NOTAS PARA UN DECÁLOGO DE ACTUACIÓN

Los programas gubernamentales, en los distintos niveles de actuación en momento de crisis, Gobiernos, Diputaciones, Ayuntamientos, sobre los efectos más duros de las misma, han sido y siguen siendo puramente disuasorios. No son preventivos; No tocan la esencia del sistema. Actúan sobre parte de los efectos. Nunca actúan sobre las causas. Tratan siempre de taponar las grietas que los efectos más crueles de la crisis producen en el tejido social.

Las actitudes del personal, son copia reiterada en general, de las claves que el sistema nos vende en sus más variada versiones a través de los medios de manipulación de masas: TV, Radio, determinada prensa escrita.

Hay que aceptar lo que hay. No existe nada mejor. Las reglas de juego son estas, cambiarlas es delito. Tu situación es producto de tu fracaso personal. Mejorar a costa de lo que sea es progresar. Más va!e una buena estafa que un buen empleo. Endeudarse es progresar. Si no puedes adquirir cosas pide un crédito. Sé tu mismo, no te veas en los demás. Más vale unas horas extras que un empleo para un compañero. Etc., etc., etc.

Aceptamos las reglas del juego. Esto supone: no pelear organizada y globalmente en temas como:
Ejecución de los créditos hipotecarios no abonados a los bancos y cajas de ahorro, en la parte no devuelta, tanto en intereses como en el principal.

Debemos actuar solidariamente sobre los casos que en vía judicial están a punto de producir el desahucio de los afectados. Sin embargo, habría que llevar a cabo una campaña de información al personal en la calle, en las fábricas, sobre lo sucedido.

Debemos dotar de instrumentos de apoyo, tanto preventivamente, en el inicio de la situación de no pago, como en los supuestos que ya están en marcha.
Debemos llevar a cabo iniciativas en torno a conseguir que la situación de paro sea en la práctica una situación de la cual se derive:

1- Congelación automática de los abonos de los créditos.

2.- Congelación de los impuestos municipales en sus más variadas versiones.

3.- Congelación del abono de los gastos derivados de los servicios corrientes: agua, luz, gastos comunitarios, transportes públicos, etc.

Debemos, frente a los Bancos y Cajas de Ahorro:
– Congelar los créditos.
– Negociar la Mora en los pagos.
– Impedir solidariamente, que en caso de subasta, se queden la vivienda los subasteros.

Debemos conseguir en las Escuelas e Institutos, gratuidad total.

Debemos intentar socializar el tiempo de paro, para que en forma de brigadas por calles o barrios, los parados puedan ser útiles a sus convecinos llevando a cabo labores de mantenimiento con iniciativas propias, en los barrios y en las casas.

Debemos intentar, con una especie de escuela de trabajo social-popular, darle sentido a la lucha colectiva, tratando de amalgamar el legítimo malestar de las personas paradas de toda edad y condición. Los pequeños éxitos en temas concretos sirven siempre de acicate para continuar.

Debemos, plantar cara directa a los privilegios de los políticos, locales o no, por la aparente invulnerabilidad de sus decisiones en cuanto a los salarios de escándalo que se adjudican. El IMI para un parado de larga duración 38.000 pesetas. El salario de un diputado de la Diputación, 5 ó 6 millones al año.

Debemos llevar a cabo una investigación sobre la situación de la vivienda: precio de las nuevas, precio de las antiguas, situación de los alquileres, números de viviendas vacías; tanto de titularidad pública como privada, y hacer públicas las conclusiones. Llevar a cabo una campaña por el derecho a una vivienda digna, sin el lastre de endeudarse por 20 o 30 años. Animar a jóvenes y parados y paradas a dar la batalla por el derecho a techo, incluso ocupando organizadamente, por etapas, 10, 20, 30 o 100 viviendas vacías. Obstruir los medios judiciales, con procesos que hagan inviable el que, como hasta ahora, la pelea al ser individual esté perdida.
Debemos, pelear por la insumisión práctica en el abono de el agua, luz y teléfono. Llevar campañas de desdomiciliación de abonos de este tipo de gastos, a través de las entidades financieras.

Debemos llevar a cabo campañas de denuncia sistemática de las horas extras en las empresas, sobre todo en las grandes, denunciando la insolidaridad real que esto supone.
Debemos de actuar solidariamente sobre los grupos más afectados por el paro y la crisis, en forma de apoyos materiales, humanos, sociales y culturales, porque sólo así, se entenderá que luchar merece la pena. Si es necesario abrir experiencias de comedores populares por calles, sobre todo en el Casco Viejo y en los barrios más afectados por el paro.
Esto dará cuerpo a las iniciativas y sentido a la pelea, que deberá de ir desde solventar los problemas de supervivencia más cotidianos hasta vertebrar movimientos de contestación social que pongan en cuestión las sagradas bases del sistema.
Debemos pelear porque la tarjeta de paro no sea un «sanbenito» social, sino una tarjeta que nos abra las puertas automáticamente, en la cascada de derechos que se derivan de vivir con dignidad.

Debemos pelear ante los Bancos, entidades financieras y políticas, para que los beneficios objetivos de las actividades financieras reviertan, no como el 0’7 de moda, sino como un derecho social que sirva para cubrir las necesidades básicas de la población.

Debemos pelear por socializar mecanismos de reparto del trabajo, que no dependan exclusivamente de las fuerzas del mercado.

Debemos crear, poco a poco, ladrillo a ladrillo, un movimiento social que en un momento determinado pueda llevar a cabo iniciativas de paralización de la vida urbana e industrial, con decisión y por medios que estén al alcance de todos.

Debemos llevar a los centros educativos, institutos, universidades, estas problemáticas, en forma de jornadas, de iniciativas culturales, debates, exposiciones, etc.

Debemos de llevar alguna iniciativa al 1 de mayo, que haga de este día, y en estos momentos, no un día de exaltación para mayor gloria de las particulares chapas sindicales, sino un día real de lucha y solidaridad que ponga sobre el tapete los problemas que individualmente sufren los parados y paradas.

Algo que rompan mediante el sentido común la costra de conformismo que devora a las entidades sindicales en general.
Y así …, mientras sea necesario. La pobreza y la marginación está en nuestra falta de arranque. No es pobre el que menos tiene, sino al que le han convencido de que lo es. No somos pobres, somos personas con pocos recursos expulsados de la selva del dinero por la fuerza del mercado. Entender esto, es empezar a comprender que es posible luchar. Intentarlo, merece la pena de verdad.

Fede García
-SOSArrazakeria-
(Jornadas sobre la pobreza, Laudio, 1995)

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