CEPRID

La próxima Intifada debe ser una revolución palestina hasta el final de la ocupación

Martes 27 de octubre de 2015 por CEPRID

Samah Jabr

Middle East Monitor

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por J.F.

El discurso de Mahmoud Abbas en la ONU, que fue precedido por una propaganda exagerada diciendo que sería una "bomba", resultó ser nada más que la letanía habitual de quejas y apelaciones a la comunidad internacional. El discurso ha fracasado indudablemente al plantear nuevos retos para ofrecer nuevas estrategias o inspirar esperanza en el proceso de ebullición palestino bajo la ocupación. Pocos días después del discurso, cuando Israel anunció que la Autoridad Palestina ha colaborado en la detención de un grupo en Nablus acusado de atacar a los colonos ilegales, la respuesta de Abbas -la amenaza habitual reiterativa y cansina de no participar en acuerdos que son violados por Israel- dejó claro que no iba a ser una “bomba ensordecedora” ni nada.

Juventud palestina esperaba que este anuncio significaría que la Autoridad Palestina dejaría de comportarse como el subcontratista de Israel para aplastar la resistencia. Luego se preparó para luchar contra la apropiación por parte de Israel del santuario lo al-Aqsa en Jerusalén, para resistir el cierre de la ciudad a su propio pueblo y para oponerse a los ataques implacables de los pobladores de las aldeas Cisjordania, como el que llevó a que una familia fuese quemada viva, un delito por el que nadie ha rendido cuentas.

Estos pájaros por la libertad son cazados uno a uno. Enjaulados, tienen que escuchar el discurso típico de quien ejerce la violencia: “¡Trajeron todo este sufrimiento para sí mismos y para sus familias!” . Este tipo de comentarios también se escuchan cuando es violada una mujer: “¡Ella se lo buscó!”. Israel permite disparar a cualquier niño palestino por tirar piedras, se le piden por lo menos 4 años de cárcel, se les pone multas prohbitivas a sus padres. Todas estas medidas tienen como única consecuencia que más y más niños desafíen la crueldad de las leyes israelíes.

Muhannad, 19 años; Amjad, 17 años; Fadi, 18 años; Hadil, 18 años; y Shurouq, 18 años, son sólo algunos de los jóvenes palestinos que han sido ejecutados sin juicio en las últimas semanas, acusados de transportar armas o atacar a los colonos o soldados israelíes con cuchillos. Sus casas serán destruidas para sancionar a sus padres por su relación biológica con su hijo (incluso si el castigo colectivo está prohibido por el derecho internacional).

La policía israelí es de gatillo fácil cuando se trata de los palestinos, pero no ocurre lo mismo con los israelíes. Yishai Schlissel apuñaló a seis participantes en el orgullo gay en marzo, pero ningún oficial de policía le disparó. Crímenes de los colonos contra los palestinos se ven, son cubiertos e incluso alentados por las autoridades israelíes. La policía israelí secuestra a los heridos en los hospitales palestinos ante las narices de la policía palestina, pero Israel sigue sin detener a los israelíes que mataron a los palestinos; cuando los palestinos toman fotos del crimen, las autoridades israelíes salen con excusas interminables para minimizar la pena.

Durante los recientes combates Israel ha hecho uso de los colonos, fuera de la ley, que operan con impunidad para aterrorizar a los palestinos disparando a los transeúntes y quemando sus propiedades, sus cultivos y olivares, sus vehículos y hogares. Colonos armados fueron vistos antes de los soldados israelíes durante redadas en pueblos de los alrededores de Naplusa. Dada la impunidad de las autoridades israelíes, no es de extrañar que el joven y audaz intento de romper las cadenas de la impotencia encuentre el sentido de comunidad en una acción dramática y busque con ello vengar a su nación humillada y a su violado país.

Hoy en día muchos se preguntan si la revuelta actual conducirá a una tercera intifada; el mismo nombre que la primera y la segunda intifada, predice un destino preocupante, el de una interrupción antes del fin de la ocupación. De hecho, se interrumpirá tan pronto como los políticos y los negociadores hayan cosechado beneficios para sus intereses personales. Mi temor es que esta motivación -la pérdida de la libertad y de la vida que nos trajo angustia indescriptible- no la tienen nuestros muy cansados y momificados representantes que se preocupan poco de liberación o la causa nacional y cuyo único objetivo, como subcontratistas [de la ocupación] es aprovecharse de la resistencia palestina para mantener su trabajo como “mediadores” y permanecer mientras en silencio [ante los asesinatos].

No dejemos que nuestras esperanzas de la tercera intifada se desvanezcan, debemos convertirla en una revolución que ponga fin a la ocupación. Todos los palestinos dignos y sus partidarios a nivel internacional deben hacer lo que sea necesario para garantizar la supervivencia de nuestras ansias de libertad. Debemos mantener la gestión colectiva y el fervor moral de nuestra revolución frente a todos los opresores, tanto del interior y como del exterior, por la liberación definitiva de nuestro pueblo y nuestra tierra.

Samah Jabr es jerosolimitana [natural de Jerusalén], psiquiatra y psicoterapeuta, dedicada al bienestar de su comunidad más allá de las cuestiones de la enfermedad mental.

Nota del traductor: los palestinos nacidos en Jerualén (jerosoliimitanos) han iniciado un movimiento para identificarse como tales intentando hacer visible la resistencia cotidiana de la gente por sus derechos, su dignidad y la propia existencia de la ciudad como integrante de la tierra palestina.


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