CEPRID

Palestina.- Recuerdos de la tierra y el espíritu

Miércoles 22 de abril de 2015 por CEPRID

Samah Jabr

Middle East Monitor

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por J.F.

El Día de la Tierra conmemora los acontecimientos del 30 de marzo de 1976, cuando los palestinos desde Galilea al Neguev organizaron una huelga masiva para protestar contra la confiscación israelí de tierras; muchos de ellos fueron detenidos o asesinados más tarde. Se ha convertido en un acontecimiento central en la historia de la lucha entre los palestinos y la ocupación israelí. Ese el día en que los palestinos de todo el mundo honran a los que han caído en defensa de nuestra tierra, para afirmar nuestra existencia como palestinos y abrazar nuestra identidad como tal.

El Día de la Tierra este año ha recibido poca atención de los medios locales. En cambio, los titulares se han centrado en la liberación de los ingresos fiscales que Israel congela estos últimos meses en represalia contra la admisión de Palestina como miembro de la Corte Penal Internacional. Algunos de los 180.000 empleados públicos, yo era una de ellos, han visto reducidos sus salarios en un 40% debido a esta maliciosa iniciativa israelí. Los medios de comunicación también ha informado del apoyo oficial palestina para la coalición árabe que ataca a los rebeldes Houthi en Yemen. Y, por último, los medios de comunicación informaron de que la Autoridad Palestina se había unido a la preocupación global acerca de los impactos ambientales del cambio climático. Ser han emitido por los canales de comunicación desagradables canciones nacionales, machistas, en lugar de canciones patrióticas.

Ha sido una oportunidad perdida para compartir con todos los palestinos un sentimiento común de la herencia. La oportunidad no se utilizó para promover la conciencia nacional para evitar más robo de tierras, reelaborar nuestra herencia de los recuerdos traumáticos y fortalecer una identidad palestina contra los constantes esfuerzos para eliminar nuestra existencia. Los medios locales han optado por reducir nuestros sueños y nuestro carácter, por eclipsar esos ecos que hoy resuenan en el vacío de la burocracia.

Históricamente, la mayoría de los palestinos fueron una vez agricultores dedicados a la tierra que poseían o habían trabajado en sus familias y comunidades durante siglos. El robo de tierra palestina no implicó sólo el desplazamiento de estas personas, sino también la pérdida más abstracta de una patria y la geografía nacional; un espacio donde tuvimos una existencia histórica y psicológica específica, a la que estábamos sujetos tanto por la lógica como por el instinto. Se dice que algunos palestinos, después de la limpieza étnica de 1948, se habrían arriesgado a morir para cruzar la Línea Verde (Armisticio) sólo para comer las naranjas maduradas en la tierra de la que fueron expulsados a punta de pistola.

La pérdida de nuestra tierra y la estratificación posterior en grupos de palestinos en función de su lugar de residencia actual y sus papeles de "identidad" se han combinado para dar un golpe severo a su uniformidad y su sentido de pertenencia; esto es una agresión contra el desarrollo de nuestra identidad individual y de la comunidad, y la destrucción de nuestros estrechos lazos sociales. Con la pérdida de la tierra, nosotros, los palestinos nos sentimos despojados, rotos, limitados en nuestra capacidad de prosperar y confinados en las estrechas callejuelas de la seguridad y la supervivencia.

En "El ser y la nada" Jean-Paul Sartre señaló que "tener" (junto a "hacer y ser") es una de las tres categorías de la existencia humana. Un país es un punto de referencia en torno al cual se estructura una parte importante de su realidad personal y el sentido de identidad colectiva, y en el que él o ella invierte una considerable cantidad de energía emocional y psicológica. Sin embargo, algunos palestinos tienen una responsabilidad, toman la iniciativa para liderar y están dispuestos a hacer sacrificios personales para asegurar su existencia como palestinos y trabajan por su liberación.

Después de haber perdido su patria, muchos palestinos también han perdido su autonomía; sufrimos bajo la amenaza de las armas o la necesidad financiera. Un hombre, mostrándome su tierra en al-Walajeh, dijo: "Nosotros cercamos estos albaricoques y almendros. Mi padre habría muerto tratando de seguir cultivando esta tierra, pero yo no. Incluso en las mejores condiciones, la explotación de la tierra no produciría lo que puedo ganar trabajando como obrero para los israelíes". En el valle del Jordán, el agua se distribuye de una manera que obligó a los palestinos a abandonar su tierra para trabajar en las tierras de cultivo ocupadas por los asentamientos israelíes, que son más productivos debido a su suministro de agua. Esto se aplica no sólo a la tierra, sino también todo lo que es nuestro; yo podría ganar diez veces más que en el sector público en Palestina por un trabajo insignificante para una organización no gubernamental que establece sus prioridades con la finalidad de complacer a un donante extranjero.

Sin tierra nos falta la soberanía nacional y nuestra gestión se ve obligada a dar forma a sus posiciones políticas respetando los sesgos regionales, y que a menudo tienen que pagar un alto precio por ello. La guerra contra los palestinos en Jordania y el Líbano; la difícil situación de los palestinos en el Golfo durante la Guerra del Golfo; y la actual situación de estancamiento el campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en Siria, son sólo algunas de las consecuencias para nosotros como peones de los poderes políticos regionales.

13 de abril 1983 Rafi Eitan, ex jefe del Estado Mayor del ejército israelí (y luego miembro del Knesset), hizo este comentario sobre los palestinos: "Declaramos abiertamente que los árabes (es decir, los palestinos) no tienen derecho a establecerse ni siquiera en centímetro de Eretz Israel ... La fuerza es lo único que entienden. Vamos a usar la fuerza extrema hasta que los palestinos vengan arrastrándose a nuestros pies a cuatro patas". Esto está tan arraigado en la mente de los israelíes nos temen cuando afirmamos nuestra subjetividad. Recientemente, fui detenida en un retén en mi camino a Jerusalén. Al ver la comida en mi coche, el soldado exclamó: "No puede ir, no es legal." Él se sorprendió cuando le respondí con calma: "Su presencia aquí es contraria al derecho internacional, no la comida me tomo en mi lugar de trabajo." Consideró mi comentario “manigfiesta hostilidad y agresión extrema” y pidió refuerzos.

No somos solo seres de carne y hueso; también somos la suma de nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones. Ellos están influenciados por el contexto circundante. Las condiciones de opresión social generan opresión psicológica; la expresión de la ira, la protesta y la rebelión pueden ser reacciones óptimas para el control militar, económico y político. Estamos capacitados para suprimir nuestros pensamientos y sentimientos sobre la coerción crónica; para aceptar nuestro sometimiento; para conformar, aturdidos, el poder; y tragar nuestra ira y dolor. Al final, estas cosas se convierten en un sentimiento de humillación y odio a nosotros mismos; nuestra conciencia está confundida y nuestro ser en sí está destruido. Nos movemos de unos a otros y en nosotros mismos estas reacciones están fragmentadas. Nuestra humillación se expresa en una inercia, la falta de confianza y la incapacidad para aprovechar la energía que es esencial para que podamos trabajar con eficacia hacia nuestra liberación; o que se expresa en un chovinismo vacío, falso y carente de empatía para los opositores, así como hacia las víctimas. Todas estas reacciones ponen obstáculos en el camino hacia la liberación.

Debemos entender este círculo vicioso. Debemos reconocer las herramientas del opresor y desarrollar diversas herramientas para la acción, como la potenciación de la comunidad, el respeto a las consideraciones éticas y solicitar la solidaridad y apoyo para lograr la liberación. Es esencial para nosotros desarrollar una visión para ver a través de la niebla que nos rodea: la auto-liberación se asocia con la liberación de la tierra. El trabajo de la memoria es el camino de la curación y auto-liberación. Con esto, estaremos a su lado y nunca, en contra de lo que Rafael Eitan argumentó, nunca vamos a arrastrarnos a cuatro patas aunque retiren cada centímetro de suelo bajo nuestros pies.

Samah Jabr es jerosolimitana [natural de Jerusalén], psiquiatra y psicoterapeuta, dedicada al bienestar de su comunidad, más allá de las cuestiones de la enfermedad mental.

Nota del traductor: los palestinos nacidos en Jerualén (jerosoliimitanos) han iniciado un movimiento para identificarse como tales intentando hacer visible la resistencia cotidiana de la gente por sus derechos, su dignidad y la propia existencia de la ciudad como integrante de la tierra palestina.


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