CEPRID

México.- Análisis sobre el triunfo de Andrés López Obrador

Sábado 21 de julio de 2018 por CEPRID

Héctor Araldo Palacios

Aporrea

“Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” (atribuido a Nemesio García Naranjo)

No es posible efectuar un estudio de este tipo sin antes ubicar el fenómeno dentro del ámbito político-económico de Méjico; por ello comenzaremos hablando de los antecedentes más importantes que lo rodean:

I.- ANTECEDENTES: En la época moderna post-revolucionaria, hay dos etapas bien marcadas, una hasta 1982 en que Méjico mantuvo una política de independencia y autodeterminación frente al imperialismo yanqui, ejerciendo un programa de corte populista; y otra, a partir de ese año y hasta la actualidad, en que se lo cambió totalmente por el neoliberalismo y la entrega. Los “padres” de esta transformación fueron los Presidentes De la Madrid (1982/88) y Salinas de Gortari (1988/1994). En la administración del último se firmó el Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá (NAFTA); se inició un proceso de privatización masiva de empresas estatales (excepto PEMEX y la electricidad); se prorrogó la deuda externa; se puso punto final a la Reforma Agraria y se facilitó la venta de pequeñas parcelas de tierras de campesinos a los terratenientes; el Estado ayudó a empresas en bancarrota, para que los capitalistas no las perdieran. En esta época aumentó tremendamente la desigualdad social. El asesinato del candidato presidencial Colosio y la rebelión de Chiapas (1994) causaron la huida de muchos capitales extranjeros, con lo que se produjo el vaciamiento de las reservas monetarias del Banco de México. Todo esto terminó en la gran crisis denominada “Tequila”, que hizo temblar los mercados de L.A. y el mundo. Comenzó entonces un proceso de devaluación constante, miles de empresas quebraron, hubo una gran desocupación y se quebró la cadena de pagos. EEUU y la administración Clinton salieron a salvar el régimen capitalista mejicano mediante sendos préstamos excepcionales de 20 mil millones de dólares. En el 2000 se produjo, por primera vez, la derrota del PRI a manos del derechista PAN. El desprestigio del oficialismo tradicional y la gran crisis por él provocada fueron las causas de la derrota. Contemporáneamente, nace una nueva fuerza de centro izquierda escindida del PRI, la que fue dirigida por Cuauhtémoc Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas (Fundador del PRI, autor de la Reforma Agraria y la Nacionalización del Petróleo) , la que se llamó Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Los gobiernos de Fox (PAN, 2000/2006), Calderón (PAN, 2006/2012) y el actual, Peña Nieto (PRI, 2012/2018) siguieron esta misma política oligárquica y de entrega al imperialismo con muy pocas variantes. En este escenario es que se produce el triunfo masivo de AMLO.

II.- ANDRES MANUEL LÓPEZ OBRADOR (AMLO): Es un licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública recibido en la UNAM. En 1976 comenzó su carrera política adhiriendo al PRI. En 1977 es nombrado director del Instituto Indigenista de Tabasco (su ciudad natal). En 1983 (cuando comienza el neoliberalismo en Méjico) preside el PRI de Tabasco. En 1984 dirige la Dirección de Promoción del Instituto Nacional del Consumidor. En 1988 abandona el PRI, para formar con Cárdenas y otros priístas el PRD. En 1995 (época de Chiapas y el Tequila) encabeza la marcha por la democracia, defensa de la soberanía nacional, por el desarrollo con sentido social, contra la privatización de PEMEX, y levantan la consigna “primero comer, luego pagar”. En 2000 tras la caída del PRI, gana las elecciones a Jefe de Gobierno del Distrito Federal de Méjico (ya las había ganado C. Cárdenas en 1997 con el PRD). La administración de L. Obrador fue como la de Cárdenas, gris, sin mayor trascendencia, se llevó bien con los inversores extranjeros y la desocupación aumentó; utilizó la consigna “primero los pobres” y creó una Asociación de Empresas Públicas y Privadas para gestionar la obra pública. Su período terminó en 2005. En 2006 compitió con Calderón la Presidencia y estuvo a punto de ganarlas, perdiéndolas por un presunto fraude, lo cual generó grandes movilizaciones populares de protesta. Publicó, a raíz de esto, un libro titulado “La mafia nos robó la Presidencia” (2007). En 2008 encabezó el movimiento Nacional en Defensa del Petróleo. En 2011 creó el MORENA (Movimiento Regeneración Nacional) para promover su nueva candidatura presidencial en 2012. En esta época dejó el PRD, aparentemente, “amigablemente”; sin embargo, el PRD fue por su lado en las elecciones de 2018. L. Obrador transformó el MORENA en partido y organizó una alianza electoral con el PT (Partido del Trabajo), organización de centro-izquierda cuyos integrantes son admiradores de Corea del Norte; y con la agrupación de derecha, Partido de Encuentro Social (PES), evangelistas que están contra el aborto y el matrimonio igualitario; se la denominó “Juntos Haremos Historia” y con ella ganaron las últimas elecciones.

A AMLO se lo ha calificado de “político práctico” y en la campaña electoral última prometía amnistía a los corruptos si se pasaban a su bando (se trataba de una “legitimación”). También, se lo ha considerado como “populista” y “mesiánico” (que todo lo soluciona), “pragmático”, “reformista”. Está llamando a una “reconciliación nacional” y al “respeto de las libertades fundamentales”. Desde el 2000 aparece como “antagonista” de los “poderes fácticos”, y dice que gobernará “para ricos y pobres”. Afirma “que no hay movimiento en el mundo como el que estamos impulsando que busque una transformación por la vía pacífica, con tanta gente”. Cree que hará la “Cuarta Transformación” (luego de Juárez, Madero y Miguel Hidalgo, ahora viene él), promesa vaga pero ambiciosa. Promete “el cambio”, ¿qué cambio? Ha catalizado el hartazgo ciudadano con el sistema neo-liberal, corrupto, narco y entreguista. Pero con su triunfo no infunde pánico en el establishment, no hay huida de capitales y, por el contrario, la Bolsa ha subido, el peso se ha fortalecido. Por supuesto que todavía se espera una “arremetida” de las élites dominantes a la nueva administración, para asegurarse el mantenimiento de sus privilegios. Los medios de comunicación del régimen vinculados a estos intereses, elogian la coyuntura. Lo saludan, Trump, Salinas de Gortari, Fox, etc. Es la presión “soterrada” que siempre ha existido en estos casos, los “besamanos” habituales. Ahora se lanzará una larga batalla entre “lo posible y lo necesario”. La lucha de clases será inevitable y quizás violenta.

III.- LA ELECCIÓN de 2018 EN SÍ.- Fue un tsunami electoral: 30 millones de votos, 53% de los votos. Le sacó 31% a su inmediato seguidor, Anaya del PAN. El PRI quedó tercero. Ganó la Capital y 4 de los 8 Distritos. Tendrá amplia mayoría en el Parlamento. Hay un gran papel de la juventud: la mitad de los votantes tienen menos de 39 años, los cuales tienen empleos escasos y mal remunerados; ya no les quedaba más paciencia. No ha sido un voto “castigo”, es un voto de convencimiento. Sus electores no lo votaron por un solo motivo, hay reclamos diversos y desiguales. Es el voto favorable para un cambio importante (fin de la violencia, corrupción, narco tráfico, desigualdad). La gente está cansada y quiere cambios que sean profundos. El triunfo amplio garantiza a AMLO el Poder Legislativo. Pero la coalición “Juntos…” es heterogénea. Hay promesas incumplidas desde el inicio del proceso democrático del 2000 impulsado por la rebelión zapatista. Se decía que para “ganarle al sistema, había que arrasar en las elecciones”, eso ha pasado, pero se duda hasta dónde se irá y con qué profundidad.

IV.- EL PROGRAMA ECONÓMICO.- Se propone: la autonomía del Banco Central, que no es una consigna del pueblo sino del FMI y de EEUU.; prometen no realizar la lucha contra la pobreza mediante déficit fiscal, idem FMI; reforma “prudente” de la privatización energética; cambiar el modelo económico de mediados de los 80 sin precisar por cual y cómo. El crecimiento económico de Méjico es bajo: entre 2000/2017 es de un promedio de 2,32% anual. Se promete más gasto social y un Estado más intervencionista. Mayor gasto público, sin aumentar impuestos o endeudamiento. Se promete contener los aumentos de precios; garantía de mantener buenas cotizaciones para los granos.

V.- RELACIONES CON LA OPOSICION: El PAN y el PRI y los voceros del poder concentrado se asombraban de que semejante vuelco electoral no hubiera conmovido “la estabilidad de los índices macroeconómicos”. AMLO ha llamado a la “reconciliación nacional” y a no recortar las libertades públicas, ni concentrar demasiado el poder. Una manera de calmar los ánimos cuando el PAN queda como segunda fuerza muy disminuida y el PRI como un partido pequeño después de todo el poder detentado por muchos años. Esto nos recuerda, salvando las distancias y los actores, al escenario de 1973 en la Argentina de la vuelta de Perón, y ya sabemos lo que pasó luego.

VI.- RELACIONES CON EL IMPERIALISMO Y LOS ESTADOS UNIDOS: Habrá que ver cómo se maneja AMLO con la política anti-mexicana de Trump, con la separación de las familias inmigrantes en la frontera, con la construcción del Muro Fronterizo, con la renegociación del NAFTA o con su final. Por supuesto, que no tendrá más margen de maniobra que la que han tenido sus predecesores. El virtual presidente ha comenzado a “tender puentes” entre sus adversarios u opositores. Aparece como un político “conciliador” que no amenaza ni preocupa a los inversionistas ni a los mercados ni a las empresas calificadoras extranjeras.

VII.- EL ZAPATISMO RECHAZA A AMLO. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha sido la única voz discordante en este proceso, han dicho: “Podrán cambiar de capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero (dueño) sigue siendo el mismo…El dueño del balón no pierde, no importa qué equipo gane. La gran final tan esperada y temida concluyó y el equipo vencedor recibe, con falsa modestia, los clamores de los espectadores. ¿Cuántas veces ha escuchado usted eso? Muchas, ¿Vale la pena contarlas? Las derrotas son reiteradas…Al menos la ilusión actual alivia esa historia de fracasos a la que luego se sumará la desilusión prevista…”Desde 2005, el EZLN ha dicho que AMLO “no significa un cambio real, que no es una izquierda, sino una derecha moderada” explica el escritor Luciano Concheiro, y agrega: que “para el EZLN, López Obrador no es un aliado porque, desde su óptica, representa una continuidad del sistema capitalista y no una ruptura con éste. Creen que, más allá de que haya un recambio de las élites políticas, solo habrá un cambio profundo si hay una transformación de las formas de vida y el modo de producción. Y que ese cambio no necesariamente sucederá desde arriba”.

Cerramos aquí este comentario, participamos de lo dicho por el EZLN. En Méjico se ha abierto un gran proceso popular que exigirá al nuevo Presidente destruya el régimen neoliberal y pro imperialista hasta ahora vigente y que enfrente al prepotente y xenófobo Trump; exigirán una sociedad que admita el aborto y el matrimonio igualitario; pedirán por mayor seguridad, lucha contra los narcos y los corruptos; por más trabajo y buenas remuneraciones…en fin el camino hacia una auténtica democracia popular y solidaria, el camino hacia una sociedad socialista.


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