CEPRID

El “dabke” de la muerte en Líbano

Lunes 12 de noviembre de 2007 por CEPRID

Marie Nassif- Debs CEPRID 12 - XI - 07

¿Existe la posibilidad de llegar a un acuerdo entre el llamado “grupo del 8 de marzo” y el “del 14 de marzo” o la situación en Líbano va irremediablemente en dirección de la escalada y la deflagración?

Desde hace algún tiempo los libaneses están deshojando margaritas. Hasta una mínima expresión de cordura en los propósitos de los antagonistas les da una dosis de esperanza, pero la pierden enseguida al escucharles intercambiar palabras violentas. Hay que temer lo peor. A pesar del optimismo de Bernard Kouchner durante su última visita a Beirut, cuando bailó el dabke1, antes de llamar a los diputados libaneses a respetar el plazo de las elecciones presidenciales.

Hay que temer lo peor. Porque Líbano perdió toda su autonomía.

Sus dirigentes no son los elegidos según la ley - hecha a la medida del antiguo gobernador sirio, el ya fallecido coronel Gazi Kanaan, quienes deciden qué hacer en y con su país. Las decisiones son tomadas por las grandes potencias internacionales y regionales que unas veces se cruzan y otras se matan entre sí.

Así durante las tres últimas semanas nos tocó escuchar declaraciones sucesivas de George Bush, Dick Chenny, Condoleeza Rice y otros durante la visita de los líderes políticos libaneses mayoritarios a Washington, que condenaban la intromisión de Siria en los asuntos interiores de nuestro país olvidando todas las violaciones de nuestro territorio nacional por parte de Israel. Tuvimos también una visita del representante del Ministerio de Defensa estadounidense, Eric Edelmann, venido en nombre de su ministro a “continuar con la misión iniciada por el jefe del ejército el almirante Falon” que concierne “la cooperación entre Estados Unidos y Líbano para una nueva estrategia militar”. Además, recibimos sucesivamente a los tres ministros de asuntos exteriores de Francia, Portugal e Italia, al mismo tiempo que su homólogo turco (venido como mediador entre Siria y Líbano). En los próximos días esperamos la visita de altos emisarios de los países árabes, entre los cuales en primer lugar el ministro egipcio de Asuntos exteriores.

Todos quieren “ayudar” a Líbano a salir del impasse de las elecciones presidenciales e impedir una nueva guerra fratricida cuya sombra espesa envuelve Líbano y que se perfila en los miles de jóvenes milicianos reclutados por los campos opuestos.

¿ Parece todo esto una caricatura? Desgraciadamente es la pura verdad.

A partir de ahora la situación política y económica de Líbano está como nunca ha estado en su historia moderna ligada a la voluntad de la administración estadounidense, dirigida por G.Bush y apoyada por Israel y algunos regímenes árabes llamados “moderados” (tales como Egipto, Arabia Saudí y Jordania), pero en parte también a la de Siria e Irán.

La apuesta es: la segunda etapa del proyecto “El Nuevo Oriente Medio” que Estados Unidos, mezclando todas las tendencias, han emprendido en Iraq y con el que pretenden seguir en Líbano y Palestina, que servirá para tener la región petrolera y mediterránea árabe bajo su dominio, lo cual les permitirá por una parte, avanzar hacia el Caspio y controlar el 75% de la energía mundial. Sin olvidar, por otra parte, el control de las vías de transporte y de los precios de la energía.

¿En qué consiste “El Nuevo Oriente Medio” en lo que concierne a Líbano?

Igual que en Iraq, donde el Partido democrático estadounidense tomó la decisión (no obligatoria) de dividir el país en tres Estados2, está previsto (según dicen) que Líbano será dividido en tres cantones: un cantón druso y maronita (correspondiente a los límites del “Pequeño Líbano” creado por los franceses en 1920), el otro chiíta en la región de Beca (Beqaa) y el tercero, sunnita, en el Norte del país. La zona fronteriza del sur será una prolongación del primer cantón donde se hará un poco de sitio a 350 000 palestinos a los que Israel niega el derecho al retorno3 pero lejos de las fronteras.

Un papel de propagandista hizo cambiar a Suiza, que abandonó su neutralidad habitual y hace unos quince días invitó, a través de su embajada en Beirut, a un grupo de intelectuales libaneses con el fin de explicarles las ventajas de su sistema federal, como si Líbano estuviera compuesto por etnias y nacionalidades diferentes que ni siquiera hablan el mismo idioma y no tenían desde el principio una historia común…

Mientras que las elecciones presidenciales quedan aplazadas al 12 de noviembre (en principio) a causa del encuentro Bush – Sarkozy sobre Líbano y también de la conferencia (árabe) sobre Iraq, un sin fin de cumbres entre los líderes de la “mayoría” y de la “oposición” acaba de comenzar, con el objetivo de conseguir que el tiempo que queda hasta las presidenciales pueda transcurrir con calma. Sin embargo, las aprehensiones siguen siendo muy fuertes, en particular, algunos ven que las acusaciones lanzadas contra Walid Jumblatt contra el Hezbolah4 (y quienes han vuelto a envenenar el clima político) una tentativa por parte de Washington de poner a Siria entre la espada y la pared, no en Líbano sino en lo concierne la situación explosiva en Iraq.

Dicho de otro modo: ni Washington ni Damasco no tienen prisa por facilitar la búsqueda de una solución antes de haber resuelto unos cuantos puntos que les oponen. O sea, Líbano seguirá en la indecisión hasta los últimos días de las elecciones presidenciales, es decir hasta 24 de noviembre. Porque el problema de elegir a un Presidente de la República no es un solo punto inextricable; también existe una fase política posterior: ¿Qué será de la composición del gobierno y quién lo dirigirá? ¿ Se quedará Fouad Sanioura (candidato estadounidense por excelencia) en su puesto, o también habrá un candidato de consenso? ¿Qué ocurrirá con la resolución 1559 sobre las armas de Hezbolah? ¿Cuál será la postura de la ONU acerca del rechazo de Israel de admitir que las granjas de Chebaa son tierras libanesas y ¿cómo reaccionarán las tropas de FINUL frente a las violaciones de la resolución 1701 por parte de Israel?

Son muchas las preguntas que se hacen los ciudadanos de un país que perdió los pocos aspectos que le quedaban de su soberanía. Solamente una conferencia de partidos y fuerzas políticas a escala nacional quizás podría salvarlo (momentáneamente). Una conferencia que tenga como objetivo estabilizar la paz civil y de discutir las reformas políticas necesarias a corto plazo para volver a poner en píe a Líbano.

Los Estados Unidos y sus aliados (entre los cuales Francia) dejarán hacer o las apuestas petroleras primarán y tendremos que sufrir una vez más las consecuencias sangrientas de una política ciega cuyo único lema es: correr hacia delante para escapar del callejón sin salida.

Marie Nassif- Debs es miembro del Comité Central del Partido Comunista Libanés. Beirut, 24 de octubre 2007


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