OBJECIÓN ESCOLAR

¿Por qué en pleno siglo XXI, en países desarrollados, algunas familias se oponen a llevar a sus hij@s a la escuela? No se trata de familias «marginales», más bien son familias de un cierto nivel cultural, y el Estado Español no es ajeno a este movimiento que tiene presencia en todas sus comunidades autónomas y que despierta un interés creciente entre l@s madres y padres.

Solemos englobar los motivos que llevan a no escolarizar en cuatro apartados aunque a menudo hay una mezcla de ellos en la toma de decisión.

Motivos ideológicos: muchas familias tienen un cuestionamiento de la visión oficial del mundo y mantienen una forma de vida -ya sea en el aspecto social, laboral, político, de salud, de valores, etc.- que no se contemplan de ninguna manera en el ámbito escolar, quedando arrasadas completamente por el modelo impuesto que pasa a dar así la pauta de «normalidad».

Motivos pedagógicos: en numerosos casos se considera que la mejor manera de aprender no es la que se promueve en la escuela ni el paquete informativo es el más adecuado, más bien al contrario, se suman muchos errores que llevan a l@s padres/madres a buscar otra cosa que muchas veces desemboca en otro tipo de escuela (de diferentes planteamientos pedagógicos o ideológicos aunque suelen tener en común un cierto número de criterios) pero que a veces conduce a plantearse la andadura en solitario, ya sea porque no se encuentre una escuela o grupo afín cerca, o bien porque la investigación que se esté realizando contemple como más adecuada la ausencia de escuela (entendiendo «Escuela» como un ente externo y diferenciado del entorno doméstico).

Motivos emocionales: en la práctica es uno de los motivos más frecuentes. A menudo se trata de madres/padres que nunca se habían cuestionado el no escolarizar pero que empiezan a tener problemas al empezar la escuela (o en años posteriores) y producirse un cambio en el comportamiento del hij@, acompañado de sufrimiento y/u otros trastornos. Por lo general, tratan de solucionarlo hablando con el/la profesor/a, participando en la A.M.P.A., cambiando de centro, acudiendo a un/a psicoterapeuta, etc. Y el no conseguir resultados alentadores les hace plantearse otras posibilidades.

Motivos religiosos: padres/madres con planteamientos religiosos minoritarios, que no encuentran centros escolares donde sus valores sean respetados con coherencia y deciden priorizar este aspecto asumiendo la educación de sus hij@s fuera del sistema escolar.
Como vemos, el movimiento de objeción escolar no es un grupo homogéneo y, por ello, la organización diaria de las familias presenta diferencias. Algunas mantienen un trabajo tipo escolar utilizando libros de texto convencionales o ejercicios clásicos. Otras plantean el trabajo por temas que decide el/la propi@ niñ@ según sus intereses, buscando diferentes fuentes de información y profundizando o enfocando el trabajo hasta donde quiera el/la intersad@ o hasta donde se haya negociado. A veces, se ponen horarios fijos; otras familias ponen horarios flexibles o por temporadas, y otras no utilizan horarios destinados a aprender de manera formal porque consideran que no es necesario, ya que l@s niñ@s tienen tanta curiosidad y tanto interés en participar y entender cómo funciona el mundo a su alrededor que siempre están aprendiendo sin que haya que dirigir su atención constantemente hacia algo determinado, pues esto puede hacer caer en el error de no valorar sus intereses y hacer prevalecer los del adulto: sus juicios sobre qué es importante y qué no, produciendo aburrimiento en el/la niñ@ y con ello el desinterés y falta de deseo de aprender, que es una de las cosas que ocurre con frecuencia entre niñ@s escolarizad@s. Esto no quiere decir que se haga exclusivamente lo que quiere el/la niñ@ y que se convierta en el dictador de cualquier acción, pero sí se trata de recuperar el respeto por sus necesidades y deseos (que en nuestra sociedad se ha perdido) como se respetan las de otr@ igual.

En general las familias «sin Escuela» conceden más flexibilidad al aprendizaje, que se adapta a cada niñ@ en vez de que sea éste/a el que se adapte a un programa teórico.Dado que conlleva una mayor dedicación de tiempo, se renuncia de alguna manera a todo lo que en otras familias se ocupa en el horario escolar: largas jornadas laborales (replanteamiento económico), tiempo «personal», etc., compensándolo con el placer de la intensa relación con l@s hij@s y de la coherencia entre el propio pensamiento y la práctica.

Resulta curioso que tantas veces la reacción que se produce entre la gente ante la manifestación de que alguien no lleva a sus hij@s a la escuela sea preguntar: «¿Tú te das cuenta de lo que estás haciendo?. ¿Has pensado en las consecuencias sobre tus hij@s?». Porque si algo han pensado estos padres/madres es precisamente en eso -acertada o equivocadamente, esa es otra cuestión que dividirá el debate… No es un camino fácil el actuar a contracorriente, sin modelo, sin apoyo, bajo presión social… con lo cual est@s madres/padres han dedicado bastante tiempo y energía al tema. Se podría devolver la pregunta: los padres y madres que escolarizan a sus hij@s -cada vez más tempranemente-, ¿lo hacen porque de verdad han pensado que es lo mejor o porque es lo que está impuesto desde el Poder, desde el Pensamiento Unico (aunque poco tiene de pensamiento), desde la necesidad de aparcar a sus hij@s mientras ell@s trabajan/producen como está mandado, desde el automatismo de hacer lo que todo el mundo hace (sin asumir los posibles errores propios), y así resulta que lo más libremente que deciden es en qué centro educativo matricularles?

EL ORIGEN DE LA ESCUELA

Creo que es oportuno plantear una reflexión sobre la Escuela y su origen. Entendemos que la Escuela nace como un medio de protección a la infancia en respuesta a los abusos cometidos en el siglo XIX durante la revolución industrial principalmente, y, en general, para evitar utilizar a l@s niñ@s como mano de obra barata por un lado, y, por otro, para combatir los privilegios de educación y conseguir las mismas oportunidades laborales para tod@s. Esto ha sido lo que ha impulsado a la clase obrera y a la progresía a luchar por el derecho a la Escuela, que ha cumplido una importante función social. Pero tampoco hay que olvidar que el principal objetivo para la escolarización generalizada de la población era sin duda (como demuestran ciertos documentos) la contención de las masas que empezaban a generar problemas con las protestas obreras; se trataba de un proyecto psicológico de sometimiento en el que bajo la apariencia de ventajas y derechos para el estudiante se escondía -se esconde- un amaestramiento de docilidad, una función disciplinadora interiorizada en el propio individuo (para ello es necesario anular el sentimiento grupal, tribal, indiferenciado de un@s con otr@s creando y resaltando continuamente al individuo, al Ego); resulta mucho más eficaz para el control del pueblo que sea el propio individuo el que se someta a los valores neoliberales inculcados, bajo la creencia en su libertad de decisión. De esta manera la coacción externa explícita solo será necesaria de vez en cuando. Así, la rebelión se asocia con un estado patológico, con algún defecto en el individuo rebelde.

Por otro lado, la educación escolarizada no ha hecho desaparecer los privilegios de las élites (pese a los esfuerzos de much@s para la democratización); sí ha hecho surgir una aparente meritocracia en la que algun@s -y solo algun@s- pueden escapar de una baja condición para acceder a otra más privilegiada. Se trabaja para mantener el poder piramidal, no para satisfacer las necesidades de tod@s de forma horizontal.

En cuanto a la protección de los abusos laborales infantiles, quizá sería más lógico hacerla protegiendo a l@s adult@s de esos mismos abusos, pues así no sería necesario que l@s niñ@s trabajaran para ayudar a la economía familiar. Nuestra sociedad ha llegado a demonizar el trabajo infantil porque siempre se asocia con explotación, pero la experiencia laboral justamente remunerada y sin excesos de horarios puede ser interesante también desde el punto de vista educativo; de hecho la jornada escolar y extraescolar de la mayoría de nuestr@s niñ@s se puede considerar una explotación en toda regla ya que no queda espacio para el juego en común, el juego por el juego.

Según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.) de hace unos años, para el 80% de los puestos laborales solo se necesita una preparación de entre seis meses y dos años, ya produciendo (y cobrando) en ese mismo puesto.

Con esto no se está queriendo decir que haya que abolir la Escuela de un plumazo porque hoy por hoy sigue siendo necesaria para la mayoría.Son muy pocas las familias que desean asumir la educación de sus hij@s en casa. Lo que sí hay que reconocer no ya las carencias y/o errores que contiene cualquier modelo educativo (y para eso es necesaria la atención constante en subsanarlos), sino el contrabando oculto, lo que siempre estará en el núcleo de la escuela pese a los cambios de programa y reformas que se hagan, incluso en las escuelas «alternativas». Principalmente se trata de esa sumisión del sujeto a una obediencia extrema al Mercado, al Sistema, un vano personalismo para sembrar la discordia de un posible sentimiento grupal («divide y vencerás»), una sobreinformación inútil para provocar el aburrimiento y una sobreestimulación constante para ocupar todos los recovecos de los sentidos y del pensamiento e impedir que surja algo diferente de lo que hay, un desplazamiento de los saberes útiles de la vida cotidiana en aras de saberes teóricos y lejanos… Todo esto puede parecer quizás muy exagerado a algun@s y crean que l@s chavales no escolarizad@s van a convertirse en adultos rebeldes, inadaptados y marginales. Por lo que podemos ver esto no ocurre así: decíamos antes que l@s niñ@s están deseando participar y entender la vida a su alrededor, no se sienten excluidos si no se les excluye de antemano y tienen una gran viveza y sabiduría para saber adaptarse a su entorno -el instinto de supervivencia-. Si además no se les ha minado la confianza en su capacidad, suelen mantener el entusiasmo por participar en diferentes proyectos a la vez que desarrollan un espíritu crítico y una rica vida emocional, aspectos todos ellos que no conducen a la autodestrucción. De hecho, considero que el Sistema, que tiene tanto poder de absorción para utilizar a su favor cualquier disidencia, en un futuro no muy lejano promoverá la educación sin escuela por sus ventajas, como ahora «promueve» el ecologismo o el pacifismo (ya hay universidades de Estados Unidos -país pionero en la educación en casa- que solicitan estudiantes «unschoolers»).
Porque, no nos engañemos, la Escuela no está exclusivamente dentro de unas paredes, la Escuela hoy en dia (en una sociedad culta) es también los medios de comunicación -medios de formación de masas, como ilustrativamente llaman algun@s-: televisión, prensa, cine, publicidad, internet… que aparentemente reflejan la «realidad» pero que la están creando (la publicidad, quizá, es el ejemplo más claro). Y esa Escuela se nos mete dentro (ya hemos visto que es su objetivo principal) y la arrastramos en lo que hagamos. Por eso, lo más difícil es precisamente sacudirse esa Escuela interior para poder redescubrir la Vida, o por lo menos esa ha sido mi experiencia propia y en la que coinciden otras familias con las que hablo. Ya se ha comentado que hay muchas diferencias entre las mismas y, por lo tanto, no todas estarán completamente de acuerdo en todo lo expuesto hasta ahora. Esto no deja de ser la visión de mi grupo familiar que ofrezco para compartir reflexiones con cualquiera que lo desee. Porque nuestra intención no es cerrarnos, ni vivir en una burbuja, ni solo ocuparnos de lo nuestro (que son algunas de las críticas que se hacen)… sino compartir y aportar a la sociedad lo que nos parecer que merece la pena, implicarnos no sólo en consumir pasivamente sino en mejorarla. Y nuestra pequeña experiencia con tres hij@s no escolarizad@s (el mayor ya cerca de los dieciocho años) en busca de una Vida más plena, natural y sencilla, es algo que nos ha aportado gran satisfacción y queremos poner al servicio de otr@s. Por esa razón formamos parte del grupo «Crecer sin Escuela» que desde el año 92 funciona como red de apoyo y animamos a abrir el debate y la reflexión, al margen de la decisión personal que un@ tome con sus hij@s por las circunstancias que le envuelvan. Se trata de juntarse un@s con otr@s para hablar y poner en común las vivencias, y que no nos pase como escribía Machado de aquel erudito: «Aprendió tantas cosas que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas».

Isabel Gutiérrez (Crecer Sin Escuela)