EL DÉCIMO MILENIO

¿Son las nuevas tecnologías fuente de prosperidad o de desigualdad? ¿Abren vías de comunicación o refuerzan el individualismo? ¿Son instrumentos de poder burocrático o de relaciones flexibles entre las personas y la sociedad? ¿Incrementan el paro o mejoran la calidad del trabajo?…
El desempleo se extiende. La xenofobia y el racismo reaparecen. Estallan nuevas guerras. Los movimientos nacionalistas y los integrismos religiosos renacen. Se anuncia el desastre ecológico. Los roles habituales, tanto sexuales como laborales y familiares parecen modificarse. El individuo está preso en paranoias y psicosis.

Pero hay mucho, muchísimo más. Los piratas informáticos y la realidad virtual. Los horarios flexibles y los contratos basura. Los nuevos virus y la Trilateral. Los alimentos transgénicos y las empresas transnacionales. La televisión por cable e Internet. El G-7 y la generación X y Z. Los genocidios en África y la telefonía móvil. La superpoblación mundial y los CD-Rom. El dinero electrónico y las video-cámaras de vigilancia. Las ETT y las pateras. Las drogas inteligentes, las idiotizantes y las asesinas. La holografía y el chip Clipper. Los ejércitos privados y la comida basura. La robótica y el genoma humano…

¿Algo está cambiando? Sin duda. ¿Tiene profundidad y extensión suficientes para provocar cambios sociales definitivos? Sospechamos que sí. En los próximos párrafos queremos apuntar cómo las nuevas tecnologías, repletas de conocimiento e información, parecen estar modificando el entorno social, la civilización misma.

La info-vida

El microprocesador está a punto de convertirse en parte integrante de casi todas las cosas que hacemos y usamos. Conectados entre sí, formando redes en vertiginoso crecimiento, los ordenadores están remodelando toda actividad humana: trabajar, educarse, divertirse, comprar alimentos o vestidos, comunicarse…

En menos de veinticinco años, los expertos calculan que el mundo se hallará inmerso en la revolución tecnológica más importante de la humanidad.

En este mundo de relaciones virtual -lo que se llama ciberespacio- se han ido colando, uno tras otro, administraciones estatales, centros de investigación, universidades, empresas, científicos, ONGs, ecologistas, pacifistas, subversivos, contrabandistas, ladrones, convictos, fascistas, marginados, vendedores y suicidas.
Quien tiene el conocimiento, la información y los medios de distribuirla posee el control y por lo tanto, la riqueza y el poder.

Dicen que por las redes circulará la humanidad en el próximo futuro. Ya mueven billones de pesetas y aún casi no existen, pero las multinacionales se pelean a morir por controlar el peaje, atentas al negocio de final del siglo y al que será, parece ser, un eficaz instrumento de poder.
La creciente influencia de los ordenadores en las sociedades modernas, algunos la ven como una gran promesa de futuro, mientras que otros la contemplan como una amenaza extrema.
En todo caso, como siempre que en épocas pasadas se innovó la comunicación -herradura y rueda, imprenta, máquina de vapor, coches y carreteras, teléfono y televisión-, el trastorno afectará al orden social, a la naturaleza del trabajo, a las relaciones humanas….

Si la informática está impactando en toda la estructura social, la biología está destinada a sobrepasarla a una velocidad alarmante y fantástica. Hoy se comienza a fabricar materiales vivos del mismo modo que hemos manipulado plásticos y metales. Miles de proyectos de investigación se desarrollan actualmente, desde nuevos medicamentos-bacteria a pinturas biodegradables, pasando por «bichitos» come-chatarra o armas biológicas.

El megaproyecto, quizá, más importante de toda la historia es el «Genoma Humano». Las expectativas son contradictorias. Junto a la esperanza que proporciona la prevención de enfermedades se manifiesta la certeza de prácticas discriminatorias.

Una de las voces más discrepantes advierte que la amenaza no es la manipulación, sino la purificación génica, la eliminación científica y consensuada para suprimir a la mayoría de los seres humanos, los de «peor calidad».
Ya existen miles de secuencias génicas humanas patentadas. Dicho de otro modo: el conocimiento del material de construcción genético del ser humano -de cualquier persona está codificado y tiene un propietario y los demás tendremos que pagar por ello.

En cualquier caso, las implicaciones son inimaginables y es seguro que el impacto sobre el entorno natural y la civilización humana promete ser de la misma naturaleza que, el que supuso en la civilización agrícola, los sistemas de regadío y en la sociedad industrial, los sectores químicos presentes en la alimentación, medicina, plásticos, metalurgia, etc.

La info-estructura

La industria y gran parte de los servicios sufren hoy, una transformación tan profunda como la que experimentó la agricultura a comienzos de siglo, cuando las máquinas desplazaron a millones de agricultores y revolucionó la vida. Los sistemas de redes informáticas y otras técnicas productivas semejantes, están reorganizando las viejas estructuras y jerarquías industriales y modificando los sistemas de producir.

Algunas voces lanzan gritos de alarma: la automatización industrial y la telecomunicación suprimirán en pocas décadas la mayor parte de los trabajos. Los expertos esperan que el desempleo y la precarización aumente sin cesar durante los próximos 40 años mientras la economía mundial incorpore masivas innovaciones tecnológicas.

El premio Nobel Wassily Leontieff, prevé que frente a una reducida y altamente privilegiada clase de especialistas, una masa creciente de personas serán expulsadas «natural y necesariamente» hacia el desempleo.

Los roles sexuales en la economía, el «donde» se trabaja, la distribución del poder político y económico e incluso la actual división entre consumidor y productor, se verán afectadas, causando nuevas y mayores diferencias sociales y llevando a un mundo más injusto e insolidario.
The Economist 1990. «Las instituciones políticas actuales son inadecuadas en términos de escala, estructura y rapidez. Es ineludible reorganizarlas.»

La economía del mundo se estremece. Las tasas de interés serpentean. Las monedas se sobresaltan. Los Bancos centrales compran y venden dinero a carretadas para amortiguar las oscilaciones. El precio del oro bate todas las marcas.
Mientras, la tecnología y las comunicaciones reestructuran los mercados mundiales, haciendo posible la producción transnacional. Y para facilitar estas operaciones están formando una red bancaria electrónica mundial, basada en el ordenador y satélites que enlaza instantáneamente todo el planeta. En definitiva se crea un globo de «moneda digital sin Estado», dinero y crédito situados fuera del control de todo Gobierno concreto.

En los años 80, más de 2.000 empresas transnacionales disfrutaban de recursos líquidos a corto plazo que superan en muchas veces el total de todas las instituciones monetarias del mundo. Sus dimensiones, importancia y poder político han aumentado considerablemente en los últimos 30 años.
Las poderosas corporaciones transnacionales socavan la posición de la nación-estado en el esquema global de las cosas, desplazando instantáneamente miles de millones de dólares a través de fronteras nacionales. Con su poder para desplegar tecnología y actuar con relativa rapidez, han desbordado el poder que en otro tiempo perteneció exclusivamente a la nación estado, recubriendo las estructuras políticas, con una red de instituciones económicas.

Los estrechos lazos económicos entre las naciones hacen virtualmente imposible en la actualidad que ningún gobierno concreto dirija independientemente su propia economía.
Las fronteras son ahora porosas, no sólo en relación a los movimientos financieros, también frente a fuerzas ambientales, culturales y a los flujos de información.
Cada decisión en un país impone problemas o exige respuestas en otro. Sus decisiones, a menudo, provocan repercusiones costosas, indeseadas y frecuentemente peligrosas, tanto a nivel mundial como local.

A una economía mundializada le corresponderán órganos de control y planificación política del mismo ámbito. De acuerdo con la ideología neoliberal, el modelo social que se extiende es el modelo tercermundista. Un archipiélago de zonas y minorías con exagerados privilegios rodeado por zonas y masas donde la carencia, la pobreza o la miseria será la norma.
Los ciudadanos de la mayoría de los países, continúan viviendo mentalmente en un universo que ya no existe -de naciones separadas, de economías y políticas nacionales- y tienen grandes dificultades en pensar en términos de perspectivas globales y de interdependencia.

El info-caos

En nuestro mundo, reina por todas partes la dominación, a veces agobiante y otras cruel. Opresión, guerra, tortura, hambre, muerte prematura, enfermedad, contaminación. Forman parte del orden que vivimos y pocos lo perciben como caos a pesar del sufrimiento que producen.

No obstante, los más optimistas aseguran que la actual revolución tecnológica traerá a la humanidad, un segundo Renacimiento, un aumento del bienestar y la libertad. A pesar de que el uso mezquino de la tecnología nos ha encaramado en la temblorosa corteza de un planeta enfermo y empobrecido en el que la población. aumenta con más rapidez que nunca, provocando fuertes movimientos migratorios.

Sin embargo, otras personas nos avisan del aislamiento electrónico en las relaciones sociales, de la paradoja de una soledad sin intimidad posible. También de los riesgos políticos autoritarios.

En efecto, la informatización desarrolla enormemente la capacidad de vigilancia y control. ¿Qué influencias tienen los sistemas de información electrónica sobre el orden social?

Además, en la actualidad, es tan frecuente y poderosa la sensación de inseguridad que, millones de personas cederían gustosas un poco de libertad -preferiblemente la de algún otro- para hacer menos incierta su tranquilidad.
Asimismo son claros los efectos del derrumbe de creencias y certidumbres -hasta hace poco incuestionables- de las expectativas frustradas y de la angustia creada por los sentimientos de infelicidad y futilidad.

Miles de sectas agrupan a millones de personas en un estallido sin precedentes de dioses y demonios, magias blancas y negras, tarot o extraterrestres. Sólo dos fenómenos lo superan. Jamás se ha consumido tantas drogas, ni se ha hecho de una manera tan compulsiva, irracional y autodestructiva. Tampoco nunca tantas personas han recurrido al tratamiento sicológico para intentar encontrar alivio a su malestar.

La incertidumbre sumisa y el caos mental, es interpretado por unos como síntoma de inmadurez o de ambigüedad moral o ética. Otros, ven en ello el desconcierto, el vacío previo que produce una sociedad que se prepara para dar un gran salto al futuro. Quizá. Pero, ¿qué es el futuro?

No lo conocemos. Pero sí sabemos que, cuando se suceden de modo masivo, simultáneo, innovaciones tecnológicas que afectan a la comunicación y la producción, toda la civilización se ve afectada de un modo caótico y acaba por generar un plano de organización social y modelos de vida radicalmente distintos. Así ha ocurrido al menos dos veces en la historia.

La info-alfabetización

No queremos polemizar contra optimistas o críticos. Hasta ahora las revoluciones tecnológicas han sido inevitables a pesar de que siempre han contado con la violenta oposición de los más perjudicados.

Lo que nos planteamos son sus evidentes consecuencias y la necesidad de reducir la desventaja relativa en la que nos coloca, con respecto al esperable perfeccionamiento de los mecanismos de control, represión y explotación. Y eso sí es responsabilidad nuestra.

Nuestros modos de agrupación, relación y enfrentamiento son desde hace tiempo inadecuados, insuficientes, incapaces y lo serán cada vez más. También nuestra forma de entender y explicar el mundo y nuestros deseos. Eran apropiados para un periodo histórico que agoniza rápidamente.
No queremos morir con él. Esto implica dejar de ser analfabetos funcionales. Observar los significados de cada cambio y analizar sus aspectos; adaptar las estrategias a los nuevos aspectos fundamentales; aprovechar todas las herramientas disponibles.

Pensemos, por ejemplo, en las posibilidades que ofrece el uso masivo de algunas nuevas tecnologías de la comunicación. Permiten realizar asambleas instantáneas sin límite geográfico, foros de debate abiertos permanentemente, formas avanzadas de propaganda, inéditas maneras de realizar boicot y sabotaje, etc.

Adquirir flexibilidad, mejorar nuestra posición relativa respectos a las estructuras del poder, neutralizar con inteligencia y conocimiento las técnicas que utilizan. Es cada vez más necesario y urgente.

IZAR BELTZA
(Iruñako talde anarkista)

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