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ECUADOR.- ¿DE PATRIMONIO NATURAL DE LA HUMANIDAD, GALÁPAGOS SE CONVERTIRÁ EN PORTAVIONES DE ESTADOS UNIDOS?

Lunes 22 de febrero de 2021 por CEPRID

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"Yo he mencionado que las islas Galápagos son para Ecuador como nuestro portaviones, es nuestro portaviones natural, porque nos asegura permanencia, reabastecimiento, facilidades de interceptación y está a 1.000 kilómetros de nuestras costas", aseguraba el Ministro de Defensa del Ecuador, general en servicio pasivo Oswaldo Jarrín, a finales de mayo de 2019, al anunciar que Estados Unidos se ocupará de la ampliación del aeropuerto de la isla de San Cristóbal, que es parte del archipiélago, considerado por la Unesco Patrimonio Natural de la Humanidad.

¿Cuáles son los intereses de Estados Unidos para que quiera modernizar el aeropuerto Baquerizo Moreno de la Isla San Cristóbal? Es muy conocido en el mundo entero que nada hace Estados Unidos por desinterés, pues siempre existió y existe la geopolítica fundamentada en la doctrina Monroe: “América para los americanos” que Donald Trump la puso en plena vigencia con la intención de ampliar su dominio imperial absoluto en América Latina.

Lo que Estados Unidos no ha dicho es que quiere una base aéreo-naval en el Patrimonio Natural de la Humanidad, aunque nunca lo declara así, abiertamente, sino desde el camuflaje de la lucha contra el narcotráfico internacional, mismo argumento que utiliza el ex alumno de la Escuela de la Escuela de las Américas O. Jarrín, que habla de un “triángulo de seguridad” que se conformaría entre Guayaquil, Manta y Galápagos, en la actualidad extendido a Perú y Colombia.

Hermoso triángulo para satisfacer los intereses imperiales que, en la guerra contra el narcotráfico, la ha perdido la que fue iniciada en Colombia en 1990, con el famoso y tristemente célebre Plan Colombia que le permitió apoderarse de nueve bases militares en esa república latinoamericana.

Estados Unidos perdió la guerra contra el narcotráfico iniciada en Colombia, pero ganó un dominio total con nueve bases militares en el territorio colombiano, gastó millones de dólares en modernizar, entrenar y equipar con armamento de última generación a las fuerzas armadas y policiales que, en verdad, nunca combatieron a los narcotraficantes sino a las guerrillas de las FARC y del ELN. Tanto es así que, después del Plan Colombia,

las plantaciones de coca, se incrementaron en unas 70.000 hectáreas, según afirman los expertos en el tema.

Esa experiencia colombiana de nada sirvió en el momento en que Ecuador suscribe un acuerdo con Estados Unidos para combatir el narcotráfico. Según el ministro Jarrín, el Archipiélago de Galápagos, dada su estratégica posición geográfica, se utilizará como parte de un convenio entre ambas naciones de cooperación en materia de narcotráfico y seguridad marítima.

Frente a las declaraciones, actitudes y posibilidades de ese convenio tan publicitado por Jarrín, varios asambleístas ecuatorianos se mostraron molestos con ese proyecto, entre ellos Marcela Cevallos que dijo que es alarmante para quienes luchan por la conservación y biodiversidad, ya que Galápagos es la mayor representación del país hacia el mundo. Anticipó que todos se levantarán ante anuncios de intervención en las islas, como la ampliación de un aeropuerto para las operaciones de aviones extranjeros.

La legisladora Marcela Aguiñaga expresó su preocupación por las expresiones “que con ligereza” fueron pronunciadas por el Ministro de Defensa de convertir a Galápagos en un portaaviones estadounidense.

Israel Cruz comentó que hay una serie de irregularidades que se comenten en las islas como el narcotráfico; y que es necesaria la comparecencia del Ministro de Defensa para que explique el alcance del convenio de cooperación con Estados Unidos.

El asambleísta Carlos Viteri, comentó que el anuncio del gobierno de convertir a Galápagos en un portaaviones, es una sumisión a EEUU, y una apología al vasallaje.

“Lo que está planteando el gobierno a través del Ministerio de Defensa es inaceptable y se debería prohibir el hecho que se pretenda ceder un centímetro de territorio ecuatoriano”.

Carlos Espinosa, analista, profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la Universidad San Francisco de Quito, sostiene que Ecuador va a permitir el uso de Galápagos para el abastecimiento de combustible y aterrizajes de emergencia de aviones de vigilancia anti-narcóticos, Orión P-3 y Awak del Comando Sur de EEUU. La noticia ha venido acompañada de la desafortunada expresión del Ministro de Defensa Oswaldo Jarrín de que Galápagos es un “portaviones natural”. ¿Qué motivó un acuerdo bilateral en este sentido?, ¿y de parte de Ecuador es correcta la decisión de abrir a Galápagos a operaciones de corte militar por parte de una potencia extranjera, aunque sean muy limitadas?

El profesor decía que EEUU ha negado la existencia de un acuerdo para el uso militar de Galápagos e incluso de negociaciones al respecto. La negación seguramente es parte de una estrategia de mantener las operaciones militares estadounidenses en otros Estados en un plano informal para impedir cuestionamientos de sus sociedades civiles. Si no hubiera un acuerdo de este tipo, es improbable que el Ecuador hubiera anunciado su existencia, así que se puede dar por hecho que es una realidad.

El acuerdo de Galápagos se enmarca en la pugna geopolítica continental que se está librando en este momento. Hay una puja por definir si América Latina va a optar por el multi-polarismo o el uni-polarismo. La opción del multipolarismo cobró fuerza con los gobiernos de izquierda que buscaban minimizar las relaciones con EEUU e incrementar la interacción con China y Rusia, ambas potencias que intentan balancear el poderío norteamericano. En ese contexto, los pocos gobiernos de derecha, como los de Colombia y Perú, se mantuvieron leales a EEUU. Ahora con el giro regional a la derecha, se ha fortalecido la opción unipolar. Claramente, Brasil se ha realineado con EEUU en búsqueda de beneficios económicos o una identidad de régimen opuesta a la que había existido bajo los gobiernos de izquierda. En Venezuela, en cambio, la pugna entre los exponentes del multi-polarismo y los del uni-polarismo se mantiene intensa, y a largo plazo, su desenlace incidirá en la orientación geopolítica del continente.

El Ecuador claramente ha optado por el unipolarismo. La remoción de Julián Assange de la Embajada en Londres y la creciente cooperación con EEUU en el control de la frontera norte lo comprueban. El acuerdo sobre Galápagos se fundamenta en una aparente coincidencia de intereses entre Ecuador y EEUU en el campo de la seguridad. EEUU busca patrullar el Pacífico occidental para frenar el narcotráfico y Ecuador quiere contrarrestar la penetración del crimen organizado y al mismo tiempo las incursiones de las flotas pesqueras chinas.

No obstante, vale preguntarse si conviene realmente al Ecuador permitir el uso del aeropuerto de San Cristóbal a los aviones de patrullaje norteamericanos. A los ecologistas preocupa la posible afectación a los frágiles ecosistemas del archipiélago. Obviamente, todo manejo de combustible, sobrevuelo y aterrizaje, diurno y nocturno, tiene un impacto… Pero la política de conservación ambiental no solo implica las acciones materiales para asegurar la integridad de los ecosistemas, sino también los mensajes que se emiten al respecto. En el plano de la política simbólica, ¿quiere el Ecuador realmente presentarse ante el mundo como un Estado que permite el uso militar de Galápagos a una potencia externa o más bien demostrar al mundo que el Ecuador es un custodio ideal de este patrimonio de la humanidad. El interés global que ha generado la noticia del acuerdo indica que a la opinión pública mundial le sorprende que el Ecuador permita el uso militar de Galápagos. Adicionalmente, la noticia ha visibilizado el hecho de que Ecuador ha abandonado los límites al turismo de Galápagos y que este ha aumentado significativamente en la última década con la proliferación de hoteles en las islas. Quizás esta coyuntura sea provechosa para repensar la política de conservación del archipiélago.

ENTREGUISMO Y VASALLAJE

En pleno siglo XXI el imperio yanqui aún aspira a convertirse en amo y señor del Ecuador y de todos los países de América Latina. Tiene vasallos que, en cada gobierno, de rodillas, quisieran entregar sus patrias “para mayor gloria” de Estados Unidos. Así, independencia y soberanía se acabarían en medio de la orgía capitalista de las derechas neoliberales que solo quieren acumular fortunas dolarizadas, sin que les importe sus patrias y sus pueblos a los que sólo explotan inmisericordemente.

En los últimos tiempos se ha visto la cara del entreguismo total, nada menos que de la mano de un ex general de las Fuerzas Armadas del Ecuador, ministro de Defensa del gobierno de L. Moreno. Naturalmente que su conducta antipatria, tiene el apoyo de otros militares tanto en servicio activo como pasivo, cuando los soldados debían ser ejemplo de patriotismo y defensa de la nación. En cuanto a la entrega del aeropuerto de la Isla San Cristóbal de Galápagos, todos los que se unen a esa nefasta tesis, quieren justificar esa acción al decir que la intervención de Estados Unidos es fundamental para combatir el narcotráfico internacional, el crimen organizado y la pesca ilegal.

Nunca piensan en la histórica y permanente ambición de Estados Unidos de apoderarse de las islas Galápagos que de patrimonio de la humanidad parará a ser portaviones de Estados Unidos que siempre ha querido apoderarse de las Islas Galápagos (pertenecientes a Ecuador) invocando la política del Buen Vecino y la doctrina Monroe. Durante la segunda guerra mundial ocupó manu militari el Archipiélago durante 7 años. Actualmente, el gobierno de Lenín Moreno ha llegado a acuerdos con EEUU, de los cuales no se conoce su contenido, que permitirían a los militares extranjeros utilizar el aeropuerto de la Isla San Cristóbal, sostienen los analistas e historiadores internacionales Eduardo Tamayo G. y Helga Serrano Narváez, en un reciente estudio sobre la situación de las Islas Encantadas

Afirman que en las Islas Galápagos operarán los aviones estadounidenses Orión P3 y Awaks, para la lucha contra el narcotráfico y la pesca ilegal, indicando que desde las islas se puede asegurar “permanencia, reabastecimiento y facilidades de interceptación”. Añadió que en función de esas operaciones, el aeropuerto de la Isla San Cristóbal sería ampliado y que “Estados Unidos se va a encargar de mejorar las condiciones, especialmente de reabastecimientos”, como intentando calmar las voces que cuestionan su entreguismo. Jarrín dice que “cada operación será escoltada por oficiales ecuatorianos”. Tanto Jarrín como Norman Wray, presidente del Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos, han indicado que no se está instalando una base militar extranjera y por tanto no se quebranta la Constitución. Precisamente para evitar una nueva situación como el uso de la Base de Manta por fuerzas estadounidenses, la Constitución aprobada por el pueblo ecuatoriana en 2008, dice en su Artículo 5: “El Ecuador es un territorio de paz. No se permitirá el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. Se prohíbe ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras”.

El artículo constitucional es muy claro, señala que no se permitirá el establecimiento de bases militares e “instalaciones extranjeras con propósitos militares”. Este sería el caso de lo que se proyecta para Galápagos: si no se trata de una base en el sentido clásico, se trata, sin duda, de instalaciones extranjeras (aviones, equipos de reabastecimiento, personal militar, etc.) en un aeropuerto ecuatoriano. Además, en este caso, se estaría cediendo una base militar a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras como se estipula en el Artículo 5 de la Constitución.

Pero Galápagos no sería el único “portaviones” de una fuerza aérea extranjera en el país, sino que habría otros dos más: el de Guayaquil y nuevamente el de Manta. Según el diario El Comercio del 19 de junio, “una vez que entren a operar las aeronaves desde Galápagos, la idea del Gobierno es crear el denominado “triángulo de seguridad”, que lo conforman Manta y Guayaquil. Eso ocurre porque en este momento el Orión P3 y el Awac ya vuelan desde el Puerto Principal y también lo pueden hacer desde la capital manabita

La anunciada presencia militar estadounidense en las Islas Galápagos es el resultado de los acuerdos de cooperación entre el actual gobierno del Ecuador y Estados Unidos, particularmente en el campo militar. Estados Unidos pretende reinstalarse en el país andino, tras una década de distanciamiento, con el mismo argumento utilizado para la instalación de la Base de Manta: el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.

Según el Departamento de Defensa de Estados Unidos, las OCS pertenecen a la Agencia de Asistencia de Seguridad de Defensa y su rol es realizar acciones que “promuevan los intereses de seguridad específicos de los EE. UU., incluidas todas las actividades internacionales de cooperación de armamentos y actividades de asistencia de seguridad”.

Con la justificación de la ‘cooperación’, fuerzas militares estadounidenses han retornado a Ecuador, lo que constituye un descarado entreguismo de un país aparentemente libre y soberano a la que fue a la primera potencia mundial en armas y en economía, que en estos tiempos ha pasado a ser una ex potencia unipolar, en vías de desaparecer. Ahora es una potencia de segundo orden, pero el Ecuador sigue subyugado como prestándose para una comedia de sometimiento y vasallaje con el pretexto yanqui de combatir el narcotráfico internacional cuando bien se sabe que el poderoso imperio ha sido derrotado porque es la primera potencia mundial en consumo de estupefacientes y substancias sicotrópicas ¿Acaso se ha visto que Estados Unidos, dentro de su territorio, haya capturado a los grandes capos de la distribución y venta de drogas? Nunca, pero si hacen grandes escándalos a través de sus medios de comunicación cuando con los agentes de la DEA o de la CIA, y otras agencias yanquis, capturan a los capos de las mafias narcotraficantes en Colombia o México y qué grandes escándalos producen cuando a la Casa Blanca se le ocurre gritar que tal o cual presidente o altos funcionarios de algún gobierno desafecto a los dictados de Washington son acusados de narcotráfico, de narco lavado de dinero, y hasta los sancionan y se quedan con dineros depositados en los bancos estadounidenses. Los escándalos se multiplican a través del poder mediático mundial del que son dueños absolutos.

El problema de las drogas y de los narcotraficantes es real, pero no se soluciona con la captura de cien o doscientas, o mil toneladas de droga, sino con una política concreta al interior de Estados Unidos que resuelva los problemas del narcotráfico y del lavado de dinero que, se sabe, lo ejecutan los grandes bancos estadounidenses.

Tampoco Estados Unidos ha explicado jamás, por qué ingresan a su territorio miles de toneladas de droga, si se ufana con tener las fronteras más vigiladas del mundo; es decir que a Estados Unidos no entra ni una mosca, sin el consentimiento de sus guardias fronterizos, militares de toda laya y miles de agentes de la DEA, FBI, CIA, Seguridad Nacional y decenas de otros organismos, como no los tiene ningún otro país en toda la tierra.

Sin embrago quiere más bases militares y busca métodos y sistemas que le permitan quedarse con Galápagos o con una buena parte de ellas. “El rol de las bases militares de EEUU tanto en América Latina como en el resto del mundo en la “guerra contra las drogas” debe ser debatido porque genera muchas dudas.

En Colombia, por ejemplo, las 9 bases militares que Estados Unidos tiene instalado en ese país y los cientos de millones de dólares invertidos desde la puesta en marcha del Plan Colombia en el año 2000 ciertamente no han servido para disminuir la producción y tráfico de la cocaína y otras drogas prohibidas.

La ONU dio a conocer el Informe Mundial de Drogas en el que se señala que la producción mundial de cocaína en 2019 llegó a las 1.976 toneladas, con un aumento del 25 por ciento con relación a 2016. En ese contexto, Colombia, con más de 200.000 hectáreas de coca sembradas, produjo el 70% de la cocaína de alta pureza en el mundo. Lo mismo podríamos decir de Afganistán donde también la producción y tráfico de heroína se han incrementado desde que Estados Unidos y los países de la OTAN lo invadieron en el año 2001, tras el derribo de las Torres Gemelas en Nueva York (9).

Entre los “peligros” y “amenazas” para su país, el Comando Sur de EEUU menciona a Cuba, Venezuela, Bolivia, el narcotráfico, redes ilícitas regionales y transnacionales, la mayor presencia de China, Rusia e Irán en América Latina y el Caribe y el auxilio ante desastres. Según el periodista cubano Raúl Capote Fernández, “el objetivo del imperio es incrementar la presencia militar en la región con el fin de asegurar sus intereses hegemónicos en el hemisferio, consolidar un frente contra Venezuela y perpetuar su dominio sobre los inmensos recursos económicos de América Latina y el Caribe” (11).

El ecuatoriano Octavio Latorre, uno de los más destacados investigadores de las Islas Galápagos, sostiene que Estados Unidos “preparó desde 1920 todo para una ocupación de las islas, basado en los hechos consumados y en la política del Buen Vecino, en realidad en la política del más fuerte”. Se puede agregar que Estados Unidos también ha actuado bajo la doctrina Monroe sintetizada en la frase “América para los (norte) americanos” en la disputa por la dominación del continente con las antiguas potencias coloniales europeas.

Los anuncios de las autoridades ecuatorianos con relación a la presencia militar de una potencia extranjera en las Islas Galápagos intentan minimizar los impactos que esto tendría y tranquilizar a la ciudadanía, pero hay dudas sobre la palabra oficial sobre todo por las contradicciones y el secretismo que hay en todo este asunto como ya sucedió durante la ocupación de las Islas Galápagos en la segunda guerra mundial y la instalación de la base de Manta en 1999. Ante esto cabe plantear algunas preguntas ¿Cuál es el contenido y el alcance de los acuerdos de cooperación con Estados Unidos? ¿Qué tiempo durará la ocupación no solo del aeropuerto de Galápagos sino de los de Guayaquil y Manta? ¿Cuál es el estatuto legal del personal militar de Estados Unidos?, preguntaban Eduardo Tamayo G. y Helga Serrano Narváez.

En el Gobierno de L. Moreno existe cierto hermetismo en el momento de informar, oficialmente, sobre el acuerdo firmado con Estados Unidos acerca del uso del aeropuerto de la Isla San Cristóbal, que desde el mismo Ministerio de Defensa y oficiales de la Armada ecuatoriana se dijo que Estados Unidos se encargaría de ejecutar todos los procesos de modernización para que ese aeropuerto sea utilizado por sus aviones Orion P3 y Awaks.

Sin embargo, fuentes oficiales informaron que el Gobierno Nacional destinó un presupuesto de $ 4,6 millones para remodelar el aeropuerto Baquerizo Moreno de San Cristóbal, provincia de Galápagos, dentro del plan de modernización del Sistema Aeroportuario de Ecuador.

El Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) informó que la empresa Obras y Servicios Tex S.L. ejecutará la remodelación integral y ampliación del edificio terminal de 3 800 metros cuadrados y la remodelación del hangar de servicio contra incendios de 335 metros cuadrados.

ESTRATEGIA DE SEGURIDAD MARITIMA REGIONAL Y EL TRIÁNGULO DE SEGURIDAD

En un comunicado oficial, la Armada del Ecuador, a través de la Academia de Guerra Naval y su Director, el Capitán de Navío Luis Piedra Aguirre, el viernes 25 de septiembre de 2020 a las 11h00, organizó y llevó a cabo una conferencia magistral con el tema “Estrategia de Seguridad Marítima regional y el triángulo de seguridad”..

Se informó que la conferencia fue impartida por el Ministro de Defensa Nacional GRAD Oswaldo Jarrín Román, de manera virtual y sincrónica. Expresó que somos un país marítimo y que esto es el principal baluarte que se tiene para el desarrollo del progreso que a partir de la soberanía tienen como finalidad última el bienestar de la población del Ecuador y de la región, además de experiencias y un intercambio de ideas que no hace sino recoger todo lo que la tradición y el desempeño de nuestra Armada del Ecuador están logrando a contribuir a la seguridad del país.

En la actualidad la problemática de la Geopolítica y Geoeconomía son teorías que se encuentran vigentes que han evolucionado y se complementan con la finalidad de proteger los recursos y captar tecnología estableciendo un escenario global; esto es la importancia del escenario regional, determinando las amenazas riesgos y oportunidades para el Estado ecuatoriano al analizar la situación actual la clave es la propuesta que se determine para alcanzar la seguridad marítima regional, neutralizando o eliminando las amenazas.

También se dijo que el Ministerio de Defensa del Ecuador, alista los detalles de lo que será el “Triángulo de Seguridad”, para poder combatir al narcotráfico, intervenir sus corredores al norte y sur de Galápagos y que son utilizados como salida hacia rutas de Centroamérica y Norteamérica.

¿Pero en que consiste este proyecto? Se le denomina así, porque involucra a tres ciudades: Guayaquil, Manta y Galápagos. La idea es que los aviones estadounidenses que sobrevuelen por este ‘triángulo de seguridad’ y que cuentan con el equipamiento, identifiquen las embarcaciones que podrían llevar cargamentos de droga o que estén en actividades de pesca ilegal.

En Guayaquil ya operan las dos naves. En la segunda también pueden hacerlo y falta activar la pista de San Cristóbal, según informaba el Diario El Comercio de Quito.

Por su parte, el comandante General de la Marina, Calm. Darwin Jarrín, se refirió a la necesidad de implementar un triángulo de seguridad marítima.

Estados Unidos busca en Ecuador un aliado dentro de su estrategia de seguridad regional. El control al narcotráfico, minería ilegal, lucha contra la corrupción y el fortalecimiento en ‘ciberdefensa’ son los ejes de trabajo. Este apoyo fue comprometido en la última visita del gobierno del presidente Lenín Moreno a ese país. Acuerdos similares ya se ejecutan en Colombia y Perú desde hace décadas. En 1999 Estados Unidos y Colombia empezaron un trabajo en conjunto para frenar la actividad guerrillera, el narcotráfico y los crímenes violentos. En el 2019, esos gobiernos firmaron un convenio de cooperación sobre la gestión de activos incautados al crimen organizado, entre estos la minería ilegal, y al narcotráfico. El acuerdo buscaba agilizar que los bienes ilícitos dejen ingresos legales para el Estado. En 2018, Perú y Estados Unidos acordaron continuar en el desarrollo de estrategias conjuntas para combatir el tráfico de drogas. Esto, una vez que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con “frenar la ayuda a países productores de drogas”. Esas naciones formalizaron su lucha conjunta contra este mal desde el 2012. Ecuador se mantuvo al margen de los acuerdos de seguridad con Estados Unidos durante los 10 años del gobierno del exmandatario Rafael Correa. El punto más visible fue la no renovación, en el 2009, del acuerdo para que el Ejército norteamericano ocupe la base de Manta. Además, en la Constitución del 2008 (art.5) se dispuso que “no se permitirá el establecimiento de bases militares extranjeras”. A esto se suma la expulsión del primer secretario de la Embajada de Estados Unidos en Quito, Max Sullivan, en 2009 por una supuesta injerencia del diplomático en la Unidad de Investigaciones Especiales. En la actualidad, el país tiene una estrategia de seguridad que involucra a sus vecinos y a Washington. El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, hizo una presentación de la denominada Estrategia común de seguridad regional en el Colegio Interamericano de Defensa-EE.UU. Además, esta información fue compartida directamente con funcionarios del presidente Trump. Ecuador pretende crear un “triángulo de seguridad” para la lucha contra el narcotráfico y la pesca ilegal en el Pacífico sur. La idea es crear acciones conjuntas entre los puertos de los tres países dentro del espacio marino bajo su jurisdicción. Galápagos funcionaría como una pieza clave, porque sería el punto de unión de este triángulo tripartito. Ecuador ya maneja una estrategia de seguridad en forma de triángulo, pero a menor escala. Actualmente, se trabaja en conjunto entre los puertos de San Lorenzo (El Oro), Posorja (Guayas), Manta (Manabí), Esmeraldas con Santa Cruz, en Galápagos. La idea sería ocupar más espacio con la ayuda de sus vecinos y con apoyo norteamericano. Para Estados Unidos, los problemas de las actividades ilícitas en esta región no son menores. En el encuentro presidencial, el presidente Donald Trump le dijo a Moreno que Ecuador debe profundizar el combate al narcotráfico. El Presidente de EE.UU. también ha exigido de Perú y Colombia mayor control. El Informe Mundial sobre las Drogas señaló que el 70% del área de cultivo de coca en 2017 correspondió a Colombia, el 20% a Perú y el 10% a Bolivia. En esta publicación, que es un insumo mundial para las respuestas de salud y justicia penal, se señala que la producción de cocaína en los tres países andinos aumentó un 25% respecto al 2016. Jarrín ha manifestado que Ecuador sigue siendo un territorio libre de cultivos de coca. Todavía no se conoce el monto que estaría dispuesto a invertir la administración Trump en Ecuador. En el caso colombiano, se cifró en USD 6 000 millones lo aportado por Washington desde el 2000 hasta el 2008, según una publicación de la fundación InSight Crime, una fundación dedicada al estudio del crimen organizado. En cambio, la inversión en Perú para combatir el narcotráfico a través de entrenamientos policiales y programas de desarrollo para erradicar los cultivos ilícitos, tuvo una inversión de USD 293 millones. Publicaciones oficiales refieren que esa inversión es desde el 2008 hasta el 2012. Por lo pronto, Ecuador, luego de la visita oficial, logró la firma de los acuerdos de cooperación para el intercambio de información marítima y aérea para la lucha contra el narcotráfico, la decisión de Estados Unidos de continuar con el apoyo del avión P3 o DC8 para exploración aeromarítima. También se consiguió el compromiso norteamericano de proporcionar sistemas de comunicaciones para las unidades de FF.AA. ecuatorianas, la cooperación para el desarrollo de los sistemas de ‘ciberdefensa’, la gestión para materializar una nueva visita del buque hospital USNS Confort, y la gestión para la obtención de un radar que permita detectar naves irregulares, según informaba el Diario El Comercio.

Galápagos siempre es un objetivo de Estados Unidos. El pueblo ecuatoriano no permitirá jamás que se convierta en una base aérea, marítima, militar del imperio. Es un patrimonio natural de la humanidad que debe mantenerse al costo que sea necesario.

tribunalpazecuador@yahoo.com


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