LA CREACION FRENTE A LA MUNDIALIZACION Y LAS NUEVAS TECNOLOGIAS

Dudo que podamos, no digo prever ni predecir cualquier cosa a diez años vista, sino simplemente prepararnos para un futuro inmediato de aquí cinco años, por decir un número.

Hablando nada más que de los veinticinco últimos años, constatamos que los acontecimientos que han marcado la evolución histórica de este fin de siglo no habían sido previstos por los especialistas, fuesen historiadores, economistas, politólogos, militares u otros…, recordemos por ejemplo la crisis del petróleo en 1973, el advenimiento de Jomeini, el desmoronamiento del bloque soviético y las consecuencias económicas, políticas, sociales y culturales de todo eso. La evolución no ha seguido el curso lógico y racional establecido por los planificadores. sino que los imponderables han trastornado irracionalmente todos los planes quinquenales. ¡El diablo se divierte!…

El resultado es que nos encontramos sin preparación ante un mundo en el que impera, sin contrapoder, el viejo liberalismo comercial. Don Dinero ha vuelto vestido de don Dólar. Y vuelve a imperar la ley del más poderoso, la de la jungla. En la mesa de juego, los mismos tienen los ases y los triunfos. Unos juegan seguros de ganar y otros juegan seguros de perder. La consecuencia es el desinterés de estos últimos por el juego. Los buenos alumnos del Asia juegan a vencer, los malos alumnos del Africa y del Oriente prefieren la involución o la edad media teocrática. El hombre contemporáneo no controla su porvenir, está expuesto a toda clase de desviaciones. Cualquier cosa puede suceder y efectivamente sucede: la mafia recupera el control de la economía en Rusia, la droga produce dos veces más beneficios que el petróleo, la prostitución de los niños se industrializa en turismo sexual, matanzas y genocidios racistas se repiten en Bosnia, Somalia, Ruanda y otras partes…

Ante semejante trastorno incontrolado e incontrolable, sigo con mis dudas: ¿cuáles datos fiables y permanentes tenemos para hablar con mínima credibilidad de la evolución cultural que nos espera? Me voy a atener a lo que sé, a lo que todos vivimos y conocemos, a lo que compromete concretamente el porvenir cultural a la vista. Después de las dudas las aprensiones. Veo dos riesgos mayores en nuestra situación actual: por un lado, la mundialización de los intercambios fundada en la preeminencia del más poderoso; por otro lado, el perfeccionamiento y abaratamiento de las nuevas tecnologías con su inevitable influencia sobre el comportamiento del hombre futuro, hablo de mis nietos.
La mundialización cultural en estos tiempos es objeto de una feroz lucha comercial en la negociación del tratado de libre comercio internacional, GATT o Uruguay Round. En juego, miles de millones de dólares en productos audiovisuales (cine y televisión). Sobre el escenario, las grandes compañías norteamericanas de producción y distribución representadas por Jack Valenti, presidente de la Motion Picture Association of America, y enfrente las Sociedades de Autores en defensa de los autores y realizadores del resto del mundo. El conflicto: la propiedad de las obras. ¿Las obras son de los que las crean, inventan, escriben o realizan? ¿O son de los que ponen el dinero para su producción? ¿Las obras intelectuales son propiedad de por vida del que las escribe (derecho de autor), o del que compra el derecho de reproducirlas (copyright)?

Las consecuencias de estas dos concepciones son muy graves para el porvenir de la creación. Si la obra es un producto comercial destinado a producir dinero al que ha invertido en su realización, es evidente que los criterios de comercialización van a prevalecer, con su consecutiva encuesta de marketing sobre los gustos del público, que conducirá imprescindiblemente a un producto cada vez más estandarizado y, lo que es más grave, al rechazo sistemático de cualquier’ obra personal y original, crítica e innovadora. Es conocido el temor de los editores y productores en invertir en obras que se aparten de las corrientes y modas del momento. Por eso, la libertad de comercio mata la libertad de expresión y de creación. Es más, el poder de los distribuidores hace que ellos creen las modas de donde salen los modelos culturales uniformizadores que terminan identificando la cultura contemporánea.

En defensa de la creación, los países europeos han invocado el derecho a la «excepción cultural» y han logrado excluir momentáneamente los productos culturales de los convenios de libre intercambio comercial internacional (GATT). ¿Hasta cuándo?

Ahora bien, yo me hago una pregunta. ¿A quién interesa salvar todas las excepciones o expresiones culturales del planeta? A nadie, creo. Y si eso es cierto, corremos cada vez más rápido hacia una estandarización que no podremos contrarrestar. La mundialización de los intercambios con la ayuda de medios de difusión cada vez más extensos, no deja espacio a la creación individual, o por lo menos a su mediana difusión, y nos lleva a una creciente amenaza de dependencia cultural. En 1927, Herbert Hoover, decía que el cine promocionaba la industria norteamericana. Hoy los EE.UU. importan autos japoneses, pero la sola exportación de productos, audiovisuales deja un beneficio de unos cuatro mil millones de dólares anuales en su balanza comercial. Es una actividad vital y los norteamericanos no se contentan con hacer ganancias espectaculares sino que quieren dominar totalmente e; mercado eliminando los cada vez más pequeños competidores.
Culturalmente es evidente que los modelos difundidos por los medios de masas terminan determinando los gustos del público. O sea que cualquier tipo de creación a contra corriente estará reservado a una pequeña élite, como es el caso del teatro de minoría intelectual y artística. De manera que nos encontramos de repente en una encrucijada peligrosa: negar la cultura de masas que genera el sistema, se considera negar el progreso… Defender la creación original, propia de cada entidad cultural parece conservador cuando no racista, nacionalista, fascista, integrista, etc.

¿Entonces, cómo defender fomentar y promover la creación de los artistas modernos, progresistas y cultos que representan estas identidades, cuando los grandes medios de difusión estatales y comerciales compiten en la cultural? O ¿tendremos que aceptar que haya definitivamente dos culturas. Una de masas y otra elitista, renunciando así a un viejo sueño de progreso cultural generalizado? Esto significaría una contradicción más de nuestra evolución; por un lado una democratización evidente de la educación en los países desarrollados con su consecutiva elevación del nivel cultural individual y por otro lado una mediocridad creciente de los productos culturales difundidos por esta sociedad.
Frente a semejante dominación del poder económico, cabe interrogarse sobre el porvenir que nos prometen las nuevas tecnologías. ¿Más dependencia o más creatividad? Para dar una imagen del formidable adelanto de la tecnología en este fin de siglo pensemos que las ficciones científicas de Julio Verne, ideadas a mediados del siglo XIX, se plasmaron en un siglo hasta la bomba atómica de 1945. La energía nuclear, la electrónica y la informática no se habían previsto. Pero con lo que sabemos hoy ¿quién podría prever el desarrollo tecnológico del siglo que viene? Las potencialidades abiertas por la electrónica, que funciona a velocidad de la luz, son imprevisibles.

Hablando de lo que conocemos y estamos usando, como la computadora en la que escribo esto, cabe recalcar la extraordinaria autonomia que nos brinda. Uno puede equivocarse, borrar, volver diez renglones arriba para agregar una frase, cambiar el tipo de letra, hacer la compaginación que quiere, etc. y enviar su textos en seguida a Madrid o Caracas sin moverse de su sillón.

En materia de textos escritos, la digitalización permite la circulación de cualquier texto por redes numéricus planetarias y su recuperación a distancia por el destinatario para su inmediata explotación comercial si se quiere. (Un boleto de avión, un articulo de prensa, un pedido comercial una obra de teatro…) También se pueden consultar bibliotecas por estas mismas autopistas de la información. Esto ya es el mundo de hoy, que se va a consolidar rápidamente en los próximos años. El disco digital ya ha sustituido al viejo disco analógico y el vídeo disco almacena imágenes de una nitidez incomparable. Todos estos datos textuales, sonoros, gráficos e iconográficos, una vez digitalizados pueden ser no solamente leídos sino recuperados y modificados por cada uno.
Cabe advertir que por primera vez las obras se desmaterializan. Hasta ahora, cada obra, el libro, el disco, el cuadro, la película fotográfica o fílmica, tenia su soporte material propio… Hoy, sin soporte material, pueden existir, archivarse, circular, distribuirse y hasta venderse digitalizados.

Dentro de poco tendremos en casa todos los medios, reunidos en uno, para captar la totalidad de los datos escritos, gráficos, sonoros e iconográficos y modificarlos a nuestro antojo. Esta es la fabulosa potencialidad creadora de las tecnologías nuevas que todos vamos a conocer en poco tiempo, o a las que ya podemos tener alcance si así lo queremos. Hoy, hace falta quererlo, y pagarlo, para tenerlo. Mañana lo tendremos todo tirado en la casa como cualquier cámara fotográfica y lo usaremos o no lo usaremos. Y ahi está lo importante. ¿Hasta qué punto usamos las ayudas a la creatividad que nos brinda la tecnologia? o ¿hasta qué punto las tecnologias viejas y nuevas nos volvieron creativos? No tengo la respuesta. Pero lo más probable es que ninguno de nosotros haya utilizado con fines creativos todas las posibilidades de los medios a su alcance hasta ahora (informática, foto, vídeo, grabación, etc.).

Sin embargo, llama la atención la extraordinaria adaptabilidad de los chicos a los juegos electrónicos, con una agilidad mental envidiable. E igualmente entran en un programa informático con una ligereza que sorprende. Lo que pasa es que, más allá de la facilidad en usar los aparatos nuevos, esta generación lee, piensa, se expresa, reacciona en forma distinta, y el ciudadano urbano de las metrópolis de los países superdesarrollados se vuelve un mutante con apetitos culturales desconocidos. Un documental del cineasta Beneix realizado en Japón mostraba a varios individuos de alto nivel intelectual (ingenieros, médicos…) aislados voluntariamente de la vida exterior para dedicarse enteramente, en su tiempo libre, al mundo artificial creado por sus aparatos sofisticados. Hay mujeres en imágenes sintéticas que se someten a la voluntad de uno. Y ya se han dado besos en realidad virtual…

Sucede que a los dos extremos del desarrollo, en este mundo cada vez más disparejo por no decir más loco, nos encontramos con seres que huyen del sistema de vida impuesto, amparándose en soluciones extremistas: en el tercer mundo subdesarrollado, niegan el mundo de riquezas que no pueden alcanzar amparándose en un retorno a un modo de vida bíblico; en el primer mundo hiperdesarrollado surgen autistas tecnológicos, amantes de abstracciones, Dulcineas de computadoras…

Lo cierto es que, culturalmente, el hombre mutante del tercer milenio (y de aquí a seis años seremos hombres mutantes del tercer milenio…) el hombre ni «involucionado» ni «extraevolucionado» tendrá que ingerir cada vez más rápido los nuevos adelantos que modificarán su vida. ¿Qué cultura corresponderá a estos mutantes? Probablemente una «autocultura tecnológica», tal vez compartida con otros por redes numéricas. Por «auto-cultura», quiero decir programas hechos por uno mismo a partir de un montan de datos digitales a su disposición. En este caso, la manipulación individualizada de datos culturales múltiples a manera de juegos interactivos resulta una explotación muy probable y una interesante perspectiva de creación individual. Lo cierto es que esta auto cultura hecha a partir de su sillón podrá ser más rica que el actual consumo pasivo de programas ajenos y no será menos convivencial que la recepción pasiva de un programa de televisión. Sin embargo, la comunicación a la cual lleva, por más interactiva que sea, no deja de ser electrónica y solitaria.

Falta el vinculo humano de relación directa. En este sentido, el teatro seguirá por mucho tiempo respondiendo a este anhelo del público. Puede ser que el teatro siga siendo el espacio de libertad creativa y de convivencia en la sociedad supertecnificada de mañana. Pero ¿qué tipo de teatro harán estos mutantes escapados de sus computadoras, en busca de contacto humano?…

Así que, para resumir, henos aquí en el reino de don Dólar con su lema «Orden y Negocio». Libertad absoluta: cada uno puede medrar, como en tiempos de Lazarillo. Y el que no medra, reza. Por eso han vuelto los dioses y los curas. Para recordarnos lo poco que somos y lo linda que será la otra vida… con tal que dejemos tranquilos en esta tierra a los que sufren para medrar. Y si no creemos en los dioses, podemos hacer lo que no podía hacer Lazarillo, inventar realidades virtuales, materialización ilusoria de nuestros sueños, para escapar, evadirnos… y no molestar a los que sufren para medrar.

Buscar refugio en los dioses, o evasión en el sueño, ¿es una prueba de que hemos perdido la fe en el hombre? Ya no hay ni ideología ni utopía. Pero hay hombres que lloran, gritan, aman, seres humanos que esperan una mano para recobrar confianza en este mundo caótico…

Claude Demarigny