CEPRID

EL MÉTODO NORUEGO: SOBRE POLÍTICA DE ALIANZAS Y EXPERIENCIAS DE LUCHA CONTRA EL NEOLIBERALISMO (II)

Miércoles 1ro de agosto de 2007 por CEPRID

Asbjørn Wah CEPRID 16 -VIII -07

Nuestras alternativas

Cuando comenzó el ataque a los servicios públicos en la década de 1980, los políticos neoliberales explotaron el amplio descontento de la población con los servicios públicos asociado a su burocratización, la baja calidad y la accesibilidad limitada. Para aquellos de nosotros que queríamos defender las muchas conquistas obtenidas a través del Estado de Bienestar, era importante admitir estas debilidades, para luchar por mejorar los servicios, pero sin dar lugar a las reformas neoliberales.

Esto se resolvió por medio de una posición de principios contra las privatizaciones y las licitaciones competitivas, al mismo tiempo que aceptamos la reorganización y el desarrollo de los servicios públicos según nuestras propias premisas –y dentro del sector público. En el clima político existente en ese momento, no resultaba fácil mantener esta posición. Las soluciones de mercado eran lo que estaba de moda y la licitación competitiva había llegado para quedarse, esto era lo que se decía. Como sindicato, debíamos centrarnos en asegurar los salarios, las condiciones de trabajo y los derechos sindicales dentro del sistema de competencia, así nos aconsejaban. Ésta era incluso la posición de fuertes corrientes dentro de la dirigencia sindical y del Partido Laborista. Nosotros rechazamos esta posición. Nuestro punto de vista era que la desregulación y la propia privatización representaban una amenaza, que socavaba las condiciones de trabajo. Esta posición central clara determinó que tanto nuestro sindicato como su presidente, fueran sistemáticamente objeto de críticas abusivas en los editoriales de los periódicos dominantes.

Sin embargo, el sindicato no se limitó a una táctica defensiva. También tomó la iniciativa de realizar un esfuerzo ofensivo –a través del llamado Proyecto de Municipalidad Modelo. El sindicato celebró acuerdos tri-anuales con una serie de municipalidades con mayorías políticas afines. La meta era movilizar a los empleados para que desarrollaran y mejoraran la calidad de los servicios públicos –en el marco de que se asumieran las siguientes tres precondiciones: sin privatizaciones, sin licitación competitiva y sin despidos.

El proyecto se formuló y operó como un proceso de abajo hacia arriba, en el que las experiencias, la competencia y las calificaciones de los trabajadores eran el elemento fundamental, en conjunto con las experiencias y necesidades de los usuarios de los servicios. Dos instituciones de investigación independientes hicieron el seguimiento de la primera Municipalidad modelo (Sørum) y concluyeron que: el proyecto había conseguido una mayor satisfacción de los usuarios, mejores condiciones laborales para los empleados y una mejor situación financiera para la municipalidad –una situación beneficiosa para todos (8). Más que nada, esta fue una demostración clara de que la política de privatizaciones no apunta fundamentalmente a mejorar los servicios públicos, sino que se trata de una lucha ideológica y política para cambiar la sociedad a favor de los intereses de las fuerzas del mercado.

El nuevo gobierno de centro izquierda que accedió al poder en 2005, adoptó ahora el Proyecto de Municipalidad Modelo como política gubernamental, lanzando en otoño de 2006 el llamado Proyecto de Municipalidad de Calidad. Se trata en realidad de una versión modificada del Proyecto de Municipalidad Modelo, pero la meta es aumentar la calidad de los servicios públicos y fortalecer la democracia local –sin privatizaciones y sin licitaciones competitivas. Esto fue una victoria importante en la lucha contra las privatizaciones.

Un movimiento sindical políticamente más independiente

Finalmente tenemos el ejemplo de Trondheim, que nos sirvió de enorme inspiración en la lucha contra el neoliberalismo en Noruega. Antes de las elecciones locales de 2003, el consejo obrero de Trondheim, junto con sus socios y aliados, rompió con una vieja tradición sindical. Habitualmente el rol de los sindicatos durante las campañas electorales ha sido apoyar los partidos políticos de izquierda (la mayor parte de las veces al Partido Laborista) y los programas políticos con que realizaban sus campañas.

Antes de las elecciones de 2003 el consejo obrero se transformó en un actor político importante. A través de un proceso general y democrático, se implementaron 19 demandas concretas sobre cómo debía gobernarse Trondheim en los siguientes cuatro años. Las demandas fueron enviadas a todos los partidos políticos –con el siguiente mensaje: estamos dispuestos a apoyar a los partidos que apoyen nuestras demandas. Esto tuvo por resultado un efecto fuertemente educativo sobre varios partidos políticos –entre ellos el Partido Laborista, que no estaba en condiciones de perder el apoyo del movimiento sindical.

La nueva iniciativa de Trondheim tuvo respuestas positivas de la parte del Partido Laborista, el Partido de Izquierda Socialista, la Alianza Electoral Roja, los Verdes, el Partido de los Jubilados y una lista local. El Partido del Centro apoyó cerca de la mitad de las demandas, y como gesto amistoso fue incluido entre los que las apoyaron. Seguidamente, la alianza sindical instó a sus integrantes y a los electores a votar por alguno de esos partidos, al tiempo que continuaba haciendo campaña por su propia plataforma política (las 19 demandas). Ese año se suspendió el tradicional apoyo financiero del consejo obrero al Partido Laborista, ya que los recursos se utilizaron preferentemente en su propia campaña.

De esta manera, un movimiento sindical más politizado fue decisivo para poner en evidencia las contradicciones políticas reales en la sociedad, y también para empujar al Partido Laborista y a otros partidos de izquierda más pequeños hacia la izquierda. El Partido Conservador, que había dominado esta ciudad (la tercera) de Noruega durante los últimos 14 años, fue el principal perdedor de la elección. La alianza política iniciada por el sindicato conquistó una clara victoria, con más del 60% de los votos. Los tres partidos vinculados al movimiento sindical –el Partido Laborista, el Partido de Izquierda Socialista y la Alianza Electoral Roja—lograron por sí mismos la mayoría absoluta de los votos (51%). Los tres, junto con los Verdes, y con una sólida representación proveniente del sindicalismo, trabajaron juntos para desarrollar una plataforma política conjunta para la nueva mayoría. Posteriormente también se les unió el Partido del Centro, en una plataforma que incluyó la mayor parte de las 19 demandas de la alianza sindical.

La plataforma política de la nueva mayoría incluía no sólo terminar con la política de privatizaciones, sino además recuperar los servicios públicos ya privatizados. Hasta ahora, el resultado ha sido que dos guarderías y la mitad de los servicios de recolección de residuos de Trondheim, que habían sido privatizados a través de una licitación en el período anterior bajo la mayoría conservadora, han vuelto ahora a manos del sector público. Lo mismo ha sucedido con el mantenimiento de los edificios públicos. Los beneficios sociales han aumentado, los precios del transporte público se redujeron y se ha introducido un programa amplio de mantenimiento y construcción de escuelas públicas. A través de un acuerdo con los sindicatos municipales, Trondheim ha logrado sumarse a un creciente número de municipalidades modelo.

Antes de las elecciones parlamentarias de 2005, la Confederación Nacional de Sindicatos de Noruega (LO por sus siglas en noruego) siguió parcialmente este modelo. Desarrolló un proyecto de carácter amplio, denominado “Usted decide – LO está de su lado”, para recoger las demandas y prioridades de sus miembros. Se recibieron 155.000 propuestas de los 44.000 miembros. Se identificaron 54 demandas concretas y se enviaron a los partidos políticos. Sus respuestas fueron recogidas y enviadas a los 800.000 miembros, al mismo tiempo que la LO se movilizó a lo largo de la dilatada campaña electoral (9), en pos de un cambio en el rumbo político, incluyendo a la mayoría a favor de un gobierno de coalición compuesto por los tres partidos: el Partido Laborista, el Partido de Izquierda Socialista y el Partido del Centro – que también ganaron la mayoría.

¿Entonces qué es lo que hemos logrado?

La construcción de alianzas, los nuevos movimientos sociales y los sindicatos más politizados representan nuevos elementos que han contribuido en gran medida a la consecución de cambios importantes en la izquierda en Noruega en los últimos años, y como consecuencia hemos obtenido algunas victorias importantes. Hemos estado generando un cambio en la opinión pública, de una situación en la cual la mitad de la población estaba a favor de las privatizaciones a mediados de la década de 1990 a casi el 70% en contra según las encuestas de opinión pública realizadas antes de las elecciones de 2005. Esto contribuyó mucho para que el Partido Laborista pasara de una plataforma pro-privatizaciones a una contra las privatizaciones en ese mismo período.

Hemos conseguido, cada vez más, develar las contradicciones reales de la sociedad y agudizar el debate político ideológico –a tal grado que al proclamar cuál era su principal enemigo en las elecciones locales de 2003, el Partido Conservador señaló al Sindicato de Empleados Municipales y Generales, que obviamente no era una opción electoral, pero que era visto acertadamente de todas maneras por los conservadores como el principal obstáculo que debían enfrentar en su ofensiva neoliberal. Obviamente ésta situación fue altamente positiva para el sindicato, que de esta forma pudo fijar mejor incluso que antes los términos del debate político.

Tanto en el ejemplo de Trondheim como en las elecciones parlamentarias de 2005, se produjo una polarización política mayor que la habitual entre la derecha y la izquierda. Estas experiencias han confirmado en la práctica que cuando las distintas opciones políticas aparecen claramente formuladas, cuando quedan a la vista las verdaderas contradicciones sociales, es allí cuando la izquierda puede movilizarse con mayor éxito. La interpretación simplista de que si los votantes se mueven a la derecha los partidos de izquierda también deben virar a la derecha para poder captar a los votantes de centro, ha demostrado nuevamente ser un error. Los movimientos políticos no son lineales –se trata más bien de intereses en conflicto, tanto como de la claridad o la confusión que exista en el plano político-ideológico.

En el curso de los últimos años, a través de nuestras alianzas, la politización de los sindicatos y nuestras alternativas hemos conseguido enlentecer y parcialmente detener la política de privatizaciones, y de librarnos del gobierno más de derecha y neoliberal que haya tenido nunca Noruega. Lo hemos reemplazado por un gobierno de centro izquierda luego de las elecciones de 2005 en las que los tres partidos políticos tuvieron que hacer campaña con una plataforma anti-privatizaciones, fundamentalmente porque habíamos tenido éxito en cambiar la opinión pública, apoyándonos fuertemente en que la privatización ya no era simplemente una promesa teórica, sino experiencias concretas, muy lejanas a las doradas expectativas alentadas por los expertos neoliberales.

También fue importante, por supuesto, que el Partido Laborista hubiera sufrido una gran derrota electoral en 2001, cuando los votantes lo castigaron por los excesos neoliberales que cometió en el período anterior. La representación del partido se redujo de 36 (en 1997) a 24 por ciento, la menor desde comienzos de la década de 1920. La exigencia de un nuevo rumbo político recibió entonces asimismo un fuerte respaldo de gran parte de las bases del propio partido. Al moverse hacia la izquierda en las elecciones de 2005, el partido recuperó gran parte de su electorado.

La plataforma política del gobierno de coalición de los tres partidos fue en muchas áreas sorprendentemente radical en sus contenidos (10). Como primera medida, el gobierno dio cumplimiento a varias de las demandas más importantes presentadas por los sindicatos y otros movimientos. Se detuvo la privatización de los ferrocarriles. Se detuvo la apertura total a la educación primaria y secundaria privadas (11). La destrucción de la legislación laboral, que tuvo lugar durante el gobierno anterior, fue revertida. Se invirtieron miles de millones en las municipalidades, que son quienes prestan la mayor parte de los servicios públicos. Se retiraron las demandas presentadas en el marco del acuerdo del AGCS en la OMC para que varios países en desarrollo liberalizaran sus sectores de servicios. Y se retiró también a los soldados noruegos de Irak.

¿Un nuevo rumbo político?

No obstante, tras esa generosidad inicial, ha sido difícil, salvo en algunas pocas excepciones, distinguir claramente el nuevo rumbo político progresista del país. Parece que el ala derecha del Partido Laborista ha retomado la ofensiva, mientras el Partido de Izquierda Socialista está mostrando todas sus debilidades –entre ellas su falta de comprensión de las estructuras básicas de poder en la sociedad. Incluso aunque pretenda ser un partido de izquierda socialista, obviamente no tiene una estrategia bien desarrollada para su participación en el gobierno. Los temas en los que el partido ha elegido intervenir en la interna política dentro del gobierno de coalición hasta ahora, han sido la política exterior y las cuestiones ambientales, en tanto que la lucha social está más o menos ausente de sus preocupaciones, a pesar que la brecha de la pobreza aún sigue aumentando –y las políticas de dumping social y anti-sindicales también están en alza. Esta falta de raíces en los movimientos sociales y en la lucha social es la debilidad mayor de este partido político. La construcción de alianzas con movimientos sociales fuera del parlamento es por lo tanto inexistente. Por el contrario, su actitud es alentar a que la gente mantenga la calma “para que podamos llevar adelante nuestras políticas”.

Aun cuando el gobierno de centro izquierda todavía puede adoptar decisiones progresistas, como cancelar la deuda de algunos países en desarrollo, o reconocer al nuevo gobierno de Palestina, parece que el límite es cuando tiene que confrontar fuertes intereses económicos. Las reformas estructurales que pueden contribuir a modificar la correlación de fuerzas y de poder en la sociedad, están absolutamente ausentes. Por el contrario, el gobierno impulsa una reforma del sistema de jubilaciones que debilitará el programa redistributivo de las jubilaciones que hoy existe. También ha propuesto una reforma regional que no asume este momento como una oportunidad para fortalecer y consolidar estructuralmente la democracia local.

Para muchos de nosotros, está claro desde el comienzo que el nuevo gobierno de centro izquierda solamente representa una oportunidad, pero que su transformación en realidades efectivas dependerá de que exista una presión fuerte y permanente desde fuera del parlamento. Hay muchas razones para que esto sea así. En primer lugar, en la era neoliberal se transfirió mucho poder desde los organismos democráticos al mercado. En segundo lugar, el espacio político también se ha reducido a partir de una serie de acuerdos internacionales a lo largo de los últimos 10 o 15 años, entre los cuales el EEE (12) y los acuerdos de la OMC son los más importantes. En tercer lugar, la presión de la derecha política y los intereses capitalistas es muy fuerte, y el gobierno cede. En cuarto lugar, el ala derecha todavía mantiene las posiciones más importantes dentro del Partido Laborista, mientras que el Partido de Izquierda Socialista no tiene ni el enfoque estratégico ni las raíces sociales necesarias para constituir un polo alternativo de izquierda.

En otras palabras, la pobreza política partidaria de la izquierda no ha sido superada. Tampoco los elementos radicales del movimiento sindical u otros movimientos sociales han demostrado ser lo suficientemente fuertes para mantener la presión necesaria sobre el gobierno que muchos consideran como propio, y en el cual, aunque debilitadas, las lealtades todavía empantanan la capacidad y la voluntad de realizar acciones desde la base. La implementación de un nuevo rumbo más a la izquierda, sin embargo, en la actual situación política, dependerá completamente de ejercer una presión de ese tipo.

Hasta el momento, esto ha determinado que sea el partido populista de derecha (El Partido del Progreso) quien se ha perfilado como el gran ganador de las encuestas de opinión desde el ascenso al poder del gobierno de centro izquierda. El neoliberalismo genera bases reales para la ansiedad, el descontento y las contradicciones sociales. La derecha populista se especializa en explotar estos descontentos –y en canalizarlos en direcciones políticamente perversas (contra los inmigrantes, contra las madres solteras, contra los que reciben beneficios sociales, contra los “políticos”, etc). La única manera de contrarrestar esta situación es a través de las políticas de los partidos de izquierda que tomen en cuenta seriamente el descontento de la gente, lo politicen y lo canalicen en una lucha social por soluciones colectivas.

¡La lucha continúa!

La próxima elección parlamentaria en Noruega será en 2009. A continuación planteamos dos hipótesis que podrían ser casos alternativos extremos en el camino a dichas elecciones:

Peor escenario posible: El gobierno de centro izquierda no ha cumplido ni ha estado a la altura de las expectativasgeneradas. El entusiasmo de los movimientos que llevaron al gobierno de coalición al poder, murió. La Campaña por el Estado de Bienestar y las otras alianzas se han desmovilizado. El partido conservador junto con el partido populista de derecha ganan las elecciones.

Mejor escenario posible: El gobierno ha cumplido. Ha introducido un nuevo rumbo político progresista y ha generado entusiasmo en los movimientos que lo llevaron al poder. La Campaña por el Estado de Bienestar y las otras alianzas se han fortalecido, y el gobierno de centro izquierda gana un nuevo mandato para seguir avanzando en el rumbo progresista.

Es demasiado pronto aún para concluir cual de estas dos tendencias principales terminará imponiéndose. Lo que sí está claro, sin embargo, es que el actual gobierno tiene problemas para estar a la altura de las expectativas generadas. Parece como si la mayoría del gobierno definiera un nuevo rumbo político, no como un enfoque general nuevo de la política sino como una lista de temas aislados que serán implementados (¿si se puede?), mientras que la política en general continúa igual que antes- por una senda neoliberal blanda.

Independientemente de lo que depare el futuro, las experiencias más importantes de la lucha política en Noruega en estos últimos años han sido las nuevas alianzas creadas y la independencia política que se ha desarrollado en sectores importantes del movimiento sindical, así como en los movimientos aliados (13) de éste. Son estos elementos los que nos han conducido a las victorias que hemos conquistado. Es allí donde podemos encontrar lo más importante y positivo del Método Noruego. Éste es el potencial al que se puede recurrir para cambiar la correlación de fuerzas y las relaciones de poder en la sociedad ¡La lucha continúa!


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