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Neo-mesianismo supremacista en Israel y en USA: apuntando a fabricar las Profecías testamentarias de Apocalipsis y Juicio (y II)

Domingo 3 de febrero de 2013 por CEPRID

Tamer Sarkis Fernández

CEPRID

Supremacismo sionista Vs. Supremacismo neo-mesiánico: de las guerras hacia afianzar la Supremacía, a las guerras hacia La Guerra de Hiper-destrucción

Desde por lo menos finales de los ochenta, el sionismo “clásico” profano ha venido siendo parcialmente desplazado en Israel por esto que podríamos calificar (parafraseando la tipología del gran sociólogo y geopolítico Norberto Ceresole) un neo-mesianismo agarrado fuertemente al Libro de los Profetas dentro del Pentateuco. Por supuesto, el sionismo hubo ejercido de Idea-fuerza nuclear en lo que se refirió a la creación del Estado de Israel, siendo a la vez “Código de lectura” tanto para la auto-interpretación israelí como para proyectar con éxito su auto-representación hacia el imaginario sociológico mundial.

Sin embargo, este “secularismo” sionista ha ido cediendo espacios políticos a un “nuevo” marco netamente religioso (un “revival”) cuyo epicentro alude a la necesidad de mantener comportamientos legislativos, diplomáticos, decisorios y militares concordes a un Plan Divino de señas apocalípticas y revelado a través de Profecías.

Mientras el sionismo toma la cuestión del Eretz Israel (“promesa geográfica” del Nilo al Éufrates) en términos de “Derecho del Pueblo Elegido a la Supremacía territorial, nacional y política” -”Derecho” que va a dirimirse desde el Mundo y va a resolverse en el Mundo actual-, en cambio el neo-mesianismo apocalíptico toma -o maneja- el ideal de Eretz Israel a modo de corolario post-mundano (Paraíso Terrenal judaico) cuyo afianzamiento definitivo es, en última instancia, trans-mundano: Voluntad yahvítica afirmada tras una insorteable sucesión de episodios intermedios devastadores.

Se comprenderá el hondo viraje que el neo-mesianismo implica en cuanto a la comprensión de la naturaleza del objetivo supremacista:

Para un sionista, este objetivo posee en cualquier caso naturaleza política, y no necesariamente alberga elementos religiosos entremezclados (piénsese por ejemplo en el sionismo socialdemócrata ateo). Israel revive su Mítica y fabulada “epopeya nacional” antigua y hegemoniza el Oriente Árabe al tiempo que se apodera de “su Espacio Vital”, independientemente de la tardanza de juicios finales por llegar y de trompetas por sonar (si es que el sionista en cuestión cree en ello...). Así pues, en esta narrativa la historia es hecha en lo esencial por “el grupo humano”, quien materializa su objetivo Supremacista de la mano de sus propias ofensivas, de sus “jugadas” y de sus tácticas adecuadas a la finalidad de hegemonía.

Por contra, desde el prisma del neo-mesianismo la historia es ejecutada por “el grupo humano”, quien la lleva “hacia su puerto” en la medida en que “el Pueblo de Dios” se pliegue a protagonizar la consumación de una serie de Mandatos, directrices y sucesos necesarios, accesibles al kabalista o legibles como “profecías”; el cuerpo social es aquí agente de la “divina fatalidad”.

Debe verse, pues, el sentido de esta transición de paradigmas: del concepto sionista laico del “Gran Israel” como “conquista nacional” intra-mundana que ha de servir de notable punto de anclaje al sometimiento de la especie humana por los “Hijos de Sión”, va transitándose hacia una consideración también intra-mundana pero tan sólo a lo que se refiere estrictamente a cumplir activamente con la producción de los pasos históricos que invocan la resolución ultra-mundana de “la Historia”.

Por tanto, así es como deben leerse los rumbos bélicos dados y las políticas emprendidas por el neo-mesianismo supremacista: como la conjunción, paso a paso, en el caldero, de los elementos indispensables a un Rito de invocación. El sionismo clásico atacaba o no atacaba guiado por su propia Racionalidad calculística de labrar el Eretz Israel a base de operativos fructuosos en términos político-militares. El neo-mesianismo es, por el contrario, radicalmente irracional tomado desde la Racionalidad calculística: su belicismo se proyecta en aras de portar el Apocalipsis; Tiempo que precede en las escrituras a la confirmación ad infinitum de su Nuevo Orden terráqueo por la voluntad de su dios Jehová.

¿Ganar o perder la guerra de devastación que arrastre consigo a las Potencias y al Mundo?: esta dicotomía se disuelve en un sinsentido al calor de la ideología neo-mesiánica, pues como pregunta es incorrecta en sí misma. Para el neo-mesiánico, la única derrota sería que no llegase la guerra. El neo-mesiánico está convencido de cuanto “anuncian” sus escrituras: “las grandes guerras del Armaghedon”, en última instancia, no las gana nadie mundanamente. Pero, en medio de esa atroz pulverización colectiva, Israel emerge ganador cuando Jehová resucita a los muertos y, convertido en Juez, da a cada revivido un Destino terrestre distinto y jerarquizado en función de su condición de Elegido o goim (Gentil):

A la ingente mayoría de goim (no judíos) les espera el eterno olvido, mientras un escaso número -los precisos- es resucitado a fin de que sirvan al “Pueblo de Dios” en su “Recompensa Final” por haberle honrado, guerreado por él, haberle sido fiel y haber obedecido su Ley (“Amarás a tu Pueblo como a ti mismo” rezan las Tablas mosaicas; y no “a tu Prójimo”, al que emplearás en pro de rendir culto y cultivo a ese mandamiento de amor conciso al propio Pueblo).

Conducción pautada de los “corderos de Dios” hacia el Sacrificio a manos de los pastores neo-mesiánicos

Es desde este prisma que hay que comprender la aparente y reprochada “irreflexividad” o “aventurerismo” por parte de la camarilla neo-mesiánica gubernamental israelí y de sus sucesivos líderes: ellos, y quienes están detrás de ellos, obran consagrados a la Fe de que todos pierden, y así debe ser; no hay más victorioso que Yahvé (y, con él, sus electi).

Sin ir más lejos, el mesianismo judaico antiguo ya recalca que la mismísima tierra de Canaan (hoy ocupada por el Estado de Israel) debe ser destruida en tránsito hacia el “desenlace judicial” (por así llamarlo). Lo cierto es que el sionismo ha ido concentrando en la tierra de Palestina, que fuera Canaan tiempo ha, a una vasta porción de los judíos del Mundo. ¿Importa esta contradicción a la perspectiva neo-mesiánica?: ¡al contrario, pues su perspectiva es justamente la del hilo de continuidad que en dicha Profecía enlaza el sacrificio colectivo con la resurrección postrera!. Por decirlo escuetamente, a ojos de la meta-ideología neo-mesiánica judaica:

(1º) el Pueblo Elegido debe ser congregado en aquello que llaman “Tierra Santa” (el mítico reino de Israel bíblico compuesto de Palestina y de un pedazo del Líbano meridional con Sidón, Biblos, Tiro...) y residir en ella rigiéndola, mandato que el sionismo histórico ya ha ido culminando;

(2º) ese “Pueblo Elegido” debe ser su único habitante en lo fundamental, mandato que va ejecutándose a base de expulsiones, robo de terrenos y viviendas, carnicerías y todo lo que rodea al ininterrumpido “Éxodo palestino”;

(3º) el “Pueblo Elegido” debe lograr la hegemonía política, no necesariamente directa, sobre la Tierra de promisión abrahámica según Libro del Génesis en la Torah (Eretz Israel con el Nilo a poniente, el Éufrates a oriente, lindando al norte con el país de Hatti y extendiéndose al sur rebasando el Neguev y hasta bien entrar en territorio saudí). Este mandato pre-Apocalíptico y en pro del Apocalipsis va siendo implementado en lo ancho de tal perímetro, a base de ingeniería social (Egipto, Yemen...), ingeniería política (Arabia Saudí, Qatar, Jordania...) e invasiones militares o para-militares cuando es preciso (Líbano, Irak, Siria...).

(4º) Según se dejó escrito, en el curso de esta proyección impositiva (punto 3º), las contradicciones regionales se agudizan hasta el extremo de desatar tremendas respuestas que involucran la destrucción de Israel (y, por ejemplo, de Damasco ya al fin de la primera guerra). Esta aniquilación de muchos de los propios judíos es vista a la luz del delirio neo-mesiánico, como un colosal Holocausto con que el curso histórico sella el Pacto de la Alianza y le rinde pleitesía.

En este sentido, recuérdese que la voz “Holocausto” (literalmente “quemarlo todo” o “cremación total”) es la voz helénica con que los griegos -y luego los judíos helenizados estudiosos del pasado hebreo- habían dado en designar una remota práctica tribal hebrea de dilapidación, quizás de raíz o inspiración cananea (Moloch). Incinerando en sacrificio (sacer facere: “producir lo sagrado”) a numerosas cabezas de ganado y hasta rebaños completos, esos hebreos se re-afirmaban en lo Sagrado y se conciliaban con lo Sagrado. En sus inicios, esta ceremonia había consistido también en sacrificio de miembros tribales, pero se duda de su mantenimiento en el tiempo.

A tenor de todo lo expuesto, se comprenderá, en fin, por qué Norberto Ceresole da en adjetivar el neo-mesianismo judeo-testamentario como “hiperdestructor”.

De nuevo sionismo profano Vs. Neo-mesianismo: algo más sobre “el affaire Rabin”

Tenemos, de un lado, el sionismo secular, donde el “sustento” a la ocupación de Palestina se circunscribe a un conjunto de ideologías modernas: darwinismo social, lucha por el territorio de asentamiento, adaptacionismo, Formalismo Económico alusivo a la contradicción entre “recursos relativamente escasos y limitados” para una demografía global superior con necesidades ilimitadas, “etnocentrismo” occidentalista típicamente colonial clásico, superioridad de judío caucásico “blanco” sobre el “salvaje árabe”, evolucionismo y tránsito hacia las “sociedades estatales o complejas”, nacionalismo y todo el hegelianismo referente a la “auto-objetivación estatal” de “lo nacional” como Estadio supremo de la Historia (“sociedad civil”), etc.

Por contra, a ojos del neo-mesianismo es Dios-Pastor quien promete una tierra a su rebaño, e, igual que hubo conducido a Abraham hacia la tierra de que le había hablado y ordenado llegar (Génesis) -o a los judíos desde la “evasión” de Egipto a Canaan por medio de Moisés y sus “milagrosos poderes”-, ese Pastor supremo conduce a los judíos a través de la historia hasta la recepción final de su Regalo, siempre y cuando estos le profesen rectitud de respeto a la Alianza.

O sea: para el neo-mesianismo teológico, la consecución definitiva y estable de la tierra es un don, que sólo a Jehová corresponde, y que se revelará “cuando toque”, pero con objeto de llegar a ese punto Israel tiene que ir incorporando tendencialmente a sí “la totalidad de Tierra Santa”, para ir a su vez poblándola y judaizándola como requisito previo a La Concesión. Y ningún gobernante ni político de Israel tiene el derecho a devolver tierras, ceder ni prescindir de tierras que ya han sido previamente ganadas en el curso de este itinerario, puesto que la judaización geográfica y política, si se ha ampliado, es por voluntad de Dios.

Solamente desde esta clave diferenciadora puede comprenderse aquello que la prensa servil al sionismo no dudó en llamar pomposamente “el Magnicio de Rabin”; es decir, el atentado mortal que a finales de 1995 sufrió ese viejo cerdo carnicero, ordenador de romper los huesos de las manos a los niños de la intifada palestina. Y es que el sionista Isaac Rabin llevaba años adentrado en negociaciones con “la autoridad” palestina por la remodelación y retirada de varios asentamientos judíos en Cisjordania, así como por modificar tanto el status como la gestión de los llamados “territorios ocupados”.

Desde la óptica del sionismo no hay prohibición a procesos como ése, ya que las negociaciones son, en definitiva, tácticas en coherencia con una estrategia de mayor rango. Pueden significar dar pasos atrás para coger fuelle que propulse a dar más largos y firmes pasos hacia delante. El sionismo trata de realizar sus objetivos en atención a los principios tácticos básicos de retirada, oportunidad, redoble ofensivo, acuerdo, etc., en tanto que se trata de una ideología moderna racional-pragmática: el camino más corto puede ser peor, e incluso desviar desastrosamente al artífice.

Sin embargo, para el neo-mesianismo creciente en mitad de aquella coyuntura -nacido de una alianza entre rabinos supremacistas y políticos conservadores seculares en consonancia con el mosaico parlamentario de la llamada “derecha religiosa”-, los “gestos” de Rabin a la OLP eran inadmisibles, pues comprometían parte de lo previamente adquirido y por ende irretornable.

Los ángeles de la muerte de Rabin recurrieron a un joven fanático probablemente formateado por años de infancia y juventud en una de las numerosas escuelas talmúdicas que en Israel intoxican “desde la base”. Pusieron en su mano la pistola, mientras el supremacismo rabínico sermoneaba a viva voz y por escrito sobre el pasaje torahico en que los israelitas habían pedido a Yahvé-Pastor un Rey equiparable al de las naciones políticas existentes, y su dios les había respondido que lo tendrían siempre y cuando el Rey mismo se sometiera a la “Ley de Dios”, habiendo de ser, cualquier falta, sancionada con castigo colectivo a todas las ovejas de Jehová.

Pero no se piense que los mayores “autores políticos” del que fuera llorado “Magnicidio” por tantos plañideros periodísticos sionistas, eran autores sitos precisamente en Israel; residían y residen, más bien, al otro lado del mar, y algunos entre ellos ni siquiera son judíos, sino que pertenecen al mesianismo sionista dentro de la complejidad que compone al presbiterianismo calvinista. Estos están aliados con los neo-mesiánicos judaicos hegemonistas de dentro y fuera de Israel. Hablo, en lo que ahora sigue, de estos paladines WASP de la “New America” poniendo así fin a este artículo.

PARTE TERCERA

POSFACIO: Un poco en torno al salvacionismo puritano USA y a su “Nueva Alianza”

Con la debacle de rentabilidad capitalista castigando la curva espalda del viejo Imperio a pasos agigantados, a la fracción más agresiva del monopolismo yankie le urgió aupar a un nuevo “comité de administración política” capaz de redoblar el “juego sucio” en el Mundo e ir así convirtiendo al “escenario internacional” en un doblaje real del género Western: aparente “caos”, plomo, miedo, el Sheriff , ¡y “a defender” con vocación la casa y familia del Sheriff respecto de la amenaza!.

Esa no-rentabilidad de la que hablo es un dato a cuya conformación sin duda repercute el hecho de que USA sea un gigante parásito que consume Valor internacional muy por encima del Valor nacional que genera (balanza negativa, déficit comercial, dificultades de valorización empresarial autónoma, recurso a las inyecciones del Estado y consecuente déficit presupuestario...). ¡Pero eso no iba a importar!: las consecuencias de esa línea progresiva descendente en el déficit natural estadounidense iban a ser presumiblemente invertidas y positivizadas gracias a un “país rejuvenecido” que se había atrevido a encontrarse a sí mismo (New America) y hallaba al fin su Vocación, lanzándose a cumplirla (Gendarme Mundial en aras de “la Civilización Occidental”).

La nueva cuadra de cuatreros llega cargada, pues, con un fardo que aloja una mezcla de regeneracionismo nacional interno, abstencionismo social y estímulo al darwinismo, salvacionismo, unilateralidad hegemonista en el trato con el Mundo y en las “incursiones” al mundo, refuerzo de la supremacía militar e incondicionalidad pro-israelí. Doy aquí los puntos maestros de la orientación que Bush, Cheney, Romney, Rumsfeld, Wolfwitz, Bolton, Albright, Rice, etc., protagonizan:

1. Teoría llamada “de la Misión Manifiesta”:

Entre varias de las corrientes puritanas dentro del calvinismo evangélico, es territorio común, desde las migraciones WASP que antecedieron el poblamiento de la Costa Este por esos colonos pioners, el pensarse “nuevo Pueblo Elegido” y pensar las colonias “nueva Tierra Prometida”. Las sucesivas migraciones de ultramar hacia América eran leídas como “el nuevo Éxodo” por parte de quienes se veían en estrecha analogía con el antiguo “pueblo de Israel”. Igual que los israelitas habrían huido a Canaan ante la mítica persecución egipcia, de nuevo intercedía la Providencia, esta vez por aquellos presbiterianos y sus ramificaciones internas (baptistas, metodistas, cuáqueros, pietistas...) víctimas de persecución anglicana. A ellos había tocado y distinguido el dios antiguo-testamentario, mostrándoles camino, mar y tierra, del modo en que había guiado la travesía mosaica por el desierto del Sinaí.

Para algunas de estas corrientes presbiterianas (puritanas) y a ojos de algunos de sus exégetas confesionales, Dios hubo desheredado de regentar el Mundo al viejo “Pueblo Elegido”, dado la reiterativa trayectoria hebrea de desobediencias motivadoras de ira celestial, que culminan con la incredulidad hacia Cristo Mesías y con la participación en darle Calvario. De modo que el único Pueblo Elegido predestinado a Supremacía terrenal eran, en fin, ellos, los colonos calvinistas WASP y sus descendientes norteamericanos.

El Destino (leído y explicado en términos de Providencia Divina desde el puritanismo de Bush y consortes) ha puesto a los Estados Unidos bajo la responsabilidad histórica de guardar la “civilización occidental”, asegurar su modo de vida y, dicho más prosaicamente, procurar su solvencia en los Estados Unidos a costa de nuevos giros de tuerca al saqueo imperialista.

Salvar a la propia joya de la civilización, y con la joya, a toda ella, exige revisar parcialmente la Doctrina Monroe tan grata a amplios sectores del republicanismo conservador (aislacionismo, blindaje del bastión, “América para los americanos”, ergo concentración imperialista sobre “el patio trasero” latinoamericano...), puesto que “hay que salir a la arena” de la disputa inter-imperialista más agresivamente en todos los territorios y ramas.

Esta idea de “auto-proyección hacia afuera” es entendida por la Administración Bush no a modo de indagar en las ententes con imperialismos más o menos subalternos y con potencias emergentes, sino como unilateralidad en la toma de decisiones, en la implementación de procesos y en la cosecha de resultados.

2. Premisa de la “Nueva Alianza”:

Debido a incurrimiento en nefasta desobediencia y finalmente en deicidio de Jesús de Nazareth, “Israel” dejó de ser el Pueblo Elegido y aparentemente está condenado por toda la Eternidad. Pero sólo aparentemente...: pues resulta que el supremacismo puritano también sigue y se atiene a las “Profecías”. Y el caso es que “está escrito” que estos condenados serán redimidos (la famosa temática cristiana del “Perdón de los judíos”) por la venida de Cristo Redentor, cuya condición permisiva histórica es ineludiblemente la congregación y asentamiento de los judíos en Tierra Santa tanto como el resurgir y potencia de Israel.

La evolución geopolítica hasta resultar en Armaghedon, y la consecuente venida del Cristo Redentor son dos episodios indispensables dentro de la meta-narrativa mesiánica del presbiterianismo, desembocando en el Juicio Final. Adivinarán los lectores a quién corresponde materializar este requisito de reunión y existencia judaica en Palestina...; sí, al “pueblo” WASP tocado providencialmente con el poder y el arsenal para asegurar este poblamiento.

Como en la cabeza de estos neo-elegidos no cabe el Mesías sin judaización previa de Palestina, sellaron una Alianza de mutuo provecho con el neo-mesianismo post-sionista, algo que incumbe a políticos, grupos y corporaciones israelíes institucionalizadas y no, pero que sin duda incumbe en mayor grado al Capital monopolista estadounidense -judío o presbiteriano- que opera con la temática del neo-mesianismo bien por credulidad confesional o bien por cínico interés imperialista.

Repárese en las resonancias de esta premisa, ya que, tanto como Jehová había sellado la arcaica Alianza con Abraham, el calvinismo evangélico y derivaciones “reconocen” en su propia estratégica compenetración con Israel, estar “nada más” que ejecutando fielmente lo que en su trasfondo es Nueva Alianza de Dios con los israelitas, a quienes Dios concede la oportunidad de Redención si convergen con los providenciales WASP.

3. Contract with America:

Este re-lanzamiento hacia la aseguración de un posicionamiento mundial concorde a la distintiva Vocación divina que a USA le ha sido reservada, requiere poner en sinergia a las energías poblacionales. La biopolítica debe producir a una legión humana reformada y a la altura del ambicioso proyecto de Estado, que dé la talla tras el reto Hegemonista. En sus sentimientos y ánimos colectivos hay, pues, que fraguar: belicismo, disposición a “austeridades” y “modestias”, cohesión, fervor justiciero, auto-conciencia de encarnar una función especial en el vértice exacto de una civilización mundialista.

De esta última idea se desprende que Bush se presente a campaña electoral mentando un quid pro quo, una mano tendida a la ciudadanía: “Volved a vuestro regazo de Virtudes tradicionales, ahora en erosión y deterioro, pero que ha hecho grande a este país (New America en una acepción “espiritual”, “interior”, “de organismo social civil”), y el Estado fructificará político-económicamente esa Virtud, trayendo prosperidad y preeminencia”.

Así, a partir de tal primer sentido de la New America, llegamos a un sentido de carácter objetivo y funcionalista. Esta última acepción de New America es alusiva al ser-en-el-mundo de los estadounidenses, ubicándose “donde les es llamado a estar”, donde pueden estar una vez realizada su Potencia, y por último “donde les corresponde estar” según la función que les ha sido deparada (o según su Misión Manifiesta).

Se percibirá que, en esta secuencia, partiendo de la asunción del Deber ciudadano moral, se le ayuda al Poder y se llega a redondear éste, y a través del Poder se llega dialécticamente al Deber, pero en un sentido “superior” de función meta-histórica.

4. “Nacionalización de la conciencia colectiva”:

Los sentimientos poblacionales existen pero están muy “dispersos” e indolentes, de modo que hay que reforzar el orgullo, los vínculos familiares, etc., mediante símbolos y ceremonias. Así, refuerzo del culto a la bandera, dosis de discursos presidenciales a la nación emulando un poco el pretérito “paternalismo” televisivo del que Reagan hiciera gala durante su periodo de neo-conservadurismo, etc. Igualmente, preparación espectacular de “electro-shocks” emocionales colectivos y de ceremonia, en el contexto del duelo a atentados y a pérdidas causadas por “el enemigo exterior” durante las campañas militares USA. Finalmente, preparación mediática de genuinos “minutos y sesiones del Odio” canalizado hacia “el enemigo exterior” consumador de brutales atentados.

5. Regeneracionismo moral y de culto:

USA nada sumergida en la vida disoluta y eso hay que atajarlo de raíz enderezando el crecimiento del futuro estadounidense: los niños. Así, lectura de la Biblia en las escuelas. También neo-rigorismo penal en cuestiones sexuales, de “seguridad ciudadana”, de civismo, etc. Refuerzo de la “pedagogía social” televisiva e institucional, relacionada con la responsabilidad familiar, la responsabilidad en el embarazo, voluntariado civil y acción de gracias, etc.

6. Notable transferencia del % de gasto civil “social” hacia el gasto militar y hacia la Administración civil política, asesoría, inteligencia, etc.:

Así -y en relación estrecha con las inyecciones de “moralización social” arriba citadas-, el discurso de responsabilidad se nuclea entorno al individuo y a la familia. El primero tiene que “luchar en la vida” por abastecerse de cobertura y protecciones en un “definitivo marco liberal” de oportunidades (Fukuyama). En lo que toca a la familia, forma al individuo recto, lo endereza, vela por él en sus tránsitos de debilidad y lo cuida cuando el individuo no puede ser “auto-suficiente” (o tiene la opción de pagar un geriátrico).

7. Fundamentalismo cultural exportador:

“Occidente” es la civilización de los valores de paz, tolerancia, democracia, individuo, libertad, disentimiento, laicismo (¡!), Razón, debate, información... Pero enfrente hay Otros incapaces de entender todo esto -y ni mucho menos de aplicárselo-, quienes proyectan su irreductible odio hacia su antagonismo absoluto, auto-constituyéndose en amenaza. La observancia, la vigilia y la ofensiva contra esta Némesis se revelan indispensables no solamente como antídoto defensivo; se trata de elevar hasta su lugar mundial este ethos que en el fondo es Universal, pero que no puede ser albergado entre los mortales enemigos de su propia Liberación.

Este punto es “curioso” porque, en realidad, tanto las maniobras militares estadounidenses como su cirugía social-ingenieril no han ido impulsando otra cosa que una “islamización” y una homogeneización sectaria y oscurantista, sobre la superficie del “objeto geopolítico de intervención”. Cuando ciertamente este mismo objeto a priori se comporta en política, en filias, en filiaciones, en militancias, en culto y en sociología, según patrones de notable heterogeneidad y diversidad idiosincrásica (aunque va dejando de serlo finalmente).

Esto, que fue así con Bush y no ha variado ahora con Obama, puede pasar por paradójico:

Bajo el amparo de lucha contra el islam amenazante que dejado a sus vuelos “nos mete en guerra” y “si no lo permitimos somos nosotros los detonantes”, de manera que no habría forma de escapar al irreductible Choque (Huntington)..., resulta que:

Aquello que se ha venido y se viene haciendo es fundir al Mundo Árabe, persa y centro-asiático dentro del molde de cierto islam reaccionario, dependentista en concepto de inversiones, abstencionista al Desarrollo Soberano y hondamente vende-patrias. ¡Cuando, en efecto, esos territorios no eran a priori eso que se les presumió ser con previedad a ir a convertirlos... en eso mismo de lo que se había alertado a las ciudadanías y opiniones “públicas”!.

Primero se genera una imagen disonante a la realidad, para después modelar la nueva realidad con arreglo a la imagen, a través de ciclópeos dispositivos de poder productor de realidad (fabricación de “rebeliones”, contingentes de mercenarios y paramilitares, financiación y cobertura a la reacción teocrática, proyección de propaganda a las poblaciones, campañas militares, imposición de administraciones neo-coloniales nutridas de lugartenientes locales o directamente gestionadas por personal USA, colocación de Gobiernos islamistas con “independencia” formal, etc.).

No es éste el tema del artículo que nos ocupa, y por ello me limitaré a nombrar:

Irak: 16.000 estadounidenses “civiles” puestos en el grueso del personal de Estado neo-colonial irakí, y la leyenda “Dios es el más Grande” rezando al centro de la bandera post-invasión.

Argelia: había una junta cívico-militar pro-francesa y, ¡voilá!, las maniobras primaverales USA portan un Gobierno mucho más distante de los militares -peones del Imperialismo galo- y en conjugación con el clero.

Túnez: Gobierno post-primaveral USA marcadamente islamista y que promociona la salida de fronteras de miles de jóvenes armados fanatizados hacia Siria.

Egipto: Gobierno de los Hermanos Musulmanes, auténticos Chambelanes Mayores coloca-zapatillas de Hillary Clinton, y quienes ya tenían con ella todo esbozado conjuntamente desde antes de la “crisis-Mubarak”. Quien quiera mirar, mire la tele. Quien quiera ver, vea.

Libia: bandera colonial retratando a los islamistas gubernamentales en alianza con su alter ego de “liberalismo”/entreguismo económico surgido de entre el “exilio” británico pro-monárquico. La descomposición nacional llama a más descomposición, y en el sur de Libia ya se están desgajando varios micro-territorios, donde los integristas proclaman emiratos “independientes”.

Líbano: diseñados “dirigentes” salahfistas arengando a las jaurías de “islamistas” salahfistas campando terroríficamente por tierra y mar. Pagados -lo sepan ellos con lucidez o no- para ejecutar el plan neo-mesiánico testamentario de involucrar la respuesta de Hezbu-Allah y catalizar los acontecimientos hacia la guerra con Irán, y así rumbo al Apocalipsis bélico mundial.

Siria: Hermandad Musulmana en estrecho tandem con las aspiraciones imperialistas de someter el país a dictadura de importaciones y de inversión de capitales, mientras en el extremo el “islamismo” salahfista prendiendo el país sirve objetivamente a crear la atmósfera acorde al Plan israelí sobre partición pseudo-”étnica” del territorio nacional.


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