CEPRID

EL SUEÑO DE ESTADOS UNIDOS DE APODERARSE DE GALÁPAGOS ES UNA PESADILLA PARA EL ECUADOR

Jueves 7 de mayo de 2020 por CEPRID

COMITÉ INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA PARA AMÉRICA LATINA (CISPAL)

CEPRID

Desde el siglo XIX, Estados Unidos, con toda su prepotencia imperial, ha querido apoderarse de las Islas Galápagos que fueran incorporadas, legalmente en 1832, a la República del Ecuador, pues desde siempre se supo que Galápagos era ecuatoriana. Desde ese año, Estados Unidos, Francia y Reino Unido las han querido para sí y desde el año anterior -2019- con la anuencia de malos ecuatorianos han decidido entregarlas a Estados Unidos, no sólo el aeropuerto de la Isla San Cristóbal, sino también las 200 millas de mar territorial que fueron retaceadas por Rafael Correa Delgado, al aceptar unirse a la CONVEMAR.

El imperio ambicionaba poseer las Islas Galápagos. En 1883 el Senado de Estados Unidos declaró a las Galápagos como “tierra de nadie”. Señaló que “existen serias dudas acerca de la soberanía ecuatoriana en las Islas”. Luego expresaba que Galápagos era esencial para defender, controlar y vigilar el Canal de Panamá construido por Estados Unidos que reemplazó a Francia en la obra.

“Durante la primera guerra mundial (1914-1918), Estados Unidos desplegó un gran contingente militar en el Caribe para defender el Canal de Panamá, pero necesitaba consolidar las defensas en el Océano Pacífico, más aún cuando barcos alemanes y japoneses merodeaban por las Galápagos. Para tal fin, ejerció fuertes presiones sobre el gobierno del Ecuador presidido por Leonidas Plaza Gutiérrez para arrendar o comprar las Islas Galápagos

El ecuatoriano Octavio Latorre, uno de los más destacados investigadores de las Islas Galápagos, sostiene que Estados Unidos “preparó desde 1920 todo para una ocupación de las islas, basado en los hechos consumados y en la política del Buen Vecino, en realidad en la política del más fuerte”. Se puede agregar que Estados Unidos también ha actuado bajo la doctrina Monroe sintetizada en la frase “América para los (norte) americanos” en la disputa por la dominación del continente con las antiguas potencias coloniales europeas.

En 1935, el presidente Roosevelt sugirió la posibilidad de convertir las Islas Galápagos “en un parque internacional para proteger su flora y su fauna, cuya propiedad sería de todos los países Miembros de la Unión Panamericana, entre ellos los Estados Unidos” (15).

Con motivo de la segunda guerra mundial, Estados Unidos ocupó militarmente las Islas Galápagos, construyó una gran base en la isla Baltra (también llamada Seymour Sur) y estuvo presente en las islas Isabela, Española, y otras. También estableció una base en la península de Salinas, territorio continental ecuatoriano.

El Ecuador tuvo gobiernos traidores y uno de ellos fue Carlos Alberto Arroyo del Río que el 13 de septiembre de 1941 había firmado un documento reservado en el que Ecuador permitía que la aviación militar y naval de EEUU efectuara vuelos desde sus puestos en Centroamérica hacia las Islas Galápagos. Ahora la historia se repite.

El 24 de enero de 1942, los representantes de las FFAA de EEUU y Ecuador suscribieron un acuerdo de cooperación mediante el cual se autorizaba al “general comandante de Defensa del Caribe para que ocupe los terrenos de la parroquia de Salinas y construya instalaciones militares” y que “igualmente en las aguas territoriales de la misma jurisdicción pueda instalar boyas y usar las aguas para el acuatizaje de aviones o el fondeado de naves”.

El 2 de febrero de 1942 se firmó otro acuerdo entre el embajador Colón Eloy Alfaro y el secretario de Estado de EEUU Cordek Hull mediante el cual los gobiernos de Ecuador y Estados Unidos convinieron establecer “operaciones de carácter de defensa continental en territorio y aguas territoriales del otro”. “En uso de esta autorización, pero sin mediar un estatuto preciso y concreto al respecto ni una referencia directa a las Islas ni tampoco una notificación, los Estados Unidos de América habían ocupado con una base aérea la isla Seymour Sur o Baltra y con estaciones de vigilancia y aviso otros lugares del Archipiélago”, sostiene el escritor Alfredo Luna Tobar.

Y lo hizo de manera gratuita “para que quedase demostrado que procedíamos impulsados por un ideal y no por un propósito mercantilista de comercio con el territorio nacional” y de forma temporal “es decir, mientras durase el conflicto bélico mundial y únicamente por ese tiempo, debiendo ser devueltas las bases a la terminación de aquella conflagración, sin afectar a nuestra soberanía”

La segunda guerra mundial culminó en 1945 pero los militares de EEUU se quedaron en las Galápagos hasta 1948. El 1 de julio de 1946 se realizó el acto oficial de entrega de las Islas a las autoridades ecuatorianas, sin embargo, militares amados de EEUU permanecieron de facto hasta diciembre de 1948, año en el que el imperio abandonó Galápagos y Salinas, luego de arrojar al mar toda clase de equipos.

“Pero lo que si quedaron en la Islas fueron los pasivos ambientales. No se conoce un estudio sobre el impacto al medio ambiente que dejó el paso de los militares de EEUU por las Galápagos, pero, es fácil deducir, que la construcción de la pista aérea en Baltra, el constante ruido y el aterrizaje de los aviones que mataban las iguanas, la producción diaria de basura y desperdicios de más de 10.000 efectivos que habrían transitado en ese periodo por las Islas, afectaron a la flora y la fauna de las Islas.

RESPONSABILIDAD HISTÓRICA DE LOS ENTREGUISTAS

Estos son tiempos del descarado entreguismo de la patria, con la autorización del Gobierno Nacional para el uso, por parte de Estados Unidos, de la Isla San Cristóbal de Galápagos y de los aeropuertos de Guayaquil y Manta, más el mar territorial para que el imperio ejecute su particular “guerra contra el narcotráfico internacional, el crimen organizado y el terrorismo internacional”.

El Gobierno del Ecuador presidido por Lenin Moreno, estaría violando los artículos 4 y 5 de la Constitución. El artículo 4 señala que “el territorio ecuatoriano es una unidad geográfica compuesto por el espacio continental y marítimo, las islas adyacentes, el mar territorial, el Archipiélago de Galápagos, el suelo, la plataforma submarina, el subsuelo y el espacio suprayacente continental, insular y marítimo. El territorio del Ecuador es inalienable, irreductible e inviolable. Nadie atentará contra la unidad territorial, ni fomentará la secesión”.

El artículo 5 de la Constitución de manera terminante expresa que “El Estado ecuatoriano es un territorio de paz. No se permitirá el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. Se prohíbe ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras.”

Por eso y mucho más, preocupan “los anuncios de las autoridades ecuatorianas con relación a la presencia militar de una potencia extranjera en las Islas Galápagos intentan minimizar los impactos que esto tendría y tranquilizar a la ciudadanía, pero hay dudas sobre la palabra oficial sobre todo por las contradicciones y el secretismo que hay en todo este asunto como ya sucedió durante la ocupación de las Islas Galápagos en la segunda guerra mundial y la instalación de la base de Manta en 1999.

Ante esto cabe plantear algunas preguntas ¿Cuál es el contenido y el alcance de los acuerdos de cooperación con Estados Unidos? ¿Qué tiempo durará la ocupación no solo del aeropuerto de Galápagos sino de los de Guayaquil y Manta? ¿Cuál es el estatuto legal del personal militar de Estados Unidos?

El artículo constitucional es muy claro, al señalar que no se permitirá el establecimiento de bases militares e “instalaciones extranjeras con propósitos militares”. Este sería el caso de lo que se proyecta para Galápagos: si no se trata de una base en el sentido clásico, se trata, sin duda, de instalaciones extranjeras (aviones, equipos de reabastecimiento, personal militar, etc.) en un aeropuerto ecuatoriano. Además, en este caso, se estaría cediendo una base militar a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras como se estipula en el Artículo 5 de la Constitución.

En la misteriosa entrega de la soberanía ecuatoriana al amo imperial, hay obscuridad delincuencial. Nada está claro mientras se habla de acuerdos secretos de navegación sin restricciones para la armada de Estados Unidos en nuestro mar territorial. ¿Qué tienen que esconder los entreguistas? ¿Acaso no saben que la historia no perdona sus delitos y picardías traicioneras?

Sólo al pueblo le corresponde enmendar los artículos 4 y 5 de la Constitución y sólo a la Asamblea Nacional le corresponde aprobar una nueva Ley de Navegación o Reformar esa Ley, cuyo articulado se mantiene en secreto.

“Igualmente a la Asamblea Nacional le corresponde conocer y aprobar este tipo de acuerdos internacionales. Algunos asambleístas han mostrado su preocupación sobre la presencia militar de EEUU en las Islas Galápagos, pero hay serias dudas sobre lo que pueda hacer la actual alianza de derecha que dirige la Asamblea Nacional, presidida por el morenista César Litardo.” Más aún, ahora y mañana los asambleístas tendrán que rendir cuentas a sus electores y al pueblo, pero no tendrán la valentía de confesar, por ejemplo: “Soy un traidor a la Patria”.

Eduardo Tamayo G. y Elena Serrano Narváez en un análisis denominado Galápagos: ¿de patrimonio de la humanidad a portaviones de Estados Unidos? publicada por ALAI (Agencia de Presa de América Latina) expresaban: Los ecuatorianos conocieron, en el mes de junio, la intención del gobierno de Lenin Moreno de permitir el uso de las Islas Galápagos por fuerzas militares estadounidenses, cuando el Ministro de Defensa del país andino, Oswaldo Jarrín, declaró que “Galápagos es un portaviones natural”. La indignación de la ciudadanía ecuatoriana y la preocupación mundial han sido inmediatas.

En una rueda de prensa con medios extranjeros, el ministro confirmó que en las Islas Galápagos operarán los aviones estadounidenses Orión P3 y Awaks, para la lucha contra el narcotráfico y la pesca ilegal, indicando que desde las islas se puede asegurar “permanencia, reabastecimiento y facilidades de interceptación”. Añadió que, en función de esas operaciones, el aeropuerto de la Isla San Cristóbal sería ampliado y que “Estados Unidos se va a encargar de mejorar las condiciones, especialmente de reabastecimientos”. Como intentando calmar las voces que cuestionan su entreguismo, concluyó indicando que “cada operación será escoltada por oficiales ecuatorianos”.

El presidente ecuatoriano Lenin Moreno manifestó vía tweet, que “la vigilancia aérea es una actividad conjunta entre varios países para cuidar este patrimonio mundial”. Esto quiere decir, que, para cuidar este patrimonio se requiere el concurso de EEUU, pero también de la cooperación ampliada junto de los gobiernos de Perú, Chile y Colombia “para tener una postura regional frente a este tipo de amenazas”, como señaló Norman Wray. En términos geopolíticos, esto quiere decir que el Ecuador se pliega a la geoestrategia militar de Estados Unidos de controlar América del Sur y todo el Pacífico suramericano en función de sus intereses y objetivos imperiales, centrados actualmente en la intervención en Venezuela, el combate al narcotráfico, las migraciones, especialmente de América Central, y la contención de China y de Rusia.

Pero Galápagos no sería el único “portaviones” de una fuerza aérea extranjera en el país, sino que habría otros dos más: el de Guayaquil y nuevamente el de Manta. Según el diario El Comercio del 19 de junio de 2019, “una vez que entren a operar las aeronaves desde Galápagos, la idea del Gobierno es crear el denominado “triángulo de seguridad”, que lo conforman Manta y Guayaquil. Eso ocurre porque en este momento el Orión P3 y el Awac ya vuelan desde el Puerto Principal y también lo pueden hacer desde la capital manabita”.

Lo autores agregan que el Ministro de Defensa, O. Jarrín, quien encabeza el realineamiento y sometimiento del Ecuador hacia Estados Unidos, tiene una dilatada carrera militar y es conocida su posición abiertamente pro-estadounidense.

Inició su carrera militar en 1966 y ocupó altos cargos dentro de las Fuerzas Amadas. El 15 de enero de 2003, fue nombrado Jefe del Comando Conjunto de las FFAA por el entonces Presidente Lucio Gutiérrez, cargo del que salió el 18 de junio del mismo año en medio de rumores de desestabilización al Gobierno Nacional.

El periodista Kintto Lucas, en su libro “Ecuador cara y cruz, tomo II”, reseña la estrecha relación del general Jarrín con el Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, James Hill, que incluyó recorridos por la selva ecuatoriana y reuniones en Miami, en las que se abordaron la “seguridad en la frontera colombo-ecuatoriana”, en las cuales Hill “argumentaba que la posición de su gobierno era regionalizar las operaciones del Plan Colombia”.

“Tras el derrocamiento de Gutiérrez, el presidente Alfredo Palacio lo designó como ministro de Defensa el 19 de agosto del 2005, función que desempeñó hasta el 29 de agosto del 2006. En una ocasión, con relación a las luchas de los movimientos sociales que reclamaban la atención del Estado, Jarrín habló de conformar “una fuerza de paz para Ecuador” y señaló que “el Estado va a necesitar de un poder exterior para poder controlar la paz y el orden, reconstruir la nación y (que) probablemente al futuro tendremos un Haití en Ecuador” Este es un retrato básico del general entreguista.

La anunciada presencia militar estadounidense en las Islas Galápagos es el resultado de los acuerdos de cooperación entre el actual gobierno del Ecuador y Estados Unidos, particularmente en el campo militar. Estados Unidos pretende reinstalarse en el país andino, tras una década de distanciamiento, con el mismo argumento utilizado para la instalación de la Base de Manta: el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.

Cabe recordar que el 2 de agosto de 2018, el Ministro de Defensa informó que Estados Unidos tiene en funcionamiento una Oficina de Cooperación de Seguridad (OCS), acordada entre Ecuador y Estados Unidos, según el Ministro Jarrín, “por disposición presidencial y autorización de Cancillería y Defensa”.

Según el Departamento de Defensa de Estados Unidos, las OCS pertenecen a la Agencia de Asistencia de Seguridad de Defensa y su rol es realizar acciones que “promuevan los intereses de seguridad específicos de los EE. UU., incluidas todas las actividades internacionales de cooperación de armamentos y actividades de asistencia de seguridad”.

Hoy con Galápagos, ocurre lo mismo. Absoluto secretismo hasta que traición se haya consumado, incluso, a pesar de las declaraciones de las más altas autoridades del gobierno del Ecuador que han anunciado que se va a proceder con la cooperación con Estados Unidos en las Islas Galápagos, el Departamento de Defensa estadounidense las desmiente indicando que no ha firmado un acuerdo con el gobierno de Ecuador para utilizar el aeropuerto de Galápagos y no está en negociaciones formales para hacerlo ¿A quién creemos? Todo esto lleva a la necesidad de que se devele exactamente lo que el gobierno ecuatoriano ha acordado con EEUU a espaldas de la ciudadanía y de la Asamblea Nacional.

ECOSISTEMA EN PELIGRO

Es importante recordar que el Archipiélago de Galápagos, ubicadas a 1000 kilómetros de la costa ecuatoriana, fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1978 por la UNESCO, al cumplir cuatro criterios, que parecen no tener importancia para quienes lideran la política de defensa: tener fenómenos naturales extraordinarios o áreas de belleza natural; ser ejemplos sobresalientes de la historia de la Tierra; tener ciertas características y procesos geomorfológicos y geológicos; ser ejemplo de procesos ecológicos y biológicos en el curso de la evolución de los ecosistemas y diversidad biológica y especies amenazadas. Recordemos que el investigador inglés Charles Darwin basó su teoría de la evolución de las especies en sus observaciones realizadas en Galápagos.

Se ha reconocido que, debido a su aislamiento y a millones de años de evolución, el Archipiélago de Galápagos tiene un ecosistema único en el mundo, lo que se vería seriamente amenazado si llegara a convertirse en “portaviones” para los militares estadounidenses, como pretende el gobierno ecuatoriano.

Uno de los argumentos que se esgrime para la instalación del portaviones de Estados Unidos en Galápagos es que servirá para combatir la amenaza de las mafias del narcotráfico y del crimen organizado, que están utilizando las rutas del Océano Pacífico para transportar droga en buques, lanchas rápidas y sofisticadas y avionetas. Así el general retirado Carlos Moncayo argumenta que “se hace necesario una cooperación con otra nación, como Estados Unidos, que tiene la capacidad operacional para enfrentar el crimen organizado y el narcotráfico”, agregando que el mejoramiento del aeropuerto es un beneficio para las operaciones militares propias del Ecuador y no americanas.

CONSIDERACIONES

Primera. Hay que partir puntualizando cuál es el enfoque que debe guiar la lucha anti-drogas que es indudablemente un flagelo que produce cada año miles de muertos y graves problemas en las personas que las consumen. Estados Unidos tiene una visión represiva, focaliza el problema en la oferta y traslada la lucha fuera de sus fronteras, con las consecuencias que ello tiene. Otro enfoque alternativo señala que el de las drogas es, sobre todo, un problema de salud pública y de educación. Estados Unidos en 2016 contaba con 27 millones de adictos, algunos de los cuales tenían un elevado poder adquisitivo, pudiendo pagar lo que sea para adquirirlas. Mientras no se reduzca la demanda es difícil que disminuya también la oferta. La Asamblea General de las Naciones Unidas, abordó el tema de las drogas en 2016 y propuso recomendaciones para reducir la oferta y la demanda, señalando que es necesario tomar medidas tanto en los países en los que se produce la droga, como en aquellos en las que se consume.

Segunda. La lucha anti-drogas ha sido utilizada por Estados Unidos como pretexto para fortalecer su posición de control y dominio geoestratégico del continente. Tras la caída del Muro Berlín (1989) y la implosión de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (1991), bajo la tutela de la potencia del norte, se redefinieron las agendas de las Fuerzas Armadas de la región. La “lucha contra el peligro comunista” que en muchos casos fue la razón de existir de las Fuerzas Armadas latinoamericanas fue reemplazada, primero, por la “lucha contra las drogas” y, tras el atentado a las Torres Gemelas (11 de septiembre de 2001), por la “lucha contra el terrorismo”. El combate a las drogas prohibidas se convirtió en un problema de seguridad nacional y se involucró en forma creciente a las Fuerzas Armadas. Los resultados de esta intervención en algunos países, como México o Colombia, son desoladores, como indican las impresionantes cifras de asesinatos, desplazados, desaparecidos y torturados.

Tercera. En la compleja lucha anti-drogas, algunos analistas indican que se debe establecer una estrategia integral, que contemple, entre otros puntos, atacar aspectos relacionadas con el control de los precursores que se utilizan para la refinación de la cocaína y otras drogas ilícitas, muchos de los cuales son fabricados por los países desarrollados; el control del lavado de dinero producto del tráfico y la venta de las drogas prohibidas que en su mayoría se queda en los paraísos fiscales y en los bancos de los países ricos; afrontar el problema como un tema de salud pública y de educación; no descartar la legalización de algunas drogas prohibidas para que el Estado y la sociedad puedan tener mayor capacidad para controlar e intervenir en el tema; afrontar la sustitución de los cultivos de coca con asistencia estatal, combate a la pobreza, dotación de servicios y participación de los campesinos.

GRAN FRACASO

La “guerra contra las drogas” que Estados Unidos utiliza como el gran pretexto para penetrar en nuestra América Latina, es un gran fracaso. Hace muchos años Estados Unidos perdió esa guerra en Colombia y en el resto del Continente. Colombia es el primer productor mundial de drogas y Estados Unidos es el primer consumidor mundial de toda clase de drogas, no sólo de cocaína, pero los personajes y personajillos que hablan de lucha contra el narcotráfico internacional, o son totalmente despistados o se mueren de amor a Estados Unidos y se convierten en fieles vasallos, así tengan que regalar a sus patrias.

Algo similar ocurre pon quienes pretenden entregar Galápagos y los Aeropuertos de Manta y Guayaquil para uso de la fuerza aérea de Estados Unidos, pero la cosa no queda allí, también quieren modificar la ley de Navegación Marítima que ya se tramita en la Asamblea Nacional, para que el mar del Ecuador sea usado por la armada de Estados Unidos, en donde quiera y cuando quiera. Queda demostrado que lo que menos le preocupa al imperio es el narcotráfico, porque su objetivo primordial es ejercer total control y dominio en América Latina, su patio trasero, y el Caribe su lago particular.

A más de la nefasta propuesta de reformas a la Ley de Navegación Marítima que, con toda seguridad n o pasará en la Asamblea Nacional porque si hay asambleístas honestos y patriotas en todas las bancadas. A ningún asambleísta le interesará que su familia y sus lectores le señalen con el dedo como vende patria o traidor a la patria. Los que podrían votar a favor de la nueva Ley de Navegación Marítima serán los lacayos que quieran demostrar su excesivo amor a Estados Unidos.

Es necesario recalcar que Galápagos no es un “portaaviones”. Es una provincia ecuatoriana, patrimonio de la humanidad que tiene defensores entre millones de ecuatorianos honestos y con principios. Por ejemplo, la asambleísta por Galápagos, Brenda Flor, sostenía que “por ninguna razón se puede considerar a Galápagos como un portaaviones natural, ya que esa no es su característica intrínseca. Galápagos nació desde la naturaleza como un laboratorio vivo y único que debemos proteger".

“Las Galápagos, un archipiélago formado por más de un centenar de islas, islotes y formaciones rocosas son consideradas por los biólogos como un ecosistema único. Fue uno de los lugares a los llegó Charles Darwin en uno de sus míticos viajes en el siglo XIX a bordo del Beagle para formular sus conocidas teorías sobre la evolución de las especies.

El archipiélago es hogar de un conjunto de raras criaturas, que van desde tortugas gigantes, iguanas y hasta un tipo de león marino o cormoranes no voladores que no se han visto en otras partes del planeta.

Sin embargo, el equilibrio de su fauna se encuentra en riesgo desde hace años, debido a la introducción de especies que no existían (como hormigas de fuego, cabras y moras) y la realización actividades que han puesto en riesgo la vida de la flora y fauna autóctonas.

Para la diputada Marcela Cevallos, la cesión del aeropuerto se trata de una cuestión "alarmante", pero el Ministro de Defensa Jarrín, dice que ellos, los gringos, “mejoran las instalaciones y les damos la autorización de aterrizar para los dos aviones que salen de Guayaquil. No solo podrán aterrizar solo en Guayaquil, sino en Galápagos. Entra en vigencia en cuanto termine el mejoramiento de las instalaciones", señaló Jarrín.

El rol de las bases militares de EEUU tanto en América Latina como en el resto del mundo en la “guerra contra las drogas” debe ser debatido porque genera muchas dudas. En Colombia, por ejemplo, las 7 bases militares que Estados Unidos tiene instalado en ese país y los cientos de millones de dólares invertidos desde la puesta en marcha del Plan Colombia en el año 2000 ciertamente no han servido para disminuir la producción y tráfico de la cocaína y otras drogas prohibidas. En estos días, la ONU dio a conocer el Informe Mundial de Drogas en el que se señala que la producción mundial de cocaína en 2017 llegó a las 1.976 toneladas, con un aumento del 25 por ciento con relación a 2016. En ese contexto, Colombia, con más de 200.000 hectáreas de coca sembradas, produjo el 70% de la cocaína de alta pureza en el mundo. Lo mismo podríamos decir de Afganistán donde también la producción y tráfico de heroína se han incrementado desde que Estados Unidos y los países de la OTAN lo invadieron en el año 2001, tras el derribo de las Torres Gemelas en Nueva York.

Los analistas señalan que llámense bases, FOL o “portaaviones” lo que hay que analizar es el rol que cumplen y los objetivos de las mismas. La investigadora mexicana Ana Esther Ceceña, señala que los EEUU tienen “dos objetivos generales: garantizar el mantenimiento del capitalismo y dentro de él la primacía de Estados Unidos; y garantizar la disponibilidad de todas las riquezas del mundo como base material de funcionamiento del sistema, asegurando el mantenimiento de sus jerarquías y dinámicas de poder…”

Tras el desplazamiento y el debilitamiento de los gobiernos progresistas y paralelamente al desmantelamiento de organismos regionales como la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) , el gobierno de Donald Trump ha retomado la iniciativa y ha establecido acuerdos militares con los gobiernos de derecha de Brasil, Argentina, Ecuador y Guatemala que le permiten tener nueva presencia militar, lo que se une a los contingentes que ya tiene en Honduras, Panamá, Cuba (Guantánamo), Curazao, Perú, Paraguay y Colombia.

Entre los “peligros” y “amenazas” para su país el Comando Sur de EEUU menciona a Cuba, Venezuela, Bolivia, el narcotráfico, redes ilícitas regionales y transnacionales, la mayor presencia de China, Rusia e Irán en América Latina y el Caribe y el auxilio ante desastres. Según el periodista cubano Raúl Capote Fernández, “el objetivo del imperio es incrementar la presencia militar en la región con el fin de asegurar sus intereses hegemónicos en el hemisferio, consolidar un frente contra Venezuela y perpetuar su dominio sobre los inmensos recursos económicos de América Latina y el Caribe”.

Ahora, el jefe de todos los emperadores y aprendices de lacayos del mundo, Donald Trump, con violación absoluta al derecho internacional, a las leyes de moral pública, al respeto que se merecen todas las naciones, Estados y pueblos, acaba de cometer una torpeza imperial: ofrecer millonarias “recompensas” a quien mate o entregue al presidente Maduro y demás personalidades del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.

Otra canallada imperial a las que se someten los que quieren entregar Galápagos y el mar territorial del Ecuador.

Correo electrónico: tribunalpazecuador@yahoo.com


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