LA EXPERIENCIA DE LA ASAMBLEA LIBERTARIA AKRAZIA

AKRAZIA Asanblada Libertarioa (“Asamblea libertaria Acracia” en castellano, aunque más conocida como AKRAZIA a secas), fue un colectivo que como su propio nombre indica fue asambleario y libertario en el amplio significado de los términos y sus actividades se desarrollaron durante dos cursos lectivos (o dos años si se prefiere, fundamentalmente durante los años 1995 y 1996) en el campus universitario de Leioa (Bizkaia) de la UPV-EHU (Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea).
Para quien no lo sepa, la UPV-EHU es la universidad pública vasca y aunque la misma está descentralizada por diversos campus y facultades a lo largo de la geografía de la Comunidad Autónoma del País Vasco, el Campus más importante y que engloba a varios de los buques insignia de la UPV, es el de Leioa. Allí se encuentran importantes facultades como las de Medicina, Enfermería, Ciencias de la Información (Periodismo), Sociología, Bellas Artes, Biología, Matemáticas, etc. Además alberga algunas de las estructuras principales de la universidad vasca, como el Rectorado, la Biblioteca Central, importantes laboratorios, etc.

El Campus de Leioa se inauguró en las postrimerías del Franquismo, concretamente en 1972, y siguiendo la política del dictador de alejar las universidades de los centros urbanos al considerarlos un foco de subversión (así se minimizaban los efectos de las cada vez más habituales huelgas estudiantiles, con sus consiguientes cortes de carretera, extensión de la solidaridad a otros sectores sociales, etc,, que podían hacer colapsar una ciudad y quién sabía si quizá al propio Régimen) el campus se construyó en la punta de un monte a las afueras de los pueblos de Leioa y Erandio. Lejos de los cascos urbanos de ambos municipios y ya no digamos del centro de Bilbao.

Dicho esto, señalar un par de detalles:

– En ocasiones se ha confundido a Akrazia con la Asamblea Libertaria de Leioa, colectivo anarquista que nació poco después del nuestro y que le sobrevivió unos cuantos años más. Ese colectivo funcionaba en el núcleo urbano de Leioa, un pueblo de tamaño considerable (unos 25.000 habitantes por aquella época) e integrado en le Area Metropolitana de Bilbao (Gran Bilbao). Como ya hemos dicho, nosotr@s estábamos en el campus, en la punta del monte y ell@s abajo, en la ciudad, bastante alejad@s y a desmano para nosotr@s. En definitiva, que fuimos dos colectivos que operábamos en el mismo término municipal, con una filosofía y un nombre similares y que nos sentíamos hermanos pero que apenas manteníamos contacto. De hecho el Campus de Leioa era (es) como una ciudad aparte, con sus cafeterías, comedores, jardines, instalaciones deportivas, etc. Normal, teniendo en cuenta que allí estudian o trabajan varias decenas de miles de personas.
– Akrazia guardó durante su existencia un archivo “histórico” con las actas, carteles, pancartas y actividades que fue desarrollando. Esta documentación se guardaba en un armario del Local de Estudiantes al que se suponía tenían derecho los colectivos y sindicatos estudiantiles. Allí guardaban su “material de guerra” el colectivo antimilitarista del campus (recordemos que por aquellos años estaba en pleno auge la lucha contra el Servicio Militar Obligatorio, el movimiento de la Insumisión), el colectivo feminista, el sindicato estudiantil Ikasle Abertzaleak, publicaciones varias… El caso es que durante los años de nuestro funcionamiento la represión en la UPV fue “in crescendo” y por supuesto se iba a cebar en el sector estudiantil más activo y díscolo. Así que un día amanecimos con que el local estudiantil había sido precintado y todos los colectivos expulsados. No tuvimos oportunidad de recoger nuestras cosas. Tiempo después alguien realizó una especie de “operación de rescate” y trajo unas cajas con material, pero se equivocó de armario y recuperó el material de otro colectivo, concretamente de un fanzine que editaban un@s estudiantes.

Resumiendo, que nos quedamos sin la documentación física y ahora sólo disponemos de nuestra no siempre fiable memoria para hablar de la experiencia de Akrazia.
Pero volvamos a la historia principal. Akrazia se constituyó en 1995 de una manera espontánea y su vida fue efímera, podemos decir que dos años (o mejor dicho dos cursos, los meses de vacaciones de verano no cuentan, claro). El primer año fue de gran intensidad y activismo, mientras que en el segundo el colectivo fue languideciendo al incorporarse poco a poco a un movimiento estudiantil asambleario mucho más amplio y plural que se dio en la UPV durante 1996 y años posteriores. Más adelante hablaremos de ese movimiento.

Akrazia surge cuando dos o tres personas que acaban de conocerse durante el curso 1994/1995 manifiestan mutuamente su sensibilidad anarquista y deciden que podría estar bien montar un colectivo ácrata en el campus. Uno cercano a la CGT aragonesa, otro al movimiento antimilitarista vasco, otro a la revista libertaria Ekintza Zuzena de Bilbo… Enseguida uno dice que conoce a dos estudiantes que militan en CNT de Bilbo, los cuales a su vez conocen a una chica que milita en CNT de Baiona, etc.. Así poco a poco surge un pequeño grupo que hace una primera asamblea abierta. Al darse a conocer públicamente surgen de la nada un montón de personas más que se sienten atraídas e interesadas. Se notaba pues que existía cierto “hambre” por hacer algo anarco en la UPV. A la segunda asamblea ya asisten varias decenas de personas. El grupo será de lo más heterogéneo: antimilitaristas, miembros de la antes nombrada publicación Ekintza Zuzena, gente procedente del movimiento de los gaztetxes (okupas), militantes de CNT, de CGT, de Juventudes Libertarias, simpatizantes del movimiento autónomo y anticapitalista vasco, militantes en favor del euskara e incluso un miembro electo del sindicato estudiantil de la Izquierda Abertzale, Ikasle Abertzaleak (“estudiantes abertzales”) que abandonó su cargo al enterarse de la existencia de un colectivo libertario, algo que casaba mucho más con sus ideas (según sus propias palabras “había ingresado en IA porque no quería estar quieto y creía que era lo más útil y cercano que iba a encontrar en el Campus”, pero enseguida se pasó a nuestras filas al ver que existía otra cosa mucho más autónoma). Incluso un preso de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (C.A.A.) que se había matriculado en la UPV desde la cárcel, nos escribió para comentarnos que contásemos con él como un miembro más Mantuvimos varios intercambios epistolares con él. Akrazia llegó a tener en algunos momentos asambleas de 40 personas.

En el grupo había tantos chicos como chicas, la mayoría vasc@s pero también había bastantes de fuera. Esta diversidad creó muchos problemas que a lo mejor nos hicieron ser más lentos a la hora de tomar decisiones, pero que generaron largos y sesudos debates que sin duda nos enriquecieron enormemente, de hecho, quien escribe esto lo considera la época vital en la que adquirió su madurez política. Tod@s podíamos estar de acuerdo en cuestiones como el apoyo a la lucha de la Insumisión al Servicio Militar Obligatorio, pero la cosa era más peliaguda al abordar temas como el lenguaje no sexista en nuestros comunicados y carteles, el uso del euskara en los mismos o la colaboración o no con otros colectivos estudiantiles, como podían ser los de la Izquierda Abertzale. Las sensibilidades eran distintas si alguien procedía de zonas urbanas o rurales; si alguien procedía de la “España profunda” o de pueblos netamente abertzales; de familias castellanoparlantes o de entornos monolingües euskaldunes; de entornos militantes numerosos o de zonas en donde el compañero o compañera habían tenido que vérselas en un entorno despolitizado y/u hostil bien en solitario o en franca minoría.

– Grupos implicados en dicha coordinación
Por tanto, como puede deducirse por lo anteriormente descrito, Akrazia no fue una coordinadora de colectivos, sino un colectivo formado por personas que, en general, militaban paralelamente en otros colectivos en sus pueblos y barrios. Incluso puede que para algún@s Akrazia fuese su primer colectivo, aunque ya digo que la mayoría manifestaron su pertenencia a otras experiencias militantes.

– Contexto en el que se crea.
Dicen que la universidad es reflejo de la sociedad, una frase muy bonita pero que en muchos casos no es cierta. Sin embargo en este caso sí que podemos decir que la UPV era, al menos en parte, reflejo de lo que acontecía en la sociedad vasca. En una sociedad en permanente tensionamiento y conflicto como la vasca, la UPV era un campo de batalla más en el famoso “Conflicto Vasco”. Los acontecimientos que ocurrían fuera de nuestro campus, de un modo u otro nos afectaban. Fue una época políticamente muy dura, con constantes movilizaciones y con ocupaciones policiales del campus casi diarias (nos reímos mucho por aquella época cuando hubo una protesta en el campus de Logroño y la policía entró allí a reprimir levantando las airadas protestas de colectivos estudiantiles, sindicatos, etc.., estos últimos hablaban de una tal Ley de Autonomía Universitaria que prohibía a la policía entrar a los campus universitarios,…¿realmente existía esa Ley?. Pues sí, pero como tantas otras leyes ésta era papel mojado en Euskal Herria, donde la policía con todo su pertrecho antidisturbios nos visitaba un día sí y otro también, y no constaba a nadie que pidiesen permiso ni a Rector, ni a decanos, ni a autoridad universitaria alguna). Bien es cierto que a nadie se le escapaba que el Rectorado era totalmente partidario de esta situación, así que podemos decir que había una especie de pacto tácito no escrito con el Rectorado. Una especie de “pasen ustedes cuando quieran”, pues las autoridades universitarias rara vez protestaron por esta situación. Sí recuerdo que en alguna ocasión hubo decanos de alguna facultad que prohibieron el acceso a los antidisturbios de la Ertzantza. De ahí que de inmediato, en mitad de una agitada jornada de cargas policiales, aquella facultad se convertía para nosotr@s en el refugio al que escapar, en una especie de “caballito blanco”, donde la policía no podía entrar.
Para entender esta situación hay que comprender la configuración de la UPV. Esta estuvo siempre dominada por elementos de lo más reaccionario, como el inolvidable Peio Salaburu, que nos tocó sufrir en aquella época. Salaburu fue Rector entre 1996 y 2.000. Este Rector, catedrático en filología vasca, al llegar al cargo se convirtió en “martillo de herejes” y lo sigue siendo hoy en sus columnas en la prensa bizkaina de derechas, tanto nacionalista como españolista. Salaburu fue uno de los personajes más siniestros, prepotentes y despreciables que parió la UPV. Al igual que el fallecido Iñaki Azkuna (alcalde de Bilbo) o el ex-burukide Josu Jon Imaz, pertenecía a esa clase de personajes que podemos ubicar en la derecha extrema del PNV y que goza del beneplácito de los sectores españolistas más recalcitrantes (PSOE-PP). En definitiva uno de esos nacionalistas vascos que tanto gustan en Madrid, pues dan el perfil de “vasco nacionalista bueno” (o “nacionalista moderado”, que es realmente como suelen denominarles), precisamente por enfrentarse a muerte con cualquier conato desestabilizador bien sea rojo, bien sea separatista, bien sea las dos cosas. Afortunadamente, la incapacidad de Salaburu para negociar nada con nadie y su manía de arreglarlo todo a ostias hizo que no repitiera cargo. Y nos consta que no fue ese el último sitio del que salió de malas maneras. En las últimas épocas los rectores de la UPV han venido teniendo un perfil algo más moderado y dialogante, aunque siempre alineados con sectores del poder.

¿Y cómo era posible que se diese esta situación en una Universidad donde existían un montón de sindicatos más o menos de izquierdas, incluso algunos declaradamente radicales e independentistas?, ¿ cómo era posible en una universidad en donde el sindicato estudiantil mayoritario había venido siendo históricamente el de la Izquierda Abertzale (Ikasle Abertzaleak)?, ¿ cómo era posible en una universidad en donde se llevaba a cabo una lucha muy larga y radical por parte de un sector del profesorado englobado en el llamado “Movimiento de los Profesores Asociados”, lucha que iniciada a finales de la Dictadura, continuaba todavía y continuaría aún otros veinte años, hasta hoy, cuyos rescoldos aún no han sido apagados del todo?
La explicación radica en la configuración elitista de los órganos de gobierno dela la Universidad vasca (y me imagino que las demás serán parecidas). La UPV siempre estuvo dominada por una especie de elite o camarilla. Me refiero a la casta de l@s Catedráticos/as, quienes han ostentado históricamente la mayoría de los órganos representativos de la UPV. El alumnado (que representaba obviamente a la gran mayoría de la comunidad universitaria, alrededor de 50.000 estudiantes) tan sólo tenían derecho al 15% de los órganos representativos del Claustro Universitario (especie de Parlamento universitario). Los trabajadores del PAS (mantenimiento, administración, limpieza, bedeles, etc) poseían algo más de cuota de representatividad, algo más todavía el profesorado y finalmente los Catedráticos que se quedaban con la mayor parte de la representatividad. Curiosamente el sector más minoritario de la comunidad universitaria. Teniendo en cuenta que esos mismos catedráticos formaban los tribunales que elegían a los nuevos catedráticos, es lógico adivinar por qué siempre la UPV estuvo dominada por un sector ideológico que siempre fue minoritario en la sociedad vasca y en la propia Universidad. Recordemos como ejemplo el escándalo, ya en el siglo XXI, de Edurne Uriarte, actual periodista de ABC y habitual tertuliana de TVE y otros canales privados de la derecha española, “chuleándole“ obscenamente la cátedra a Francisco Letamendia, éste último con unos méritos académicos infinitamente superiores a los de la constitucionalista profesora.

Pero aunque en este caso la torpeza fue fragante y el pucherazo descarado, el dominante y minoritario sector de los catedráticos no ha sido siempre tan poco hábil. Ha sabido utilizar históricamente la mano izquierda para ganarse a otros sectores universitarios con los cuales lograr para una u otra ocasión la legitimidad o la estabilidad. El PNV (partido mayoritario de Euskadi) siempre ha sido el más cortejado por ellos. Sin el PNV de acuerdo es difícil tener una universidad estable y económicamente saneada (no en vano es la Administración vasca, en manos del PNV, la que otorga la mayor parte del presupuesto y subvenciones). También algunos sindicatos han sido cortejados por esa élite, no sólo del profesorado, también algún sindicato estudiantil “dócil”, e incluso en ocasiones han sabido dar componendas (por ejemplo, proponer para catedrático o incluso para algún cargo directivos de la UPV a algún destacado miembro de la oposición, una manera de taparle la boca a la misma y desactivar las luchas, “cambiar algo para que nada cambie”.

Por lo tanto, si en Akrazia como libertarios ya se suponía que íbamos a estar en contra del parlamentarismo, lo teníamos aún más fácil teniendo en cuenta que el parlamentarismo universitario estaba amañado de pies a cabeza y casi todo dios era consciente de ello.

Nombremos resumidamente algunos de los acontecimientos político-sociales que nos influenciaron y que acaecieron en aquella época, tanto dentro como fuera de la universidad:
– Reactivación del conflicto de los profesores asociados: en la época en que se desarrolló la labor de Akrazia, este conflicto había vuelto a sacudir la universidad. Unos años antes, un grupo de profesores insumisos al contrato funcionarial estatal habían sido despedidos. Un sector del profesorado y del alumnado les apoyaba con lo cual sus movilizaciones eran diarias y en ocasiones llegaban a situaciones terribles. Ellos acudían a sus clases como si nada pasase y allí se encontraban con el nuevo profesor elegido por la UPV para sustituirles, lo cual devenía en situaciones de mucha tensión. Continuamente tanto los guardias de seguridad, bien la policía procedía a expulsarles primero de las clases, después del propio Campus (hubo un momento en que se les prohibió el acceso al campus). Y en muchas ocasiones las expulsiones se realizaban muy violentamente.

Este conflicto merecería un extenso capítulo aparte para ser explicado mejor, pero intentaré hacer un pequeño resumen. Señalar que éste ha sido un conflicto que se inició en la última etapa de la Dictadura y que aún hoy, más de cuatro décadas después, todavía mantiene rescoldos. No conozco ninguna otra lucha laboral tan larga. Durante más de dos décadas los profesores despedidos han permanecido a diario detrás de una pancarta en la puerta del Campus de Leioa. Estoy seguro de que algún día en ese lugar alguien pondrá un monumento en recuerdo de esa larga lucha.
Akrazia no se posicionaba ante aquel conflicto. La mayoría desconocíamos cuál era el fondo de la cuestión que ya llevaba más de veinte años en el candelero y todavía lo estaría veinte más. Además creíamos, con cierto fundamento, que aquellos profesores rebeldes eran una especie de movimiento de la izquierda abertzale, de correa de transmisión de Herri Batasuna en la Universidad, así que guardábamos cierto prejuicio hacia ellos y nos situábamos con prudente distancia. A día de hoy creo que a lo mejor debimos haber apoyado más activamente su lucha, pues al final acabaron superando ampliamente por la izquierda los intereses de la izquierda abertzale, que también les retiró el apoyo en más de una ocasión. En cierto modo eran unos autónomos y reivindicaban un tipo de universidad vasca, euskaldún y popular (ni privada, ni pública: popular), reivindicación que puede sonarnos hoy inaudita teniendo en cuenta la constante reivindicación que hace la izquierda de lo público. Pero hubo un tiempo no muy lejano, el final del Franquismo, en el que se abrieron todas las posibilidades y fueron legión quienes reivindicaron la universidad popular, sin injerencia estatal. Este era el pasado que nosotros desconocíamos y por el que hoy creo que debimos apoyar más activamente aquella lucha. Además de por la propia dignidad que demostraron sus protagonistas.

Sería sin embargo el propio hecho represivo el que nos acercó a aquellos profesores. La constante represión que sufrían por parte de guardias de seguridad y ertzantza, con palizas en mitad del campus, detenciones, huelgas de hambre (e imágenes como la de uno de esos profesores refugiado debajo de un coche o la de otro que es sacado arrastras cogido de las piernas por unas escaleras, con su cabeza rebotando en cada escalón) hicieron que apoyásemos sin reservas todas las protestas que se convocaron para denunciar tal situación. Estos episodios y las huelgas, disturbios, ocupaciones policiales, disparos de pelotas de goma, etc, hacían también que un alumno Erasmus (estadounidense por ejemplo) lo flipara bastante en nuestro campus. Algun@s incluso pensaban aterrorizad@s que la policía disparaba fuego real pues desconocían lo que era un lanza-pelotas.

– Movimiento de la Insumisión: la lucha antimilitarista contra el Servicio Militar Obligatorio (así como contra el sucedáneo que el Gobierno intentó implementar para quienes se declaraban objetores de conciencia: PSS o Prestación Social Sustitutoria) llegaba a cotas inimaginables poco antes y hacía tambalearse a la famosa “Mili”. Miles de jóvenes se declaraban insumisos y varios cientos fueron encarcelados durante aquellos años. Llegó a haber unos 120 jóvenes encarcelados a la vez, la mayoría navarros y bizkainos. Euskal Herria era potencia insumisa a nivel estatal (uno de cada dos insumisos era vasco) llegando a ser unos 24.000 el total de jóvenes que se declararon insumisos en todo el Estado. Este movimiento condenó a muerte en pocos años a la Mili que desaparecería definitivamente en 2001.

Uno de los acontecimientos represivos (de los muchos que nos tocó vivir en aquella época en nuestro campus) fue el asalto nocturno por parte de los guardas de seguridad del campus de una acampada en solidaridad con los insumisos presos. La acampada tenía permiso de la Universidad pero por la noche los guardias, algunos visiblemente “colocados”, empezaron a rajar con cuchillos las tiendas de campaña y empezaron a vejar a la gente acampada. Por supuesto esto tuvo su justa respuesta con huelgas, protestas, asambleas y más intervenciones policiales.

– Guerra de los Balcanes: la guerra volvía al centro de Europa. Desde 1945 no se recordaban imágenes de masacres de civiles, campos de concentración y combates como los que nos mostraban todos los días los medios de comunicación en la guerra multilateral entre Serbios, Croatas y Bosnios (luego continuaría con Kosovares y Macedonios). Las potencias europeas fueron una vez más cómplices en azuzar el conflicto. La guerra (o mejor dicho, guerras) que se desencadenaron en lo que había sido hasta entonces la República de Yugoeslavia nos demostraba que un conflicto bélico podía llegar a nuestras casas (Europa) y nos hacía a muchos comprometernos aún más con la causa del antimilitarismo. Este conflicto estaba muy presente en murales, carteles y actividades diversas que se realizaban en nuestro Campus.

– Final de los gobiernos de Felipe González (PSOE), que acorralado por escándalos como el GAL y la corrupción perderá las elecciones en 1996.
– Comienzo en 1996 de los gobiernos del PP con Jose Mª Aznar al frente, que gana las elecciones, entre otras cosas, gracias a que salió indemne milagrosamente de un atentado con coche bomba por parte de ETA, lo cual le dio cierto aura, imaginamos que muy a su pesar.
– Comienzo de los atentados de ETA militar contra políticos constitucionalistas, con el atentado mortal contra Gregorio Ordóñez (Teniente de Alcalde de Donostia y parlamentario vasco del PP) a principios de 1995. Gran conmoción social, manifestaciones de repulsa e incluso algunas fisuras dentro de la Izquierda Abertzale, con algunos cargos que rechazan públicamente la estrategia de atentar contra cargos electos.
– Aparición de los cuerpos de Lasa y Zabala: jornadas de tensión máxima. Tras más de una década desaparecidos aparecen en 1995 en Alacant los cuerpos de los miembros de ETA Joxean Lasa y Joxi Zabala, secuestrados por el GAL en Baiona en 1983. El caso GAL, con graves imputaciones contra miembros de los gobiernos socialistas, había estallado un año antes. Y un año después aparecen los cuerpos de los dos desaparecidos para echar más leña al ya de por sí caldeado ambiente. Para colmo los recibimientos de los cuerpos son duramente reprimidos por la policía que en ningún momento cede los féretros a los allegados. Como guinda del pastel, los familiares de los asesinados son apaleados en el cementerio ante las cámaras de televisión por parte de la Ertzantza, en una de sus actuaciones más criticadas por la opinión pública vasca. Al día siguiente, durante las protestas por el trato dado a la familia de Lasa y Zabala, una manifestante de 58 años, Rosa Zarra, recibe un pelotazo a corta distancia. Fallecerá una semana después. Nuevamente más protestas, más enfrentamientos, más estragos, más detenciones… Estos acontecimientos también se reflejaban en la universidad con protestas, carteles denuncia, etc…
– Climax de la Kale Borroka: el combate callejero y el sabotaje por parte de grupos espontáneos u organizados de jóvenes y no tan jóvenes, había sido una constante desde décadas anteriores en la sociedad vasca. Pero su refinamiento y su presencia constante en los medios de comunicación (quizá para ir allanando el terreno a la posterior represión que se iba a desencadenar) llegó a su máximo nivel durante los años 94-96. La lucha callejera o Kale borroka había sufrido un fuerte repunte a partir de 1993. El caso GAL y sobre todo la aparición de Lasa y Zabala en 1995 y el trato dado a familiares y allegados desata toda su furia. En las protestas por la aparición de los cuerpos de los dos activistas desaparecidos resulta calcinada en un ataque con cocteles Molotov en Errenteria-Orereta una furgoneta policial y varios agentes de la Ertzantza resultan gravemente quemados. A partir de aquí comenzará toda una campaña para reprimir esta tipo de protesta, equiparando sus actos con los de las organizaciones armadas, y siendo igualmente tratados como actos terroristas. Esta campaña llevará a la cárcel en los siguientes quince años a cientos de jóvenes vascos. Pero todavía iba a tener que pasar tiempo para frenar este fenómeno. En 1996 el periódico bilbaíno El Correo estimaba que en territorio vasco se llevaba a cabo un sabotaje cada nueve horas (tres al día aproximadamente, unos 1.100 al año, nada que ver con los 12 que ha contabilizado la Memoria Fiscal de 2016), siendo sus objetivos predilectos las entidades bancarias, vehículos y edificios de la Administración Estatal o Autonómica, las sedes de partidos, las patrullas policiales y el transporte público (autobuses, trenes…). Estas batallas campales entre policías y jóvenes embozados se trasladaron a nuestro Campus en varias ocasiones. Las autoridades aseguraban que se trataba de gente venida de fuera de la Universidad. Pero no era así. Aunque en alguna ocasión los insurgentes recibieron apoyos exteriores (y más a menudo recibían el refuerzo de chavales de un par de institutos de enseñanzas medias cercanos al campus) en general fueron estudiantes del propio campus los que protagonizaron los saltos.
– Secuestro del empresario gipuzkoano Aldaya. El movimiento Gesto Por la Paz, que venía tomando fuerza desde finales de los ochenta como movimiento civil vasco opositor a ETA volvió a convocar concentraciones semanales de repulsa pidiendo la liberación del secuestrado, tal y como lo había hecho con bastante éxito en 1993 durante el secuestro de otro empresario, Julio Iglesias Zamora. Pero en esta ocasión la cosa iba a estar más complicada. Enfrente la Izquierda Abertzale convocó contramanifestaciones para visualizar la existencia de otra violencia que no denunciaban los del Gesto. La que mantenía secuestrada a cientos de vascos en las cárceles españolas y francesas y en definitiva a todo un pueblo, de ahí el lema de sus contramanifestaciones: “Euskal Herria Askatu” (libertad para Euskal Herria). Fueron los años del lazo azul (que lucían en la solapa quienes pedían la libertad de los secuestrados) y del “Euskal Herria Askatu”. Estas manifestaciones frente a frente eran en general tensas pero pacíficas, pero abundaron también las ocasiones en que los asistentes de uno y otro signo acababan a sopapos. También era habitual que la policía se presentase a reventar la contra-manifestación de la izquierda abertzale, ante la pasividad de los supuestos “pacifistas”. Algo que aprovechaba la Izquierda Abertzale para ponerles en evidencia. En nuestro campus también se celebraban estas concentraciones, no solía asistir demasiada gente a no ser que hubiese acontecido algo grave (por ejemplo, un atentado) y en general fueron concentraciones bastante pacíficas.
– Atentado mortal de ETA en el campus de Valencia contra el antiguo presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomas y Valiente. El hecho de atentar en un Campus dio aún más gravedad al asunto, con protestas estudiantiles a lo largo de todo el Estado. También en el nuestro. Pronto se convocó un acto central solemne y de homenaje al asesinado. A él asistirían todos los rectores universitarios del Estado así como el Ministro del Interior. ¿Dónde iba a celebrarse este acto?, ¿quizá en el Campus de Valencia, lugar de los hechos? El lector ya se lo habrá imaginado. Efectivamente, fue en el Campus de Leioa en donde se vino a celebrar el acto. Alguien quiso “poner la pica en Flandes” y la izquierda abertzale gustosa recogió el guante convocando una concentración para protestar por el acto. El acto se celebró bajo un impresionante despliegue policial y fuera los antidisturbios perseguían prácticamente a todo aquel estudiante que no estuviese en aquel. Durante todo el día se produjeron cargas, pedradas y enfrentamientos.
– Principales actividades realizadas, así como aportaciones teóricas (ej. materiales editados).
*Al darse a conocer, Akrazia dejaba claro que quería romper con el clasismo que siempre había reinado (y reina) en la universidad. Una de sus primeras actividades fue darse a conocer no como un colectivo de estudiantes libertarios, sino como miembros libertarios de la comunidad universitaria. Apostábamos por el igualitarismo y creíamos que había que romper la dicotomía alumno/profesor. Es decir, tod@s teníamos cabida, alumn@s, trabajadores/as del campus y profesores/as. Y además en plano de igualdad, daba igual que se tratase de un conserje, un catedrático o un alumno de primero. Quizá pecábamos de ingenu@s (no es la misma realidad vital la que tiene un profesor de 50 años que lleva muchos años en el Campus y espera poder estar hasta su jubilación y que cobra un generoso sueldo, o la que tiene un estudiante de primer curso que en tres o cinco años piensa largarse de la universidad con un título bajo el brazo) pero nuestra propuesta tenía algo de novedosa. Salvo algún miembro del PAS (trabajadores del Campus) que asistió habitualmente a las asambleas, el resto fuimos tod@s estudiantes. Tan solo en alguna ocasión se dejó caer por la asamblea un profesor vinculado a la CGT. También había un grupo de profesores izquierdistas que nos veían con simpatía, aunque ellos no fuesen anarquistas. De hecho, cuando nos clausuraron el local de estudiantes y nos quedamos sin sitio donde guardar nuestro material, varios de estos profesores se ofrecieron para dejarnos nuestros despachos para guardar el “material de guerra”, como así hicimos.

Enseguida Akrazia se puso manos a la obra para denunciar el diseño absolutamente antidemocrático de la UPV, en donde los estudiantes no pintaban nada en la toma de decisiones (ya hemos explicado antes quién es la élite que ha controlado históricamente la UPV).

Lo anterior nos llevaba evidentemente a pedir la abstención en las elecciones al Claustro. ¿Qué hacíamos los estudiantes legitimando esa mierda con nuestro voto? Lo lógico era pasar del Claustro. De hecho la inmensa mayoría del alumnado pasaba y se abstenía. La participación solía oscilar entre un 10 y un 20%. El diagnóstico del sindicato estudiantil Ikasle Abertzaleak podía ser el mismo que el nuestro, pero ell@s sí que optaban por presentarse y así demostrar que eran el sindicato mayoritario de l@s universitari@s vasc@s. Pero en realidad no representaban más que a una fracción de ese ya de por sí escuálido 10 o 20 % que se animaba a participar en las elecciones. O sea, que no dejaban de ser también una minoría (sí, ya sé que un colectivo de 30/40 personas como Akrazia no era el más apropiado para echarles en cara esto último). Además por aquella época Ikasle Abertzaleak (I.A.) estaba en dura pugna en algunas facultades con candidaturas estudiantiles “independientes” (o sea del PSOE y del PP) que podían arrebatarle la mayoría. Estas candidaturas, crecidas con el progresivo clima anti-ETA que se iba inoculando poco a poco, más que nada gracias a los medios de comunicación y su bombardeo diario (recordemos a los Carrascales, los Callejas, los Alfonsos Ussias y demás hooligans que sacudían sin piedad desde la caja tonta de aquellos años en tertulias y telediarios) aseguraban defender exclusivamente los intereses corporativos de los estudiantes y no los intereses ocultos y siniestros de un sindicato nacionalista vinculado a los “Violentos” como era I.A.

Recuerdo divertido unos carteles que colocó una de estas candidaturas “independientes” para pedir el voto de los universitarios. Decía lo siguiente: “si no eres violento ni radikal, votanos”. La palabra radikal tenía circunscritas las “A”s, o sea, el símbolo de la Anarquía. Resumiendo: “si no eres batasuno ni anarko, votanos”. Al parecer nuestro discurso abstencionista empezaba a preocuparles. Ladran, luego cabalgamos.

Fue finalmente en los posteriores dos cursos cuando las gentes de Akrazia, una vez surgido el potente movimiento asambleario en el campus, pudimos explicar ante cientos de estudiantes que participaban en aquellas asambleas multitudinarias el por qué era necesario no participar en las elecciones. Al final se propuso un objetivo. Si en las elecciones votaba menos del 5% del alumnado, estas quedaban invalidadas por falta de quorum. Este objetivo factible presionó sobre I.A. para que en esta ocasión no se presentase a las elecciones al claustro y se uniera al movimiento abstencionista. Tras pensárselo accedieron y finalmente las elecciones no alcanzaron el quorum necesario del 5%. Esto que parece (y quizá fue) una victoria pírrica, yo lo viví como un enorme éxito. El Claustro estaba totalmente deslegitimado, aquello no representaba a l@s estudiantes, con diferencia el grupo más numeroso de los que habitan la universidad. Luego la “casta” universitaria trato de hacer algún apaño y si no recuerdo mal pusieron allí en el Claustro a algún representante de Lurgorri, sindicato estudiantil bastante minoritario y cercano al PNV. Pero todo el mundo se reía de aquellos monigotes. El Claustro no nos representaba y tan sólo los más tontos no lo sabían.

Ya no pude seguir los acontecimientos posteriores porque mis estudios llegaron a su fin. Pero l@s compas que allí quedaron me consta que siguieron participando en ese movimiento y dejando en el olvido a Akrazia.

Al poco de crearse Akrazia se dio una huelga de autobuses en el Campus. Se empezaron a escuchar llamamientos que invitaban a l@s estudiantes a acudir por sus medios al campus en la medida de los posible, bien a través de coches particulares, en tren hasta Leioa para luego subir el monte a pie… las gentes de Akrazia tuvimos bastante cintura y pegamos unos carteles con un comunicado que invitaba a los estudiantes a quedarse en casa hasta que se solucionase el tema de los autobuses. Si la cosa se alargaba sólo los que tenían vehículo particular iban a poder acudir a las clases y por tanto iban a tener ventaja sobre sus compañer@s no motorizad@s a la hora de aprobar las asignaturas. Además había que apoyar a unos trabajadores (los de autobuses) que tan sólo exigían condiciones laborales dignas. La gente leyó con interés la propuesta y eran muchos los que aprobaban aquella propuesta. No hay autobuses, pues no hay clase. No había que esperar a que los perjuicios ocasionados por la huelga empezaran a manifestarse en el alumnado. Había que sumarse a la misma para que esta triunfara lo más rápido posible, pues esto nos beneficiaría a tod@s. Sería quizá pecar de jactancioso creer que la cosa se arregló gracias a nuestra propuesta, pero fuera como fuere en dos días se había llegado a un acuerdo y la huelga había terminado. Y en el campus había aparecido un nuevo colectivo que hacía propuestas interesantes.

Los niveles de militarización que había ido alcanzando nuestro campus en poco tiempo eran muy preocupantes. La lucha contra la militarización del campus no sólo fue un frente de trabajo más, sino posiblemente una de las principales causas por las que nació Akrazia. Los primeros años noventa habían sido más o menos tranquilos. Sin embargo, al resurgimiento del conflicto de los profesores asociados a partir del 92/93 debido al despido de varios de ellos, se le suma poco después una larga huelga de limpieza. El campus empieza a llenarse de basura, la cafetería central es un vertedero. La UPV opta por traer esquiroles para que limpien el campus, que entran en las instalaciones universitarias encapuchados y protegidos por unos guardias de seguridad de una empresa que ya nos acompañará muchos años: PROTECSA. Esta empresa, sustituyó de la noche a la mañana a la anterior empresa de seguridad, que había pasado inadvertida a la mayoría de nosotros, pues de día tan solo se hacía notar con un guardia en la garita de entrada al campus, alguno en los laboratorios con sustancias peligrosas y quizá alguno más en el rectorado. PROTECSA entró en el campus como un elefante en una cacharrería. Empezaron a borrar murales, los cuales habían sido parte del paisaje del campus desde tiempo inmemorial, a arrancar carteles, a ponerles cruces a las fotos de los presos de ETA que se colocaban por doquier (estoy hablando de más de quince años antes de que Patxi López y Rodolfo Ares lanzaran el famoso ataque criminalizador contra las fotos de los presos, antes estas fotos podían colgar tranquilamente de la fachada de un Ayuntamiento), atacaron una acampada pro-insumisión autorizada (antes descrita) y una euskal jaia (fiesta vasca) que no contaba con permiso pero que nadie pensaba tampoco que fuera a acabar como acabó, a porrazo limpio y con heridos por ambas partes. Esta empresa de “seguridad”, alguno de cuyos miembros no ocultaba su ideología ultraderechista, tenía una especie de jefe, que luego se supo era Ertzaina. Nuevamente la excepcionalidad vasca, cosas que eran impensables en cualquier otro lugar del Estado Español aquí ocurrían. Aquel individuo daba órdenes a los guardas jurados y si necesitaban refuerzos y aparecía la policía, el mismo tipo les daba órdenes a los antidisturbios, porque también era su jefe. Inaudito. Sin duda, la “razón de estado” se imponía también en el caso de la universidad vasca. Se había creado una especie de policía política para combatir la disidencia en el campus y se había creado la figura de una especie de jefe de seguridad omnipotente que mandaba sobre guardas de seguridad y policías. Por supuesto, esto tenía que contar obligatoriamente con el beneplácito de la Consejería de Interior dirigida por Juan Maria Atutxa, por aquel entonces el “vasco nacionalista bueno” por excelencia.

Usar escudos y cascos antidisturbios, cámaras de video para grabar manifestantes, capuchas para ir embozado, portar armas ilegales, vestirse de paisano para asistir infiltrado a las clases como un alumno más, o a las manifestaciones estudiantiles como un simple secreta más…estas y muchas más fueron las prácticas absolutamente ilegales para una empresa de seguridad y que llevaron a cabo los miembros de PROTECSA en aquellos tiempos. Y por supuesto reprimir huelgas, expulsar a palo limpio del campus a los profesores despedidos, etc, etc…Durante una huelga general apalearon a un periodista de una revista universitaria que les era especialmente hostil, aprovechando un momento en el que, realizando su trabajo, el reportero se había quedado sólo con varios de ellos.
En realidad la universidad no era tan conflictiva ni tan levantisca como pudiera parecer, de hecho eran ellos quienes con semejantes actuaciones soliviantaban al alumnado que acababa respondiendo con huelgas y protestas, que en ocasiones acababan con destrozos y disturbios.

Estas actuaciones por parte de PROTECSA provocaban las protestas de algunos sindicatos, pero en ningún caso iba la cosa más allá de lo testimonial. Era el sector más combativo del alumnado el único que realmente plantaba cara a aquellos fascistas. Ellos fueron una poderosa razón para que algun@s nos organizásemos en Akrazia.

Recuerdo que para protestar por el sabotaje a nuestros carteles y pancartas, que amanecían rajados con cutters, gentes de distintos colectivos hicimos una batida-manifestación por el Campus con bolsas de basura retirando toda clase de anuncios, carteles, listados, horarios, etc que tuviesen membrete de la UPV. Creo que la faena que les hicimos fue bastante gorda puesto que retiramos listados de notas, becas, etc, Miles de hojas que por narices iban a tener que imprimir de nuevo. Seguro que más de un currela de la universidad se cagó en nuestros muertos, pero seguro que también se captó nuestro mensaje.

En el edificio de la biblioteca central celebramos varias conferencias relacionadas con el tema de la cárcel, un tema que nos preocupaba bastante. En esas Jornadas anti-carcelarias, participaron miembros de asociaciones como Salhaketa o las AFAPP (colectivo de apoyo a l@s pres@s del GRAPO y del PCE(r) ).

El anuncio de la visita del Ministro del Interior al acto contra el terrorismo y en homenaje a Tomas y Valiente (antes hemos hablado de este acto) al que acudirían todos los rectores de las universidades españolas, hizo que algunos nos planteásemos protestar por esta visita. Nada más y nada menos que el Ministro del Interior del PSOE pensaba venir a darnos lecciones de pacifismo. Con el PSOE con mierda hasta la coronilla por el caso GAL, el caso Lasa y Zabala, por los homenajes al General Galindo cuando éste se vio salpicado por todo tipo de escándalos vinculados al narco-tráfico, a la prostitución y a la guerra sucia (ahí es nada, de hecho en pocos años acabaría en la cárcel) etc, etc, ese Gobierno socialista nos iba a venir a hablar de lo mala que es la violencia. Se desarrolló una campaña conjunta interesante que a última hora se suspendió cuando los dirigentes abertzales de las altas esferas decidieron convocar una gran concentración bajo el ya habitual lema “Euskal Herria Askatu” contra el acto de los rectores y el señor ministro. Este cambio de última hora hizo que los estudiantes vinculados al MLNV (militantes de Jarrai y de Ikasle Abertzaleak) abandonasen la campaña conjunta para acudir a la nueva convocatoria, que lógicamente no iba con nosotr@s. Finalmente las gentes de Akrazia decidimos hacer una cosa bastante humilde y por nuestra cuenta, en vistas de que la mayoría de nuestros potenciales aliados se habían esfumado. Redactamos un texto que pensábamos repartir durante las concentraciones, tanto entre “demócratas” como entre “violentos” y que aludía a la hipocresía de quienes hablaban de paz pero permitían casos, como los de un chaval, un preso social, que acababa de morir truculentamente en prisión y cuyo caso había trascendido algo en los medios de comunicación. Era el enésimo caso parecido y nos demostraba que existía una especie de pena de muerte encubierta (en esto hemos avanzado poco). El encabezado del texto llevaba el título de una canción de Extremoduro “¿Dónde están mis amigos?”. Los panfletos iban en una mochila, pero como ya hemos apuntado arriba, la jornada se puso muy movida enseguida. Sin que mediara provocación alguna, la policía apareció de repente y se lio a palos con todo aquel que estuviese fuera del perímetro del evento de los “demócratas”. Allí quedó para siempre nuestra mochila con los panfletos, nunca más volvimos a verla. No dio tiempo ni a repartir un mísero panfleto. En honor a la verdad debo señalar que entre los “pacifistas” hubo algunos que afearon la conducta a la Ertzantza por cargar sin motivo, entre ellos alguna cara conocida de Gesto por la Paz. Pero también los hubo que reían y jaleaban los porrazos y pelotazos. Alguno de estos últimos destacaría luego en colectivos de mucha menos mesura como el Foro de Ermua o Basta Ya, que surgieron al calor del PP y tras los sucesos de Ermua de Julio de 1997 (secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco).

Aquel día hubo cargas y pedradas por doquier en el campus. Para colmo una compañera nuestra acabó en el puesto de la Cruz Roja con una rodilla fastidiada al sufrir una caída mientras huía de una carga policial. Una jornada difícil de olvidar.
*Para poder conseguir fondos para financiar nuestra propaganda Akrazia llego a celebrar dos conciertos. Uno en una especie de sala de artistas en un pabellón industrial y otro en un gaztetxe. Ambos fueron un fiasco. Uno porque calculamos mal los gastos y no dejamos bien claras las condiciones a los grupos musicales y otro sencillamente porque fue poca gente. Eso sí, nos lo pasamos bastante bien y algun@s aprendimos de aquellas experiencias a no repetir errores, ya que en el futuro algunos antiguos miembros de Akrazia hemos seguido financiando nuestras luchas a través de la organización de conciertos.

– Razones de la disolución
En el segundo curso de funcionamiento de Akrazia se empezó a gestar un potente movimiento estudiantil asambleario que sin ser explícitamente libertario, cumplía con las formas de organizarse horizontales que siempre han apoyado ácratas, antiautoritarios, autónomos, etc. Quienes aún seguíamos aquel segundo curso con ganas de hacer cosas y de mantener viva Akrazia estábamos en esa asamblea general. De modo que poco a poco nos fuimos diluyendo en ese movimiento mucho mayor. En parte éramos una especie de corriente dentro de la asamblea de estudiantes y sin querer pecar de jactancioso, creo que nuestras opiniones en muchas ocasiones influyeron bastante en las decisiones que se tomaron en aquel movimiento. En ese aspecto sí podemos decir que nos morimos de éxito, diluidos en un movimiento mayor que sin cubrir al cien por cien nuestras aspiraciones, se nos antojaba bastante cercano y por lo tanto nos sentimos cómodos en él. De hecho creo que hicimos lo correcto, participar influyendo en lo posible con nuestros postulados libertarios en un alumnado mucho más amplio y real. Habernos quedado aislados en nuestro pequeño grupo de afinidad hubiera sido probablemente más satisfactorio pero poco eficaz a la hora de influir en los acontecimientos reales que se daban por aquel entonces en nuestra universidad. Si la confrontación ideológica dentro de Akrazia ya era dura (por los distintos pelajes que la habitaban) creo que políticamente nos curtimos mucho más al tenernos que confrontar en una asamblea abierta con un montón de estudiantes que procedían de otras culturas políticas o que simplemente estaban allí porque no estaban conformes con cómo funcionaban las cosas, sin tener una ideología definida.

Creo que al siguiente curso ya no volvimos a realizar ninguna actividad firmada por Akrazia, o en todo caso fueron muy pocas. Se continuó con la participación en la asamblea general y mientras algunos íbamos abandonando la universidad al terminar nuestros estudios, me consta que los que quedaron, generalmente más jóvenes, siguieron participando de ese movimiento en cursos posteriores. Si ese movimiento asambleario no se hubiese dado, es posible que Akrazia hubiese existido más tiempo, pero está claro que en el segundo curso las cosas empezaron un poco atascadas, con pocas ganas e ideas con respecto a la efervescencia del curso anterior. De haber seguido así, quizá hubiésemos logrado aguantar en plan testimonial o a lo mejor le hubiésemos dado la vuelta a la cosa, pero esto ya entra dentro de la política-ficción, ¡a saber qué hubiese sucedido!

– Valoración, críticas, conclusiones, enseñanzas (personales y/o colectivas) de la experiencia.
Al ser una disolución lenta dentro un proceso de militancia continuo (dentro del movimiento asambleario que surgió en la UPV), no se hizo ningún análisis escrito ni nada del final del colectivo. Sencillamente se seguían haciendo cosas pero con otra estructura. Había gente que no era ni había sido de Akrazia (seguramente ni siquiera eran anarquistas), pero que pertenecían a esa corriente que dentro de la asamblea de estudiantes se había formado con la gente que provenía de Akrazia. Sí recuerdo una reunión en “petit comité” de tres o cuatro miembros de Akrazia valorando un poco este devenir, pero no creo que sacásemos conclusiones ni nada, sencillamente hicimos algunos planes de cara al futuro. De hecho aquellas personas seguimos haciendo cosas fuera de la universidad. Recordemos que teníamos fecha de caducidad. En pocos años todos íbamos a abandonar el Campus al finalizar los estudios. Eso nos diferenciaba con otros colectivos de barrio, fábrica o lo que sea, que al final tienen una estabilidad mayor. Los miembros de Akrazia nos reunimos casi en pleno tiempo después en una especie de fiesta-homenaje a un compañero del colectivo fallecido en accidente en el año dosmil. Después la mayoría nos encontrábamos en una charla, en una mani, en un concierto en una okupa, etc… Pero a día de hoy el que escribe esto ha perdido la pista a la mayoría de ellos. Normal puesto que éramos gente de procedencias muy diversas (Rioja, Aragón, Soria, Baiona, Iruñea, Sur de Nafarroa, Irún, Bergara, Azkoitia, Azpeitia, Zarautz, Ermua, Durango, Bilbo, Basauri, Erandio, Getxo, … por citar algunas localidades de donde procedían nuestras compas ).

Las enseñanzas personales ya las he señalado antes. Creo que Akrazia fue una etapa fundamental de mi vida y que me hizo crecer como militante. No se si esta opinión la compartirían mis ex-compas, supongo que algunos sí. Los debates que allí llevábamos a cabo los recuerdo como de una gran riqueza y dificultad. Podían durar muchas horas. Pero al final los resultados eran satisfactorios y se hacían las cosas según lo acordado. A veces no se hacía lo que a ti te gustaba pero en eso consiste estar en un colectivo. Me río bastante de las actitudes esas que me encontré años después, de supuestos anarquistas que criticaban la existencia de la asamblea y la consideraban un órgano autoritario. Vivir en sociedad es lo que tiene, que siempre hay que ceder algo de autonomía personal. A través de la asamblea procuramos entre tod@s que esa cesión de autonomía sea la menos posible. Lo demás en la más absoluta soledad, tú y tu ombligo. Y además nadie te obliga a estar en la asamblea.
Esa capacidad de confrontar con los demás, tanto dentro como fuera del colectivo, es lo que hizo de Akrazia una experiencia breve pero en mi opinión útil. No soy de los que dice que si Akrazia no hubiese existido no hubiese pasado nada. La oposición al poder universitario estaba muy identificada con la izquierda abertzale y ese simple hecho hacía que mucha gente no se arrimase a una protesta por animadversión hacia el mundo del MLNV (sin ir más lejos, la inmensa mayoría de estudiantes procedentes de fuera de Euskal Herria, para quienes abertzale=ETA=Satán). Al surgir Akrazia la crítica ya no se centraba en “vascos versus españoles” y cuando la gente veía que también había estudiantes que sin identificarse como abertzales denunciaban igualmente cómo estaba montado el tinglado, pues empezaban a preguntarse si a lo mejor en verdad algo no iba bien. Nuestra influencia fue humilde, pero hizo aportaciones positivas: Akrazia existió y el mundo fue una pizquita a mejor.

También nos sirvió a algunos para conocer de cerca cómo funcionaba la izquierda abertzale. Al trabajar con esa gente creo que se veía claro que eran potenciales aliados, pero siempre nos arriesgábamos a que una contraorden que les llegase de arriba tumbara un trabajo conjunto con ellos. La izquierda abertzale era gente comprometida y trabajadora en general, pero si los jefes de arriba daban una orden la cumplían ipso facto (como buenos leninistas) y podían mandar al carajo el trabajo realizado. Cuando en vísperas de la protesta conjunta frente al Ministro del Interior y los Rectores (en el homenaje a Tomas y Valiente antes referido) nos dejaron tirados y convocaron su concentración particular y unilateral por “órdenes superiores”, recuerdo con pena a un chaval de la izquierda abertzale que fue casi el único que protestó airadamente por el cambio de última hora. Decía que había que seguir con lo acordado entre los colectivos, en definitiva que se puso de nuestra parte. Este chaval murió años después manipulando una bomba.

Otra de las cosas positivas de la experiencia de Akrazia fue cierta red de compañeros que nos escribían de otros colectivos anarquistas o universitarios. En dos ocasiones se nos invitó a acudir a Alacant, una a dar una charla en un local libertario y otra a hablar en el campus universitario alicantino. Los graves conflictos que ocurrían en nuestro campus solían salir en los medios de comunicación y mucho mejor explicados en los medios de comunicación alternativos. De ahí que interesados por lo que se vivía en nuestro campus nos llamaron de lugar tan alejado. Allí fraguamos amistades, redes, contactos que algunos todavía mantenemos y que nos sirvieron/sirven para nuestro devenir militante posterior.

– Evolución posterior de la gente implicada
Aunque como ya he dicho, las diversas procedencias de la gente hacen imposible su seguimiento, lo cierto es que a día de hoy son pocos los miembros de Akrazia que me conste que aún hoy militan en algo. Pero claro, a la mayoría no les tengo localizados, han pasado nada menos que veinte años. La mayoría se reincorporaron a sus antiguos colectivos al salir de la universidad: el movimiento antimilitarista, okupa, feminista, anarcosindical, publicaciones como el Ekintza Zuzena, distris alternativas… También se sumaron a nuevos movimientos como el de la lucha contra el TAV (Tren de Alta Velocidad). En los años posteriores era fácil reencontrarse en tal o cual evento. Hoy en día rara vez. En todo caso y a modo de curiosidad, señalar algunos de los destinos vitales que aguardaban a nuestr@s compas. De Akrazia salieron nada menos que ¡tres escritoras!, hosteleros, periodistas, un experto en Bellas Artes y Museos, ¡incluso un trabajador de un partido político! (¿?¿!!!).

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