CEPRID

HACIA LA RE-INVENCIÓN DEL “COMERCIO JUSTO” (I)

Miércoles 15 de marzo de 2017 por CEPRID

RENÉ MENDOZA VIDAURRE

CETRI

La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo. Platón

En arca abierta, hasta el más justo peca. Refrán.

El canto VII de la Odisea cuenta que la diosa Circe había advertido a Ulises de que los navegantes de esos mares se sentían tan fascinados por el canto de las sirenas que se volvían locos y perdían el control de sus naves. Para no sucumbir a ese encantamiento, Ulises pidió que le amarraran al mástil del navío, que los remeros se taparan con cera los oídos, y dispuso que si él, por el hechizo de esos cantos, pedía que lo liberasen, que más bien apretasen sus ataduras. Así fue que Ulises y sus remeros se salvaron, y las sirenas, al fracasar en su objetivo, se precipitaron al abismo.

Ante la intermediación comercial injusta, surgió el comercio justo (CJ) como alternativa para que las personas que se organicen mejoren sus vidas y para ser un espacio de solidaridad entre diversos actores más allá de las fronteras de los países. Sin embargo, la institucionalidad de las relaciones de poder bajo el gobierno del mercado de las elites es como las sirenas del mito, capaz de seducir al entramado del CJ, de ponerlo en contra de sus propios principios y de hacer de la solidaridad una mera suma de palabras, números y papeles (1) . ¿Cómo puede el CJ auto-amarrarse por sí mismo para no sucumbir al canto de las sirenas, y de ese modo crecer profundizando sus principios de CJ alternativo? Para responder esta pregunta, damos por sentado que hay cooperativas, organismos y personas excepcionales que prueban la importancia de organizarse y de cultivar la solidaridad global, y que aún hay más cooperativas exitosas –tanto en países del sur como en el norte– en el CJ y fuera del CJ. Sin embargo, en este artículo estudiamos ciertas prácticas de ese entramado del CJ que parecen indicar su involución, y sobre esa base sugerimos que el CJ puede reinventarse. Para ello nos centramos en el café, que constituye el 70% del volumen que se comercializa mediante el CJ (2) .

1. Introducción

El movimiento del CJ nació en 1964 en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Desde entonces, varios países europeos promovieron las tiendas UNCTAD que comercializan productos de países en vías de desarrollo. Después comenzaron las cadenas de tiendas “solidarias”. En 1973 arrancó el comercio de café CJ de cooperativas guatemaltecas con la marca “Indio Solidarity Coffee”. En la década de 1980 aumentó el volumen de los productos y se mejoró su diseño; en las tiendas solidarias se vendían mezclas de café, té, miel, azúcar, cacao, nueces, banano, flores... En 1988 comenzó a operar en Holanda el sello “Max Havelaar” (3).

En 1997 se creó la Organización Internacional del Comercio Justo (FLO). La entrada de FLO significó un cambio substancial del movimiento del CJ, de ventas marginales de cadenas alternativas criticando al capitalismo a entrar al mercado capitalista de productos y marcas transando grandes volúmenes argumentando que así transformaría ese mercado capitalista y mejoraría los ingresos de las familias productoras. Fue, según Taylor et al (2005:204), un viraje de una estructura de gobernanza ATO (Organización de comercio alternativo) que enfatizaba relaciones directas entre consumidores y productores a una marca más impersonal y de búsqueda de nichos de mercado con estrategia más convencional. Este viraje fue acompañado de un mayor control de los países del norte sobre FLO, donde los votos de las organizaciones de productores no tenía mayor peso. Este auge del CJ devino en una crisis interna y luego en un cambio de su estructura de gobernanza. Un debate iniciado en 2001 concluyó con una escisión en 2011, cuando el CJ de Estados Unidos (FT-USA) se retiró del CJ internacional (FLO). FT-USA preconizó el “comercio justo para todos”, propuso aumentar aún más el volumen de exportaciones de café a base de incluir a las grandes plantaciones (grandes productores), a fin de que se beneficiase a los trabajadores de esas plantaciones. Como efecto de esa escisión, a partir del 2012, FLO, para contener el apoyo de las organizaciones de pequeños productores, cedió a que las decisiones en FLO se basen en el 50% de votos de organizaciones de tres continentes (Coordinadora Latinoamericana de Comercio Justo de Pequeños Productores, Fair Trade Africa y Network of Asian Producers) que representan a 800 organizaciones y a un millón de pequeños productores de 60 países de África, Asia y América Latina, y 50% de votos de 21 marcas nacionales de Europa y de Estados Unidos. (Mendoza, 2012a).

Lejos de liberarse de esa crisis en 2011, el entramado del CJ enfrenta nuevos desafíos. El sello CJ enfrenta cada vez más competencia de otros sellos con similares atributos. Muchos compradores y tostadores de café se decantan por el enfoque direct-trade en lugar del fair-trade. Y muchas cooperativas están enfrentando una mezcla de crisis y ‘privatización’ con sus consecuentes virajes hacia estructuras de gobernación menos democráticas. Estos elementos expresan un contexto de mercado neoliberal crecientemente absorbente, con una estructura que mercantiliza todo y que en correspondencia moldea cambios en las cadenas de producción y de comercialización. Ello nos revela la paradoja del CJ, de crecer involucionando: crecer en volúmenes entrando al mercado convencional (mainstream) mientras descuida buena parte de sus principios de transformar las relaciones injustas del comercio; de conquistar mercados y de ser absorbido por esos mercados; de dinamizar económicamente al cooperativismo y a la vez de vaciarla de su lado asociativo.

Ese contexto absorbente moldea a los actores y a la vez es moldeado por ellos. Esto nos refiere a la relación entre la estructura y los actores. La perspectiva estructural por sí sola tiene el riesgo del determinismo, mientras el solo ver a los actores y sus acciones porta el riesgo del voluntarismo. Las estructuras se expresan en reglas y regularidades, fenómenos colectivos y persistentes, como “las corrientes submarinas” debajo de las olas, mientras los actores sociales, que son como “las olas del mar”, producen y reproducen las estructuras interpretándolas en sus acciones. Las estructuras, como la intermediación convencional o la del CJ, limitan y posibilitan el accionar de los actores sociales; es ahí donde surgen relaciones recíprocas entre actores individuales y colectivos.

En este artículo enfocamos esa relación entre estructuras y actores, y desde ese marco no proponemos que el CJ vuelva a ser ‘alternativo’ en tanto ATO y con pequeñas transacciones económicas, sino que el CJ resuelva esa paradoja de crecimiento con involución siendo ‘alternativo’ en tanto incrementa su crecimiento actual, profundiza sus estructuras democráticas, y mejora su capacidad de gobernar esos mercados a favor de las sociedades.

Para ello, trabajamos una base de información y análisis que proviene de varias fuentes y dinámicas de trabajo compartidos con diferentes actores de forma reflexiva. Primero, hacemos uso de Revisión datos secundarios y literatura Encuestas, entrevistas y experimentaciones Conversaciones y estudios de caso en varios países Inmersión y acompañamiento Talleres y diplomados Figura 1. Metodología reflexiva 4 métodos convencionales, como el revisar estudios que sobre el comercio justo se han publicado en los últimos años, el analizar datos secundarios correspondientes, a fin de ubicarnos en los hallazgos de conocimiento acumulado y ponderar el peso del comercio justo, y el de experimentar pruebas como el pesaje del café desde su estado cereza hasta oro exportable, así como el hacer catación paralela a lo que hacen las organizaciones. También hemos entrevistado a gerentes de empresas, comerciantes y productores individuales en el lado de la cadena de café convencional y privado, asi como con algunos compradores que forman parte del movimiento direct-trade.

Segundo, hemos sostenido conversaciones con inspectores de certificadoras, compradores y/o tostadores de café, cooperativas en Estados Unidos y Tiendas-cooperativas de Europa, funcionarios de la banca social, responsables de organismos de la cooperación internacional. En ese marco hemos estudiado experiencias destacadas de cooperativas de cada país de Centroamérica (ver Mendoza, 2016a, 2016b, 2016c, 2016d y 2017), y hemos visitado a cooperativas de Bolivia, Colombia, Italia y de Estados Unidos. En los casos de Centroamerica fueron a través de procesos de inmersión, mientras en el resto de los países vía conversaciones por algunos días. Esto nos ayudó a ponderar similitudes y diferencias entre las cooperativas, a la vez que completar nuestra lectura sobre el CJ desde el lado de los compradores de café y tiendas de solidaridad en Europa y en los Estados Unidos. Al decir ‘conversaciones’, la distinguimos de entrevistas que es más vertical, de una vía, de alguien que pregunta y de otro que responde. Conversaciones con 1 hasta 5 personas, es de intercambio de ideas, de preguntas que hacemos y preguntas que nos hacen, de informaciones que cruzan, que las analizamos y las traducimos en propuestas de acción. En algunos casos sostenemos conversaciones vía skype y vía correo electrónico; y nos alimentamos de las reacciones on line a las constantes publicaciones que hacemos sobre los procesos que vamos encontrándonos con relación al desarrollo rural. En esto hemos aprendido una lección: toda persona tiene información (en su mente, de forma escrita en actas o notas, recibos, pagarés, contratos, y hasta cuadros de datos) y capacidad de análisis, y en correspondencia es suceptible a cambiar en la medida que aprende, sean socios de cooperativas o facilitadores como el caso nuestro.

Tercero, desde el año 2010 estamos trabajando con 35 cooperativas de primer grado en Nicaragua, lo que significa el 20% del total de las cooperativas cafetaleras de primer grado, dando seguimiento a –y acompañándoles en– sus acciones; ello nos ha permitido estar inmerso en la vida de sus asociados y en la vida de las organizaciones, proveyéndonos una comprensión desde adentro de las cooperativas y por varios años (4) . En esto aprendemos que los significados detrás de los números importan mucho, y que ello se logra en la medida que nos ‘ponemos en los zapatos’ de las familias asociadas, lo que incluye no solo entender pero construir amistad, es esta relación que hace avanzar una comprensión que provoca cambios en ellos y los acompañantes.

Finalmente, hemos sostenido decenas de talleres y Diplomados (5) , donde a diferencia de las ‘capacitaciones’, que consiste en preparar algún contenido de conocimiento y proveerla a la audiencia, triangulamos información y análisis con los asociados, directivos, técnicos y gerentes de las cooperativas productoras de café, y facilitamos procesos de reflexión. Buena parte de este texto ha ido surgiendo en estos espacios, de idas y venidas, no tanto porque “del choque de las piedras nazca la luz,” pero de producir preguntas en encuentros y choques de las ‘piedras tectónicas mentales’ en un mundo en que los espacios para reflexionar son cada vez más escasos.

Es esta combinación de métodos convencionales y procesos de conversación, acompañamiento, inmerción y facilitación que ha cultivado una metodología reflexiva con múltiples productos, uno de los cuales es este texto. Después de esta sección, la segunda que sigue presenta el carácter innovativo del CJ. La tercera sección describe ese contexto de mercado neoliberal que absorbe lo innovativo del CJ y provoca su paradójica involución. La cuarta, quinta y sexta sección discuten los procesos de cómo se da esa involución. La séptima sección presenta dos rutas complementarias para que el CJ se reinvente. Y las conclusiones resumen los principales hallazgos del texto.

2. La novedad del comercio justo

Para que las familias de los pequeños productores salgan de la pobreza hay al menos dos grandes obstáculos: la desorganización organizada entre los productores y su posición en la red que intermedia su acceso a los mercados. El primero refiere a personas que desconfían de otras formas de organización, más que de la ‘familia extendida’ (unidad familiar de padres e hijos + familias de tíos y tías, hermanos y hermanas, primos y primas), sin constituirse en comunidades organizadas cruzando a otros apellidos. Esa institución de la familia extendida les ofrece una red protectora que evita que sus miembros empeoren, pero que a la vez les impide organizarse en otros espacios que impliquen abandonar esa institución familiar para mejorar sus vidas. Es un ejemplo de lo que Woolcock y Narayan (2000:232) han llamado ‘capital social de adhesión’ (bonding social capital): redes sociales protectoras y solidarias cercanas que son muy útiles para la sobrevivencia de las personas pobres, pero con el riesgo de generar fuertes limitantes para crear lazos e iniciativas más allá de un círculo cercano con pocas oportunidades de crecer. De hecho, es una institución moldeada para resistir los acosos sistemáticos del despojo de sus tierras y de su lógica (alimentar a la familia) y modo de producción (diversificar o la noción de ‘milpa’ como otra manera de diversificación). La segunda se refiere a la red de intermediación que combina usura, precios bajos y engaño en el pesaje y en el control de calidad del producto (6), que está mediada por relaciones de lealtad (sumisión) y de información escondida, y que se mueve bajo la premisa de que “el colmo del pobre es no tener quien lo explote”, porque en momentos de extrema urgencia (p.ej. enfermedad de algún miembro familiar) esa red le “saca de apuros” a las familias empobrecidas o a quienes caen en desgracia –de ahí la expresión institucionalizada de “siempre necesitamos un patrón”. La institución de la familia extendida impide que sus miembros caigan en miseria y a la vez que lo detiene de “salir del pozo de la pobreza”; mientras la intermediación comercial-financiera es un mecanismo de despojo sistemático, combinado con “ayudas temprales”, de familias campesinas que al cabo de 20 a 25 años se ven obligadas a moverse so pena de descampesinizarse.

Ante ambas instituciones, el CJ respondió con una perspectiva integral y con una ruta alternativa. Apoyados por el enfoque “principal/agente” de la economía institucional, en que el principal define las políticas y las reglas, y el agente los ejecuta, observamos que hay múltiples “principal-agentes” en cadena e interactuando entre sí (ver flecha morada que simboliza esa inter-acción). En el caso de las cooperativas (ver color verde), los asociados a través de su asamblea son el “principal”, sus líderes son el “agente”, luego estos líderes son el “principal” con relación a la gerencia y al personal, que son el “agente” (ver flecha verde: la lógica de las familias asociadas que crean su medio, las cooperativas). En el CJ los miembros de FLO a través de su asamblea constituyen el “principal”, y la certificadora FLO-CERT el “agente”. En las certificadoras de productos orgánicos, las leyes de EEUU, Europa, Japón o China son el “principal”, y las certificadoras el “agente”. Más de fondo, los principios del CJ —y no los del mercado del comercio convencional gobernado por grandes capitales y conectados con la intermediación tradicional— son el “principal” y las distintas organizaciones (cooperativas, certificadoras, banca social, compradores) son el “agente”, en función de construir justicia a favor de las familias productoras –indígenas y campesinas; es la justicia social y no la justicia del mercado la que mueve estas cadenas de productos, actores y de relaciones sociales.

En coherencia, hay cuatro factores que concretamente distinguen al CJ. Primero, para que los productores eviten la usura y garanticen el producto, socios y socias de cooperativas reciben crédito a través de sus cooperativas, capital que viene de la banca social (9% tasa de interés) y de los compradores de café (empresas, tiendas y cooperativas de solidaridad en Europa y Estados Unidos); buena parte de ese crédito es prefinanciamiento del 50% del valor del producto que van a comprar con cero tasa de interés.

Segundo, para evitar que los productores caigan en la miseria por la reducción de los precios del café, y para incentivar una agricultura sostenible, CJ define un precio mínimo de 1.20 hasta 2008, de 1.25 hasta 2011 y desde ese año US$1.40/lb. Es decir, si los precios internacionales están debajo de dichos precios, el café en la cadena del CJ se rigen bajo se precio mínimo. Adicionalmente, el CJ provee US$0.20/lb como FT-prima y US$0.30/lb como premio orgánico, en caso el café es orgánico, y generalmente premia la calidad del producto con un precio plus que varía de comprador a comprador. El FT-prima está condicionado a un plan que la asamblea de la cooperativa debe tomar (Fairtrade, 2009) (7) , y de los cuáles se exige que US$0.05/lb sea para que la familia productora mejore la productividad de su café (FT-FLO, 2011); mientras el premio orgánico se acuerda va al productor.

Tercero, para que exista trazabilidad en el producto y se construya confianza en relaciones de largo plazo, hay organizaciones que certifican in situ el cumplimiento de acuerdos y políticas; para el café orgánico lo hacen certificadoras internacionales, para la prima y prácticas del CJ lo hace FLO CERT; los compradores —además de requerir la muestra de café y una determinada calidad del producto— se ciñen a las certificadoras, y la banca social a su procedimiento de análisis financiero.

Cuarto, se consolida una relación directa entre consumidores y productores, en la que las ganancias del CJ las manejan los mismos productores y las reinvierten en sus comunidades y en sus propias familias y fincas.

El CJ, además de su cariz económico, es también social, político, ambiental y cultural, como indican sus once principios: oportunidades para productores económicamente desfavorecidos, transparencia, relaciones comerciales, pago de precios y salarios justos, no a la explotación infantil, equidad de género, condiciones de trabajo dignas, fortalecimiento de capacidades, promoción del comercio justo, protección del medio ambiente, y preservación y defensa de la identidad.

De lo anterior, destaca la combinación de comercio, finanzas y producción en una estructura transnacional de contrapartes norte-sur, con un marco plural de principios de igualdad y de equidad. Ello conduce a que las familias se organicen, mejoren su producción, sus vidas y su identidad en familia y en comunidad, y cultiven una relación directa con los consumidores. El CJ es un espacio de aprendizaje transnacional y de transformación social, económica y ambiental, con enorme compromiso de los países del norte hacia los países del sur, y de los consumidores hacia las familias productoras.

Hasta aquí hemos descrito la visión con la que el CJ emergió, y el modo cómo se organizó para llevar a cabo esa visión. En la medida que este innovativo e importante sistema del CJ ha crecido, argumentamos, ha involucionado, particularmente en los últimos 20 años. De eso trata la siguiente sección.

3. Estructura del mercado y de la ayuda internacional, un ‘alicate’ absorbente

En esta sección describimos los procesos que han preparado el ‘terreno’ en el que el CJ fue absorbido. Esos procesos refieren a las condiciones estructurales del mercado y a las de la ayuda internacional. Teniendo “el terreno preparado” como una tela de araña esperando a sus ‘víctimas’, se introdujeron los mecanismos bajo los cuales esa absorción se ha traducido en involución, mecanismos que después serán explicados en las próximas secciones.

3.1 Tendencias en la dictadura del mercado

Stiglitz (2016) nos recuerda que la re-estructuración de las políticas de los mercados incrementó la desigualdad y des-aceleró el crecimiento de la economía; es decir, en la medida que las elites económicas (banca y corporaciones, finanzas y comercio) instauraron la dictadura del mercado, ellos se beneficiaron a costa de los demás. Milanovic (2016), estudiando 20 años bajo políticas neoliberales entre 1998 y 2008, encontró que el 1% de la población (plutócratas del mundo y clase media de economías emergentes de Asia) fueron los ganadores. El neoliberalismo nos presenta un ‘mercado natural’ sin arraigo social e institucional, como creencia fundamentalista, mientras impulsa mercados enraizados en los intereses del capital internacional con regulación manipulada (p.ej. sin impuestos para las familias ricas; regulaciones que castigan la exportación de productos más procesados hacia los países desarrollados). A diferencia de ese mito del mercado sesgado, entendemos, en línea con Polanyi (2001), mercado como siempre enraizada social e institucionalmente (always institutionally embedded).

Ese mito del mercado fundamentalista concibe que solo existe un camino para el desarrollo, que todo está determinado por el mercado (controlado por las elites) y que para reducir la desigualdad se requiere no menos mercado de la élite sino más mercado de la elite. El movimiento del CJ, precísamente, constituyó un tipo de mercado enraizado en las mayorías, en las familias de pequeños productores y consumidores, bajo la idea de que mercado ‘alternativo’ es posible y necesario para reducir la desigualdad. ¿Cómo se expresa esa relación de mercados alrededor del café, rubro en torno al cual estamos discerniendo el CJ?

Ponderando la formación del precio del café en los últimos 80 años, observamos que la tendencia histórica es que las familias productoras vayan perdiendo. En la década de 1930, el precio al productor con relación al valor final del café tostado y molido era del 33% (Wickizer, 1943), 27% en la década de 1970 (Clairmonte & Cavanagh, 1988), 15-20% en la década de 1990 (Pelupessy, 1999), 10% en 2001 (Mendoza & Bastiaensen, 2002) y 11.67% en 2009 (Mendoza, 2012b); o sea, de 33% a 12% en ocho décadas (8). De esto, la brecha entre el precio al consumidor y el precio al productor se ensancha cada vez más; o sea, la idea del CJ de que el consumidor pague un precio mayor para redistribuir más a las familias productoras, aparentemente no se ha dado. Una segunda idea del CJ ha sido el obviar al sector intermediario para beneficiar más a las familias productoras, pero al parecer ese sector intermediario es la que más se ha beneficiado, ha crecido y ha dificultado aun más el ideal de comunicación directa entre productores y consumidores. Stiglitz (2002) argumentó que el problema no era la globalización, sino la gestión de la misma; 15 años después, él mismo, Stiglitz (2016), reconoce que la gestión no cambió nada. Al parecer el caso del café expresa también esa realidad.

Al observar el aumento del valor del café encontramos que el producto final contiene de forma creciente más y más insumos que han aumentado su valor agregado. Esto es parte de lo que se llama “revolución de los supermercados” manejados desde la demanda (market driven economies) en el que la distribución mayorista define reglas y gobierna el conjunto de la cadena de los productos (ver Reardon, 2007). Esto significa que el resto de los actores de la cadena se someten a la demanda de productos –en cantidad y calidad requerida, y en el tiempo determinado. En correspondencia, si el mercado demanda café, todos los actores, incluyendo las cooperativas, corren a responder con café en la cantidad y calidad para el momento definido. Es cuando se usa tecnología intensiva y/o surgen métodos de innovación como el post fordismo y el de control total de la calidad, para aumentar la productividad del rubro y de esa manera responder con eficiencia y efectividad a las demandas del mercado. Quienes no responden al mercado dan ‘un paso al costado’ y como perdedores ya no entran a la historia.

El mercado ha ido demandando productos de calidades y con mayor diferenciación. Países como Colombia y Costa Rica han conquistado mercados para cafés especiales; en particular Colombia, país que comercializa cerca del 50% del total de su café como café especial (ver por ejemplo su marca insigne Juan Valdez). En cambio el CJ, al parecer, creció en volumen y no tanto en diferenciación de productos, lo que lo ha dejado como ‘gallina maneada’ para responder a esa dictadura o revolución del mercado. En este contexto, el sello CJ enfrenta cada vez más competencia, pues han surgido numerosos sellos que pregonan diversos atributos ambientales y sociales, por lo que el sello CJ pierde atractivo ante los consumidores; en correspondencia, en los últimos tres años, por ejemplo, grandes compradores de café con sello CJ, como Green Mountain (9) , han prescindido del sello CJ (10) . Además, muchos compradores —y crecientemente— tostadores de café se decantan por el enfoque direct-trade en lugar del fair-trade, porque buscan café ecológico y de mayor calidad, y sobre todo, porque quieren que los precios adicionales que ofrecen les lleguen a los productores en lugar de que se queden en las estructuras administrativas –o sea en la parte intermedia. Poco a poco va apareciendo esa situación de ‘gallina maneada’.

También han surgido otros modelos, sea en respuesta al mercado o como alternativas a ello. El modelo Starbuck, revolucionando las cafeterías del mundo, con su propio sello y gobernando toda la cadena de arriba hacia abajo. Otro modelo diferente, de relación directa entre productores y consumidores, es la cafetería Capeltic en México que surge de una alianza entre una cooperativa de Chiapas y la Universidad Iberoamericana (ver Colsa, 2013); también una cooperativa de Panamá que organiza la cadena del café, desde la producción hasta su torrefacción (ver Mendoza, 2016a); ambos casos expresan un modelo que rompe el modelo de mercado de las elites (11). Este segundo modelo revela que la relación productores y consumidores, un ideal del CJ de los años de 1980 y de 1990, puede ser logrado por otro camino diferente al del CJ. Lo de ‘maneada’ se aclara más: respondiendo al mercado de más volumen (mass production commodity) y no necesariamente al mercado de más productos diferenciados (decommodified specialized production), el CJ perdió terreno mientras su misión original de ‘ser alternativo’ comenzó a diluirse, y hasta ser ocupado por otras iniciativas.

3.2 La ayuda internacional en el comercio justo

En el mismo período en que el poder del mercado enraizado en los intereses de las elites se acrecentaba y el CJ crecía en volumen, también la ayuda internacional se incrementó. Nuestra hipótesis es que buena parte del tipo de cooperación internacional contribuyó a ‘inflar’ a las cooperativas en función de las demandas del mercado e hizo que la llegada de los proyectos se tradujese, ante los asociados (familias productoras), como si fuesen beneficios del CJ, contribuyendo con ello a que los asociados se despreocupasen por la eficiencia y efectividad de sus organizaciones, lo que aceleró el proceso de involución del CJ.

Buena parte de las inversiones en el beneficiado seco, oficinas, infraestructura de beneficiado húmedo y laboratorios, fueron producto de donaciones de la cooperación internacional. Generalmente el personal de asistencia técnica de las cooperativas eran pagados por la cooperación internacional; aun ahora, las pocas cooperativas que tienen personal técnico generalmente son pagados por proyectos financiados por la cooperación internacional. En muchos casos hasta el salario del personal administrativo-gerencial estaban respaldados con fondos externos. En correspondencia, las cooperativas, aun sin tener una economía de escala y rentabilidad que permitiese contar con estructuras gerenciales, se sumaban a la corriente de tener gerentes y técnicos, técnicos incluso para actividades como el llenar formatos de las certificadoras bajo el mito de que “solo los técnicos pueden llenarlo” (12). Este personal, a su vez, respondía cada vez más a quiénes les pagaban, los donantes, y cada vez menos a las familias dueñas de las cooperativas. Dichas estructuras, dado el boon de proyectos y dado la prima del comercio justo, el premio orgánico y otros sobreprecios, no tenían mayor problema de proveer algunos beneficios a los asociados (“para renovación de café”, “para beneficios húmedos”, “para gallinas y cerdos”, “mochilas para niños”, “atención médica para las mujeres”…), quienes creían que esos beneficios eran por ser cooperativas eficientes y por comercializar su café a través del CJ. Es decir, la cooperación internacional subsidió al CJ, particularmente al crecimiento del sector de intermediación, e indirectamente también ‘infló’ los costos de las certificadoras que podían cobrar más debido a que las cooperativas “recibían donaciones”, y contribuyó a que las cooperativas asuman una estructura salarial y de inversiones que no se correspondía con su capacidad organizacional y grado de crecimiento económico-empresarial (13); las donaciones incluso postergaron el que las familias asociadas se preocupen en la productividad de sus fincas (14). En la mayoría de los casos, el organizar cooperativas de segundo grado y el que éstas tengan gerentes con altos salarios no respondía a una lógica económica y asociativa de las cooperativas sino a una lógica política de los gobiernos y de los donantes. La “gallina” se “maneaba” aún más.

Pareciera que ese tipo de ayuda de la cooperación internacional era lo opuesto a la ayuda (15). ¿Por qué? Habiendo observado y evaluado tantas experiencias en Amérca Latina, argumentamos, que la cooperación internacional tiende a resucitar la vieja teoría de la modernización (o muchas veces adjetivado como ‘eurocentrismo’), concibiendo la situación de los países del sur como el pasado de Europa, ante el cual obviamente la cooperación internacional cree ya conoce ese pasado y saben su futuro. Esto, a su vez, subyace la idea que los pueblos carecen de historia propia (16). De ahí es que generalmente la cooperación internacional no busca estudiar-aprender sobre la realidad de las cooperativas y sus asociados, asumían que sus ayudas ayudaban y no se percataron el perjuicio que buena parte de esa ayuda originó a las familias asociadas que, como veremos más adelante, perdieron a sus propias organizaciones a manos de las nuevas elites emergentes.

La situación distorsionada que el CJ iba imprimiendo en las cooperativas, se volvió en un problema cuando la cooperación internacional redujo su apoyo (donaciones) de forma drástica en América Latina a partir del año 2008. Entonces algo del mundo real comenzó a aparecer: familias asociadas que no habían mejorado la productividad de sus fincas a pesar de varios años con buenos precios del café y a pesar de tantos proyectos de la cooperación internacional; cooperativas de primer grado vacías de contenido, muchas de ellas ni siquiera como acopiadoras de café; estructuras de cooperativas con personal administrativo gerencial con altos salarios que no se correspondían con la capacidad económica de las cooperativas, generalmente cooperativas de segundo grado con grandes inversiones que las cooperativas de primer grado no las consideran suyas. Es decir, mientras la dictadura del mercado enraizada en el gran capital se recrudecía, el bajón de la ayuda internacional ‘desinflaba’ la supuesta capacidad de las cooperativas, éstas empezaron a sentir los problemas, en muchos casos a vender sus bienes, en otros casos a la quiebra total, y en otros casos resignarse de tener cooperativas privatizadas por las nuevas elites, y en muy pocos casos cooperativas que re-emergían como organizaciones eficientes y efectivas respondiendo a sus asociados.

En este contexto es cuando los asociados comienzan a preguntar por los proyectos y a preguntar por la prima del CJ, el premio del café orgánico… Es cuando la gerencia busca aumentar el volumen de comercialización de café a cualquier costo… Es cuando el lado asociativo de la cooperativa, junto con sus órganos, se descubren con un rol simbólico y hasta instrumentalizado por parte de las gerencias… Es cuando las diferencias entre la cadena del CJ y la del comercio convencional se diluyen, y en muchos casos los asociados notan que reciben precios por su café que hasta son menores que en la intermediación tradicional (17).

3.3 Elementos estructurales del comercio justo

Al cabo de medio siglo de CJ, ¿qué ha pasado? Hasta aquí hemos visto cómo la fuerza del mercado enraizado en las elites y la industria de la ayuda de la cooperación internacional moldearon al entramado del CJ, incluyendo a las cooperativas; por un lado la sometieron a las demandas de productos commodity convirtiendo a las coopertivas como simples empresas, y por otro lado la ‘oenegizaron’. O sea, la dejaron bien “maneada”. No contribuyeron a que las cooperativas de primer grado y sus asociados aumentasen sus capacidades. En los últimos 8 años, esas fuerzas se recrudecieron reduciendo al CJ solo a lo económico, perdiendo identidad de integralidad, así el CJ se dividió, su sello perdió competitividad, su producto es más de volumen que diferenciado, otro enfoque y organización como el direct-trade gana terreno, y otro modelo que logra vincular productores y consumidores comienza a ‘saludar’. O sea, de arriba y de abajo, el CJ esta siendo severamente desafiada. Y mientras todo esto pasa, la desigualdad y la injusticia comercial se recrudecen; lo mismo que la desigualdad global que Milanovic constata.

Estas son las condiciones (“terreno”) en las cuales el CJ involuciona, y en ese proceso va afectando al movimiento cooperativo. Es decir, esa intermediación convencional con mercados enraizados en el gran capital y el tipo de “ayuda que no ayuda” constituyen un gran mecanismo que deja “maneada” al CJ y al cooperativismo (18).

¿Cómo es que se da esa involución? Hay mecanismos que conducen a que las cooperativas involucionen, una estructura del CJ que produce esa involución, y la estructura de poder glocal (global y local) que la cultiva. Es decir, a medida que una cooperativa asume cada uno de los cuatro mecanismos, es legitimada en su caída por el entramado del CJ que también va involucionando y es empujada por las estructuras de poder glocal (global y local) que a su vez son maniobradas por pequeñas elites. En esa caída, la cooperativa es privatizada y gobernada por las ideas comúnmente conocidas como neoliberales. Dicho figurativamente, cuando una cooperativa está “maneada” por el mercado del gran capital y por “la ayuda que no ayuda”, y comienza a caer en los mecanismos descritos, esa cooperativa va cuesta abajo, sin frenos ni cuñas que la detengan.

Regresando al enfoque principal-agente, esta vez observando al CJ en este nuevo marco, argumentamos, en una primera mirada, pequeños grupos de personas en las cooperativas, del entramado del CJ, han formado un tipo de red informal convirtiéndose en el “principal”, y los líderes intermedios y funcionarios de diferentes organismos se volvieron en el “agente”. En una segunda mirada, hay grupos que se esconden detrás de las estructuras organizacionales y de los principios del CJ, actúan a su nombre y bajo su sombra. En una tercera mirada, los principios de la “mano invisible” (mercado enraizada en las elites del gran capital) se volvieron en el “principal”, y el entramado del CJ en el “agente”. En una cuarta mirada, nos cercioramos de que los asociados, los consumidores y los principios del CJ ya no cuentan. En este marco un punto crucial de gobernanza son las relaciones de poder en el conjunto de la cadena movidos de arriba a abajo. Esa noción de poder está vinculado a la creación de cierta renta de información para unos y de déficit de información para otros, y cuyo acceso depende en gran medida de responder (y de someterse) a las fuerzas de ese mercado neoliberal, lo que en las cooperativas se expresa como la absorción del lado empresarial sobre el lado asociativo de la gobernanza cooperativa.

Notas

(1) Aunque estrictamente el CJ actual es la organización internacional FLO (Fairtrade Labelling Organization International) y FT-USA (CJ-Estados Unidos), llamamos “entramado del CJ” al conjunto de cooperativas, certificadoras, banca social y compradores que operan bajo el sello del CJ.

(2) Hemos dado seguimiento al tema del comercio justo en torno al café desde 1996 (ver: Mendoza 1996, 2003, 2012a y 2012b; Mendoza & Bastiaensen, 2002).

(3) Multatuli (seudónimo del novelista Holandés y previamente administrador colonial, Eduard Douwes Dekker) escribió en 1860 una novela con ese título (Max Havelaar) donde el protagonista homónimo renuncia a su cargo de administrador colonial en Java (Indonesia) por el abuso colonial de obligar a los productores a sembrar café y caña de azúcar en lugar de productos básicos, y de imponerles un sistema de tributación que generaba hambruna. El libro despertó consciencia sobre el hecho de que la riqueza que se disfrutaba en Europa era producto del sufrimiento de la población en otras partes del mundo. Esto a su vez dio lugar a una política de ética que consistía en retribuir esa riqueza educando a algunos grupos nativos leales al gobierno colonial.

(4) Como parte de ese acompañamiento, en el presente año (2016) 7 cooperativas han levantando encuestas a sus asociados, la que se repetirá año tras año. Buscamos que las cooperativas organicen su información y que paulatinamente lo analicen para afinar sus políticas. Esas encuestas nos permiten ponderar los cambios que se van dando en la vida de las familias asociadas y la influencia o no de las políticas de las cooperativas –y del comercio justo. En 2017 se ampliará esta muestra a 15 cooperativas.

(5) Los talleres incluyen reflexiones grupales de 15 a 30 participantes, y Diplomados sobre cooperativismo que organizamos para las cooperativas incluyen de 30 a 60 participantes; son talleres y diplomados que organizamos luego de hacer elucubrar sobre temas de interés común para, en esos espacios, reflexionar colectivamente, y alimentar de nuevos los procesos de investigación.

(6) La usura y el sistema de habilitación, que es la “compra de café de futuro” en el 40% del valor del café, constituyen instituciones de intermediación centenarias, partes de la estructural rural-urbana en torno a actividades agropecuarias. (Ver: Mendoza, Fernández y Kuhnekath, 2013).

(7) La prima del CJ, según Fairtrade (2009), debe regirse por un plan anual que la cooperativa elabore de forma “transparente, participativo y democrático.” Fairtrade no dice en qué usar la prima, aunque sugiere que en ese plan incluyan inversiones para los asociados, infraestructura en educación y salud de la comunidad, apoyo a personas con enfermedades y grupos con discapacidad, así como empoderamiento de mujeres, y créditos y/o fondos revolventes.

(8) Si el cálculo fuese sobre el café en taza, el precio al productor en términos relativos es hasta menos del 1%. Esto en buena parte se debe a los costos de un sinnúmero de otros ingredientes y procesos en que se incurre para tener una taza de café en las cafeterías.

(9) En la decisión de Green Mountain también tiene que ver el cambio de propietarios. Los actuales, a diferencia del anterior, prefieren centrarse en el negocio del café sin apoyar el desarrollo institucional de las cooperativas.

(10) Esta situación de compradores dejando al sello CJ pasa también en otros productos. Por ejemplo una de las marcas de chocolates más conocidas del mundo, Cadbury, de la empresa Mondelez, anunció que abandona el sello CJ, que ya cuentan con un esquema de comercio justo propio llamado “coca life”, y que para ellos “sostenibilidad tiene que ver con mucho más que los precios.” Ver: Thomas (2016). Agradesco a D. Bojorguez por facilitarme esta información.

(11) Otro caso en Nicaragua, respondiendo al mercado de elites, es la Casa del café (cafetería exitosa económicamente), comprado por la empresa exportadora CISA, quien de esta forma controla toda la cadena del café en el país.

(12) “Las certificadoras pedían que los técnicos lo llenaran; en la cooperativa creíamos que solo los técnicos lo podían hacer. Ahora que nos hemos separado de la cooperativa de segundo grado, y nos estamos manejando nosotros mismos, me tocó como Secretario del Concejo llenar esos formatos. Y todo salió bien”. (J.A. Espinoza, Cooperativa P. Velásquez, San Juan del Río Coco, Nicaragua. Noviembre 2016).

(13) En Nicaragua, muchas cooperativas aparecían con grandes inversiones en lugares donde ni tenían asociados; sus asociados se encontraban en otros municipios; ello sucedía debido a las donaciones que algún organismo les daba para que construyeran sus oficinas o sus inversiones en determinado municipio, y que los directivos o personal gerencial consideraban había que aprovecharlo. En Honduras, algunas cooperativas tenían una estructura de personal que no se correspondía con la capacidad económica y nivel de rentabilidad de sus empresas, pero persistían porque sus salarios eran costeados por la cooperación internacional; una vez que esa ayuda externa se redujo, en particular a partir del 2008, esas organizaciones entraron en crisis. Una situación similar encontramos en Guatemala y en El Salvador. “Mira ese municipio, con los proyectos los salarios de los contadores, administradores y técnicos se volvieron altos; ahora que no hay proyectos nadie quiere trabajar en las cooperativas de ese municipio, porque las cooperativas ya no tienen proyectos financiados, entonces ya no pueden pagar aquellos salarios altos” (D.R., consultor de una empresa Francesa que compra cacao en Nicaragua).

(14) “Con la llegada de las cooperativas, los rendimientos del café se bajaron. Solo mire lo que pasó con el café orgánico en esta zona que antes se sacaban 20 qq oro, y ahora ni 10 qq se puede sacar.” (J.A. Espinoza, Cooperativa P. Velásquez, San Juan del Río Coco, Nicaragua. Noviembre 2016). Valkila (2009) en un estudio sobre café orgánico en Nicaragua encuentra que en ciertas condiciones, el cultivo del café orgánico puede ser una trampa que impida salir de la pobreza a las familias más pobres.

(15) Aunque aquí estamos refiriéndonos más a un tipo de cooperación internacional, de ‘ayuda que no ayuda’, también ha habido otros tipos de cooperación internacional que eran ‘ayudas que ayudan’. Esto último lo distinguimos en otro trabajo, ver: Mendoza (2016b).

(16) Esto nos trae a la memoria el aporte de Wolf (1982) sobre los pueblos sin historia y su crítica al eurocentrismo.

(17) Presionado por un colega de mostrar qué porcentaje de cooperativas estaban en crisis administrativas o que habían quebrado, intenté buscar cooperativas que no estaban en “crisis administrativas.” Eran muy pocos. Luego conversé con una ex gerente de una cooperativa de segundo grado y que ahora trabaja como consultora sobre temas cooperativos, me dijo: “casi todas están en crisis, corrupciones, cooperativas quebradas; las cooperativas que no están envueltas en crisis administrativas son una completa minoría” (R.C., Septiembre 2016). Al revisar las cooperativas cacaoteras en Nicaragua, un comprador de cacao expresó: “Dime qué cooperativa no está en crisis, porque con las cooperativas y asociaciones de donde compro cacao, están en crisis; una acaba de quebrar, dos están intervenidas por una ONG…”. (Funcionario de una empresa Alemana compradora de cacao, octubre 2016).

(18) Casos de cooperativas excepcionales también los hemos estudiado. Sobre varias cooperativas de Centroamérica que han contribuido a la paz (ver: Mendoza (2016b). Otros artículos dando cuenta de organizaciones destacadas son: caso de la Cooperativa La Esperanza de los campesinos (ver Mendoza, 2016a), caso de la red COMAL en Honduras (Mendoza, 2016c) y el caso de la cooperativa La Voz en Guatemala (ver Mendoza, 2016d).

RENÉ MENDOZA VIDAURRE Investigador asociado de IOB-Universidad de Amberes (Bélgica) y Colaborador de Wind of Peace Foundation (Estados Unidos)


Portada del sitio | Contacto | Mapa del sitio | Espacio privado | Estadísticas de visitas | visitas: 2153778

Seguir la vida del sitio es  Seguir la vida del sitio Territorios  Seguir la vida del sitio Investigación-Debate   ?

Sitio desarrollado con SPIP 1.9.2p + ALTERNATIVES

Creative Commons License