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Análisis político: Notas para debatir lo que está aconteciendo en Venezuela

Martes 14 de mayo de 2019 por CEPRID

Joao Pedro Stedile

Tricontinental

En Venezuela se está librando una batalla mundial de la lucha de clases que puede marcar la geopolítica de todo el siglo XXI, tan significativa como lo fue la Guerra Civil española en los prolegómenos de la II Guerra Mundial.

Existe una crisis internacional del modo de producción capitalista que viene profundizándose desde el 2008. En este cuadro, la hegemonía del capital financiero implica que acumulen solo las grandes corporaciones y los bancos; por contraposición, las economías de los países y los pueblos, en especial los sectores trabajadores, pagan con más desempleo, aumento de las desigualdades, migraciones, conflictos sociales y perdida de derechos, además de la disminución de los servicios públicos básicos de educación, salud, vivienda, etc.

Con la eclosión de la crisis económica, los gobiernos fundados en base a pactos de conciliación de clases con estabilidad política no consiguen ya más sostenerse, porque el Estado y sus finanzas se transforman en el terreno de la diputa de clases.

Existe también una crisis de la llamada democracia burguesa formal. Las elecciones y sus gobiernos ya no consiguen representar los intereses reales de la mayoría de la sociedad y sus triunfos electorales son fruto de la manipulación, del fraude y costeados con millones. De esta manera, como efecto de esta crisis, los pueblos descreen de los políticos y del régimen de representación formal.

En este contexto, el capital dominante, a través de las grandes corporaciones y los bancos, se dirige prioritariamente a la apropiación privada de los recursos de la naturaleza: petróleo, minerales, agua, arboles, biodiversidad y energía, como forma de obtener altas tasas de lucro y, gracias a esas rentas extraordinarias, volver a acumular y crecer. En ese sentido, solo los capitalistas que se apropian de esos bienes de la naturaleza que eran comunes, que no fueron producidos por el trabajo y que son transformados en mercancías, alcanzan una renta fantástica.

En la disputa internacional por esos mercados de bienes naturales, se despliega una nueva correlación de fuerzas entre los Estados Unidos, la Europa Occidental y Eurasia (Rusia, Irán, China) Esas economías lidian entre ellas por la apropiación de los bienes de la naturaleza y de los mercados. Eso llevo a los capitalistas de EE.DU. a aumentar sus presiones sobre América Latina, para mantenerla como territorio controlado por sus intereses, su “patio trasero” como acostumbran a llamarlo, y así tener acceso garantizado a sus bienes y mercados y estar en mejores condiciones para enfrentarse a sus competidores internacionales.

En el campo de la política y de la ideología, las crisis hicieron emerger un mundo de nuevas fuerzas burguesas de ultraderecha. Esas fuerzas reaccionarias promovieron la construcción de nuevos enemigos: los migrantes, los derechos de la población trabajadora, las costumbres, la cultura, etc.

Infelizmente, esas fuerzas de ultraderecha conquistaron por el voto algunos gobiernos. Fue el caso de Donald Trump en EE.DU., en Italia, Hungría y Andalucía en Europa; en la India y las Filipinas en Asia. Aquí en América Latina conquistaron los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Perú y El Salvador.

Para vencer en las elecciones, estas fuerzas de ultraderecha no exponen claramente sus verdaderos proyectos y concepciones ideológicas, porque saben que ello no contara con el apoyo de la mayoría de la población. Entonces, se dedican a manipular la opinión publica, por ejemplo, con el uso masivo de internet y la producción de mentiras sistemáticas contra la izquierda y los sectores progresistas. Y también utilizan las iglesias pentecostales para influir en las poblaciones más pobres que dependen de ellas.

Todo eso aconteció también en la crisis de la década de 1930, cuando los capitalistas utilizaron el discurso nacionalista y las ideas fascistas para conquistar el gobierno y salir de la crisis. Y utilizaron también las guerras mundiales para disputar los mercados y eliminar medios de producción con el costo de millones de vidas humanas.

Es en este contexto que se pueden entender las derrotas de los gobiernos progresistas en América Latina que actuaron en base a la conciliación de clases y que, aunque no se trataba de gobiernos revolucionarios, fueron desalojados del poder por las burguesías con las que estaban aliados.

En este cuadro, precisamos analizar la ofensiva política, ideológica y ahora militar del capital de los EEUU. sobre Venezuela orientada a controlar de forma privada e internacional sus reservas de petróleo. Venezuela tiene una de las mayores reservas de petróleo del mundo y de las más próximas al mercado estadounidense. Ningún otro país o territorio del mundo podría asegurar y ampliar tanto el abastecimiento de petróleo para los EEUU.

Además de ello, consideremos que los analistas prevén que los precios del petróleo deben volver a subir alcanzando márgenes superiores a los 100 dólares en los próximos dos años, llegando ya a 70 dólares al final del 2019. Ello le otorgaría a quien controle las reservas hidrocarburíferas venezolanas, una fantástica renta petrolera.

El pueblo venezolano está enfrentando esa guerra ya desde hace 20 años y, ahora, llega una nueva etapa en la que la misma puede transformarse en un conflicto militar.

A lo largo de todo ese periodo, desde que Hugo Chávez ganó las elecciones en 1998 y tomó posesión en 1999, existió un escenario permanente de ataque de los capitalistas venezolanos e internacionales al proceso de cambio económico y social en Venezuela. Estos podían admitir un militar gobernando Venezuela -como hicieron tantos en América Latina- pero no admitirán nunca que el petróleo pase a ser utilizado como un bien fundamental para la reestructuración de la economía venezolana, para financiar la distribución de la renta y solucionar los problemas del pueblo: la vivienda, la salud, la educación, el transporte público y la infraestructura social.

En todos estos años, los capitalistas del norte y el gobierno estadounidense aplicaron toda su experiencia histórica de lo que ya hicieron en otros países para intentar derrumbar al gobierno y al proceso bolivariano.

Primero intentaron construir un gobierno de compromiso de clase con Chávez, proponiendo políticas neoliberales; indicando ministros y hasta un presidente del Banco Central. Pero no funcionó. Chávez respondió con la convocatoria a una Asamblea Constituyente y una redacción de una nueva Constitución que devolvió al pueblo y no a los partidos conservadores la soberanía del poder político y los destinos de la nación.

Después, en 2002, apelaron a un golpe de Estado clásico, como hicieron en tantos países. Secuestraron al presidente Hugo Chávez del Palacio de Miraflores y colocaron en su lugar a un empresario. Frente a ello el pueblo respondió, cercó el palacio y en 48 horas el golpe fue derrotado por ese pueblo y por un grupo importante de cadetes y nuevos militares que entraron al servicio militar con una formación bolivariana aun cuando el alto mando de las fuerzas armadas apoyaba el golpe por sus relaciones históricas con la oligarquía local. Ese momento fue de mucha importancia, pues marcó un punto importante de la unión cívico-­militar que tendrá un papel muy significativo en el desarrollo de la revolución bolivariana a posteriori.

Luego, los empresarios que todavía estaban en la petrolera estatal PDVSA comandaron una huelga general petrolera paralizando todas las actividades y provocando el caos en el país, promoviendo un clima de desestabilización social. El gobierno consiguió, junto con los trabajadores, revertir ese proceso y promover una profunda renovación de la estructura de la empresa, reorganizando su comando entre el gobierno y la población trabajadora.

Entonces aplicaron la táctica chilena. Promovieron la especulación sobre ciertos productos para generar pánico en el pueblo y desabastecimiento que fue desde la harina a los medicamentos y otros bienes con mucho arraigo popular, como el papel higiénico, la azúcar, la leche, el café, la pasta dentífrica. El gobierno usó las reservas de petróleo para la compra estatal y distribución de esos bienes básicos para la población.

Pasaron entonces a la táctica utilizada en Ucrania con el terrorismo público en las calles y la práctica de las guarimbas en que jóvenes pequeño burgueses o lumpen pagados en dólares bloquearon calles, quemaron locales simbólicos, arrojaron bombas incendiarias en jardines de infantes, hospitales y hasta bases militares, etc. Pero, una vez más, eso no funcionó y el pueblo enfrentó al terrorismo y derrotó a las guarimbas.

Intentaron también subvertir y ganar oficiales de las fuerzas armadas para su proyecto, compraron algunos, pero no consiguieron ni el levantamiento ni la división militar. Entre otras razones, porque la mayoría de los militares que consiguieron comprar están fuera de Venezuela, lo que significa que carecen de influencia concreta en el país.

Por otra parte, acusaron sistemáticamente al gobierno venezolano de ser un dictador, tanto a Chávez cuanto ahora también a Maduro. Mientras tanto la oposición participó de 25 elecciones en veinte años, donde se eligieron diferentes gobernadores, prefectos y diputados; hicieron múltiples actividades en la arena publica y controlan la mayor parte de los medios de comunicación de masas. ¿Con todo ello, como justificar que se trata de una dictadura? En ningún país occidental se dan condiciones semejantes. Por otro lado, el proceso electoral, con urnas electrónicas y comprobantes impresos se transformó en uno de los procesos existentes más transparentes, comprobado por diversas fundaciones de Estados Unidos que fiscalizaron las últimas elecciones.

En los últimos meses, se intensifico el bloqueo económico para evitar que llegaran mercaderías del exterior -siendo una economía petrolera, Venezuela es muy dependiente de los bienes producidos fuera del país. Y, masque todo, operaron abiertamente manipulando el tipo de cambio del bolívar desde un portal ubicado inexplicablemente en Miami. Sintomáticamente, la burguesía local tomó como referencia a ese portal sin ninguna base económica real para especular con el dólar, que viró a ser una mercancía más que una moneda; una mercancía de referencia para todas las demás.

Impulsaron también una campaña de estímulo y motivación para que miles de personas salieran del país con la promesa de empleo y un futuro soñado. Mas del 30% de los que salieron ya regresaron desilusionados, recibiendo el apoyo del gobierno para su retorno. Por otra parte, la migración no es desconocida ni un problema para los venezolanos, ya que viven en el país más de 5 millones de colombianos, millares de haitianos y también millares de europeos que llegaron con el boom petrolero de la década de los ’70, como españoles, italianos, portugueses y, también, libaneses.

La tesis de exigir nuevas elecciones no tiene paralelo en la historia de las democracias burguesas modernas. ¿Sólo porque la derecha perdió las elecciones contra Maduro, fiscalizadas por centenares de autoridades de todo el mundo, se tiene que convocar a nuevas elecciones? ¿Por qué? No hay base legal y moral para destituir un gobierno legítimo. Por otra parte, la misma tesis podría aplicarse contra otros gobiernos, contra Bolsonaro, contra Macri, etc. Y los mismos diputados de la Asamblea Nacional que quieren destituir a Maduro fueron electos por el mismo sistema.

Ahora entramos en una etapa final. Los tiempos se acortan. Al gobierno de Trump le restan dos años de mandato, y podría perder las próximas elecciones. Por otra parte, el precio del petróleo tiende a subir. Finalmente, la definición ideológica de barrer a los gobiernos progresistas y de izquierda se expresa en la necesidad de terminar con el gobierno de Maduro. Como dice Trump: “primero vamos a derrumbar al gobierno de Maduro, luego vendrá Cuba, Nicaragua, etc.”

Antes de iniciar la fase de mayor ofensiva externa, el gobierno de Trump intentó crear las condiciones internas de desestabilización económica y política; nombrando a Guaidó como nuevo gobierno legítimo, desconociendo a las fuerzas políticas del país e, inclusive, a las propias de la oposición burguesa. Es decir, tratando de dar un golpe constitucional y, por supuesto, ilegal; repitiendo la formula ya utilizada contra el presidente Lugo en Paraguay, contra el presidente Zelaya en Honduras y contra la presidenta Dilma Rousseff en Brasil.

En esta nueva etapa se plantea también la posibilidad de una invasión militar. Crearon un gobierno fantoche que ni siquiera es conocido en el país, totalmente al margen de cualquier elección y legalidad. Y ahora se trata de aumentar el cerco, la presión internacional y, quien sabe, hasta una intervención militar quirúrgica.

Pero esta táctica final depende de muchas variables. La sociedad estadounidense no aceptaría perder sus soldados en una guerra injustificable, y por ello deberían utilizar fuerzas multilaterales, de la OEA, por ejemplo. Pero en la OEA solo obtuvieron 1ó de los 34 votos y no tuvieron mayoría para autorizar una invasión amparada desde esa institución. Intentaron entonces en el Consejo de Seguridad de la ONU, que también les negó el derecho para invadir Venezuela, con la negativa de Rusia, China y otros países. Se requeriría de las fuerzas armadas de Colombia y Brasil, y no resulta sencillo su adhesión por las consecuencias que este conflicto tendría en la política interna y la poca disposición de las fuerzas armadas de estos países.

La última táctica seria entonces una intervención militar quirúrgica, por aire, por ejemplo, como lo hicieron en Yugoslavia, Ucrania, Libia y Siria, para quebrar la sustentabilidad económica del gobierno y forzar su derrumbe. Pero antes de una intervención militar ellos necesitan romper la unidad entre las fuerzas armadas bolivarianas y la mayoría del pueblo que hoy existe en Venezuela. Esta unidad es capaz de derrotar cualquier intervención militar, causando un alto costo de vidas y también político al gobierno de Trump.

Esa aventura militar podría transformarse en un conflicto bélico internacional con la probable solidaridad de Rusia, Irán y Turquía; transformando a Venezuela en una Siria latinoamericana, con consecuencias imprevisibles y de alto costo para los estadounidenses, como de facto aconteció en Siria.

Y, también, una intervención militar de este tipo plantearía una grave contradicción para las fuerzas imperialistas. Una probable derrota de las fuerzas derechistas invasoras significaría que los Estados Unidos tendrían que recibir una nueva y gran inmigración de toda la burguesía venezolana que, tras la derrota militar, no tendría más espacio político ni social para permanecer en el país, como aconteció después de la derrota militar de la invasión en Bahía de los Cochinos en Cuba.

En este cuadro, para el día 23 de febrero, Estados Unidos y sus aliados colombianos habían planificado hacer una invasión por la frontera colombiana con el plan de instalar al gobierno autoproclamado de Gaudio en una alcaldía de esa región. Pero Guaidó mintió al decir que contaba con el apoyo de los venezolanos y cayeron en su propia trampa. No había multitudes en su apoyo, ni del lado colombiano ni del venezolano. Por el contrario, además de las fuerzas armadas, miles de venezolanos y venezolanas acudieron a defender su patria. La ayuda humanitaria era una farsa ahora denunciada hasta por la CNN, y tuvieron que quemar ellos mismos los dos camiones para ocultar los instrumentos bélicos que transportaban. Fue una victoria para el pueblo de Venezuela.

El día 25 de febrero habían preparado la reunión de todos los gobiernos del Grupo de Lima que, en caso de invasión, debían dar el beneplácito al nuevo gobierno. Pero, tras la derrota de su iniciativa, la reunión fue un velorio, agravado aún más por la posición de los militares brasileños que, representados por el General Mourao, votaron en contra de cualquier agresión militar.

Después de aquella derrota, creyeron que el gobierno venezolano iba a encarcelar a Guaidó a su regreso, transformándolo en víctima y héroe de la derecha. Pero el gobierno fue paciente y lo dejo solo … y nada significativo ocurrió con su vuelta. Por el contrario, las manifestaciones populares que siguieron dieron más legitimidad al gobierno de Maduro

Luego intensificaron el sabotaje. Las fuerzas de inteligencia de la CIA, y quien sabe de qué otro organismo más, operaron sobre las computadoras de la hidroeléctrica del Guri y sobre la distribución de energía eléctrica y promovieron un apagón nacional causando muchos El gobierno respondió con más movilizaciones y denuncias, mientras la prensa burguesa internacional le echaba la culpa del corte. Realmente, es patético, la CIA u otros organismos de inteligencia llevan adelante el ataque cibernético y quieren culpar al gobierno.

Ciertamente, seguirán con su bloqueo económico y financiero, contra las empresas e individuos que actúen a favor de Venezuela. Ya hicieron lo mismo durante ó0 años contra Cuba, y desde hace 30 años contra Irán. Pero la voluntad de un pueblo unido es muy difícil de derrotar.

Las próximas semanas y los próximos meses serán decisivos para resolver cual será la táctica que adoptaran los estadounidenses. En Venezuela se está librando una batalla mundial de la lucha de clases que puede marcar la geopolítica de todo el siglo XXI, tan significativa como lo fue la Guerra Civil española en los prolegómenos de la II Guerra Mundial.

De parte del gobierno venezolano será necesario, en esta batalla, conservar la unidad de las fuerzas armadas bolivarianas y mantener a la mayoría del pueblo chavista movilizado en la defensa de la patria. Pero en el corto y mediano plazo, se requiere también desenvolver un nuevo programa económico que logre superar los desafíos impuestos por el bloqueo occidental y la dependencia petrolera para plantear un programa de desarrollo econórnico con igualdad social.

Hoy, la defensa de la soberanía de Venezuela significa la defensa de la autodeterminación de los pueblos contra el imperio. Necesitarnos estar activos y activas, bien informados de los movimientos que se sucedan. Los próximos pasos serán decisivos, y todas las fuerzas populares y de izquierda del continente y del mundo entero debemos manifestamos claramente en defensa del proceso bolivariano que tiene, claro está, sus propias contradicciones y desafíos corno es propio de todo proceso de cambios estructurales en una sociedad.

Joao Pedro Stedile es integrante de la Coordinación Nacional de! Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil.


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