar, porque todo lo que necesitas (tabaco, medicina, comida de mejor calidad…) lo tienes que pagar, y es de donde puedes sacar dinero en la prisión».

Con el boom de la industria carcelera se ha establecido un grupo de gente que tiene gran interés en que las condenas sean duras y largas, para que siga aumentando la población carcelaria.

Vemos desarrollarse un sistema que vive de la privación de la libertad de individuos y cuya motivación son las ganancias económicas.

ColectivoMumia
(Barcelona)