CEPRID

África.- Nueva dominación capitalista e imperialista (I)

Martes 15 de marzo de 2016 por CEPRID

Jean Nanga

Viento Sur

La descolonización iniciada en los años 40 fue básicamente un paso al neocolonialismo, una mutación de las antiguas colonias, una puesta al día de los mecanismos de su explotación y dominación tanto por las antiguas metrópolis coloniales como por los otros capitalistas del centro. Había que adaptarse a las nuevas relaciones de fuerzas en la escena internacional (nueva jerarquía económico-militar, “guerra fría”), en las metrópolis y en los territorios coloniales.

Tres o cuatro décadas más tarde, la desaparición del llamado campo comunista favoreció una reestructuración del orden mundial en función de la dinámica de neoliberalización del capitalismo, desencadenada a final de los años 70 y comienzos de los 80. Se caracteriza por una agravación permanente del dominio global del capital sobre la realidad (globalización) y una dinámica de abolición de los “cotos cerrados” (en el caso de las antiguas colonias francesas”), del “patio trasero” (Latinoamérica para los Estados Unidos), etc., porque limitan la libre circulación de aquellos capitales considerados hasta entonces intrusos.

En esta segunda década del siglo XXI, la circulación de capitales tiene una complejidad sin comparación con la de la “era de los imperios”. Participan en ella también, de manera desigual y combinada, los capitales privados de algunos antiguos territorios coloniales hasta hacer tambalear, en algunos casos, la jerarquía heredada del siglo XX. Un cambio que lleva a algunos a hablar, o a temerlo ya, de un “imperialismo al revés” |1|, resultado del crecimiento exponencial del PIB de algunas antiguas economías del capitalismo periférico, e incluso del antiguo llamado mundo comunista, a las que se llama emergentes, focalizándolas en China –ya emergida, convertida incluso en la primera economía mundial (PIB expresado en paridad de poder de compra), con inversiones crecientes en Europa y los Estados Unidoss |2|. En cuanto al actual dinamismo económico de África, hay quienes no dudan en hablar de un “tiempo de África” –por llegar |3| o ya aquí |4|. Y siguiendo con el susodicho “imperialismo al revés”, un observador muy bien informado de los chanchullos económico-político-militares entre Francia y África (reducida a su parte subsahariana) parece haber detectado un signo precursor, describiendo una supuesta inversión de Franciáfrica en “Áfricafrancia” |5|. Pero la demostración es bastante superficial, aunque sea bastante claro el “relanzamiento del imperialismo francés” |6| en ese continente. África continúa con su vocación social-histórica (capitalista) de campo de competición económica entre antiguas y nuevas potencias de la mundialización económica, sobre todo en lo referente al aprovisionamiento de materias primas, aunque haya actualmente participación de los capitales privados africanos en los circuitos de la mundialización neoliberal. La actividad de las potencias se constata también en lo militar, más que antes, bajo la bandera de la “guerra contra el terrorismo”, “para remediar el caos que la amenaza” –como diría el ideólogo del imperialismo humanitario, Robert D. Kaplan |7|. Aunque no agota las formas de dominio del capital en las sociedades africanas, el imperialismo sigue siendo una realidad innegable en el África actual, incluso más allá de lo económico y lo militar, como intentamos demostrarlo aquí.

Cesión de soberanía de los Estados africanos

La actual África económica ya no es la abordada por Lenin. Ya no se trata de un conjunto de territorios coloniales, sino casi por completo de Estados oficialmente soberanos con quienes los Estados extra-africanos, incluidas las antiguas potencias coloniales, deben mantener relaciones de cooperación o de asociación, con respeto a los compromisos internacionales. No obstante, dicha soberanía es bastante relativa y está lastrada por la persistente dinámica del neocolonialismo. No han desaparecido los mecanismos de dependencia respecto a capitales exteriores, de exportación de materias primas (brutas), de importación de productos manufacturados de la antigua metrópoli colonial o de otras potencias económicas. Han sido adaptados a la dinámica del orden desigualitario mundial. Esto es lo que expresa la supuesta proeza económica africana, celebrada por casi todo el mundo: el crecimiento medio constante de su PIB, desde hace una década, en torno al 5%, por encima de la media mundial y que, además, se ha mostrado resistente a la crisis de las economías del centro capitalista en 2008, después de un ligero retroceso en 2009. El sector financiero ha podido aguantar en su conjunto, a pesar de la situación sudafricana (la más afectada por la crisis).

Lejos de ser la prueba de una dinámica económica endógena, se trata más bien de la manifestación de la dominación del capital extranjero. El citado crecimiento procede principalmente de los sectores petrolero y minero –donde se han descubierto nuevos yacimientos, factor de más extractivismo–, cuyos principales capitales son, con la excepción del capital minero sudafricano, de las transnacionales occidentales (las sociedades petroleras y mineras norteamericanas y europeas). Estas transnacionales, sostenidas por “sus” Estados, actúan en un contexto llamado de libre concurrencia (con la posibilidad de asociación) y ya no en situación de monopolio neocolonial –como el mantenido durante mucho tiempo por la empresa petrolera francesa Elf (absorbida por Total) en Congo (Brazzaville) y en Gabón. Este crecimiento procede también de la exportación de otras materias primas (las mismas desde la era colonial) en las economías no mineras y no petroleras, donde actúan gigantes estadounidenses y europeos delagrobusiness (Cargill, Archer Daniel Midland –ADM–, Louis Dreyfus, etc.). Transnacionales atraídas, también, por el liderazgo mundial africano en materia de retorno de las inversiones o de realización de sobreganancias y por la fácil “salida de capitales ilícitos” (procedentes del saqueo de los recursos, de fraude fiscal, etc.): 528 mil millones de dólares, salidos de África subsahariana, de 2003 a 2012 |8|, esto es una media anual del 5,5% de su PIB, la más elevada del mundo |9|. Esta situación es una de las consecuencias de la reorganización exógena, desde los años 80, de las economías africanas por medio de los programas de ajuste estructuralneoliberal, incluyendo la “reforma” de las legislaciones sobre inversiones y sobre el trabajo. El FMI y el Banco Mundial los han impuesto a los Estados del tradicional capitalismo periférico, víctimas de un sobreendeudamiento promovido por el propio Banco Mundial (solución para la abundancia de petrodólares) desde los años 80. Teniendo en cuenta la relación de fuerzas en el seno de estas instituciones de multilateralidad muy jerarquizada y el peso particular de los intereses económicos estadounidenses en la decisión de la reestructuración de la economía mundial, el actual crecimiento africano muestra principalmente la sumisión al (o la ejecución de un proyecto del) establishmentestadounidense, compartido dentro de la Comisión trilateral por las otras burguesías del centro capitalistas que le están subordinadas |10|, e incluso por aquellas que parecen adversas.

Colocados en una asfixiante dependencia financiera, los Estados africanos se han visto obligados a una cesión parcial de su soberanía, que ya era relativa bajo la dominación neocolonial clásica. Se han visto sometidos regularmente a los missi dominici del capital, las instituciones financieras internacionales organizadoras de la apropiación por los capitales de las potencias europeas y norteamericanas (los “inversores estratégicos”) de antiguas empresas de Estado africanas, consideradas las más rentables, en el marco del Consenso de Washington. Una medicina bastante particular que se interesa por los seres sanos y abandona a los desahuciados. Una nueva desposesión “civilizadora”, integrando a estas sociedades en la fase neoliberal de la civilización capitalista, como lo había hecho la colonización en la fase también llamada del declive del liberalismo clásico.

El reembolso de la deuda pública exterior constituye todavía –por medio del pago de intereses– una considerable sangría por parte del capital financiero internacional. En 2004, la CNUCED no escondía su emoción al constatar lo que no había dejado de ser denunciado por las redes de anulación de la deuda del tercer mundo: “Una rápida ojeada a la deuda de África permite constatar que el continente ha recibido unos 540 mil millones de dólares en préstamos y ha reembolsado unos 550 mil millones de dólares en capital e intereses entre 1970 y 2002. Sin embargo, el saldo de la deuda sigue ascendiendo a 295 mil millones de dólares. Por su parte, el África subsahariana ha recibido 294 mil millones de dólares de desembolso, ha reembolsado 268 mil millones de dólares en el servicio de la deuda, y conserva una deuda activa de unos 210 mil millones de dólares […] Sin tener en cuenta los intereses, ni los intereses sobre las demoras, el reembolso de este saldo de la deuda representaría una transferencia inversa de recursos” |11|. Una sangría que tiene lugar en la sub-región con mayor proporción de pobres en el mundo. Los pretendidos resultados económicos actuales han favorecido otro ciclo de endeudamiento público (en los mercados financieros internacionales) ya alarmante. La aparente generosidad hacia Estados “muy endeudados” –anulación o alivio de la deuda– es más bien un “favor” muy interesado de algún accionista influyente del Banco Mundial o del FMI. Se demuestra, en forma negativa, con la presión ejercida hace algunos años sobre el gobierno congoleño de Joseph Kabila para que revisase a la baja los términos de un contrato considerado muy favorable para China. En caso de obcecación del gobierno de Kinshasa, las instituciones financieras internacionales habrían impedido la prometida anulación de una parte importante de la deuda bilateral de la RD del Congo con el Club de París. El chantaje funcionó y el contrato fue revisado a la baja. El alcance de la asociación capitalista de la R.P. China con la R.D. del Congo quedó limitado por los tradicionales accionistas principales de las instituciones financieras internacionales que codician sus recursos naturales.

Dado que la dominación es más eficaz cuando se reviste de algún barniz “nacionalista”, el repetidor africano de este poder del capital financiero internacional sobre los Estados está asegurado por el Banco africano de Desarrollo (BAD), principal institución financiera regional, supervisora de la Nueva Asociación Económica para África (NEPAD) de la Unión africana, que debería organizar el desarrollo económico de esta región del mundo. Presentada como panafricana, esta institución financiera tiene la participación de 78 Estados, de los cuales 25 no africanos, entre ellos cinco miembros del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Japón) que detentan el 25% del capital. Esta importante participación –a la que habría que añadir la de otros dos Estados del G7, otros Estados europeos (Suiza…) y potencias llamadas emergentes– confiere un poder de subordinación de sus programas a los grandes intereses de las potencias tradicionales. Así, es casi imposible distinguir las recomendaciones de la BAD de las que realizan las instituciones de Bretton Woods, donde se conserva la dominación de las potencias imperialistas tradicionales, con Estados Unidos en cabeza. La “ayuda pública al desarrollo” da un aspecto de generosidad a este mecanismo de dependencia organizada de las sociedades africanas. Pero el Comité para la anulación de la deuda del tercer mundo se interroga: “En 2012, la repatriación de los beneficios de la región más empobrecida del planeta ha representado el 5% de su PIB, frente al 1% para ayuda pública al desarrollo. En este contexto hay que preguntarse: ¿quién ayuda a quién?” |12|

Unión Europea: nuevas formas de asociación leonina

Por lo que se refiere a una gran parte de África, la supuesta generosidad pasa también por los llamados acuerdos preferenciales, como el Acuerdo entre los Estados de África, Caribe y Pacífico (ACP), por un lado, y la Comunidad Económica Europea, después Unión Europea, por otro. Estos acuerdos –de Yaundé, de Cotonú, y después de Lomé– han permitido a Europa adquirir productos a los precios que ella determinaba y fijar a estas economías en la exportación de productos no transformados, caracterizados por la especialización o el monocultivo colonial.

La Unión Europea decidió, en 2002, adaptar esta situación de dependencia preferencial a la era neoliberal, agravándola con la instauración de zonas de libre cambio, denominadas Acuerdos de Asociación Económica (APE). Los Estados africanos afectados (excluídos los del norte de África) tenían que firmarlos después de cinco años de “negociaciones”, conforme a la derogación acordada por la OMC. Una asociación tan leonina que en vísperas de la segunda Cumbre África-Europa (Lisboa, diciembre 2007), a seis semanas de la primera fecha tope, el economista liberal y Presidente de Senegal, Abdulayé Wade, consideraba imposible de firmar: “Es una cuestión de supervivencia para nuestros pueblos y nuestras economías, ya muy castigadas […] Si Europa no tiene otras cosa que proponernos que la camisa de fuerza de las APE, habrá que preguntarse si no estarán fallando en Bruselas la imaginación y la creatividad” |13|. La resistencia de los Estados y bloques subregionales africanos duró hasta 2014, fecha límite para la ratificación.

Mantener a África durante cinco décadas en una gran dependencia respecto a la exportación de productos primarios ha conferido a la UE suficiente poder para fijar las reglas del juego. Ha podido imponer la negociación con grupos de integración subregionales (muy dependientes de las aportaciones financieras de la UE), cuyo perfil le convenía, en vez de hacerlo con la Unión Africana, siguiendo el principio clásico de divide y vencerás; ha podido dividirlos también en función del grado de dependencia de cada economía “nacional” de la exportación hacia el mercado europeo de sus flores, sus plátanos, su cacao, su algodón, etc. Por medio del chantaje de la UE y de falsas promesas, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC, Southern African Development Community) –con un régimen especial para Sudáfrica–, la Comunidad este-africana (EAC, East African Community), acabaron por ratificar, en 2014, un acuerdo “medieval”, según la Red de Organizaciones Campesinas y de Productores Agrícolas de África Occidental (ROPPA).

Los Estados africanos implicados iniciaron de esta manera un proceso de liberalización, del 75% al 80% de sus mercados, para las mercancías de la Unión Europea, escalonado según subregiones entre 20 y 25 años. Y sin ningún mecanismo de “compensación financiera” |14| A cambio, estas economías africanas podrán exportar libremente el 100% de sus mercancías hacia la Unión Europea. Con la excepción de la economía sudafricana, se tratará principalmente de productos agrícolas que no pueden ser producidos en Europa y que por tanto no entran en competencia con una producción europea. La competencia que deberán afrontar las mercancías africanas en el mercado europeo es la de similares importaciones de Latinoamérica y de Asia –entre ellas, de colonias/neocolonias de la UE (países y territorios de ultramar, regiones ultraperiféricas) |15|, que hacen de Francia, por ejemplo, un gran productor de piña, plátano y caña de azúcar. La competencia entre economías dominadas del antiguo tercer mundo permitirá a la UE importar los productos tropicales al precio más bajo posible.

Por el contrario, con la excepción -¿transitoria?– de algunos productos considerados sensibles (carnes, cereales, pastas alimenticias, pollos congelados, pinturas, etc., según las subregiones), cuya libre entrada en África sería catastrófica para las haciendas públicas africanas y para una gran parte de la pequeña producción local, las mercancías de la UE competirán con las africanas. Una auténtica competencia entre desiguales, en el marco de una asociación que se pretende “de igual a igual”.

A excepción de las mercancías procedentes de Sudáfrica –con quien la UE ha establecido protecciones, contingentes tarifarios recíprocos, también desiguales (105 productos sudafricanos protegidos, contra 251 productos europeos)–, las mercancías africanas ya producidas en Europa tienen muy pocas posibilidades de ser competitivas. Ni siquiera serán competitivas en los mercados locales y subregionales africanos, dada la gran debilidad del comercio interafricano, ya que casi el 90% de los intercambios lo son con el resto del mundo.

El neoliberalismo prometía sin embargo remediar esta debilidad por medio de una dinámica de integración económica regional y continental. Pero la “negociación” de las APE lo ha comprometido. Para la Unión Europea era una cuestión demasiado seria para ser tratada con la Unión africana: “En las relaciones África-UE, las APE son las grandes ausentes de las reuniones y estructuras oficiales UE-UA. La UE ha rechazado que la asociación de la SCAU [Estrategia Común África-UE] para el comercio, la integración regional y las infraestructuras, incluya las APE, aunque éstas han siempre atormentado las relaciones entre los dos continentes” |16|. La UE, que presume de contribuir a la integración africana, desconfía claramente, aún financiándola, de la realización de una Unión africana burguesamente autónoma.

La oposición a las APE no proviene sólo de las organizaciones de la producción agrícola campesina y de la “sociedad civil”, sino también de algunas organizaciones panafricanas del capital, como la Asociación Industrial Africana (AIA). La Asociación de Industrias de Ghana se ha fracturado entre exportadores de productos tropicales y productores competidores de mercancías importadas de la UE. A través de las APE, la Unión Europea ha organizado el ahogo de estos capitales industriales africanos en beneficio de las transnacionales europeas exportadoras. Según la AIA: “Vista la fragilidad de las economías africanas, la inoportunidad del libre cambio no da lugar a dudas. Muchas industrias en esta región apenas son incipientes. La apertura preconizada condenaría irremediablemente a África a seguir siendo un establecimiento de importaciones” |17|. Casi se puede oír a Marx diciendo: “Cada vez que Irlanda estaba a punto de desarrollarse en el plano industrial, era aplastada y reconvertida en país puramente agrícola” |18|. Estos últimos años no han sido sólo los del crecimiento del PIB africano y la multiplicación de sus multimillonarios, también han sido, de manera aparentemente paradójica, los de su desindustrialización, consecuencia de los programas de ajuste estructural |19|.

Éste parece ser el verdadero espíritu del “Consenso de Bruselas” que la UE ha propuesto a África en la cumbre de abril de 2014. Una de las tareas que se ha fijado la UE es“acompañar al sector privado en la conquista de los mercados en África”. Evaluados en “600 mil millones en 2013”, estos mercados se “estiman en un billón en 2020” |20|. Se celebra el dinamismo económico en África por su pretendida producción masiva de consumidores y consumidoras de mercancías de las transnacionales, el supuesto boom de las clases medias africanas |21|. La UE, construida para la consolidación del capital sobre los pueblos europeos y la adquisición de un mayor margen de autonomía respecto al capital estadounidense en la competición internacional, la UE actúa también para reforzar el dominio de sus capitales sobre las sociedades africanas.

Relanzamiento de dos antiguas potencias coloniales

Dentro de esta nueva avalancha sobre África, algunos Estados continúan individualmente su tradición imperialista, determinados a “sacar el mayor partido a la herencia colonial” |22|. Por ejemplo, en diciembre de 2013, Francia publicó un informe |23| que expresaba de forma más abierta que hasta entonces la necesidad de un nuevo despliegue imperialista. Este Informe Védrine proclama la voluntad de reconquistar una influencia (de lo económico a lo cultural) que se ha visto atenuada por el librecambismo, la expansión estadounidense y la apertura de nuevas potencias, en particular, China. Francia está decidida a ir más allá de lo realizado hasta ahora por la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), órgano coordinador del neocolonialismo francés en África. Esto ha puesto en ebullición al Consejo de Inversores franceses en África (CIAN) y a la “sección África” del Movimiento de Empresas de Francia (Medef internacional). En esta perspectiva, la Cumbre de la Francofonia, organizada en Dakar en diciembre de 2014, ha sido seguida por el 1º Fórum Económico de la la Francofonia. Hay una continuidad con el Forum Franco-Africano para un Crecimiento Compartido, organizado en París en febrero de 2015, asumiendo claramente su filiación con el Informe Védrine. El Medef fue uno de sus organizadores.

Por su parte, el Reino Unido, aunque mucho menos apuntado con el dedo que Francia, no muestra menos interés. Mientras los proyectores apuntan al activismo económico chino en África desde hace una década, resulta que entre 2003 y 2012 los capitales del Reino Unido han estado en cabeza en materia de fusiones y adquisiciones (30 503 mil millones de dólares, 437 operaciones), seguidos muy de cerca por Francia (30 472 mil millones, 141 operaciones), mientras que China sólo ocupa el tercer lugar (20 781 mil millones, 49 operaciones) |24|. En materia de flujos financieros, Christian Aid explicaba en 2007 que Gran Bretaña había enviado al África subsahariana, entre julio de 2005 y julio de 2006, 17 000 millones de libras esterlinas, y había recibido, como retorno 27 000 millones, de las cuales 17 000 millones en fugas de capitales |25|. ¿Quién ayuda a quién?

El Departamento para el Desarrollo Internacional (DFID) del Reino Unido gasta actualmente mucha energía y mucho papel en propagar el evangelio de una felicidad que sólo puede ser aportada por el capital privado a los pobres de las sociedades capitalistas subdesarrolladas en general, y africanas en particular. Se supone que ha sido el interés por los pobres de África, más que por los extractores de beneficio, lo que ha motivado la creación por Tony Blair de la Commision for África, que en 2005 elaboró el informe Our Common Interest |26|. Interés común de los poderes públicos y del capital privado británicos, e incluso de los nuevos capitalistas Áfricanos. ¿Estaba encubriendo Tony Blair las prácticas corruptoras del comerciante de armas de guerra BAE System, una de cuyas víctimas ha sido Tanzania? |27|.

Un mayor apoyo gubernamental al capital privado británico fue justificado en 2011 por el DFID en The engine of development: the private sector and prosperity for poor people |28|. Para alegría del Business Action for África (BAA), el DFID apoya a las transnacionales británicas que operan en África, como Unilever (donde se han reciclado exministros británicos), Diageo (llevado recientemente ante la justicia por sobornos en Asia), Río Tinto (ya procesada por complicidad en crímenes de guerra y genocidio en Papuasia-Nueva Guinea y acusada por asociaciones campesinas y ambientales en Madagascar, Mozambique, Namibia…), Shell (acusada de complicidad en la represión de los Ogonis y de falsificación de informaciones sobre la contaminación petrolera en Nigeria). No resulta sorprendente que el comportamiento de estas transnacionales británicas (entre ellas la Lonmin, responsable del crimen de Marikana) siga caracterizándose por un cierto espíritu neocolonial: “Ninguna de las compañías mineras británicas que trabajan en Sierra Leona cumple la Ley de Minas de 2009, aprobada con apoyo internacional para garantizar que las sociedades mineras extranjeras operen de manera responsable (…). Los argumentos de estas sociedades sobre la evasión fiscal son obsoletos y no válidos” |29|. Un portavoz de la Comisión ghaniana de Energía lo ha expresado de forma bastante clara: “Creo que piensan que se lo pueden permitir porque es África” |30|.

Notas

|1| Pierre Dockès, « Mondialisation et “impérialisme à l’envers” », en Wladimir Andreff (dir.), La mondialisation, stade suprême du capitalisme ? – en hommage à Charles-Albert Michalet, Nanterre, Presses universitaires de Paris Ouest, 2013, pp. 129-151, disponible on-line enhttp://halshs.archives-ouvertes.fr

|2| La caracterización de China como potencia capitalista emergente muestra la ideología de que una potencia capitalista está exenta de bolsas de subdesarrollo, cuando el desarrollo muy desigual pero combinado es una característica constante de la sociedad estadounidense, donde coexisten en la misma nación las reservas «indias», los ghettos negros y Beverly Hills.

|3| Achille Mbembé (entrevista con Valérie Marin La Meslée), « Mbembé : “ Le temps de l’Afrique viendra” » : http://www.lepoint.fr/culture/mbembe-le-temps-de-l-afrique-viendra-11-02-2013-1626319_3.php

|4| Nelson Mandela « África’s Time has Come : The role of The United States In Aid and Development Efforts », comunicación a la Brookings Institution, 16/05/2005,http://www.brookings.edu

|5| Antoine Glaser, Áfricafrance : quand les dirigeants Africains deviennent les maîtres du jeu, Paris, Fayard, février 2014.

|6| Jean Batou, « Le redéploiement de l’impérialisme français en Afrique et la sidération humanitaire de la gauche », Inprecor n° 601/602,enero-febrero 2014.

|7| Robert D. Kaplan, « Coming Anarchy », Atlantic Monthly, febrero 1994,http://www.theatlantic.com/doc/199402/anarchy

|8| Dev Kar and Joseph Spaniers (Global Finance Integrity), Illicit Financial Flows from Developing Countries : 2003-2012, Global Integrity, Washington D. C., Diciembre 2014, www.gfintegrity.org. Cf. aussi : James K. Boyce, Léonce Ndikumana, Is África a Net Creditor ? New Estimates of Capital Flight from Severely Indebted Sub-Saharan Áfrican Countries, 1970-1996, Working Paper Series n° 5.

|9| Los Estados del capitalismo central tradicional que se pretenden virtuosos no parecen muy dispuestos a combatir esta plaga, como se ha demostrado recientemente en Addis Abeba donde los Estados del capitalismo periférico han propuesto la instauración « de nuevas normas fiscales mundiales. Pero los países ricos rechazan su propuesta de un organismo fiscal internacional bajo la égida de la ONU », « À Addis Abeba, la lutte contre l’évasion fiscale des multinationales divise », Agência Angola Press, 14/07/2015, http://www.portalangop.co.ao/angola/fr_fr/noticias/%C3%81frica

|10| Irving Kristol (ideólogo cofundador del neo-conservadurismo) afirmaba en 1997 : « Ninguna nación europea puede –o quiere realmente– tener su propia política exterior. Ni siquiera hay signos de que las naciones europeas quieran una política exterior europea independiente de los Estados Unidos. Son naciones dependientes, aunque disponen de una amplia autonomía local. El término “imperio” describe esta mezcla de dependencia y de autonomía. », « The Emerging American Imperium », Wall Street Journal, 18/08/1997, disponible en : http://www.aei.org/article/society-and-culture/citizenship/the-emerging-american-imperium

|11| CNUCED, Le développement économique en Afrique – Endettement viable : oasis ou mirage ?, Ginebra, 2004, p. 9 y 11. En 2013, el stock de la deuda exterior Áfricana subsahariana es todavía de 367,5 mil millones de dólares según la edición 2015 de l’International Debt Statistics del Banco Mundial, p. 27.

|12| Pierre Gottiniaux, Daniel Munevar, Antonio Sanabria & Éric Toussaint, Les chiffres de la dette 2015, CADTM, p. 50. Cf. también Health Poverty Action y alii, Honest Accounts ? The true history of África’s billion dollar losses, Julio 2014.

|13| Abdoulaye Wade, « Europe-Afrique : la coopération en panne », Passerelles, noviembre-diciembre 2007, p. 2.

|14| Isabelle Ramdoo, Accords de partenariat économique CEDEAO et SADC. Une analyse comparative, European Centre for Development Policy Management, Documento de reflexión n° 165, Setiembre 2014, p. vii. : www.eddpm.org/dp165fr

|15| Colonialismo/neocolonialismo que manifiestan los regímenes aduaneros/comerciales a los que se someten las importaciones metropolitanas de la producción ultramarina « nacional ». Están afectados por esta persistencia: España, Francia, Holanda, Portugal, Reino Unido, incluso Dinamarca (Groenlandia).

|16| James Mackie, Anna Rosengren, Quentin de Roquefeuil y Nicola Tissi, « En route vers le Sommet de 2014. Enjeux pour les relations Afrique-UE en 2013 », Aperçu des politiques et de leur gestion, n° 4, enero 2013, p. 9, www.ecdpm.org/insights4fr

|17| AIA, « L’Association Industrielle Áfricaine s’oppose à la conclusion des Accords de Partenariat Économique », 24/04/2007, www.Áfricanindustrial.org

|18| K. Marx, « Aperçu d’un rapport sur la question irlandaise à l’Association d’éducation communiste des travailleurs allemands de Londres », citado por Jean Batou, « Accumulation par dépossession et luttes anticapitalistes : une perspective historique longue » : http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article34355

|19| CNUCED, « Le développement économique en Afrique. De l’ajustement à la réduction de la pauvreté : Qu’y a t-il de nouveau ? », Ginebra 2002. Cf. también Clémence Vergne, « L’Afrique subsaharienne peut-elle converger sans usines ? », Le Monde, 24/07/2015.

|20| Bruno Alomar y Thierno Seydou Diop, « Refonder la relation Afrique-Europe autour de l’économie : http://www.lemonde.fr/idees/article/2014/08/25/refonder-la-relation-afrique-europe-autour-de-l-economie-pour-un-nouveau-consensus-de-bruxelles_4476391_3232.html

|21| Jean Nanga, « Quel boom des classes moyennes en Afrique ? », 24/12/2014, http://www.cadtm.org/Quel-boom-des-classes-moyennes-en

|22| Jean Batou, op. cit.

|23| Hubert Védrine, Lionel Zinsou, Tidjane Thiam, Jean-Michel Severino, Hakim El Karoui (informadores), Un partenariat pour l’avenir : 15 propositions pour une nouvelle dynamique économique entre l’Afrique et la France, Ministère de l’Économie et des Finances (France), diciembre 2013. Cf. el análisis que hace Jean Batou, op. cit.

|24| Freshfields Bruckhaus Deringer, A decade of growth. Foreign investment in África, july 2013. En 2013, la inversión británica fue de 4,6 mil millones de dólares según l’Ernst & Young 2014 África Attractiveness Survey.

|25| Christian Aid, « UK profits from sub-Saharan África despite aid debt pledges », 5.07.2006],http://www.christianaid.org.uk/news/media/pressrel/060705p.htm

|26| El ex-Primer Ministro británico forma parte actualmente de los pretendidos consultores o consejeros que estafan a los Estados Áfricanos haciéndose pagar a precio de oro a cambio de una agravación de su dependencia respecto del capital imperialista en lugar de una soberanía económica.

|27| David Leigh and Rob Evans, « BAE corruption investigation switches to Tanzania », The Guardian, 12/4/2008 : http://www.theguardian.com/world/2008/apr/12/bae.baesystemsbusiness

|28| Le Business Action for África’s 2010 Report (Business partnerships for development in África. Redrawing the boundaries of possibility, publicado con la Corporate Social Responsability Initiative de la Harvard Kennedy School) presenta el paisaje antes de esta asunción pública de la subordinación del DFID (www.businessactionforÁfrica.org). Sobre las relaciones entre DFID y las ONGs británicas, cf.: Tina Wallace, https://www.gov.uk/government/publications/the-engine-of-development-the-private-sector-and-prosperity-for-poor-people« NGO Dilemmas : Trojan Horse for Global neoliberalism ? », Socialist Register 2004, p. 202-219.

|29| Isabella Mosselmans, « British mining companies exploitation of Sierra Leone », África at LES, 23.12.2013, http://blogs.lse.ac.uk/%C3%81fricaatlse/2013/12/23/british-mining-companies-exploitation-of-sierra-leone Cf. aussi : Sam Jones, « £600m of UK aid fuelling corporate scramble for África, claims critics », The Guardian, 1/04/2014, http://www.theguardian.com/global-development/2014/apr/01/uk%E2%80%A6

|30| Afua Hirsch, « Ghana accuses UK recycling firm Environcom of illegal fridge imports », The Guardian, 4/11/2013, http://www.theguardian.com/world/2013/nov/04/ghana-uk-environcom-of-illegal-fridge-imports


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