CEPRID

Resplandores de guerra de la revuelta árabe en el arenal libio

Martes 3 de mayo de 2011 por CEPRID

Gustavo Herren

ARGENPRESS

Hace unos días se cumplieron setenta años de la toma de Tobruk sitiada por Rommel, en el camino inconcluso de Alemania hacia Egipto para controlar el petróleo de Oriente Medio. Aún no se conocía su existencia en Libia. Hoy desde el mismo puerto, la oposición a Gadafi exporta autónomamente el hidrocarburo, en medio de la revuelta árabe que emerge como una guerra intestina imbricada por la guerra de masas y recursos con intereses cruzados de las potencias y Estados Unidos, en la odisea del largo viaje hacia Persia.

Las revueltas en el mundo árabe permiten en Libia una mayor observación de las relaciones de fuerzas entre las potencias, los Estados menores y el rol de los pueblos, por lo que se pueden hacer algunas consideraciones previas sobre la estratificación jerárquica de la estructura internacional.

La posición relativa de los Estados es función de su capacidad y voluntad para proyectar poder económico y militar e influenciar sobre las relaciones, autodeterminación y soberanía de los demás Estados, lo cual induce un orden jerárquico internacional.

De éstos, cada gran potencia tienen como objetivo ocupar un lugar dominante en la escala, configurando un orden mundial concomitante con su ideología, valores y ordenamiento político-económico interno. Las potencias medias regionales replican cierta hegemonía en la defensa y proyección de sus objetivos e intereses con un alcance regional sobre los países menores, pero dentro de la dependencia y los límites establecidos por las grandes potencias. Mientras que los Estados menores tienen escasa intervención e influencia más allá de sus fronteras soberanas.

Generalmente, el concepto de las elites y gobernantes de la mayoría de las potencias medias y actores pequeños de la periferia es, que con los grandes lo único que se puede hacer es negociar, es decir que conciben el orden jerárquico mundial como inamovible, insertando así a sus países en una posición tal que no vaya a desafiar la dinámica del orden internacional establecido.

Las potencias medias se caracterizan por una acción intermediaria entre los grandes y los menores, ya que suelen representarlos ante aquellos o reciben directamente su descontento sobre la estructura internacional, lo que en definitiva termina sosteniendo el orden mundial impuesto. Tal el caso de Turquía, que aspira ser una potencia media emergente en Oriente Medio, mediando en los organismos internacionales en el conflicto de Libia con las grandes potencias intervencionistas. Además desde el cese de la Guerra Fría aparecieron nuevos grupos de países, conformando polos de poder político-económico y frente a un sistema de institutos mundiales basados en la bipolaridad con sus reformas nominales, que no parece dar respuestas a los problemas y procesos mundiales en una tendencia hacia la multipolaridad. Así las grandes potencias deben considerar en alguna medida a estos actores con representación regional ampliada, como la Liga Árabe, la Unión Africana, el BRICS, etc.

La política exterior de las potencias opera en base a sus objetivos e intereses por encima de los valores humanos, de modo que el anuncio público sobre la intervención humanitaria de Occidente para defender al pueblo libio es superficial e insustancial. El grado de amenaza que una gran potencia evalúa sobre sus intereses y objetivos prioritarios aunque no esté afectada su seguridad nacional, es una causa para la intervención militar en otro Estado con un determinado nivel de despliegue.

Arabia Saudita, utilizó el impacto de las revueltas árabes para ganar peso como potencia regional en la égida de Estados Unidos, y fortalecer sus presencia frente a éste, al ser uno de los principales promotores en la Liga Árabe del ataque militar a su actual oponente (también en la OPEC) y futuro competidor regional árabe, la Libia de Gadafi. Y además, ganar espacio frente a las otras potencias medias como Egipto y especialmente Israel, cada vez peor visto en el Golfo por sus crímenes en Líbano, Gaza, etc, y con reservas por los demócratas de Washington. Por otra parte, marcó su posición de liderazgo frente a los países menores de la Confederación del Golfo invadiendo a otro país árabe, Bahrein. La represión de la rebelión de mayoría chiíta para apoyar la monarquía sunnita del rey Al Khalifa, en el país que es el apostadero naval de la Quinta Flota de Estados Unidos, es un indicador de la predisposición de Riad a enfrentar a la otra potencia regional, Irán, y perturba el equilibrio de poder en la región respecto de Israel.

Después de la larga y contradictoria trayectoria de Gadafi desde perro rabioso a león del desierto, y su punto de inflexión con las concesiones a Occidente convenientes para la supervivencia de su régimen, luego del colapso de la URSS, el escarmiento de la Tormenta del Desierto contra Irak y casi 20 años de presiones, bloqueos comerciales y embargos petroleros de Estados Unidos y las grandes potencias europeas, Occidente lo llegó a tratar como aliado, aunque nunca confiable respecto de sus intereses vitales y con un pragmatismo poco predecible para el desarrollo del orden internacional.

La inestabilidad que producen los genuinos y espontáneos movimientos de los pueblos árabes buscando cambiar el orden interno contrario a sus intereses político-económicos, muestra respuestas distintas de las grandes potencias ante situaciones equivalentes de violencia represiva de los gobiernos contra sus poblaciones árabes. Tal el caso de Estados Unidos frente a Libia por un lado, y a Arabia Saudita, Bahrein y Yemen por el otro.

No es nuevo que las revueltas populares den la oportunidad a las grandes potencias occidentales de deshacerse de aquellos gobiernos no aliados hostiles como el caso de Siria, y de aliados no confiables como Libia sin descartar la intervención militar externa (cuando la revuelta intestina fracasa), allanando el camino hacia Persia. Y también asegurarse de que aquellos aliados confiables que no soporten la desestabilización de la revuelta, como en Túnez y Egipto, sean reemplazados por regímenes pro-occidentales dentro de sus círculos de confiabilidad, que en lo posible desmovilicen y fagociten las resistencias populares con democracias liberales. Así lo hizo Washington en 1986 en Filipinas, cuando la dictadura de Marcos fue derrotada por las movilizaciones, y en Indonesia en 1998 con Suharto. Por último, buscan mantener a toda costa la estabilidad, a pesar de la revuelta popular, de aquellos colaboracionistas leales donde existen intereses vitales para la supervivencia imperial, desviando la atención del público internacional de toda represión al pueblo por brutal que sea, como en Arabia Saudita (leal desde 1945 con el acuerdo petrolero de Roosevelt con el rey Ibn Saud (antepasado del actual Abdullah)), en Bahrein (apostadero de la Quinta Flota de Estados Unidos) y los otros países del Consejo de Cooperación del Golfo, o en Yemen (donde Saleh negoció en 2010 la isla de Socotra entregándola al Pentágono, y no a Rusia que también la solicitaba. Una ruta vital Mar Rojo- Golfo de Adén donde el USCENTCOM (Comando Central de Estados Unidos) construirá una poderosa base aero-naval, que actuará conjuntamente con la de Diego García en el océano Indico).

Por su lado, la persistente resistencia de Gadafi a capitular como máximo líder político, está dando al mundo un ejemplo peligroso para las potencias imperialistas. Casi el mismo día que ocho años antes G. W. Bush anunciaba la ’Operación Libertad Iraquí ’ (20 de Marzo, 2003) invadiendo Irak, con la excusa de proteger al mundo de las armas de destrucción masiva escondidas por Saddam Hussein, otro de los dictadores impredecibles uno de cuyos legados fue la resistencia armada que descolocó a la superpotencia, Obama anunciaba desde Brasil el lanzamiento de ’Odisea del Amanecer’ para proteger al pueblo libio de las armas de Gadafi. El 31 de Marzo, la operación pasó nominalmente a la OTAN renombrándose ’Protector Unificado’. El perfil bajo que mantiene el premio Nóbel de la paz en el conflicto, es parte de la estrategia demócrata del Poder Inteligente teniendo en cuenta las lecciones de Irak y Afganistán. Washington busca no exponer y mejorar su controvertida imagen internacional. La intervención ’limitada’ de Obama y sus demócratas en Libia muestra el cambio de estrategia de aproximación indirecta diseñada para acercarse a la oposición, respecto de la acción militar directa de los Bush, pero no hay razón alguna para que los objetivos últimos de supervivencia mesiánica del Imperio hayan cambiado. Así como operó en forma encubierta en Honduras tercerizando la caída de Zelaya, lo está haciendo en Libia. Hace días Obama se refirió a la política de Washington sobre Libia ’...Habrá momentos en que nuestra seguridad no esté afectada directamente, sino que serán nuestros valores e intereses. En estos casos no debemos tener miedo a actuar, pero el peso de la acción no debe ser exclusiva de los Estados Unidos’.

Solamente con una ofensiva aérea sin operaciones militares terrestres, difícilmente sea posible rendir plazas como las de Libia, los ataques aunque limitados de la aviación estadounidense, británica, francesa y luego de la OTAN son una prueba máxima para la capacidad defensiva de las fuerzas armadas y las milicias de resistencia de cualquier gobierno. En los cenagales de Irak y Afganistán las fuerzas convencionales del Pentágono y la coalición quedaron descolocadas frente a las resistencias irregulares locales, refutando la actitud de las elites y gobernantes cipayos de las potencias medias y países menores sobre la infalibilidad de las potencias respecto del ordenamiento internacional. Otros ejemplos fueron las operaciones defensivas de Milosevic en Serbia la república de la ex Yugoslavia, y hoy lo está siendo la prolongación de la resistencia de Gadafi en Libia. Por eso se produjo una pequeña variante en los discursos de Obama antes de la intervención militar, respecto de los últimos. En aquellos fue categórico ’...Gadafi ha perdido legitimidad para liderar y debe irse’ (1), en cambio en la actualidad afirma ’...La política de Estados Unidos sobre el líder Muammar Gadafi es que él necesite irse.’ (2).

Según el Pentágono la fase aérea inicial de la operación multifase sobre Libia se cumplió con todo éxito. Luego que bombarderos estadounidenses de última generación B-2 invisibles al radar (stealth) atacaron campos aéreos libios y sistemas de misiles superficie-aire SA-5 (de fabricación rusa) entre otros, la Inteligencia electrónica (ELINT) y las aeronaves de alerta y control AWACS no registraron actividad aérea ni emisiones de radares libios, lo que se interpretó como que el gobierno había perdido el control de su espacio aéreo. Pero a pesar de la intensificación de las misiones de Inteligencia sobre el terreno de la CIA, MI6, DGSE (Francia), Mossad y otros, la actual fase de la operación de la OTAN está en un punto de estancamiento, ya que tiene serias dificultades en identificar objetivos militares enemigos para destruir, sea por radar, con sus drones o por otros medios de alta tecnología.

Probablemente el coronel Gadafi aplicó estrategias militares de Mao Zedong, Ho Chi Minh o Saddam Hussein pero sus tácticas en el campo de batalla se parecen demasiado a las de Milosevic. Buscan preservar que su armamento pesado sea blanco de ataques aéreos, de modo que tanques, vehículos de combate, blindados y artillería han sido desconcentrados y dispersados en las ciudades. Se supo que en Febrero, Gadafi ya había trasladado la parte principal de sus sistemas de defensa aérea a instalaciones secretas en el desierto del sur de Libia fuera del alcance de la aviación anglo-francesa, donde puede contar con la ayuda militar de Níger, Chad y Sudán (y aún de Argelia y Malí desde el Oeste). El Hermano Líder conserva intactos decenas de sistemas de misiles soviéticos incluido los de largo alcance, miles de lanzamisiles portátiles y plataformas móviles rusas. Sus tropas se movilizan en vehículos livianos que se confunden con aquellos de la fuerza armada insurgente, lo que genera reclamos de los grupos rebeldes hacia la OTAN por su lentitud e ineficacia. En estas condiciones la estrategia de guerra convencional queda cuestionada.

Un buen ejemplo de disuasión a los grandes, y para la organización de las fuerzas armadas de potencias medias y países menores que cuestionan la doctrina de la ’dependencia razonable’ en la jerarquía internacional impuesta.

En Libia son casi inútiles los productos de última generación para el mercado de la guerra de la industria militar estadounidense y de las grandes potencias intervencionistas por mandato de la ONU, como son los aviones de combate Rafale, que Sarkozy intenta vender por docenas a Brasil, pero no pudo concretar una importante venta a Gadafi, con quién mantiene una pésima relación agravada por su oposición al proyecto de la Unión Euromediterránea y el fracaso del negocio de energía nuclear. En el retardo gana algo de tiempo Gadafi, pero también se benefician los imperialistas occidentales que manifiestan estar analizando ‘quiénes son’ los componentes de la oposición que están armando y entrenando.

De modo que una invasión extranjera terrestre directa no es descartable como un último elemento de amenaza, de hecho fue lo que decidió a Milosevic a entregar Kosovo. Gadafi ordenó repartir armas, incluso los sistemas portátiles de defensa antiaérea, a sus simpatizantes para organizar una resistencia masiva en caso que las fuerzas extranjeras lancen una ocupación terrestre. La temida complejidad de una guerra irregular urbana con la componente del pueblo partidaria de Gadafi, sus milicianos, sus tropas y paramilitares dentro de las ciudades, puede sacar de contexto al aparato de guerra convencional occidental y hasta quedar atascado como en el lodazal de Irak, ahora en el arenal de Libia. Puede además poner en contra de Occidente a parte de la oposición, el portavoz del Consejo Nacional de Transición, Ali Aujali, declaró ’...No queremos una operación militar terrestre extranjera en Libia. Somos capaces de ocuparnos de Gadafi por nuestra cuenta. Pero igual que antes necesitamos ataques aéreos y abastecimiento por parte de la coalición...’ Pero lo que omite Ali Aujali es que la ayuda militar de la coalición, que le permitiría a la oposición el gobierno de una región o todo el país deberá ser pagada y muy caro por todo el pueblo libio.

La intervención terrestre extranjera está en realidad comenzando, mediante la estrategia de engaño y sorpresa: el embajador de Rusia ante la OTAN, Dmitri Rogozin, afirmó ’...Enredados cada vez más en la situación en Libia, algunos países occidentales comienzan a estudiar las posibilidades de iniciar una operación terrestre, que, creo, presentarán como protección de convoyes humanitarios en el contexto de la catástrofe humanitaria que se está desarrollando en el país. Pero esta catástrofe la originaron los bombardeos de las instalaciones civiles.’

Aunque aliado con los imperialistas, el Hermano Líder conservó alguna genética del escorpión. Si bien Estados Unidos y las potencias europeas bloquearon los activos de la compañía petrolera nacional de Libia (National Oil Corporation, NOC), no aplicaron un embargo petrolero en toda Libia, como el bloqueo promovido por Reagan y sus republicanos (1981-1999), ya que podría aumentar el precio del petróleo profundizando la crisis global. Entre las debilidades del régimen de Gadafi, según los informes de Inteligencia occidentales indicaban la alicaída petrolera nacional NOC un excelente negocio de familia, a contramano del actual fenómeno global en que las petroleras estatales han ganado hegemonía sobre las reservas mundiales superando al cartel anglo-estadounidense, de hecho Gadafi planeaba aumentar la participación del Estado libio en el petróleo del 30% al 50%. Salvo Italia y Alemania, las petroleras occidentales estaban muy disconformes con los actuales contratos y condiciones de Gadafi, considerados extremadamente duros y ’abusivos’. En 2009, rechazó el bajo precio del petróleo debido a la crisis global amenazando con expulsar a las grandes petroleras estadounidenses y europeas en favor de la NOC, lo que alertó a Washington que lo clasifica como amigo del ’nacionalizador Chávez’. Para colmo ese año en la II Cumbre ’América del Sur- África’, realizada en isla de Margarita (Venezuela), Gadafi cuestionó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el derecho a veto de las grandes potencias proponiendo que los No Alineados tengan asientos permanentes. En su discurso afirmó: ’...Tenemos que estar representados como la Unión Europea, como la OTAN, como Rusia, como todos ellos ...Hermanos, las potencias quieren seguir siendo potencias, los fuertes seguir siendo fuertes nadie tiene clemencia con nosotros desde afuera. Cuando pudieron ayudarnos nos trataron como animales, destruyeron nuestra tierra y nos trataron con el garrote... Tenemos que luchar para construir nuestras propias fuerzas. El Sur, constituye la mayoría del planeta y puede transformarlo. Contamos con las mayores riquezas, un potencial demográfico enorme, y lo que tenemos lo hemos heredado del subdesarrollo, de la pobreza. Tenemos derecho como el Norte y debemos crear una ’OTAN para el Sur’. Esa no es una acción terrorista. Tenemos el derecho a crear nuestras organizaciones para nuestro desarrollo, para garantizar nuestros servicios... Miren el Atlántico Norte, no hay una separación, América del Norte está vinculada desde todo punto de vista con Europa, a través de las comunicaciones, de las flotas, de todo. Sin embargo, en el Atlántico Sur, hay un vacío y lo tenemos que llenar. Poner fin a ese abismo que estamos sufriendo en el Atlántico Sur y crear continuidad entre nosotros, ya sea a través de alianzas, convenios, pactos, para organizar una acción histórica, estratégica, que pueda cubrir este vacío de manera que redunde en beneficio de la comunicación marítima, aérea, gasoductos, oleoductos, del turismo, etc. Que el Sur se interconecte como la OTAN del Norte. Ellos se sienten fuertes y muy potentes. Tienen su teoría: piensan que el mundo se divide en dos partes: señores y esclavos. En el norte están los señores y en el sur los esclavos. Y que en el mundo hay dos partes: una que produce y otra que consume. El norte produce, el sur consume lo que produce el norte. Si trabajamos, quebrantaremos esa teoría...’Un detalle, la próxima Cumbre América del Sur- África debió haberse realizado en 2011, en Libia.

Libia evitó toda relación con la OTAN y es uno de los 5 países africanos que rechazó integrarse en el AFRICOM. El Pentágono proyecta plantar bases militares en el norte de África, lo está intentando en Túnez, y sabe que con los antecedentes de Gadafi es casi imposible hacerlo en territorio libio.

En la última carta que los unifica, el triplete Obama, Cameron y Sarkozy reiteró su objetivo ’...Es imposible imaginar un futuro para Libia con Gadafi en el poder... permitirlo sería una traición inconcebible para el pueblo de Libia... que se convertiría en un Estado paria y fallido... Mientras Gadafi siga en el poder, la OTAN y la coalición deberá mantener sus operaciones para proteger a los civiles y generar presión sobre el régimen... luego puede comenzar realmente una transición genuina, de la dictadura a un proceso constitucional inclusivo conducido por una nueva generación de líderes...’ Además del alevoso derecho a la injerencia que muestra la carta, no es sorpresa que para alcanzar el fin, el medio sea el empleado históricamente : debilitar al más fuerte mientras se arma al enemigo mas débil para que lo destruya, por supuesto la ayuda no será gratuita sino solo la parte del león.

Por su parte en la heterogénea oposición a Gadafi , aparece el Consejo Nacional de Transición que se arroga la representación popular, y que fue rápidamente reconocido por varias de las potencias intervencionistas y visitado por destacados liberales occidentales (como el ex candidato republicano neocon, senador John McCain), y se compone con no pocos neoliberales formados en lo centros de poder occidental, desertores del gobierno de Gadafi, con líderes de las tribus adversarias, con extremistas religiosos yihadistas con foco en la ciudad de Darnah, con representantes de una oposición democrática poco organizada y con muchos miembros no identificados por razones de seguridad.

Los rebeldes, avalados por el Consejo de Transición ya comenzaron a exportar petróleo a Europa desde Tobruk, triangulando vía Qatar, país que lo ha reconocido como gobierno transitorio y donde está su grupo de contacto, todo bajo la tutela de las fuerzas de la OTAN. De este modo se financia a la oposición en la región Este (Cirenaica) y permite a las potencias occidentales seleccionar a sus componentes. Además debido a las sanciones económicas, estarían ’desaparecidos’ los supuestos fondos multimillonarios, que según las armas mediáticas occidentales, la familia Gadafi tenía depositado en los Bancos de Occidente. Unos 200.000 millones de dólares, que otras informaciones identifican como las reservas internacionales de Libia depositadas en el exterior, y que se estarían utilizando para financiar el derrocamiento del propio Gadafi. Paradójicamente, los gobiernos de los países latinoamericanos también ponen parte de sus reservas en Bancos del Norte (incluido Venezuela y Argentina), por eso Chávez insistió, a pesar de Brasil, en la creación de un Banco de América del Sur donde depositarlas.

En la región Oeste (Tripolitania), se busca fortalecer a los insurgentes armados alineados con la coalición occidental y crear un nivel de caos insostenible en la población, ayudado por el bombardeo humanitario por saturación de instalaciones oficiales y civiles, sanitarias, de abastecimiento, edificios públicos, fábricas, usinas de energía, puentes, rutas, estaciones de radiotransmisión, etc, para que los habitantes pasivos tomen partido presionando para que Gadafi necesite irse (solo la OTAN ya ha realizado más de 2000 misiones de ataque y 900 misiones de bombardeo contra el territorio libio).

La rápida sintonía y mutua aproximación de la oposición del Consejo Nacional de Transición con las grandes potencias intervencionistas (Francia, Inglaterra, Estados Unidos e Italia), la tenaz resistencia de Trípoli y la división intercapitalista con Alemania, China y Rusia por intereses económicos y geoestratégicos enfrentados sugiere, si antes Gadafi no es asesinado, la fragmentación de Libia. Por un lado Cirenaica con la consolidación de la oposición quedaría bajo la influencia de las potencias intervencionistas, con la libre apertura al oligopolio de sus multinacionales petroleras, dejando grados de libertad para las otras potencias en la región Oeste con el debilitado Gadafi.

Por otra parte la intervención a Libia, y la revuelta en Siria que notablemente parece estar creciendo en intensidad, están desviando la atención pública sobre la genuina reacción popular árabe, que parece estar en un estancamiento en Túnez y decreciendo en su impulso inicial en Egipto, países que junto con Qatar ya han proporcionado apoyo militar al Consejo Nacional de Transición en Libia.

Observando los ambiciosos proyectos político-económicos de las grandes potencias occidentales para las regiones del norte de África y Oriente Medio, impulsados por parte de la reserva intelectual estratégica de Estados Unidos, empresarios y sectores políticos de sus sucesivos gobiernos, puede tenerse una idea de cómo conciben que deberían ser esas regiones.

Las potencias occidentales no pierden las oportunidades que van surgiendo para alcanzar sus objetivos estratégicos latentes. Se pueden observar por ejemplo, en similitudes que existen entre la situación en Kosovo (la ex-provincia de Servia) y Libia. En aquella época (1999) con la caída de la URSS, un objetivo estratégico occidental era que las ex repúblicas soviéticas no quedaran bajo la influencia de Rusia sino pasaran a la proyección de poder de Estados Unidos/OTAN, la oportunidad se dio en el marco de la balcanización de Yugoslavia con la excusa de detener la ofensiva étnica producida por Milosevic contra los albaneses. Hoy un objetivo decisivo es evitar un potencial alineamiento de Libia con Siria, Líbano, territorios Palestinos e Irán y asegurarlo con Estados Unidos, Israel, Europa, Arabia Saudita y países del golfo en el marco de un proyecto en el largo plazo, como el Gran Oriente Medio (actualmente ampliado), y una oportunidad se da en el marco de las revueltas árabes y los bombardeos ordenados por Gadafi contra su pueblo, que cada vez más se están pareciendo a las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein (3), pero que ya justificaron la aprobación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU permitiendo la intervención.

Para Brzezinsky uno de los objetivos para la supervivencia de Estados Unidos es lograr control en Eurasia y África, lo que puntualmente incluye intereses claros como el agua fósil del enorme acuífero cerrado Piedra Arenisca de Nubia y oscuros como que Libia es la mayor reserva petrolera comprobada de África próxima a Europa occidental que duplica a la de Estados Unidos, con alta calidad, un muy bajo costo de producción y más interesante aún, que la mayor parte del territorio libio esta todavía inexplorada con alto potencial en hidrocarburos. En la medida que alguna de las grandes potencias gane control sobre el petróleo libio, gana control sobre las demás. El corazón del ambicioso proyecto estadounidense del Gran Oriente Medio, reactualizado como GMENA (Greater Middle East and North Africa proyect), está en Oriente Medio, y abarca Norte de África, India, Cáucaso, Asia Central y la frontera con China, involucrando al menos 22 países. Se lo define como un proyecto civilizador y de lucha contra el terrorismo internacional para el siglo XXI, asumiendo que solo se tenderá hacia la seguridad mundial cuando cada uno de los países de Oriente Medio, considerado como potencial foco de cultivo del terrorismo, alcance en lo político la democracia (liberal) y en lo económico la liberalización (del libre mercado). Los documentos señalan, que estos procesos no pueden ser abandonados solo a los pueblos nativos, debiendo ser catalizados si es necesario (4). Para que puedan cristalizar proyectos como el GMENA, es condición necesaria controlar las rebeliones de los pueblos y mantener dividido al mundo árabe.

Libia, con las regiones áridas de sus grandes desiertos fue hasta los 60’s una sociedad nómada basada históricamente en la cría de camellos, cuya supervivencia requirió de una estructura no democrática de tribus enfrentadas. Gadafi mantuvo la gobernabilidad y estabilidad del país apoyándose en acuerdos tribales a pesar de los ingresos petroleros, configurando un Estado tribucrático distinto del modelo europeo de Westfalia, caracterizado por un patriarcado que conservó una componente importante de su cultura ancestral. El Jamahiriya, un Estado que aún en sintonía con intereses de Occidente no asegura el orden jerárquico internacional establecido, por eso las grandes potencias lo califican como ’Estado paria y fallido’. Sin embargo salvando las diferencias, así como sucedió con el impacto de las revoluciones industriales de Occidente sobre el decaimiento del Imperio Otomano, el desfasaje de Libia con Occidente fue uno de los factores que favoreció la rebelión genuina y espontánea de parte del pueblo libio contra el autoritarismo y catalizó la desestabilización mediante el factor tribal. En este caso, el trabajo sucio contra la revuelta del pueblo árabe en nombre de sus valores lo hace la OTAN, en el Golfo Pérsico lo está haciendo Arabia Saudita, pero en todo caso no podría llevarse adelante sin la potencia imperio-colonialista, Estados Unidos, detrás.

La revuelta árabe activó las poderosas fuerzas de la contra revuelta, la verdadera gran revolución de los pueblos árabes por su autodeterminación apenas ha comenzando...

Notas:

1) The White House, Remarks by President Obama and President Calderón of Mexico at Joint Press Conference, March 03, 2011

2) http://www.haaretz.com/news/international/obama-u-s-policy-on-libya-is-that-gadhafi-needs-to-go-1.350956

3) Informe de British Civilians for Peace in Libya; http://www.guardian.co.uk/world/2011/apr/19/gaddafi-violence-exaggerated-british-group

Informe Fuerzas Terrestres de Rusia. Monitoreo por satélite; http://rt.com/news/airstrikes-libya-russian-military/

4) www.brookings.edu; www.rc.rand.org; www.carnegieendowment.org


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