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Grecia.- El fracaso de Syriza

Jueves 5 de marzo de 2015 por CEPRID

El Lince

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¡Puff! La pompa de jabón explotó. La estrategia de Syriza en Europa ha fracasado miserablemente. Después que Tsipras anunciase a bombo y platillo por televisión que el odiado programa de rescate no sería ampliado y que Grecia tendría un nuevo comienzo sin austeridad (para eso fue elegida Syriza, por cierto) se ha plegado en prácticamente todas las demandas hasta el punto que la Comisión Europea está dando palmas con las orejas de contento.

Syriza, defendiendo lo indefendible, se refugia en la semántica para aparentar que ha ganado y vender a su gente que es así. La campaña lanzada por televisión, radios y periódicos es vomitiva para que la población griega trague con el acuerdo, y está tragando. El periódico del gobierno, Avgi, es como cualquier otro que aquí apoya al PSOE, al PP o a ambos: una mierda. Lo bueno es que en España cada vez se leen menos los periódicos y lo malo en que en Grecia se leen bastante al calor del triunfo de Syriza. De ahí que la campaña loando el “triunfo” (¿?) de Syriza sea de tal calibre que no se pueda soportar. No hay voces críticas, se ningunean y sólo cuando históricos de la resistencia antinazi como Manolis Glezos, hoy eurodiputado de Syriza y el partisano que lanzó al suelo la bandera nazi que ondeaba en el Partenón de Atenas el 30 de mayo de 1941, el primer acto de resistencia contra los nazis en Grecia, critican el acuerdo con "las instituciones", antes llamadas "troika", los medios de propaganda, antes llamados de comunicación, (sí, también les utiliza Syriza) se ven obligados a hablar de ello.

Aún quedan cuatro meses para el acuerdo final, lo que hay ahora es una prórroga, pero cada vez está más claro que hay muy pocas posibilidades de que el programa de Syriza se pueda llevar a cabo. Y no es sólo por la presión y resistencia de la oligarquía europea, sobre todo alemana, y tampoco se puede decir que sea una maniobra táctica de Syriza, como se está empezando a decir sin argumento alguno.

El mandato popular es claro: un programa puente sin medidas de austeridad, para asegurar la liquidez y con presupuestos equilibrados, no reconocimiento de la deuda. Pues no, nada de nada. El gobierno de Syriza tiene las manos atadas en todas y cada una de estas cuestiones y el gobierno de Syriza se ha plegado ante lo que podría suponer una ruptura con las políticas europeas.

Nada en el acuerdo con Europa cambia lo esencial, aunque la palabra “troika” haya sido sustituida por “instituciones” y “el programa actual” en el que se exigía a Grecia continuar con las privatizaciones haya sido sustituido por “arreglo actual”. Se mantiene que serán “las instituciones” las que tendrán la última palabra, lo que significa una reafirmación de que será Alemania quien imponga cuándo y cómo finaliza el procedimiento de evaluación de la antigua troika o nuevas instituciones de los acuerdos. Y para que no haya dudas al respecto, en el acuerdo del martes se afirma específicamente que las instituciones son el Banco Central Europeo y el FMI. Grecia había dicho que el FMI no pintaba nada. Pues vaya si pinta. Sobre todo cuando se dice, y lo ha firmado Grecia, que "las autoridades griegas reiteran su compromiso inequívoco para honrar sus obligaciones financieras con todos sus acreedores”. No soy un experto, pero eso me suena a algo así como “olvidaros de criticar o discutir sobre recortes, reducción de la deuda, cancelación de parte de la deuda y cosas así”. Es decir, olvidaros del núcleo central de los compromisos electorales de Syriza. Sé que aún hay optimistas -¡de nuevo ha salido Zizek a la palestra, aunque ha tardado unos días!-, así que voy a darles un clavo ardiendo para que se agarren a él cual acto de fe de la Edad Media: es posible que se reduzca un poco la presión de Europa porque se dice en el acuerdo que “para la meta del superávit primario de 2015 tomará en cuenta las circunstancias económicas de este año”.

Todo lo que está pasando se puede traducir en una sola y contundente frase: sea cual sea el resultado electoral en cualquier país y el gobierno que surja de él son las instituciones europeas las que deciden. El presidente de la Comisión Europea, Juan Claude Junker, ese que regala todo lo habido y por haber a las multinacionales para que no paguen impuestos, lo ha dicho muy claro: “no puede haber una elección democrática en contra de los tratados europeos”.

No lo dice porque sí. Os repito el punto clave de toda este historia, no desmentido por Syriza: "Las autoridades griegas se comprometen a abstenerse de cualquier desmantelamiento de medidas o cambios unilaterales en las políticas y reformas estructurales que podrían afectar negativamente a los objetivos fiscales, la recuperación económica o la estabilidad financiera, según la evaluación de las instituciones".

Syriza está haciendo circular un nuevo discurso: la emergencia humanitaria. Bonito, pero insustancial. Incluso puede que “las instituciones” se apunten a él y no lo vean con desagrado para evitar que el vaso de la ira popular se desborde. Y no basta únicamente con el salario mínimo (ahora una aspiración para este año y ya no una realidad) o el restablecimiento de la legislación laboral, de los convenios colectivos, sino de introducir cambios en el sistema bancario para reforzar el control público (aunque ya ha desaparecido del lenguaje de Syriza lo de “propiedad pública”). No es en lo único que se está desdiciendo. Ya no hay ni una mención a los cambios estructurales para acabar con las medidas de austeridad.

Syriza ha negociado con una pistola en la cabeza. Pero lo que también es una certeza es que Syriza, voluntariamente, no ha jugado su gran baza: la salida del euro. Y otra gran baza, la salida de la OTAN. Incluso un hipotético acercamiento a Rusia o China.

Sólo hay una respuesta posible: Syriza nunca optó por ello como cuestión estratégica, ni siquiera táctica. O tal vez dado el principal gen de Syriza, la socialdemocracia, pensase que algún socialdemócrata europeo se iba a solidarizar con ellos si ganaban. Tal vez pensasen en los socialdemócratas italianos o en los franceses. Tal vez pensasen que si no se iban a solidarizar enfrentándose a Alemania al menos iban a emitir comunicados y posturas de comprensión. Nada de nada. Aquí fue cuando Syriza entró en un estado de pánico total y comenzó a renunciar a casi todo.

Pero eso deja claro el camino: no es posible una solución positiva para los pueblos europeos dentro del euro. Ya no se puede mantener la ficción (me estoy acordando del programa económico de Podemos) salvo que se intente vender como carne el pescado, como dice un refrán griego.

Syriza está lanzando una impresionante campaña mediática para hacer pasar lo negro por blanco, pero eso no hace otra cosa que ir allanando el camino para nuevas derrotas. En Grecia y fuera de Grecia. Aunque, en apariencia, se ganen las elecciones desde planteamientos supuestamente rupturistas. Desde luego, con el ejemplo de Syriza, la oligarquía europea ya está mucho más tranquila. Como, por ejemplo, los empresarios españoles, que ya no ven a Podemos como la bicha.

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