«SE SIGUE TENIENDO MUCHO MIENDO A LOS MILITARES»

Ekintza Zuzena: En Latinoamérica existe una tradición de dictaduras militares y en general una presencia mucho más evidente del ejército en la vida social. ¿cómo condiciona este hecho la lucha antimilitarista?

Objetor Paraguayo: Eso depende de la situación en cada país. En Paraguay, por ejemplo, la dictadura de Stroessner fue la última en caer. Desde entonces el ejército ha mantenido intacta su estructura y solamente se pasó al retiro a los generales más viejos. Los militares cuentan con igual poder político y económico. No hay que olvidar que en Latinoamérica el estamento militar tiene muchísimos negocios tanto «legales» (empresas, industrias o bancos), como ilegales (contrabando, narcotráfico o extorsión). En este contexto es difícil trabajar. Se sigue teniendo mucho miedo a los militares y su presencia se marca mucho en la sociedad. En esta época de supuesta democracia, lo único que se garantiza es la libertad de expresión. Eso hace que la gente opine, pero de ahí a que se movilice en contra de los militares hay un largo trecho.

EZ: ¿Cómo se ha realizado y cómo se valora socialmente esta transición entre el estado dictatorial y el democrático?

OP: En Paraguay lo primero que hizo el general Rodríguez, promotor del golpe contra Stroessner, fue firmar una carta de intención de pago con el FMI, lo que conlleva unas repercusiones sociales evidentes. Tras el golpe hay como un bajón social, los medios de comunicación se encargan de decir que estamos en democracia y que todo va bien. Tras derrocar al enemigo común la gente se tranquiliza y poco a poco se destruye el tejido social. También influye la caída del muro de Berlín y la pérdida de fuerza de la izquierda. Pero transcurrida una década la gente se pregunta: ¿y la democracia económica? Ahora se puede hablar, pero cada día hay más recortes sociales, aumentan las bolsas de pobreza, y las manifestaciones obreras o las ocupaciones de tierras son reprimidas fuertemente. La población latinoamericana está empezando a tomar conciencia de esta situación. Sólo hay que ver los estallidos sociales que se han producido en Argentina, en Venezuela o en Bolivia.

EZ: De todas formas parece que se está vendiendo que con esta transición resulta difícil que se vuelva a producir una involución militar…

OP: No creo que esto sea así. En Chile, por ejemplo, el poder militar sigue como antes y le es difícil adaptarse. Si el proceso democrático se rompe para ellos no sería ningún drama. Pero sin duda el prototipo es Fujimori. ¿Quién dice que no se puede dar un golpe de estado, disolver el Congreso y no obtener el apoyo de EE.UU.? Todo depende simplemente de qué se vaya a hacer. Lo de la democracia y las libertades públicas siempre pasa a un segundo lugar. En Paraguay hay un general que acumula un gran poder y cada vez que hay un momento político candente moviliza o acuartela las tropas bajo su mando. Eso asusta a la gente, y cambia las situaciones y los resultados electorales.

EZ: ¿Cuáles son los antecedentes y el desarrollo del movimiento de objeción de conciencia en Paraguay?

OP: La objeción nace en 1993, cuando se presentan los primeros 5 objetores, tras un periodo de proyección y de creación de un mínimo colchón social. La repercusión social fue bastante buena y eso ha llevado a que en la actualidad el número de objetores sea de unos 400. Como dato significativo podemos citar una encuesta de 1993 en la que un 86% de los jóvenes se mostraba contrario al servicio militar obligatorio, un 54% estaba en contra de cualquier tipo de servicio y un 48% de la población opinaba que el ejército no tenía razón de ser en un país tan pequeño como Paraguay, con 5 millones de habitantes y 406.000 km2. Aun así, somos el país más militarizado de Latinoamérica con 54 militares por cada 10.000 habitantes, frente a 0’25 enfermeras ó 5 médicos.

EZ: ¿Cuál es vuestro mensaje social y las estrategias que os planteáis?

OP: En 1994 nos constituimos como Movimiento de Objeción de Conciencia, definiéndonos como un movimiento político, antimilitarista y alternativo. Nos plateamos como estrategia la desobediencia civil, política, pública y organizada, la no colaboración con los entes que nos oprimen y la no violencia. En cuanto a las campañas nos planteamos tres: 1) contra el servicio militar obligatorio, con dos subtemas, como son la denuncia de las muertes de conscriptos en los cuarteles (se produce una muerte en extrañas circunstancias cada mes); y la lucha contra el sistema de reclutamiento forzoso, que se basa en que, si los militares no logran completar el cupo necesario, salen a las calles y se llevan a toda la gente joven que no presente su cartilla militar. Se reclutan igualmente a niños de entre 10 y 17 años. Esto ha llevado a que realicemos una denuncia ante la ONU por la privación ilegítima de libertad y por la presencia de niños en los cuarteles. 2) Otra campaña trata de difundir la objeción de conciencia. 3) La tercera campaña se realiza en contra de los gastos militares. En 1994 solicitamos la reducción de un 25% del presupuesto militar, que se gasta, entre otras cosas, en construir un «desfilódromo» que costó 2’5 millones de dólares del presupuesto nacional. En esta iniciativa contamos con el apoyo de todos los colectivos sociales de Paraguay, organizados en torno a los movimientos campesino, estudiantil, barrial y obrero.

EZ: ¿Cómo está el tema legal?

OP: Hay un reconocimiento constitucional de la objeción de conciencia, y ahora se está intentando reglamentar el Servicio Civil. La ley es una copia de la española, con tribunal de conciencia y penas de cárcel militar para los insumisos. Desde luego, nosotros vamos a rechazar esta ley porque no creemos que hacer el Servicio Civil sea una solución a los problemas sociales que hay en el país. Creemos más bien que ello pasa por una distribución de la riqueza y no por que jóvenes por el hecho de serlo tengan que ir a lavar la imagen del Estado y a parchear los agujeros que un régimen militarista deja en la sociedad.

EZ: Háblanos de otras experiencias que se estén dando en Latinoamérica…

OP: En Guatemala existe el grupo CONAVIGUA (Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala) que está trabajando contra el reclutamiento forzoso y por la objeción de conciencia. En Panamá hay un movimiento antimilitarista que lucha porque los militares norteamericano se vayan del país. En Colombia existe el Colectivo de Objeción de Conciencia, aunque los militares no quieren saber nada de malos ejemplos y en la actualidad hay un objetor preso con un año de condena. En Bolivia hay muchas muertes de soldados y existe un colectivo que, sin cuestionar el ejercito y el servicio militar obligatorio, trabaja por un servicio civil obligatorio. En Brasil el servicio Militar no se hace en todo el país, sino que funciona por zonas de influencia de los grandes cuarteles. Existe la posibilidad de objetar, pero dentro del ejército y sin portar armas. En Ecuador el ejército está ahora sumamente legitimado después de la supuesta guerra que mantuvo con Perú y que ha destruido el tejido social con un nacionalismo estúpido. Además, se lograron al 100% los objetivos perseguidos con el conflicto. El ejército ha conseguido el 25% de los beneficios del petróleo, no tener que rendir cuentas de sus gastos al Parlamento y lograr la incorporación de la mujeres al servicio militar a partir de 1997. De Perú no hay mucha información, ya que el régimen fascista de Fujimori hace que cualquiera que quiera levantar la voz sea acusado de colaborar con Sendero Luminoso. En Chile está empezando la objeción y en la actualidad existe una red formada por algunas iglesias. En Argentina el ejército es profesional. Menem optó por esta vía con fines electoralistas y siguiendo las recomendaciones del FMI, que aconsejaban la reducción y la profesionalización de la fuerzas armadas. A nivel latinoamericano existe una coordinación entre diferentes colectivos a través de la Red de Objeción de Conciencia de Latinoamérica y el Caribe, se ha realizado algún encuentro internacional y se edita en común la revista «Objetando».

EZ: ¿Qué actitud adopta el ejército ante la objeción de conciencia y los cambios políticos que se están produciendo?

OP: En Paraguay los partidos de oposición están tratando de restar poder político al ejército, de profesionalizarlo un poco, de quitarle la afiliación a algún partido. Los militares por su parte empiezan a hablar fuertemente en contra de la objeción e incluso consideran que el servicio militar puede estar amenazado. En los demás países el ejército se está reubicando. Es muy significativa la reunión de ministros de defensa latinoamericanos en Miami donde se habla de las nuevas funciones de los ejércitos en estos tiempos que se viven. Aquí se ve claramente que su sentido va a ser la represión interna, escudándose en temas como el narcotráfico.

EZ: En algunos sitios se han dado casos de militares que han apoyado reivindicaciones populares

OP: Se han dado casos, como el de Ecuador, en que el ejército se negaban a reprimir conflictos de ocupación de tierras, alegando que eran gentes necesitadas y que su función no era esa. Esto hace que adquieran una mayor legitimación, a lo que contribuye igualmente que se den un menor número de casos de corrupción. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que estos militares se han entrenado en la «School of America», organizada por los norteamericanos que, como se sabe, son expertos en manejar la opinión pública. Desde luego, no se puede hablar ni de ejércitos populares, ni de militares «rojos». El ejército tiene una misión determinada por su propia estructura.

EZ: ¿Cómo ha influido el EZLN en la conciencia o en la situación social del resto de Latinoamérica?

OP: Más allá de que se esté de acuerdo o no con la lucha armada, uno de los grandes problemas que ha acarreado este tipo de conflictos en Latinoamérica es que se han convertido en un fin en sí mismos y no en un medio para conseguir unas reivindicaciones. Estas, al final, siempre han terminado por quedar olvidadas socialmente. En países donde hay guerrilla o en el caso de Ecuador, el ejército se encubre mucho en este tipo de temas para que la gente se preocupe más de ellos que de sus problemas diarios. En este sentido, yo creo que el Ejército Zapatista ha trabajado muy bien. Es un movimiento que se alza en armas un día para hacer oír su voz públicamente, pero en adelante juega en otro terreno. Eso creo que es lo más rescatable del EZLN: que no es la lucha armada la protagonista, sino su programa de diez puntos. En Paraguay, por ejemplo, el levantamiento chiapaneco supone dentro de los movimientos sociales algo así como la bandera de la esperanza, sobre todo para el campesinado. En otros países como Brasil, se observa que hay movimientos como Los Sin Techo o Los Sin Tierra, que están desarrollando una lucha que a medio o largo plazo puede dar lugar a nuevos levantamientos armados. De todas formas, yo creo que la lucha armada es consecuencia de una dominación y una desigualdad sociales. La solución pasa por las mismas cosas que nosotros pedimos: la desmilitarización de la sociedad y la distribución de los gastos militares en temas sociales como salud o educación. Con una política solidaria, y no individualista o neoliberal, yo te aseguro que nadie se levantaría.

EZ: Paraguay es quizás uno de los países latinoamericanos de los que menos noticias llegan a Europa, ¿Por qué crees que es eso?

OP: Porque somos 5 millones de habitantes y nuestro mercado es muy pequeño. No vendemos, luego no somos importantes para los medios de comunicación. Siempre estamos en el furgón de cola de Argentina o de Brasil, y a nivel exterior nuestra economía no le afecta a nadie. Las pocas noticias que aparecen lo hacen dentro del paquete de Mercosur, sobre la que tanto EE.UU. como la Unión Europea mantienen una pugna por lograr influencia. Por el lado Europeo se están dando múltiples inversiones y se vende mucho lo de los lazos históricos con España. Por parte norteamericana existen un montón de proyectos para tratar de hacer una América unificada. En Paraguay la influencia norteamericana es muy clara, y baste decir como ejemplo que no se mantiene ningún tipo de relación con Cuba.