CEPRID

La carretera a Nahr al-Bahred: El discurso político libanés y los derechos civiles en palestina.

Lunes 12 de noviembre de 2007 por CEPRID

Muhammad Ali Khalidi y Diane Riskedahl Merip/CEPRID 12 - XI - 07

Traducido por Manuel Gancedo Florín

¿Durante cuanto tiempo emplazará el gobierno puestos de control en las áreas residenciales, tratándoles como si fueran campamentos que albergasen pistoleros y forajidos, mientras todos los campos palestinos, que albergan pistoleros y forajidos, disfrutan de libertad de movimiento política y militarmente y en términos de seguridad, como si fueran islas de seguridad independientes de Líbano política, militarmente y en términos de seguridad? Jibran Tuwayni, al-Nahar (18 de julio de 2002)

La visión expresada por el miembro del Parlamento Libanés y editorialista asesinado Jibran Tuwayni se ha vuelto deprimentemente familiar entre los políticos libaneses desde el fin de la guerra civil del Líbano. Aunque Tuwayni era la marca de lo que ahora es el campo lealista en la política libanesa, su perspectiva es compartida también por elementos de la actual oposición, en particular por los miembros del bloque parlamentario leal al antiguo general Michel Aoun. Debe haber más que un grano de verdad en la afirmación de que la única cosa que une las facciones políticas libanesas hoy día es la antipatía por los palestinos que viven entre ellos.

Los doce campos de refugiados que hay en Líbano, hogar de unas 400.000 personas de acuerdo a las estimaciones de Naciones Unidas [1], han sido percibidos en la última década y media como zonas sin ley dentro del territorio soberano libanés. Son regularmente descritas por los políticos como “islas de seguridad”, lo que implica que son regiones de inseguridad en un mar de paz. Cualquiera que haya seguido los sucesos acaecidos desde la guerra civil, formalmente terminada en 1989 sabrá, por supuesto, que el Líbano no ha sido plenamente seguro durante este tiempo. Es más, los campos no son las únicas partes del país que han sido testigo de los ocasionales afloramientos de violencia. Aún persiste la impresión de que son paraísos de criminales y forajidos.

Este contra este fondo contra el que tienen que ser vistos los sucesos del verano de 2007 en la mayoría de los campos de refugiados de Nahr elBared. Cuando estalló la lucha dentro y alrededor del campo a finales de mayo, algunos comentaristas acusaron el hecho de que los campos eran nidos e extremistas que desafiaban todos los esfuerzos de las fuerzas de seguridad libanesas por someterlos a control. De hecho, muchos informes dijeron que a las fuerzas armadas y de seguridad libanesas les estaba desaconsejado entrar en los campos debido a un acuerdo secreto establecido entre el ejército libanés y la Liberación Palestina. Organización de El Cairo en 1969. Ampliamente conocido como el Acuerdo de El Cairo, el documento autorizó a la Lucha Armada Palestina, un brazo de la seguridad de la OLP, para “llevar a cabo la tarea de regular y determinar la presencia de armas en los campos dentro del marco de la seguridad libanesa y del interés de la revolución Palestina”, según un texto no oficial que más tarde fue filtrado a la prensa.[2] Lo que este arículo periodístico omitía, sin embargo, es que el acuerdo fue oficialmente rescindido por el Parlamento libanés el 21 de mayo de 1987, exactamente 20 años antes de los choques acaecidos en Nahr al-Barid. Desde entonces no hay ninguna barrera a la entrada de tropas lianesas a los campos de refugiados. De hecho, hay puestos de control puestos a la entrada de la mayoría de los campos de refugiados palestinos y la policía libanesa entra regularmente en los campos para arrestar a sospechosos y llevar a cabo otras funciones.[3]

Si en realidad no son la isla de inseguridad que se decía, ¿por qué se representa a los campos de refugiados como tales? Una respuesta es seguramente que los palestinos han servido largo tiempo de chivos expiatorios a los que culpar de la guerra civil y las enfermedadesdel Líbano desde que se dio fin a la guerra con el Acuerdo de Ta’if en 1989. Pero esta respuesta nos lleva a otra pregunta: Si hay un interés real de eliminar las “islas de seguridad” por parte del estado, por qué el ejército libanés no ha entrado en los campos de refugiados palestinos? La respuesta a esta pregunta es algo más compleja. Se puede argumentar que en el embrión de estado que es el Líbano de la posguerra, conviene a varios grupos mantener bolsas en el país a las que culpar de los estallidos de inestabilidad. Distintas facciones pueden utilizarlas para fomentar la vigilancia manteniendo a la vez la “plausible confianza” de que son los instigadores de los disturbios. Los perdedores en este peligroso juego político son en primer lugar los mismos refugiados.

Fatah al-Islam

La lucha estalló en Nahr al Bared el 20 de mayo después de que un grupo autodesignado Fatah al-Islam lanzase un dramático raid nocturno contra el ejército libanés, que resultó en la muerte de 27 soldados libaneses, algunos de ellos muertos en sus camas. Al menos algunos de estos militantes supuestamente se retiraron a localidades dentro de Nahr al-Bared, instigando a l ejército a desatar un barrido de artillería sobre el campo de refugiados, que es también el hogar de 35.000 civiles palestinos (principalmente). El campo es una barriada compacta de destartalados edificios de hormigón, de unos tres o cuatro pisos. Está rodeado por el este por un espacio de tierras de labranza y está localizado en las afueras de la segunda ciudad más grande de Líbano, Trípoli.

Los informes difieren ampliamente en cuanto a la proveniencia y motivación del grupo Fatah al-Islam. La mayoría está de acuerdo en que está compuesto por unos pocos cientos de luchadores de varias nacionalidades árabes y musulmanas (incluyendo libaneses, sirios, saudíes y otros).[4] La oposición libanesa reclaman que fueron con mucho los creadores del lealista Movimiento Futuro liderado por Saad al-Hariri, del MP, mientras el gobierno les acusa de ser una implantación siria que se infiltró en el país a través de la porosa frontera siria. Aunque las luchas consiguientes no estaban supuestamente en el interés del gobierno ni de la oposición, ambas partes han podido tener alguna motivación para alentar a Fatah al-Islam en primer lugar y para permitirles montar su tienda en Nahr al-Bared. Para las fuerzas progubernamentales como el sunní Movimiento Futuro, habría sido un punto a su favor armar una milicia sunní que hiciera de contrapeso a la chií Hizballah. La intención podría no ser el enfrentamiento con el poderoso ejército de Hizballah, sino considerar la ganga que resultaría desarmar la milicia sunní a cambio del desarme de Hizballah. Para los grupos de la oposición y especialmente para sus patronos sirios, fomentar la desapacibilidad puede haber resultado deseable para derribar al gobierno o para presionarle a no seguir con sus políticas antisirias y prooccidentales. Cualquiera que fuera el origen, Fatah al-Islam pudo superar tácticamente a ambos grupos y actuar independientemente para atacar al ejército y comprometiéndolo en una prolongada lucha que, según la prensa, iba ya por su tercer mes.

Testigos visuales en el interior del campo han relatado que la bajas de civiles fueron muchas en los primeros pocos días de lucha. Un médico que atendió a los heridos durante las primeras cuatro semanas de conflicto nos dijo que ya había 17 civiles heridos en los primeros tres días, y un número desconocido de muertos que no fueron llevados a hospitales. En medio del desastre ha sido difícil obtener listados de bajas precisos y se teme ampliamente que muchos civiles fueron sepultados bajo las ruinas del campo [5]. Activistas de los derechos humanos han alertado de que si no se daba acceso a los campos a observadores independientes tan pronto terminaran los ataques, los cuerpos de los fallecidos podían ser arrastrados por los bulldozer junto con los escombros. Al desatarse la lucha sin aviso, muchos residentes del campo no fueron capaces de huir y quedaron atrapados bajo el fuego cruzado. La primera evacuación en masa tuvo lugar el 23 de mayo, cuando se permitió salir a 2.000 civiles. Los días y semanas que siguieron fueron testigo de un fluir constante de evacuados, hasta que los documentos libaneses informaron de que todos los civiles habían dejado el campo en un convoy final el 12 de julio, además de las familias de los militantes y algunos individuos “buscados”. [6]

Cuando le preguntamos a Milad Salama, un enfermero de unos veinte años, por qué los civiles se quedaron en Nahr al-Bared tras el primer estallido de hostilidades, dijo: “Podría dar la vuelta a esa pregunta: ¿Cómo podíamos salir?” Dijo que nadie proveyó a los residentes de algo de dinero para evacuar el campo, añadiendo que “la evacuación fue espontánea” y tuvo lugar bajo el bombardeo. Él salió el 17 de junio, tras cuatro semanas de combate. Dijo que él y el médico que le acompañaba, Tawfiq Salih As’ad, fueron el último personal sanitario en abandonar el campo. Ambos relataron las angustiantes condiciones dentro del campo asediado. Salama en persona llevó camillas a casas que habían sido derruidas, para evacuar a un herido. El pasadizo al que da salida su clínica es tan estrecho que con dificultad pueden cruzarse dos personas, aun así el fuego de la artillería cayó en su interior en más de una ocasión. La basura se acumulaba en cada esquina, los bichos eran corrientes, los mosquitos atacaban en todas partes, y los casos de vómitos y diarrea eran comunes. Reunieron el combustible de los coches aparcados para abastecer un sencillo generador con el que mantener el equipamiento eléctrico esencial y para cargar los teléfonos móviles con los que comunicarse con el mundo exterior, comieron pan mohoso y bebieron agua no potable, y cumplieron con su deber de médicos lo mejor que pudieron. Cuando ya no pudieron hacerlo, se las arreglaron para salir ellos mismos.

Todos los hombres evacuados del campo fueron detenidos por el ejército libanés para ser interrogados. Salama describió una ordalía de tres días durante los que se le mantuvo detenido en la base militar de al-Qubba cerca de Trípoli. Dijo que a 420 hombres y niños, algunos de ellos de hasta 13 años, se les mantuvo en tres cuartos con un aseo común. Durmieron en el suelo, haciendo turnos para tumbarse debido a la masificación. Aunque no fue objeto de abusos físicos ni de tortura, dijo que algunos de los que estuvieron con él sí lo fueron, simplemente por llevar barba o un kaffiyya. Pero todos fueron objeto de abusos verbales, particularmente “expresiones crudas sobre el pueblo palestino”. Muchos otros corroboraron el recuento de Salama. Hombres jóvenes han sido arrestados en Beirut y sufrido abusos físicos simplemente por llevar el documento de identidad palestino.

¿Campo modelo?

El ministro de Defensa libanés Elias Murr declaró la victoria en Nahr al-Bared el 21 de junio, después de un mes de bombardeo continuo. Los combates no mostraban sin embargo señales de decaer, y los bromistas en consecuencia compararon la audaz proclamación con la aciaga sentencia del presidente George W. Bush de “Misión Cumplida”. La intención de Murr parece haber sido declarar la victoria para luego señalar los combates siguientes como “operaciones de limpieza”. Pero las imágenes en directo del campo no mostraban signos de que la batalla hubiera cambiado el ritmo: Las piezas de artillería pesada siguieron castigando el campo desde las colinas circundantes mientras las ametralladoras de los helicópteros las apoyaban desde el aire. La declaración de victoria parecía haber sido hecha para animar a una mayoría del público libanés que estaba ansiosa por conocer algún resultado positivo tras un mes de combates, así como a las tropas mismas, cuya moral no podía estar muy alta dado el relativamente elevado número de bajas (más de 100 soldados murieron en los primeros dos meses) habidas contra un adversario asediado y superado numéricamente. [7]

Incluso aunque el gobierno libanés no estuviera deseando un enfrentamiento con Fatah al-Islam, muy poco después de comenzar el conflicto, comenzó a hacer planes para reconstruir el campo y transformarlo en un “modelo” para los otros campos de refugiados palestinos en Líbano. En el discurso neo-liberal del estado, la interpretación más caritativa de esta idea podría implicar convertir el campo en un poblado Potemkin, que albergase mano de obra palestina barata para reemplazar el trabajo manual sirio, del cual los sectores agrícola, industrial, servicios y construcción libaneses siguen siendo fuertemente dependientes. Si el resto de campos siguieran el ejemplo, ya no serían un obstáculo para los inversores y turistas extanjeros que el gobierno libanés estaba tan deseoso de atraer, y la dependencia del país del trabajo sirio se vería reducida. En una lectura más siniestra los planes del gobierno requerirían transformar Nahr al-Barid y otros campos en guetos que están bajo la mirada, o mejor dicho, bajo el puño de hierro de los servicios de inteligencia –una situación que recuerda en ciertos aspectos a la de los años 50 y 60, cuando el famoso Deuxième Bureau de la inteligencia militar libanesa reinaba de modo absoluto en los campos. [8]

Tras de un par de semanas desde el inicio de la violencia, los canales de la televisión local mostraban al primer ministro Fuad Siniora escudriñando los planos del campo con ingenieros y arquitectos de la empresa consultora de ingeniería Khatib y Alami. La intención de construir Nahr al-Bared de acuerdo con los dictados del gobierno libanés comenzó casi tan pronto como empezó el conflicto, como si el gobierno supiera que el ejército se empeñaría en la destrucción sistemática del campo. Pero los planes de reconstrucción no parecen haber tenido en consideración el bienestar de los refugiados y no ha habido un intento real de involucrar a los propios residentes de Nahr al-Barid en la reconstrucción del campo, una actitud que les pone comprensiblemente nerviosos. En un encuentro de ONGs locales con representantes de la Agencia de Ayuda y Trabajo de Naciones Unidas (UNRWA) a finales de Junio, la tensión sobre este asunto era palpable. En la entrada del campo de Baddawi, donde muchos de Nahr al-Bared habían buscado refugio, los trabajadores de ayuda locales expresaron su parecer a los oficiales de la UNRWA que están en estrecho contacto con el gobierno. Hablaron de los rumores de que había bulldózeres listos para entrar en los campos tan pronto como cesaran los disparos, para arrasar lo que no hubiera sido destruido por orden militar. Algunas semanas después, la prensa libanesa informaba de que bulldózeres equipados con reflectores estaban siendo apostados tras la línea del frente para destruir las estructuras restantes y retirar el escombro. [9]

Cuando los oficiales de la UNRWA dijeron a los asistentes que se podría dar el regreso a los campos tres semanas después de que hubiesen parado los combates, un antiguo residente de Nahr al-Bared señaló que los desplazados por los bombardeos de Israel en el verano de 2006 sobre el Líbano regresaron a sus casas en el sur a las pocas horas de cesar el fuego, y que no había razón para que los refugiados palestinos no pudieran hacer lo mismo. Pero otra residente del campo, que trabaja para una ONG local que gestiona la mayoría de los centros de cuidados infantiles de los campos de refugiados palestinos, sacudía su cabeza desesperada y murmuraba a medio aliento: “Regresaron porque [el secretario general de Hizballah, Hasan] Nasrallah se lo dijo. Nosotros no tenemos un marja‘iyya. En este contexto, el término árabe marja‘iyya se refiere a un liderazgo político que pueda representar la visión del pueblo y responder a sus quejas.

Derechos y retorno

Una queja común entre los refugiados palestinos en Líbano es la falta de representación política. Se suponía que este hueco había sido llenado tras el acuerdo en mayo de 2006 de Abbas Kaki de Fatal como el representante de la OLP en Líbano, un cargo que había estado en hibernación durante varios años. La crisis de Nahr al-Bared mostró en cambio lo poco dispuesto que estaba Kaki a criticar las políticas libanesas o la conducta del ejército libanés. Su actitud ha puesto más de manifiesto que los refugiados palestinos necesitan una representación arraigada que les dé voz en sus asuntos antes que una misión diplomática de la Autoridad Palestina ante el gobierno libanés.

Aún más opresiva que la ausencia de liderazgo político es la falta de derechos básicos civiles y sociales para los refugiados palestinos. Casi 60 años después de que el establecimiento del estado de Israel les desplazara y desposeyera, los palestinos en el Líbano siguen sin tener derechos básicos como el derecho a un empleo, propiedad de inmuebles, atención médica y seguridad social. En un breve momento de cooperación entre los principales actores políticos libaneses tras la retirada del ejército sirio en abril de 2005 y antes de la guerra de Israel en julio-agosto de 2006, el gobierno dio algunos tímidos pasos para cambiar sus circunstancias. Se permitió a los palestinos desempeñar algunos empleos siempre que tuvieran un permiso de trabajo – cuyo coste es, sin embargo, prohibitivo para la mayoría. La mayoría de los empleos profesionales permanecieron vedados para los palestinos y no hay señales de que esto vaya a cambiar. Médicos como Tawfiq As’ad solo pueden practicar la medicina dentro de los campos de refugiados; aunque algunos trabajan clandestinamente en clínicas libanesas, siempre corren el riesgo de ser multados o detenidos por las autoridades.

La justificación tradicionalmente alegada por la oficialidad libanesa para las deplorables condiciones de los refugiados palestinos es que la restricción de derechos civiles asegura que su presencia en Líbano sea solo temporal. La pesadilla del reasentamiento o naturalización (tawtin) es invocada con regularidad en Líbano para justificar todo tipo de abusos contra los palestinos, y existen prohibiciones referentes al tawtin en la constitución libanesa así como en el Acuerdo de Ta’if. Pero mientras la gran mayoría de los propios refugiados insisten en su derecho de regresar a Palestina, todos dicen también que esto no debería impedir su capacidad para disfrutar de sus derechos humanos básicos en Líbano. Es más, muchos señalan que solo si sus derechos civiles son garantizados podrá su comunidad tener la fuerza suficiente para exigir el retorno en un contexto adecuado.

Impacto duradero

Irónicamente, no es el regreso a Palestina, sino más bien el regreso a sus campos de refugiados el interés inmediato de los habitantes de Nahr al-Bared. Aunque esta ha sido su petición concreta, no parece probable que se les vaya a permitir esto cuando finalice el conflicto. Las autoridades libanesas y la UNRWA han citado el hecho de que el campo ha sido minado y llenado de trampas por los militantes de Fatah al-Islam para justificar la prohibición a los refugiados de regresar a sus hogares en cuanto terminen los combates.[10] También se ha hecho cada vez más evidente que habrá pocos, si es que queda alguno, edificios a los que volver dado el bombardeo masivo de artillería por parte del ejército libanés. El director de la UNRWA confirmó recientemente que no se permitiría a los refugiados un pronto regreso, diciendo que habría que encontrar alojamientos temporales para ellos en alguna otra parte mientras son reconstruidos los campos. [11]

A pesar del hecho de que la mayoría de los políticos libaneses han tenido buen cuidado en señalar que Fatah al-Islam no es un grupo palestino y que la mayoría de sus miembros son de otras nacionalidades, la herencia de la batalla por Nahr al-Bared parece que serán tiempos difíciles para los refugiados palestinos en Líbano. Las restricciones en la seguridad de los palestinos ya ha comenzado, dando lugar a muchos casos de abusos físicos. Según Human Rights Watch, tanto el ejército como las Fuerzas de Seguridad Interna han participado en el acoso arbitrario de civiles palestinos inocentes. [12] Durante una manifestación pacífica en las afueras del campo de refugiados de Baddawi el 29 de junio, dos manifestantes fueron muertos por disparos y docenas de ellos heridos por el ejército. Human Rights Watch acusó al ejército libanés de “uso ilegal de la fuerza” y pidió al ejército que iniciase una investigación imparcial acerca del tiroteo.

Los EE.UU. parecen tan implicados en este conflicto como el gobierno libanés, viniendo rápidamente en ayuda del ejército libanés con suministros. El traspaso de ayuda militar se llevó a cabo en un tiempo récord y ha continuado durante los combates. Se entregó maquinaria militar estadounidense por primera vez el 25 de mayo, cuando varios aviones de carga aterrizaron en el aeropuerto de Beirut, portando munición y equipamiento para el ejército libanés; al día siguiente llegaron más aviones desde las bases militares estadounidenses así como de países clientes de los EE.UU. en la región. La ayuda militar de los EE.UU. a Líbano se ha incrementado considerablemente, de los 40 millones de dólares en 2006 a la peición de 280 millones para 2007. [13] La mayoría de esta ayuda militar no es del tipo de la que podría ayudar al ejercito a defender las fronteras del país, como armamento antiaéreo que disuada a los continuos vuelos israelíes sobre territorio libanés. Más bien se trata del tipo de maquinaria que puede mejorar la capacidad del ejército para tratar disturbios internos, cuyas víctimas principales son normalmente civiles.

El conflicto dentro y alrededor de el campo de refugiados puede inaugurar una nueva era en Líbano, una de un régimen obsesionado por la seguridad en la que todos los ciudadanos sean potenciales sospechosos en una extensión de la “guerra contra el terror”. Los abusos físicos y verbales de las fuerzas de seguridad han ido más allá de los palestinos para incluir a cualquier individuo con apariencia sospechosa, preferiblemente joven, hombre, barbado y moreno, en una versión libanesa del perfil racial. [14] Hay además signos claros de patriotería entre la población en general. [15] A pesar del hecho de que el país está profundamente dividido por un cisma político y sectarista, la mayoría de las partes se unen en su apoyo al ejército y en pedir duras restricciones para los palestinos y otros elementos sospechosos. Si el Líbano no cae debido a sus luchas internas, aún puede convertirse en otro estado policial en Oriente Medio.

Notas finales

[1] Algunas estimaciones sitúan el número de refugiados palestinos más cerca de los 250.000, dado que su número se ha visto reducido por la inmigración y, en menor medida, por la naturalización. Ver “Palestinian Refugees in Lebanon”, de Sherif Elsayed-Ali, Forced Migration Review 26 (agosto de 2006), pg. 13–14.

[2] Hay una traducción al ingles del documento en: http://www.dailystar.com.lb/researcharticle.asp?article_id=42

[3] Jaber Suleiman, "The Current Political, Organizational and Security Situation in the Palestinian Refugee Camps of Lebanon," Journal of Palestine Studies 29/1 (otoño de 1999).

[4] Para más información sobre los sucesos que condujeron al origen y la lucha de Fatah al-Islam, ver Jim Quilty, "The Collateral Damage of Lebanese Sovereignty," Middle East Report Online, 18 de junio, 2007.

[5] Según la prensa, el número de muertos se estimaba en 136 soldados, al menos 100 militantes y al menos 41 civiles. Reuters, 13 de agosto de 2007. Además, 65 personas fueron detenidas y acusadas de terrorismo, lo que supone la pena de muerte en Líbano. Al-Jazeera English, 1 de agosto de 2007.

[6] Al-Safir, 13 de Julio de 2007.

[7] A finales de Julio, el comandante del ejército Michel Suleiman decía que Nahr al-Barid era la batalla más dura de la historia [del ejército libanés]” Al-Safir, 24 de julio de 2007.

[8] La hegemonía de la inteligencia militar libanesa fue tan absoluta durante estas décadas que afectaba incluso a lo que decían los maestros de escuela en sus clases. Ver Rosemary Sayigh, "Sources of Palestinian Nationalism: A Study of a Palestinian Camp in Lebanon," Journal of Palestine Studies 6/4 (verano de 1977), pg. 30.

[9] Al-Safir, 13 de Julio de 2007.

[10] El portavoz de la UNRWA Hoda al-Turk dijo: "No queremos que la gente que sobrevivió a la guerra muera de UXO [unexploded ordnance, artillería sin explotar] cuando vuelvan a casa." IRINnews.org, 4 de julio de 2007.

[11] También calculó que los costes de la reconstrucción “serán seguramente de cientos de millones de dólares”. Reuters, 20 de Julio de 2007.

[12] Ver también Sophie McNeill, "Collective Punishment of Palestinian Civilians in Lebanon," Electronic Lebanon, 22 de junio de 2007.

[13] Voice of America, 25 de mayo de 2007.

[14] Ver Fadi Bardawil, "Lebanese Counter-Terrorism: Mere Side Effects," al-Akhbar, 9 de junio de 2007. [árabe]

[15] Ver Khaled Saghiyeh, "Support Our Troops," al-Akhbar, June 7, 2007 [Arabic]; Sami Hermez, "Cheering to the Beat of the Palestinians’ Misery," Electronic Lebanon, 25 de mayo de 2007.


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