CEPRID

España y los inmigrantes (I)

Martes 2 de septiembre de 2008 por CEPRID

Waleed Saleh

CEPRID/Rescoldos

La historia común hispano-árabe arrastra un cúmulo de clichés contra árabes y musulmanes arraigados en la memoria de los españoles, que solamente podrían cambiarse si se modificaran muchas pautas de la educación.

Vulnerabilidad de los inmigrantes:

Los antiguos decían que inmigración es humillación. También decían que el dinero para el inmigrante es patria. Lo peor de todo es cuando se junta la inmigración con la pobreza. Es probablemente la humillación más extrema que pueda sufrir el ser humano a lo largo de su existencia. Este es el caso de la mayoría de los inmigrantes procedentes de países asiáticos, africanos y buena parte de países árabes, especialmente norteafricanos, a Europa. Muchos pertenecen a países ricos pero empobrecidos por razones históricas (colonialismos) o políticas actuales (corrupción y falta de libertad).

España, en particular, se está convirtiendo en el destino de miles de estos desheredados que buscan libertad y bienestar. El pueblo español comienza a acostumbrarse a estos inmigrantes a pesar de las dificultades que conlleva la convivencia. Tradicionalmente los españoles no veían con buenos ojos que su país fuera un punto de encuentro de otras gentes que no compartieran con ellos la lengua y aún peor que no profesaran la misma religión. Es el resultado de una educación social y religiosa estricta y exigente. Los árabes y musulmanes se han llevado la peor parte, debido a la gran cantidad de prejuicios vertidos sobre ellos, tanto en la literatura popular como en los manuales de enseñanza o medios de comunicación. La historia común hispano-árabe arrastra un cúmulo de clichés contra árabes y musulmanes arraigados en la memoria de los españoles, que solamente podrían cambiarse si se modificaran muchas pautas de la educación. El árabe o el musulmán visto por la educación tradicional es de poco fiar, falto de higiene, raro, etc.

Afortunadamente esta imagen negativa ha mejorado algo, gracias a los cambios introducidos en los manuales escolares, el papel desempeñado por los trabajadores sociales y algunas ONGs que vienen realizando un gran esfuerzo desde hace años para hacer la vida de los inmigrantes un poco más agradable.

Habitualmente y durante los conflictos, enfrentamientos y tensiones entre Europa y el mundo árabe y musulmán, aumenta el miedo y la desconfianza hacia estos inmigrantes. Así ocurrió en la Guerra del Golfo de 1991, en la de Afganistán del 2001 y después de la invasión de Iraq en 2003.

En el actual conflicto entre Irak y EEUU y sus aliados, la sociedad española y la europea en general, sensibilizada y consciente de las dimensiones reales del enfrentamiento, ha ejercido especialmente antes y durante de la invasión una presión popular sin precedentes y extraordinaria que lamentablemente no ha continuado después, lo cual podía haber sido un motivo y una razón de aproximar posturas y acercar a las dos partes (mundo musulmán y occidente) en el camino del entendimiento y la comprensión mutua.

La inmigración es musulmana.

Actualmente en Europa viven en torno a veinte millones de musulmanes, entre el 4 y el 5% del total de la población, que pertenecen a diferentes países, etnias e ideologías. Representan la minoría más importante en este continente y su religión, el Islam, es la segunda en importancia después del cristianismo. Europa concretamente es el resultado de la mezcla de una cantidad de culturas y pueblos que dejaron sus huellas en las poblaciones autóctonas a lo largo de la historia. La cultura griega, la romana y las culturas orientales como la india y la persa y especialmente la islámica se han fundido con las culturas europeas locales y han formado con el tiempo lo que hoy conocemos como la cultura occidental. Un país como Gran Bretaña, ha recibido oleadas migratorias de noruegos, sajones, normandos en la antigüedad y holandeses, italianos, polacos, ucranios, indios y árabes más recientemente.

La emigración voluntaria o forzosa se ha convertido en las últimas décadas en un asunto serio para la historia de la humanidad. Por motivos obvios muchos ciudadanos árabes y musulmanes se han visto fuera de su entorno social y han tenido que adaptarse a otras vidas y otras culturas, tarea que no ha resultado fácil para la mayoría de ellos. Para comprender el fenómeno de la masiva emigración desde países árabes y musulmanes, sería preciso señalar las causas que la producen, entre otras:

1- La mayoría de los inmigrantes arabo-musulmanes vienen empujados por una situación socioeconómica muy difícil en su país de origen, o bien por la escasez de recursos económicos del país o por la mala gestión de las autoridades que enriquecen a algunos y empobrecen a la mayoría.

2- Existen cada vez más inmigrantes arabo-musulmanes huidos de su país por motivos políticos, fundamentalmente por la falta de libertades y la ausencia de regímenes democráticos. Es muy ilustrativo el hecho de que en los 21 países árabes por ejemplo, no existe ni un sólo presidente elegido de forma democrática. En su mayoría son sistemas dictatoriales que cuentan, lamentablemente, con el visto bueno y el apoyo de las potencias occidentales, especialmente de EEUU. Este país que ya ejerce hegemonía sobre la región, controla las enormes reservas de petróleo que es la riqueza más apreciada de esta zona. En una entrevista, Chomsky, al hablar de la Guerra del Golfo de 1991, confirma esta realidad diciendo: “los Estados Unidos actúan de una manera muy coherente ante las agresiones. Son lícitas si benefician a los supuestos intereses de los Estados Unidos. Son ilícitas si se oponen a los supuestos intereses de los Estados Unidos. Es así de simple. No hay incoherencia (…). En este caso, Irak ha trasgredido, ha violado un principio fundamental del orden mundial: que las reservas de energía del Oriente Medio tienen que estar en manos de las compañías petrolíferas americanas y de aliados dignos de confianza, como las élites de Arabia Saudí. El acuerdo al que llegaron los imperios coloniales en Oriente Medio dejó los recursos petrolíferos en manos de pocas familias que mantenían unos estrechos lazos con las potencias occidentales. En consecuencia, la mayoría de la población no obtiene beneficios de sus propios recursos. Es Occidente quien obtiene los beneficios ya que la élite saudí y los Emiratos y Qatar son, a fin de cuentas, delegaciones de Londres y de Nueva York” (1).

3- Muchos países árabes y musulmanes por tener regímenes policiales y militaristas, gastan una gran parte de sus recursos económicos en la compra de armas y otros materiales de uso militar que no beneficia a los ciudadanos sino al propio régimen que utiliza dichas armas para su supervivencia. Gran parte de la culpa recae sobre los países exportadores, la mayoría de ellos supuestamente democráticos, entre los que se encuentra España. En muchos de los países que importan armamento no se respetan los derechos humanos y se utilizan por norma la represión y la tortura para eliminar cualquier tipo de oposición. No es fruto del azar que “entre el periodo de 1991-1993, el 41% de todo el material armamentístico haya sido adquirido por países de Oriente Medio (31.900 millones de dólares en el trienio mencionado), particularmente por Arabia Saudí, que por sí sola ha absorbido casi la cuarta parte de todas las compras mundiales de armamento. Estados Unidos, desde luego, es el mayor exportador de este tipo de armas, seguido de Rusia, el Reino Unido, Francia, Alemania, China… A España le corresponde un puesto que oscila entre el 8º y el 16º, según los años” (2).

4- La aparente ayuda que prestan algunos países occidentales a ciertos países árabes y musulmanes en forma de inversiones en sectores como el textil o los invernaderos, no lo son en realidad, sino una explotación enmascarada debido a las condiciones del funcionamiento de dichas empresas, que dejan como único beneficio a los nacionales unos cuantos puestos precarios de trabajo. El caso de Marruecos es un claro ejemplo.

5- La imagen de la vida en Occidente que llega a estos países vía satélite y por los medios de comunicación, presentan un mundo de gran lujo en el continente europeo y en EEUU, que atrae a miles de jóvenes de los países subdesarrollados dispuestos a todo tipo de aventuras para llegar a este “paraíso” del feliz occidente.

En España cuando se habla de la emigración se piensa con frecuencia y de forma exclusiva de los inmigrantes de procedencia árabe y musulmana. El perfil del inmigrante árabe en este país se puede describir como una mayoría norteafricana de baja o nula instrucción cultural, dedicada a la venta ambulante, la construcción, la agricultura y a otros trabajos eventuales. Una minoría procedente de los países del Oriente Medio, entre los cuales se encuentran un número importante de personas bien situadas social y económicamente como médicos y comerciantes, aunque en los últimos años el número de inmigrantes llegados de esta zona que realizan trabajos eventuales y venta ambulante se ha incrementado considerablemente.

El tipo de trabajo que realizan la mayoría de los inmigrantes arabo-musulmanes y especialmente los magrebíes, según el profesor Antoni Segura i Más, es un trabajo no deseado por los españoles, cuando afirma diciendo: “en general, el inmigrante viene a ocupar puestos de trabajo que los naturales del país de acogida rechazan. Por ejemplo, en algunas comarcas de Cataluña, se ha comprobado que la población catalana que está en paro no está dispuesta a aceptar determinadas ocupaciones agrícolas, que se caracterizan por la rudeza del trabajo y una baja remuneración” (3).

La preocupación de ciertos sectores de la sociedad española por la inmigración y su rechazo y discriminación hacia los inmigrantes árabes y musulmanes en particular, tiene sus raíces a nuestro juicio en una serie de factores sociales, culturales, históricos… Algunos medios de comunicación contaminan constantemente la imagen del árabe, del musulmán ante la opinión pública, relacionando a los ciudadanos de esta procedencia con robos, hurtos, violencia, droga y terrorismo. Además, existe un cierto sentimiento negativo hacia ellos inspirado en elementos históricos: una historia común de roces y de enfrentamientos que ha dejado en la memoria colectiva una imagen de desconfianza y de miedo hacia el árabe y el musulmán. El terrorismo internacional para la opinión pública occidental incluida la española se ha convertido en patrimonio exclusivo de los árabes y musulmanes. No son considerados así los skins que incendian en Alemania las casas-refugio de los extranjeros, por ejemplo. El terrorismo de estado practicado por EEUU e Israel queda impune y cuenta con el apoyo y la comprensión de muchos políticos e intelectuales que de forma cínica intentan defender lo indefendible, justificando la ocupación de territorios ajenos y el asesinato de ciudadanos inocentes.

La cultura arabo-islámica en España

Los musulmanes emigrados en Europa se enfrentan a numerosos desafíos. Las sociedades europeas donde viven estos inmigrantes se rigen por un conjunto de valores y reglas surgidos de su situación de avance tecnológico y maduración política y cultural. En cambio, los inmigrantes musulmanes proceden habitualmente de países que sufren grandes crisis y problemas económicos, políticos y sociales. La mayoría de ellos vienen para mejorar su situación económica y muchos proceden de zonas rurales y con un nivel cultural y educativo bajo y traen consigo sus valores, tradiciones y costumbres que chocan en ocasiones con los de los ciudadanos europeos. La reacción de estos inmigrantes puede tomar una de las posturas siguientes:

El rechazo de la cultura occidental

Es una reacción natural para aquellos que consideran esta cultura como una amenaza hacia la suya. Su visión está muy condicionada por la religión musulmana que rige la vida de las sociedades de origen, aporta los ideales básicos de comportamiento y de comprensión de las relaciones humanas. En las últimas dos décadas el Islam se ha convertido en la fuerza inspiradora de las ideologías políticas y ha conseguido un gran poder en las sociedades musulmanas. Cuando algunos inmigrantes musulmanes tradicionales llegan a Europa, se sienten poseídos por una fuerte sensación de aislamiento, extrañeza y discriminación. Es la consecuencia de las diferencias en las costumbres, en las creencias y el entorno social, agravado a veces por el desconocimiento del idioma del país receptor. Ésta es, en general, la situación de las primeras generaciones de inmigrantes que procuran evadir la dura realidad que viven, refugiándose en la religión como una especie de autoprotección. Por ello, los inmigrantes de las primeras generaciones son más dados a buscar los lugares de culto propio, fundando mezquitas y organizándose en asociaciones específicas de su comunidad. Estos inmigrantes están fuertemente vinculados a sus países de origen, a su cultura y a su religión que les sirve como terapia psicológica y social. Conservan sus valores como su seña de identidad y consideran el sistema laico un peligro para su continuidad. Algunas organizaciones políticas se han aprovechado de esta coyuntura, utilizando el nombre del Islam para predicar algunas ideas extremistas, beneficiándose de los márgenes de libertad que los sistemas políticos en Europa ofrecen a los ciudadanos. Entre otros grupos, podemos mencionar El Movimiento de Los Inmigrantes dirigido por Abu Hamza al-Misri en Gran Bretaña y El Movimiento del Califato liderado por el Jeque Suhayb en Alemania. Estos dirigentes explotan los acontecimientos políticos internacionales como el tema de Salman Rushdi, la Guerra del Golfo de 1991, la ocupación de Afganistán en 2001 y la invasión de Iraq en 2003, para reclutar de entre los inmigrantes musulmanes simpatizantes en contra de los sistemas políticos occidentales. Mezclan conscientemente entre la reclamación de conservar su identidad y el extremismo religioso y cultural que coloca a Europa, Occidente y su cultura en el punto de mira de sus seguidores como el enemigo mortal del Islam.

La integración en la cultura occidental

Las primeras generaciones de inmigrantes musulmanes a países europeos suelen agarrase a la religión mucho más de lo que lo hacían en los países de origen, como una manifestación de mantener su identidad, siendo la religión la seña más fuerte. Los vínculos de las segundas generaciones con la cultura de sus padres, habitualmente, son menos sólidos o constantes. La religión en las sociedades occidentales donde viven tiene un papel secundario o marginal y su educación dentro de un sistema de valores laicos hace que estas segundas generaciones relativicen algunos valores que les quedan demasiado lejos. Los jóvenes que pertenecen a las segundas generaciones de inmigrantes musulmanes se sienten identificados con las sociedades europeas donde han nacido y crecido y no han conocido apenas la sociedad de sus padres. Algunas encuestas hechas en Holanda con inmigrantes musulmanes demuestran que solamente el 4% de estos jóvenes practican el Islam, el 22% piensa que el Islam no ocupa ningún lugar en su vida y el 87% se identifica con la sociedad holandesa y se consideran como plenos ciudadanos holandeses (6). La adaptación por medio de la transformación del pensamiento islámico Algunos jóvenes musulmanes de la segunda generación en Europa se han dado cuenta de que sus países son los países de acogida y que el discurso de sus padres para contestar a una serie de preguntas relativas a su identidad son insuficientes y que a la larga les llevan a la marginación y el aislamiento. Descubren que algunos valores de la cultura de sus padres no son necesariamente contrarios a la cultura occidental y que se podía combinar muchos valores dentro de una identidad multicultural. Una opción que les permite ser europeos sin que tengan que romper sus vínculos con la cultura de sus padres. Han comenzado a cambiar determinadas costumbres heredadas, participando los hombres en las tareas domésticas e implicándose activamente en la educación de los hijos. Han hecho además una nueva lectura de los textos religiosos para adaptarlos a las necesidades y circunstancias de los nuevos tiempos aplicando sus conocimientos aprendidos en las escuelas europeas. Algunos clérigos musulmanes, por fortuna, han apoyado en sus fetwas y declaraciones esta opción y han demostrado su comprensión hacia estas minorías de musulmanes que viven otra realidad muy distinta de la de los propios países musulmanes. Sin embargo, El Consejo Europea de Edictos Religiosos fundado por el Jeque al-Qaradawi, se compone de clérigos que no viven en Europa y desconocen la realidad de las sociedades donde viven los inmigrantes musulmanes. Por esta razón, algunas de sus declaraciones y fetwas difícilmente pueden ser aceptadas por estos inmigrantes y mucho menos aplicadas en sociedades dominadas por otras pautas muy distintas a las que conocen estos clérigos.

A menudo se oponen por parte de los analistas políticos y medios de información términos como Occidente e Islam. ¿Realmente son dos mundos opuestos, o son complementarios? Ni el mundo musulmán ni occidente son entidades homogéneas y cerradas. Son más bien mundos plurales y heterogéneos. En las sociedades musulmanas viven personas que no se distinguen mucho en su modo de vivir de los occidentales. Personas poco o nada apegadas a su tradición, individuos occidentalizados en sus costumbres y en su mentalidad. Existen además importantes minorías de otras religiones y etnias que conviven con los árabes y musulmanes desde hace siglos, como cristianos, judíos, sabeos, kurdos, beréberes, drusos… Por otro lado, existen grandes diferencias entre las prácticas y las concepciones de los musulmanes en cuanto a su fe. El Islam en Arabia Saudí no se ve ni se practica del mismo modo que en Malasia, Indonesia, Irán o el Senegal. Asimismo, las sociedades occidentales tampoco son un bloque homogéneo y compacto. Conviven en Occidente ideologías y tendencias muy diferentes y abundan partidos de todas las orientaciones, desde la ultraderecha hasta la extrema izquierda. Algunos dirigentes políticos occidentales piensan que la única política viable hacia los países árabes y musulmanes es la de la mano dura, la amenaza y la explotación. Otros creen en la cooperación y en el entendimiento. Las crisis internacionales recientes entre las dos partes han demostrado con claridad la intención de cada una de las ideologías y tendencias de los grupos mencionados anteriormente. La invasión de Iraq, por ejemplo, fue una prueba fehaciente en este sentido, donde la sociedad civil en muchos países occidentales ha estado en contra de esta barbaridad cometida por la administración norteamericana. Lo mismo ocurrió con gobiernos, partidos políticos e intelectuales occidentales que expresaron su rechazo hacia este hecho. Hasta el Papa anterior demostró su desaprobación por la decisión del tristemente famosos trío de las Azores.

Curiosamente, se aprecia una complicidad y una aproximación entre los partidos y grupos conservadores en Europa y EEUU y los extremistas musulmanes. Los dos se retroalimentan y aprovechan el discurso y la ideología de la otra parte, a pesar de la aparente enemistad que caracteriza sus relaciones.

Notas:

1- Chomsky, Noam (1993). Crónicas de la discrepancia. Visor, Madrid, Pág. 260-261.

2- Fisas, Vicenç (1995). Secretos que matan. Icaria, Barcelona, 1995, Pág. 11.

3- Segura i Más, Antoni (1996). Los condicionantes de la cooperación cultural y social con el Magreb. Conferencia presentada en el IV Encuentro Euro-Árabe de Toledo, 14-15 de marzo 1996.

4- Mijares, Laura (2007). Aprendiendo a ser marroquíes. Inmigración, diversidad lingüística y escuela, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, pp. 36-45.

5- Benamar Jamal y Francisco Alberto Vallejo Peña (2007). Los flujos migratorios ilegales en el Estrecho de Gibraltar, Barataria, Revista Castellano-Manchega de Ciencias Sociales, nº 8-, pp. 69-85.

6- ‘Abd al-Razzaq, Salah: “Mawaqif al-muslimin al-muhayirin min al-thaqafa al-garbiyya” (Posturas de los inmigrantes musulmanes de la cultura occidental), Aladwaa Weekly Newspaper, aladwaanl@yahoo.com.

Waleed Shaleh trabaja en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autonoma de Madrid. Este artículo fue publicado en el nº 18 de la revista de diálogo social Rescoldos, perteneciente al primer semestre de 2008. Es editada por la Asociación Cultural Candela www.nodo50.org/candela


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