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Bielorrusia.- Los intereses que están detrás del actual conflicto político

Lunes 21 de septiembre de 2020 por CEPRID

Alberto Cruz

CEPRID

Bielorrusia se encuentra en una de las principales líneas divisorias producidas por el actual conflicto entre los actores políticos mundiales. Es uno de los más claros exponentes de la geopolítica actual. Este enfrentamiento, que adquiere cada vez más los contornos de un nuevo tipo de guerra fría para lo que concierne a la ex República Soviética, incluye varios aspectos: desde el choque geopolítico entre diferentes bloques hasta la mezquina competencia económica pasando por unos sorprendentes aspectos internos donde el comportamiento paternalista de Lukashenko tiene mucho que ver.

Los principales competidores mundiales: EEUU, la Unión Europea, Rusia y China tienen intereses importantes, en cierto modo vitales, en este territorio que es el centro neurálgico de la intersección a lo largo del eje euroasiático a nivel económico y, de hecho, un estado amortiguador entre la expansión hacia el este de la OTAN y la profundidad estratégica de la Federación de Rusia hacia el oeste. Por no hablar de su importante papel dentro de la Nueva Ruta de la Seda china.

Con estas premisas y todas las contradicciones sociales presentes en la sociedad bielorrusa -sobre las que se injertan las movilizaciones contra los resultados electorales del 9 de agosto- es evidente que el juego que se juega en el país es muy complejo. El hipotético "fraude electoral" de un presidente reconfirmado en cualquier caso con el 80% de los votos oficialmente, más del 60% en cualquier caso según incluso ciertos sectores opositores que llegaron a reconocer que “no habían sido capaces de ganar”, son un pretexto para “forzar el horizonte” y dictar una agenda política que rompa sustancialmente con el último cuarto de siglo en Bielorrusia, donde el mantenimiento de lo público sobre lo privado ha sido la norma diferenciadora de este país respecto a otros del Este de Europa que antaño formaron parte de la desaparecida Unión Soviética.

Este intento de explotar las contradicciones internas es plenamente atribuible al deseo de fomentar la movilización masiva reaccionaria y de corte prooccidental de capas de subordinados para cambiar el equilibrio de poder en el campo entre los diversos intereses opuestos, beneficiando a aquellos intereses parcialmente excluidos de la gestión económica y la gobernanza política actual. Es, en esencia, una forma de “revolución de color suave" disfrazada de transición democrática en la que está históricamente probado que los trabajadores y trabajadoras tienen poco que ganar.

Sin duda alguna, este es el camino tomado tanto por la "líder" de la oposición Svetlana Tikhanovskaja autoexiliada en Lituania como el de los otros seis miembros del autoproclamado Consejo de Coordinación, incluida la reconocida escritora, ganadora del Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexievich, quien actúa realmente "en nombre de terceros", especialmente Polonia porque siempre ha dicho que el pueblo bielorruso es polaco (además de ser una rusófoba empedernida, y por eso le dieron el Nobel). De hecho, después de una cumbre virtual de líderes de la UE, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, prometió que la Unión " impondría rápidamente sanciones contra un número sustancial de personas responsables de la violencia, represión y falsificación de resultados electorales ". Ya lo han hecho, hasta un total de 40 cargos, además de no reconocer a Lukashenko como presidente de Bielorrusia. Y esto ha sido así por constatar que no ha habido deserciones entre la élite dirigente, que el número de traidores ha sido insignificante (solo un par de embajadores); nada que ver con lo ocurrido en la URSS cuando todos corrían hacia Yeltsin o lo ocurrido con muchos generales libios que abandonaron a Gadafi a las primeras de cambio. Esa es la ejemplaridad de las sanciones: se sanciona a los leales porque no se puede recompensar a los traidores.

Una posición muy clara de injerencia en los asuntos de un Estado soberano, del que el autoproclamado Consejo de Coordinación es claramente la "quinta columna" y refleja la "duplicidad moral" de una clase dominante continental que denuncia las presuntas violaciones de los derechos humanos cuando este reconocimiento se combina con sus objetivos de política exterior. Las clases subordinadas de toda la Unión Europea y en particular las de los estados periféricos, saben bien que detrás de la fachada democrática las oligarquías europeas esconden un rostro hecho de torsión autoritaria, combinada con austeridad económica y política neocolonial (el caso francés en Líbano es significativo) que se ejerce sobre los pueblos en busca de su autodeterminación. Solo con esta premisa es entendible la actitud occidental con Bielorrusia, exactamente la misma que antes se utilizó con Venezuela, o la que se lleva a cabo con Nicaragua o la que encubrió el golpe contra Evo Morales en Bolivia. O, por no utilizar símiles latinoamericanos y sí más cercanos, la misma que se utilizó en Ucrania en 2014.

Al mismo tiempo, si la estructura de poder actual bielorrusa demuestra una capacidad de resiliencia suficiente - y continúan las movilizaciones populares contra los intentos de desestabilizar el país - no se puede excluir una salida que beneficie la mayor orientación de Bielorrusia hacia la asociación estratégica ruso-china y una reversión parcial de la tendencia con respecto a las distorsiones sociales que han caracterizado en parte el curso político reciente del país. Estas distorsiones han sido el sustrato ideal para quienes pretenden explotar el malestar de una parte de la población contra los intereses de la mayoría y dar una salida reaccionaria y neoliberal al descontento acumulado. Porque es necesario no solo hacer una reseña económica de lo que es este país, sino de reflejar que es la izquierda la que está saliendo a la calle a defender al gobierno mientras que es la derecha la que lo critica, también en la calle. La pretensión de unos es defender el sistema social existente mientras que la de otros es destruir el sistema público que domina la práctica totalidad del tejido social y laboral del país. Y la izquierda defiende al gobierno, ahora y en esta situación, pese a la paternalista política gubernamental de sueldos, pensiones, políticas de juventud o vivienda e, incluso, con desatinos espectaculares como el intento de imponer impuestos a los parados.

Bielorrusia tiene algunas características específicas que son un legado histórico directo de la división del trabajo dentro de la Unión Soviética, de su camino de "cambio radical" en 1994 con respecto a las políticas neoliberales implementadas después del colapso de la URSS, y una relación privilegiada en varios niveles (militar, económico, energético y cultural) con el vecino ruso “hermano mayor”, en la terminología actual). Estas especificidades definen hoy sus características esenciales. A pesar de una política de privatización "gradual", el bienestar y el mercado laboral bielorruso, especialmente el joven, cubre una serie de aspectos que lo hacen único en el escenario continental y no lo convierten, como parte significativa de sus vecinos, en una tierra de la que uno se ve obligado a salir para sobrevivir. Sus habitantes lo saben perfectamente porque ven la emigración masiva en sus vecinos, especialmente en Ucrania donde el 15% de su población ha tenido que abandonar el país para poder comer algo.

La autonomía del equilibrio

En el plano político, Bielorrusia ha mantenido una "autonomía relativa" aunque numerosos aspectos la unen de forma sustancial a Rusia, que tiene algunos puntos estratégicos esenciales en el país: un centro de comunicaciones y una estación de radar, además de viejos planes para construir una base aérea rusa. Y el hecho de que el Ejército de Bielorrusia es abiertamente pro-ruso porque todas y cada una de sus armas provienen de este país.

El crudo ruso es vital para el sector del refino y para mantener un coste de combustible para uso doméstico muy inferior al occidental: el 8% del PIB corresponde a exportaciones de petróleo hasta ahora asegurado en parte por el diferencial entre la venta a precios de mercado de petróleo ruso comprado " libre de impuestos ". La relación en torno al suministro de petróleo y un intento de diversificar parcialmente el suministro bielorruso también ha causado recientemente fricciones entre los dos países, especialmente durante los casi ocho años que Lukashenko coqueteó con Occidente.

A través de sus dos oleoductos (públicos los dos) y sus dos refinerías (una cien por cien estatal, la otra con el 51% en manos del estado y el otro 49% propiedad de empresas rusas) Bielorrusia es un nodo central del juego de la energía, tanto el petróleo como el gas, que llega a Europa a través de Letonia y Lituania en los países bálticos y Polonia. En total, el 20% del gas ruso a Europa llega a través de Bielorrusia. El 70% de la economía bielorrusa proviene de la industria pública, aproximadamente la mitad de las empresas y donde trabaja más de la mitad de la población activa. Esto da una explicación del por qué han fracasado todas y cada una de las convocatorias de huelgas generales lanzadas por las fuerzas pro-occidentales con las que se pretendía seguir el modelo polaco durante la etapa de Walesa.

Se trata de un sistema empresarial que va desde la industria del refinado de productos petrolíferos (aquí se produce el 20% de la potasa mundial esencial para la fabricación de fertilizantes) hasta el liderazgo en los equipos necesarios para el sector minero, junto a vehículos pesados ​​como tractores y camiones. Bielorrusia tiene una agricultura próspera (7,5 millones de toneladas de trigo en la cosecha este año) y es el mayor productor de productos lácteos del mundo, gracias también a las exportaciones a China.

Sectores que atraen tanto a las élites económicas occidentales como a los oligarcas rusos, los cuales están "presionando" ya favor de reducir la soberanía económica bielorrusa sobre sus recursos generales desde el bienestar hasta la excelencia industrial. Lukashenko, cuando comenzó la crisis, dijo en uno de sus mítines públicos que no son solo los occidentales quienes se alegrarían de la privatización que impulsan los pro-occidentales opositores, sino también los rusos. Y no le falta razón. Y es que esta ha sido una de las señas de identidad de los últimos años de la política de Lukashenko: la doble vía o “política de equilibrio” entre Occidente y Rusia. El Parque de Alta Tecnología cerca de Minsk llamado " el Silicon Valley de Bielorrusia", y la cadena de supermercados Eurotorg, la primera empresa bielorrusa en ser objeto de un "eurobonos" en 2017 con acciones vendidas por más del 90% a inversores del Reino Unido , EEUU y la UE y que está en conversaciones para cotizar en la bolsa de valores de Londres, son quizás dos ejemplos importantes de penetración del capital occidental. Eso y la carta blanca dada a las ONGs occidentales que en estos casi ocho años han formado cuadros siguiendo el ejemplo de lo ocurrido en Serbia.

El PAT creado en 2005 es un vector de inversión extranjera de alta tecnología para la exportación que puede contar con un alto nivel educativo debido en parte a la continuidad con lo que había sido la elección soviética de destinar los sectores de la industria científica y de la ingeniería a las empresas, y al excelente sistema educativo del país donde, entre otras cosas, se tiene el derecho de posgrado a un puesto de trabajo por al menos tres años. Esta ha sido la joya perseguida por Occidente, y entre el 45% y el 60% de toda su producción ha ido a EEUU y a la UE.

La aparición de China

La última década, sin embargo, ha visto un aumento en la relación económico-financiera con China, de la cual, entre otras cosas, se espera que la cuña bielorrusa sea ​​uno de los principales puntos de tránsito terrestre de la "Nueva Ruta de la Seda" y la cabeza de puente para el desembarco en los mercados occidentales.

Tras el golpe de Estado contra el presidente de Ucrania, Janukovic, en 2014, los proyectos de China han tomado cada vez más el camino hacia Minsk que hacia Kiev, privilegiado por la estabilidad política. No es superfluo recordar que a finales de 2013 el depuesto presidente ucraniano había firmado acuerdos en Beijing por 8.000 millones de dólares, que se sumaron a 10.000 millones en préstamos. Un hecho importante que explica en parte por qué EEUU forzó el golpe neonazi ese mismo año puesto que el nuevo gobierno de inmediato se puso a la tarea de “revisar” dichos acuerdos y suspender algunos. Exactamente lo mismo que pasó en Irak en 2003 tras la invasión neocolonial de este país con el derrocamiento de Sadam Husein, puesto que el gobierno surgido entonces no reconoció los acuerdos alcanzados por Sadam con Rusia y China, a mayor gloria de las petroleras estadounidenses. Para simplificar, y al mismo tiempo dar una idea de la magnitud de todo ello, en los últimos diez años las inversiones chinas se han multiplicado por 200, mientras que los préstamos chinos han contribuido a la creación de infraestructuras y al desarrollo económico del país.

Es un hecho que Bielorrusia, pese a todos sus coqueteos con Occidente, depende más de la asociación estratégica chino-rusa que del propio Occidente, lo que explica en gran parte los intentos de desestabilización por parte occidental. Y eso explica el por qué de la torpeza de los pro-occidentales y la precipitación con la que unos (EEUU y la UE) y otros (los peones pro-occidentales) se han venido moviendo.

El penúltimo error

Hay un dicho en el ajedrez: el ganador es el que comete el penúltimo error. Occidente y sus peones se las prometían muy felices, y aún siguen soñando con ello pero por soñar que no quede. Tras cometer errores garrafales, como publicar su progama en el que el neoliberalismo, es decir, la destrucción del sistema público en beneficio del privado, es el eje de todas y cada una de sus propuestas, su globo de colorines se ha ido deshinchando poco a poco. Todos los errores cometidos por Lukashenko se están quedando pequeños ante los planes de los "demócratas". Y claro, la gente los ve. Y reacciona. Por ejemplo, al hecho de que el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia ha reconocido formalmente que se ha creado un fondo polaco-estadounidense para el apoyo financiero y legal de la sociedad civil bielorrusa. La injerencia occidental ya no es un secreto para nadie, ni dentro ni fuera de Bielorrusia.

Por eso es relevante la postura del Ejército, que ha dicho bien alto y bien claro que las elecciones fueron ganadas por Lukashenko sin la menor duda y que ante este hecho "hubo intentos contundentes de tomar el poder, coordinados desde el exterior". El dato es relevante, pero aún más el calificativo que el Ejército hace de los pro-occidentales, a quienes llama "fuerzas destructivas". Este hecho sienta el parte de defunción de los pro-occidenales, al tiempo que obliga a Occidente a intentar controlar los daños en lo que es una derrota en toda regla del proyecto de derribo del gobierno de Lukashenko.

Por mucho que se enrede con la OTAN, por mucho que se intente crear una cierta desestabilización militar en las fronteras de Bielorrusia, la suerte ya está echada para ellos. Bielorrusia solo tiene un camino: reforzar sus lazos con Rusia (y, de rebote, con China). Y Rusia, consciente del momento, lo está aprovechando: acaba de otorgar un préstamo equivalente a 1.500 millones de dólares (que no será en esta moneda, sino en rublos) para “estabilizar la situación”.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial”, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID y que ya va por la tercera edición. Los pedidos se pueden hacer a libros.lacaida@gmail.com o bien a ceprid@nodo50.org También se puede encontrar en librerías.

albercruz@eresmas.com


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