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Victoria de Syriza, cambio importante en la correlación de fuerzas en Europa

Jueves 19 de febrero de 2015 por CEPRID

Jesús Sánchez Rodríguez

CEPRID

La victoria obtenida por Syriza en las elecciones griegas que le permiten formar gobierno abre grandes expectativas entre los pueblos de Europa y la izquierda, pero también se enfrenta a dramáticos desafíos, fruto de su grave situación económica y del aislamiento político en que se encuentra entre los gobiernos de la UE. Para Syriza la victoria electoral ha sido un largo camino lleno de obstáculos, con las amenazas continuas provenientes del interior y del exterior (la última, el jueves pasado cuando la decisión del BCE de comprar deuda pública por más de un billón de euros, Draghi advertía que Grecia solo podría acceder a esta ayuda si se mantenía bajo la tutela de la troika), pero es la nueva etapa que se abre ahora con su acceso al gobierno cuando empiezan los verdaderos retos y dificultades en las que tanto se juega no solamente el pueblo griego, sino todos los pueblos europeos que vienen luchando contra las políticas neoliberales de austeridad y recortes sociales, y la izquierda europea que intenta canalizar el malestar y las protestas en un programa político que revierta la correlación de fuerzas en Europa.

La izquierda griega ha ganado las elecciones apoyándose en el largo ciclo de protestas y movilizaciones que se abrió en Grecia en 2008 frente a las agresiones sociales impuestas por el establishment europeo a través de la troika (BCE, Comisión Europea y FMI). Pero el gobierno de Syriza hereda un país económicamente devastado por las políticas de austeridad que ha impuesto la troika y que han llevado al país a una situación peor que al inicio de la crisis pese a los graves recortes realizados sobre las condiciones de vida de las clases populares. Así, en 6 años de crisis el PIB ha caído un 25%, la tasa de paro se ha situado en un 26% (53% en el paro juvenil), el 23% de los griegos viven en riesgo de pobreza, la reducción del gasto sanitario ha sido del 9% anual, las pensiones se han reducido entre un 35%y un 50%, 70.000 millones han huido del sistema financiero, y la deuda ha pasado de un 113% del PIB en 2008 a un 175% en 2014.

El programa de Syriza se propone revertir esta situación con varias actuaciones como son las medidas de urgencia destinadas a ayudar a los sectores sociales más damnificados por la crisis y las políticas de recortes, los programas para conseguir la recuperación y el crecimiento económico, la creación de empleo, y las reformas de la administración con el objeto de acabar con la corrupción. Pero todo ello pasa por un punto esencial, la renegociación de la deuda externa y de las condiciones impuestas por el rescate, y este punto se va a convertir, inevitablemente, en un campo de batalla entre el gobierno de Syriza y la troika, en el principal escollo del nuevo gobierno de izquierda para poder continuar con su programa electoral como expresión de los intereses de las clases populares.

Syriza y América Latina: ¿Retos similares?

Las políticas neoliberales que estamos sufriendo los pueblos de Europa, especialmente los del sur, a partir del desencadenamiento de la crisis mundial en 2008 las sufrieron con igual o mayor rigor los países latinoamericanos 15 años antes. Como ahora en Europa, América Latina conoció una rebelión generalizada de sus pueblos contra esas políticas que llevaron a derrocar varios gobiernos y a poner en el poder a gobiernos de carácter antineoliberal. Esta última etapa es la que se acaba de franquear en Europa con la victoria electoral de Syriza en Grecia.

Por ello es necesario hacer la comparación con las tres experiencias que en América Latina desembocaron en la implantación de gobiernos progresistas, Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Es evidente que hay algunas diferencias importantes entre los procesos que precedieron a los actuales gobiernos de izquierda en América Latina y en Grecia. En primer lugar, las luchas sociales en el subcontinente americano fueron más intensas, en Venezuela la rebelión del caracazo producida en 1989 se cobró centenares de muertos y desaparecidos, y abrió el camino a la victoria electoral años de después de Hugo Chávez. En Bolivia y Ecuador, los levantamientos populares derrocaron a varios gobiernos neoliberales de esos dos países antes de que Evo Morales y Rafael Correa consiguieran las victorias electorales que les llevaron al gobierno

En segundo lugar, los actores e instrumentos que llevaron a cabo esas luchas y consiguieron finalmente el poder también son distintos. En América Latina las clases populares que lucharon contra el neoliberalismo estaban formadas por un bloque donde los principales actores fueron los movimientos indígenas y las clases populares urbanas con un débil papel del proletariado como tal. Igualmente, la manera en que alcanzaron esas victorias fueron a través del apoyo, sobretodo, a fuertes líderes populares (Chávez, Evo, Correa) que se sirvieron de organizaciones creadas expresamente para apoyar ese liderazgo, como especialmente se demostró en Venezuela (Movimiento V República) y Ecuador (Alianza País), pero no tanto en Bolivia. Por el contrario, en Grecia los actores principales de la lucha contra las imposiciones de la troika estaban encabezados por la clase obrera, que llevó a cabo multitud de huelgas generales contra las políticas de austeridad, y el instrumento para alcanzar la victoria electoral, Syriza, es un partido fruto de la coalición de otros partidos existentes con un perfil clásico de izquierdas.

En tercer lugar, en los tres países latinoamericanos citados los objetivos planteados y la trayectoria seguida tras la victoria parece dotarles de una voluntad transformadora más intensa que en Grecia. Efectivamente, el objetivo en Venezuela, Bolivia y Ecuador no solamente era derrotar económicamente al neoliberalismo, sino transformar en profundidad las estructuras del Estado a través de los proyectos constituyentes que se llevaron a cabo, que en el caso de Bolivia y Ecuador les trasformaron en Estados plurinacionales. En Grecia, el programa de Syriza es claramente antineoliberal, pero no se plantea un proceso constituyente que transforme en profundidad las estructuras del Estado. Eso no significa que las dificultades para el nuevo gobierno griego no sean menores que las que han conocido los tres gobiernos latinoamericanos citados.

Por último, y este es un punto bastante importante, hay diferencias en las condiciones económicas de partida entre Grecia y los casos de América Latina. Bolivia tenía una importante deuda externa antes de la llegada de Evo al poder, pero en 2005 fue objeto de importantes concesiones por parte de los acreedores internacionales en el cálculo de que así mantendrían en el poder a los gobiernos neoliberales. Sin embargo, la jugada les salió mal y el gobierno de Evo pudo beneficiarse de las concesiones realizadas al gobierno anterior. Pero, además, Bolivia dispone de recursos naturales importantes con los que poder respaldar su economía. Venezuela es un país que vive sobretodo de la renta petrolera (algo que los gobiernos bolivarianos no han conseguido revertir a favor de una economía productiva internamente) y esas riquezas fueron puestas al servicio de una importante redistribución interna a favor de las clases populares (Misiones, etc.) y evitaron que el gobierno de Chávez estuviese atrapado por deudas externas (es más, en mayo de 2007 Venezuela se retiró del FMI y el BM). El caso más parecido a Grecia es de Ecuador, sobre este país pesaba una gran deuda externa que suponía una pesada losa para su economía y exigía enormes sacrificios a la clases populares. El gobierno de Correa aplicó su programa en el sentido de priorizar el gasto social sobre el pago de la deuda y para ello se puso en marcha una importante auditoria de la deuda, utilizando una comisión especialmente designada para averiguar las operaciones ilegítimas. De esta investigación llevada a cabo se desprendió que Ecuador había desembolsado varias veces el valor total de su deuda, a través de distintos fraudes. La consecuencia fue que a la auditoria la siguió una negociación con los acreedores que terminaron aceptando, en un 91% de los casos, un canje de la deuda. Pero además el gobierno de Correa también posee importantes recursos naturales y esta arropado por los otros países progresistas de América Latina.

La situación de Grecia y del gobierno de Syriza

Grecia, por el contrario, se encuentra en una situación en que su economía está asfixiada por la deuda externa, no tiene importantes recursos internos y tampoco gobiernos aliados en Europa que puedan apoyar al gobierno de Syriza en su enfrentamiento con la troika.

“A diferencia de otros países, en el caso griego la crisis se debe sobre todo al endeudamiento público. Tras heredar la deuda de la dictadura de los coroneles, Grecia siguió endeudándose desde los noventa para cubrir el agujero producido en las arcas públicas por la reducción del impuesto de sociedades y sobre las rentas más altas. Sin embargo, los préstamos sirvieron para la financiación de inversiones totalmente cuestionables como la compra de material militar, principalmente a Francia, Alemania (Grecia compró por valor de 5.000 millones de euros submarinos alemanes… con un equipamiento electrónico defectuoso. El gasto militar griego representa el 4% del PIB griego frente al 2,4% para Francia, 2,7% para el Reino Unido o 1,3% para España ) y Estados Unidos, o las infraestructuras de los Juegos Olímpicos de 2004, que de un presupuesto inicial de poco más de 1.300 millones de dólares, se elevó a 14.200 millones. El aumento del gasto público a través del endeudamiento no está exento de corrupción en Grecia. Uno de los casos más sonados, perseguido ahora por la justicia, es el de la alemana Siemens, acusada de pagar sobornos para conseguir contratos con la administración griega.

A partir de 2010, el aumento de los tipos de interés produjo el clásico efecto «bola de nieve». La deuda sigue creciendo a medida que el Estado se sigue endeudando para hacer frente a las deudas acumuladas. El «rescate» del FMI y la UE en mayo de 2010 y las siguientes refinanciaciones de la deuda griega no han hecho más que aumentar esa bola de nieve, para evitar una suspensión de pagos”

Pero no solamente son estos casos de corrupción los que explican la situación económica griega, como indica Dimitris Pantoulas, la pertenencia de Grecia a la UE y a la zona euro la ha aportado beneficios, pero también ha perjudicado a su economía que ha tenido que reestructurarse desde su entrada con la perdida de ventajas competitivas anteriores, “de hecho, liberalizar su comercio supuso un desequilibrio estructural -casi permanente en su balanza comercial que es el que, en última instancia, explica el endeudamiento (externo) actual. Dicho endeudamiento se resume, en buena medida, en pagos por productos importados del norte de Europa lo cual quiere decir que Grecia está financiando, indirectamente, a otros países de la UE.”

En definitiva el endeudamiento externo de Grecia está compuesto de un lado de las debilidades de su economía frente a los países más desarrollados de la UE y, de otro, se trata también de una historia compuesta por corrupciones alentadas por los bancos prestatarios europeos y los bancos y gobierno griego basadas en manipulaciones estadísticas y fraudes contables, todo ello ayudado por la burbuja de crédito fácil y barato bajo el amparo de la solidez de la UE.

Pero si esto son las razones de la deuda al iniciarse la crisis, cuyo montante ascendía al 113% del PIB, son otras las que explican que en 2014 la deuda escalase hasta el 175% del PIB. Entre ambas cifras median las condiciones de dos rescates a Grecia que solo podían llevar a esta situación.

La posibilidad de llevar a la práctica el programa de Syriza para aliviar la situación de las clases populares griegas e iniciar una recuperación de la economía y el empleo pasa inevitablemente por la reestructuración de la deuda griega de manera que se liberen los recursos necesarios para los objetivos establecidos por Syriza, y está promete ser una batalla dura con la troika de resultados inciertos. Efectivamente, si la troika hubiese estado mínimamente dispuesta a contemplar la posibilidad de la reestructuración, entonces hubiese iniciado ese proceso con el gobierno conservador de Samarás, de manera que le hubiese ofrecido un apoyo político frente a Syriza para ganar las elecciones. Pero la política de la troika es la de mantener una posición de poder y dictar el camino del austericidio por el que debe transitar Grecia, de hecho este país se ha convertido en una especie de protectorado de la troika. A Papandreu ya le puso de rodillas en noviembre de 2011 cuando, ante su propuesta de someter a referéndum las condiciones del plan de rescate para Grecia, le hizo claudicar y retirar dicha consulta a cambio del desbloqueo de 8.000 millones de euros de ayudas que el gobierno socialista necesitaba imperiosamente. El siguiente gobierno de coalición entre los conservadores de Nueva Democracia y los socialistas del PASOK tampoco consiguió que la troika se aviniese a aliviar las condiciones de la carga de la deuda y vieron como, a consecuencia de la continua degradación de las condiciones de vida del pueblo griego y la ola de protestas, su apoyo electoral disminuía continuamente, de manera espectacular en el caso del PASOK.

Entre los sectores más duros de la troika su posición es incluso crear las condiciones para una salida de Grecia del euro (Grexit), el gobierno alemán ya ha realizado los cálculos del posible impacto en su economía de esta salida y ha dejado entrever que no estaría en contra de dicha posibilidad. Evidentemente, todas estas amenazas y maniobras han estado orientadas a generar miedo entre el electorado griego con el objetivo de evitar la victoria de Syriza, pero dada el comportamiento histórico de la troika es necesario tomar seriamente sus amenazas de dejar hundir definitivamente a Grecia. No solamente porque no tiene intenciones de conceder a Syriza lo que no hizo con gobiernos anteriores más sumisos y afines, sino porque seguramente primará el objetivo político de dar una lección definitiva a cualquier movimiento contestatario que pretenda cambiar las directrices del establishment neoliberal europeo y cerrar el paso a otros posibles gobiernos de izquierda en Europa, como puede ser el caso español con Podemos

El gobierno de Syriza se encuentra en una posición de doble debilidad en este pulso, debilidad económica por las condiciones de su economía que hemos señalado anteriormente, y debilidad política por no poder contar con gobiernos aliados en la UE que le sean afines y apoyen su demanda de reestructuración de la deuda y de fin de las políticas de austeridad impulsadas desde la Alemania de Angela Merkel. Sin duda que va a contar con el apoyo de las organizaciones políticas y sociales de izquierda en toda Europa, e incluso con posibles movilizaciones a su favor, pero esto, en principio, no será suficiente en su batalla. La troika jugará a dirigir a un callejón sin salida al gobierno de Syriza para, en un momento determinado, llevarla o a la salida del euro, o a convocar nuevas elecciones, o a formar un gobierno tecnocrático de salvación (ya hubo el precedente del antiguo ex-vicepresidente del BCE Papademos que sustituyó a Papandreu en noviembre de 2011). En esta situación la baza fundamental de Syriza es el amplio respaldo electoral conseguido del pueblo griego y el mantenimiento de ese apoyo en su pulso con la troika, y el hecho de que la resistencia a sus imposiciones, sentida como una defensa de la dignidad de las clases populares europeas, pudiese generar presiones internas sobre los distintos gobiernos europeos para modificar la posición de la troika.

Reestructuraciones de deudas que han beneficiado a los países deudores

La posición inamovible de la troika respecto a la deuda griega es claramente una actitud motivada no solamente por objetivos económicos, sino que busca los objetivos políticos que hemos indicado anteriormente. Syriza ha interpretado bien la situación y, por ello, ha esgrimido continuamente el precedente de la reestructuración de la deuda alemana en 1953 para justificar la demanda de reestructurar ahora la griega. Pero no es este el único precedente histórico en tal sentido. A continuación vamos a hacer referencia a varios de ellos y vamos a poner en evidencia las motivaciones políticas que estuvieron detrás de cada uno. Para ello vamos a utilizar los trabajos de Eric Toussain , Oscar Ugarteche y Alberto Acosta , y Juan Camilo Hernández Sánchez . Los casos que vamos a analizar son los de Alemania, Indonesia, Polonia, Pakistán e Irak.

Después de la segunda guerra mundial, Alemania, como potencia perdedora de dos guerras mundiales, arrastraba una pesada deuda por reparaciones de guerra con algunos de las principales potencias vencedoras de las contiendas. En 1953 una conferencia celebrada sobre este asunto concluyó con una reducción de dicha deuda en un 90% y en la concesión de condiciones muy favorables para el pago de la cantidad restante: moratoria de 5 años, devolución en su propia monada (el marco), muy devaluado en ese momento, compromiso de los acreedores de comprar productos alemanes para incentivar su economía, el servicio de la deuda no debía superar el 5% de los ingresos alemanes por exportaciones, y los tipos de interés no podían superar el 5% pudiendo ser revisados a la baja.

En 1953 el mundo estaba en plena guerra fría y las potencias occidentales enfrentadas con la Unión Soviética y en su estrategia de contención del comunismo habían pasado página rápidamente sobre las dos principales potencias responsables de la segunda guerra mundial, Japón y Alemania. Dentro de esa estrategia del capitalismo occidental ya se había puesto en marcha en 1947 el Plan Marshall como una masiva ayuda económica por parte de EE.UU. para la reconstrucción de la Europa devastada. El objetivo político del Plan era explícito y por ello mismo las primeras partidas importantes fueron a parar a Grecia y Turquía, que ya recibían ayuda de la doctrina Truman, a los que se consideraban situados en primera línea de enfrentamiento con la expansión comunista. De hecho, en Grecia el imperialismo inglés estaba apoyando al gobierno griego contra las guerrillas comunistas.

La conferencia de 1953 y la reestructuración de la deuda alemana fue una continuación de dicha política. Ahora se trataba de reconstruir rápidamente la República Federal Alemana y dotarla de estabilidad social frente a la República Democrática creando una potencia industrial y económica en la frontera principal del enfrentamiento con el comunismo en Europa en esos momentos.

Indonesia se convirtió en un país independiente en 1949 con el nacionalista Sukarno como presidente, en 1955 se formó un gobierno con participación comunista como consecuencia de los resultados electorales y en la política exterior fue uno de los principales impulsores del Movimiento de Países No Alineados. La injerencia del imperialismo inglés creando la federación de Malasia llevó a una reacción nacionalista de Sukarno que nacionalizó las empresas privadas extranjeras y abandonó la ONU, el FMI y el BM. La reacción del imperialismo no se hizo esperar, en septiembre de 1965 el general Suharto lanzó una sangrienta represión contra los comunistas, que tenían un importante peso en Indonesia, provocando alrededor de un millón de asesinatos y se hizo con el poder en marzo de 1966. Después Indonesia empezó a recibir ayuda económica de EE.UU. y se reincorporó a los organismos internacionales que había abandonado. En pago por los servicios prestados por Suharto, eliminando la amenaza comunista en Indonesia, las potencias occidentales procedieron a una reestructuración de su deuda. En 1966 debía pagar 534 millones de dólares a título del servicio de la deuda, lo que representaba el 69% de los beneficios de sus exportaciones, pero los acreedores occidentales le concedieron una moratoria hasta 1971, la deuda podría ser devuelta en un período escalonado entre 1970 y 1999, y aceptaron que los reembolsos no superasen el 6% de los ingresos por exportaciones. Todo ello para ayudar a un gobierno no solo dictatorial (a pesar de aparentar ser una democracia), sino profundamente corrupto, como conocían perfectamente las instituciones internacionales.

Polonia fue el primer país del antiguo bloque comunista en iniciar la transición al capitalismo. En esa trayectoria jugó un papel fundamental el sindicato Solidaridad que se convirtió, a través de su actividad electoral, en el primer gobierno post-comunista de Europa del este, y desde esta posición llevó a cabo una terapia de shock, para reconvertir toda la economía estatal en privada, con las más clásicas recetas neoliberales. Las clases populares polacas sufrieron duramente las consecuencias de esta terapia (reducción de la producción industrial en un 30%, tasa del paro del 25% en 1993, 59% de la población viviendo en el umbral de la pobreza en 2003, etc.) y castigaron electoralmente a Solidaridad en las siguientes elecciones. Pero el camino estaba abierto, y en pago por los servicios prestados en el desmantelamiento del “socialismo real”, los acreedores occidentales accedieron a la reestructuración de la enorme deuda polaca (40.000 millones de dólares) en 1991, con una reducción del 50%.

Pakistán es otro ejemplo de reestructuración de la deuda a favor del país deudor por parte de los acreedores occidentales, incluyendo los principales organismos internacionales como el FMI y el BM. Después de los atentados del 11 de septiembre en EE.UU. este país inicia la guerra contra los talibanes en Afganistán, y Pakistán se convierte en un aliado imprescindible en la lucha de los estadounidenses y sus aliados. Pakistán está en ese momento gobernado por el general Pervez Musharraf quién había llegado al poder mediante un golpe militar en 1999. En 2001 Pakistán tenía una deuda externa de 32.800 millones de dólares y los acreedores occidentales inician una negociación para aliviar esa situación en pago por la ayuda inestimable de Pakistán en la guerra de Afganistán. El Club de París, que reúne a los acreedores, decide conceder un período de gracia de 5 años y el FMI le concede un préstamo de 1.400 millones de dólares. En 2003 EE.UU. decide condonar a Pakistán 1.000 millones de la deuda bilateral.

Por último podemos referirnos al caso de Irak, invadido por EE.UU. y sus aliados en 2003, después de derrotar al Sadam, un año después la potencia invasora declara en una reunión del G8 que la deuda del anterior régimen es una deuda odiosa y propone a los acreedores una reducción sustancial de la misma, que asciende a más de 100.000 dólares, para facilitar la reconstrucción del país por las nuevas autoridades. El resultado es una reducción del 80% de la deuda por parte del Club de París y otros acreedores, aunque se evitó utilizar el adjetivo de odiosa.

Conclusiones

Las políticas neoliberales y el austericidio, especialmente impactante en el sur de Europa, han generado la ola de protestas en Europa más importantes desde los años 60-70, pero hasta ahora no habían conseguido transformarse en posiciones de poder. Con la victoria de Syriza en Grecia se ha producido el primer cambio real de relaciones de fuerzas en Europa favorable a las clases populares. Al gobierno de Syriza se le presentan graves retos por delante y una dura lucha frente a las políticas neoliberales de la gran burguesía europea expresadas a través de los dictados de la troika. El pulso fundamental que se abre en estos momentos es por la renegociación de la deuda griega y sus condiciones de pago, punto esencial para poder llevar a cabo el programa de gobierno de Syriza. Como telón de fondo lo que está en juego es si este cambio, iniciado en Grecia, en la correlación de fuerzas en Europa a favor de las clases populares puede ser ampliado con nuevas victorias electorales, como quizás pueda ocurrir este año en España, o será derrotado antes de que sirva de ejemplo. El enfrentamiento del gobierno de Syriza con la troika no tendrá solamente un carácter económico, sino fundamentalmente político, y sus resultados conciernen no solamente a los griegos, aunque a ellos principalmente, sino a todas las clases populares europeas y a las organizaciones sociales y políticas de izquierda.

CAMPAÑA ¿QUIÉN DEBE A QUIÉN? (coord.), Vivir en deudocracia, Icaria Editorial, Barcelona, 2011, págs.. 14-5

Dimitri Pontoulas, ¿Qué está pasando en Grecia?, Rebelión, 06/04/2010

Eric Toussain, Reestructuración, auditoría, suspensión y anulación de la deuda, y El Banco y el FMI en Indonesia: una intervención emblemática

Oscar Ugarteche y Alberto Acosta, Repensando una propuesta global para un problema

Juan Camilo Hernández Sánchez, Análisis del apoyo Político-Militar del Gobierno de Pervez Musharraf en Pakistán a los Estados Unidos y su Guerra contra el Terrorismo en Afganistán, 2001-2007

Jesús Sánchez Rodríguez es doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog:http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la dirección:http://www.scribd.com/sanchezroje


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