ESCONDIENDO LA POBREZA

UNAS NOTAS PREVIAS

Cuántas veces nuestras orejas son invadidas de sonidos como estos: Yo no vivo de caridad, ni del Auxilio Social, yo, yo,… pues tú ¿Qué pasa contigo? Acaso es más guapo ganar el pan con el sudor de tu frente, mientras el de enfrente se divierte viajando de aquí para allá y conociendo casi todos los campos de golf del mundo. Puede que tú te sientas muy útil por ser una de las personas que ha contribuido a fabricar el coche de tal o cual ejército o policía antidisturbios o sencillamente tu orgullo viene de trabajar en el acabado del fusil más moderno. Seguramente la estupidez humana es ilimitada y acabamos viendo como normal y lógica la mayor de las incoherencias. Puede que sólo sean mecanismos de autojustificación, aquello de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el ojo propio.

Desde mediados de los años setenta, el mundo ligado al trabajo asalariado conoció el paro estructural, la saturación de los mercados de todo tipo de productos y el fomento irracional de un consumismo estúpido y destructivo. En vez de revolucionar el mercado de trabajo y cuestionar: el mismo valor trabajo, el actual mercado, el llamado desarrollo… etc., nos pusimos a esperar que todo se viniese abajo por acumulación de problemas, el paro y la pobreza aumentaron sin que nada sucediese.

Llegaron los 80 y surgieron muchos grupos pequeños de personas en paro que luchábamos por conseguir trabajo, planteándonos como objetivo central el pleno empleo. Poco a poco, algunos grupos empezamos a ver nuestra gran equivocación y confusión a la vez. Así, hacia finales de 1984, en nuestro colectivo decidimos pelear por el ingreso social universal y conseguir la tarifa cero en servicios públicos y privados mientras aquello no llega. El por qué de nuestro cambio de objetivos está ligado a cómo entendemos los problemas de la falta de recursos y de la pobreza actuales, estos problemas no sólo son estructurales, sino que se dan en un momento donde el actual modelo de producción esta acercando a la humanidad al precipicio de la destrucción total (social y medio ambiental).

Vivimos en un mundo globalizado económicamente y donde las diferencias entre los países de la OCDE y el resto son abismales, por eso y por otras muchísimas cosas, no podemos soñar con una sociedad de pleno empleo, o mantener los actuales niveles de consumo o seguir con la estupidez del supuesto desarrollo. Por nuestra parte pensamos que es muy importante conseguir hoy la tarifa 0. A su vez debemos utilizar las actuales prestaciones sociales para ampliarlas, romper mecanismos de culpabilizacion y exigir cambios sustanciales en nuestra actual sociedad.
Las Rentas mínimas actuales sólo se pueden entender dentro del contexto de incremento del paro y la pobreza en los llamados países ricos. Pero existe demasiada confusión sobre qué son y qué pretenden las rentas mínimas. Por eso vamos a intentar situarlas adecuadamente en la actual realidad del Estado Español desde quienes cobramos esas insuficientes Rentas mínimas.

CAPITALISMO, PARO Y POBREZA

El paro se ha convertido en el principal problema de las sociedades capitalistas. Preocupa y afecta a todos: jóvenes y adultos, mujeres y hombres, regiones de los países desarrollados o sin desarrollar. Todos pueden ser excluidos por lo mismo: crisis, procesos de internacionalización de la producción y la innovación tecnológica, concentrando la producción en unos lugares y desindustrializando en otros. De momento, destruyendo puestos de trabajo en Europa y EE.UU. y creándolos en los países asiáticos o el Este europeo. Siempre en busca de mano de obra barata.

Una de las características del paro es el derroche y la penuria. Derroche, porque existe «una considerable parte de la fuerza de trabajo disponible en todos los países capitalistas que está sin empleo». Penuria, porque existe «una cuota equivalente de necesidades insatisfechas, de demanda de valores de uso a la cuál no responde una oferta adecuada en el mercado, lugar de los valores de cambio y de beneficio».

En el Estado Español, mientras en 1970, el número de parad*s era de unos 133.000, en 1.994 ascendía nada menos que a unos 3,8 millones de desemplead*s. Se pasó de 1 a 25 parad*s por cada cien personas de población activa. De continuar este ritmo de incremento de un punto por año, en el 2.000, casi un tercio de la población activa estará parada. En términos de paro juvenil y femenino, existen unos 750.000 jóvenes y 1.000.000 mujeres que no encuentran empleo. En la Unión Europea hay 17 millones de parados y se calculan unos 35 millones en todos los países de la OCDE.
Ante esta realidad, es difícil pensar en la recuperación del pleno empleo. Todos tenemos la experiencia de que la economía puede crecer sin que tenga una incidencia sustancial sobre la reducción del paro. Solo «resulta sorprendente la terquedad con que se obstina el Gobierno en asegurar que el paro es un fenómeno transitorio, que desaparecerá automáticamente en cuanto el crecimiento sea adecuado».

Tampoco debemos descuidar el tema de la pobreza. En el Estado Español, un estudio reciente estima que existen casi 8 millones de pobres, tanto como decir que unos 18 conciudadanos por cada cien padecen los problemas de la pobreza. El informe también resalta la relación entre paro y pobreza; en los últimos años ha aumentado el número de familias con desemplead*s o en las que ninguno de los miembros tiene un trabajo, siendo los parad*s de larga duración l*s que se encuentran en una situación de pobreza muy grave. Según Cáritas, «el aumento del paro todavía no ha incidido notablemente en un incremento de la pobreza porque son las mujeres y los jóvenes las principales víctimas de la crisis ocupacional. No obstante, en los últimos meses han aumentado las peticiones de ayuda a l*s nuev*s pobres de clase media, padres de familia entre 40 y 50 años que gozaban de un nivel de vida desahogado y estable y que han perdido su puesto de trabajo».

Precisamente, esta es otra de las características de la pobreza actual, que muchos de l*s pobres son trabajador*s con empleo a tiempo completo, pero con remuneraciones que no superan el umbral de la pobreza. A nivel de la Unión Europea, nos encontramos con la existencia de unos 50 millones de pobres, unas 15 personas por cada cien, aunque consideran que esta cifra va en aumento.

Es un desafío para todos abordar la complejidad de este fenómeno social, donde las personas pobres padecen todo tipo de privaciones: «problemas de desempleo, de vivienda, de salud, de educación, socioculturales, etc.»

Tampoco es nada prometedora la situación de aquell*s que encuentran ocupación, dada la falta de seguridad en el empleo y, frecuentemente, la precarización «ha ido en constante aumento, debido fundamentalmente a las así llamadas medidas «flexibilizadoras», pasando del 16% al 47,8% de l*s asalariad*s con empleo, dentro de un proceso que la actual reforma va a acelerar. Esto significa el paso de algo mas de 1 millón a casi 4,4 millones de asalariad*s en precario… Si a esta cifra le añadimos l*s sumergid*s, los expulsad*s, l*s no contabilizad*s, las cifras pueden llegar a dar miedo.

EL REPARTO DEL EMPLEO

Dentro del reparto del empleo, las diversas propuestas se pueden resumir en dos líneas principales de actuación.
Una de ellas consiste en reducir la jornada laboral para repartir el empleo. Históricamente, la izquierda siempre ha reivindicado la progresiva reducción de la jornada de trabajo sin disminuir el salario, no tanto para repartir el trabajo sino como parte de sus reivindicaciones fundamentales. En estos momentos, sin embargo, el enfoque ha cambiado totalmente proponiéndose la disminución de la jornada para repartir el trabajo, pero con una reducción sustancial de la remuneración de l*s trabajador*s. Esta propuesta es la que está generando ahora mismo un amplio debate sindical, social y político.

La segunda línea de propuestas puede ser representada por la que realiza el economista italiano G. Lunghini; se trata de repartir aquellos empleos que existen potencialmente al margen del mercado de trabajo. Para el autor, existen muy pocas posibilidades de reducir el paro mediante el reparto del empleo porque «la enfermedad del paro tecnológico ha llegado hoy a un estadio endémico. El uso actual de las máquinas y su misma forma tienen la finalidad de ahorrar trabajador*s, dividiéndol*s, y no reducir el trabajo, distribuyéndolo. No se ahorra trabajo, se ahorran trabajador*s».

Para ello, propone «que se busque la solución, no en la esfera mercantil de la producción de valores de cambio, sino en la de la producción de valores de uso. Hay muchos trabajos socialmente útiles que podrían producir cosas que en el mercado no se encontrarían nunca y que, sin embargo, tienen una urgente demanda… Dedicar más recursos a la conservación y la reproducción de la enseñanza, la sanidad, la asistencia social y el cuidado de la naturaleza». Por lo tanto, el remedio posible consiste en «pagar a l*s desocupad*s un salario al margen del mercado, a cambio de trabajos al margen del mercado, aunque socialmente útiles. Se recuperaría así, en el mundo dominado por el valor de cambio, la categoría del valor de uso».

LA RENTA MÍNIMA ES UNA RENTA CONDICIONADA MÁS

Actualmente existen ya rentas concedidas en forma de prestaciones sociales, pero todas ellas tienen un carácter condicional. Por ejemplo, el subsidio de desempleo o las jubilaciones están supeditadas a la condición de haber trabajado y cotizado durante un determinado período de tiempo. Las pensiones de viudedad u orfandad están condicionadas a la situación de pérdida del cónyuge o los padres, etc. Es decir, podemos encontrarnos con personas que, aún necesitadas de una renta «social», no puedan acceder automáticamente a ella por no cumplir las condiciones estipuladas para cada caso.

Dentro de las rentas condicionales, cabe enmarcar la Renta Mínima de Inserción (RMI), establecida en varias de las autonomías del actual Estado Español. La RMI se concede condicionada a la observación de ciertas obligaciones por parte del beneficiario, entre ellas, la de aceptar participar en aquellos planes de inserción/reinserción laboral/social que las autoridades competentes hayan tenido a bien diseñar, para su correcta integración en el mercado de trabajo y en la sociedad. De todas formas, es importante destacar como últimamente en Francia, país pionero en la concesión de las RMI, se comienza a señalar ya, que el «objetivo (de la RMI) es, en primer lugar, luchar contra la gran pobreza», y no reinsertar a los excluidos como era su objetivo originario. De «facto», en el Estado Español también se esta llegando a la misma evaluación.

Las limitaciones de las rentas condicionales son bien conocidas. Por ejemplo, la precariedad en el empleo hace cada vez más difícil que l*s trabajador*s puedan acumular la antigüedad suficiente para poder percibir tanto el subsidio de desempleo, como para ir sumando años cotizados a la Seguridad Social y así poder cobrar la jubilación. En algunas sociedades (Estados Unidos) incluso comienza a haber núcleos de población que nunca llegan al mercado de trabajo y transitan por la vida sobre la base de ayudas asistenciales. Las rentas condicionales no son idóneas para enfrentarse al problema del desempleo masivo, ni tampoco para mantener las cotas de prestación social propias de una sociedad «desarrollada».

Bueno es recordar que las Rentas Mínimas en el Estado Español nacen como consecuencia del «mandato de la U.E.» para que a finales de 1995 todos los Estados del Club (U.E.) dispusieran de una prestación social que hiciese frente a las consecuencias del incremento del paro y la pobreza. Así, mientras se despiden a miles de personas y se desmonta el INEM, reduciéndose las prestaciones, se ponen en marcha unas rentas mínimas orientadas a sacar de las calles la pobreza extrema.

Recordamos que si en la Comunidad Autónoma Vasca se puso en marcha la R.M.I. fue por un incremento presupuestario imprevisto y como respuesta a las demandas europeas. Pero en la C.A.V. se dieron luchas concretas por conseguir prestaciones y servicios para personas en paro y en muchos casos se arrancaron muchas de esas demandas.

No es casualidad que en la C.A.V. existamos más de 16.000 unidades económicas o familiares que cobramos una R.M.I. (en la C.A.V. se le denomina I.M.I.).

¿LAS RENTAS MINIMAS OCULTAN LA POBREZA O TERMINAN CON ELLA?

BONITA pregunta que tiene hoy fácil respuesta dado que la realidad es tozuda y reitera una y mil veces lo mismo, las R.M.I. ocultan pero no erradican LA POBREZA, quienes hemos sido «compas» de decenas de «consejitos de inserción» en la C.A.V. podemos asegurar que los programas de inserción están siendo mecanismos de opresión-represión-presión hacia quienes no tenemos recursos, pero es que no podía ser de otra manera, ¿Quién pensaba que el mar se podía meter en una presa?

Cuando más del 60% de los escolares fracasa en la enseñanza media y contamos con decenas de miles de licenciad*s en paro, cuando día a día la tecnología descubre como hacer mas con menos gente… unos listos en ciencias sociales nos pretenden convencer de que debemos insertarnos a través de cursillos de formación específica y paciencia… y es que mean por encima nuestro y quieren que les digamos que llueve. Pero existen gentes que dicen o se preguntan si:
¿Debería ser la R.M.I. solo una medida transitoria de carácter temporal, en la espera de que nuevas políticas de reparto del trabajo y distribución de la renta más justas, la hagan innecesaria? ¿Debería ser la R.M.I. el inicio de la transición hacia un tipo de sociedad en la que el tiempo dedicado al trabajo (en su sentido económico y mercantil) podrá reducirse u organizarse en períodos intermitentes de dedicación al mismo, y en la que «un segundo cheque asegurará a todo ciudadano un nivel de vida normal (no de simple subsistencia) durante los periodos en que no se trabaja» pudiéndose, así, dedicarse a otras ocupaciones libremente escogidas? O más bien ¿Pretende ser el «opio del pueblo» para reducir a la inactividad y al silencio a un tercio de la población a fin de que otros dos tercios puedan disfrutar con toda tranquilidad de la riqueza social?

Una generalización de la R.M.I. tal como funciona mayoritariamente en Europa concebido como mínimo de subsistencia, por lo que se refiere a su cuantía, ¿no tiene el peligro de ejercer una presión de los salarios a la baja, institucionalizando, al mismo tiempo despidos masivos de l*s trabajador*s sin ninguna contrapartida? ¿No servirá también para conseguir que el desempleo y la marginación sean tolerantes y aceptadas como consecuencia (incluso condición) indispensable de la racionalidad económica?…
Podríamos seguir con las interrogantes pero de seguro que el tiempo nos ayudara a aclararnos a tod*s, sólo esperemos que sea a tiempo de conseguir reaccionar y dar la vuelta a estos proyectos que son copia de aquellas prestaciones que se pusieron en marcha tres siglos atrás en Gran Bretaña. De momento la R.M.I. nos sirven para no morir de hambre a algunas personas, lo mismo que sucede con el trabajo basura y sumergido de otras muchas personas. Ni siquiera es un mal menor, es un pillar lo que es nuestro como personas ante la nada que nos rodea.

Tomamos las R.M.I. como derecho no como migaja aunque somos conscientes que muchas colegas que cobran una R.M.I. se sienten agradecidas y culpables de su situación de pobreza. Esta situación de falta de conciencia social y tendencia a asumir como fracaso personal algo que es un fracaso social tiene responsabilidades y el mundo del trabajo social en su vertiente de investigación, formación y asistencia tienen mucho que ver con la desunión, falta de visión, compresión, represión,… que sufrimos las personas sin recursos económicos y materiales. La alianza del mundo profesional del T.S. con la sopa boba es tan escandalosa que resulta hiriente su silencio ante tanto sufrimiento que pasa ante sus narices. ¿O acaso son ciegos, mudos y sordos?

Las R.M.I. como otras prestaciones o rentas condicionadas deben ser un medio, una palanca para una renta básica o un verdadero ingreso social universal y para ello es fundamental que el mundo del T. S. reaccione y se alíe con quienes carecemos de recursos para desarrollar iniciativas abiertas de lucha contra la pobreza y la exclusión social.

¿PARA CUÁNDO EL REPARTO REAL DE LAS RENTAS?

LA verdad que tras cobrar durante cuatro años consecutivos una R.M.I. y discutir eso que llaman inserción con «mi» Trabajador Social, pasando por el «defensor del pueblo», medios de comunicación y algún envidioso que otro,… pienso que es preferible no participar en la construcción de productos indeseables o hacerlo en los deseables en tan malas condiciones que te los haga odiosos (salarios basura y papelera suben a velocidades impresionantes). Soy muy consciente de que nuestra falta de recursos no se resuelve con una R.M.I. pero igualmente me doy cuenta que no deseo ser machacado y exprimido como cual limón maduro por cualquier listillo. O sea que no me creo eso de que el trabajo es la única y segura vía de inserción, pues no conozco a ningún banquero, accionista de gran empresa, militar o similar que no se sienta integrado en esta su sociedad por el hecho de no hincarla, o sea de no trabajar. Ya basta de mentiras, hoy la humanidad tiene en sus manos recursos suficientes para que la vida de una persona no pase por un trabajo de 6 ú 8 horas diarias…, seguramente por primera vez o de nuevo el ser humano podría romper con la esclavitud del trabajo asalariado ¿para cuándo el reparto real de las rentas?

Manolo Sáez Bayona
(Gasteiz)