CEPRID

El ALBA frente a la agonizante “ayuda oficial al desarrollo”

Martes 2 de septiembre de 2008 por CEPRID

Nidia Díaz

CEPRID

Quienes apostamos por un mundo mejor, debiéramos examinar las numerosas y continuas resoluciones de los organismos y entidades económicas internacionales y aún de Naciones Unidas a lo largo de los últimos veinte años, para comprobar cómo en ninguno de estos foros dejó de mencionarse a la llamada “Ayuda Oficial al Desarrollo” (AOD), reclamando su otorgamiento efectivo por parte de los más ricos países industrializados que forman la élite económica del Primer Mundo, responsables históricos del subdesarrollo del Sur.

Desde una fecha tan lejana como 1970 las naciones ricas prometieron elevar esa ayuda al 0,7% del Producto Interno Bruto (PIB) de cada uno de ellos y en las innúmeras reuniones del Grupo de los Ocho hacen referencia hipócritamente a la necesidad del cumplimiento de tal ofrecimiento, que nunca se convierte en realidad.

Actualmente, sólo cinco países desarrollados lo cumplen y ninguno forma parte del G-8: Noruega, Suecia, Luxemburgo, Dinamarca y Holanda. No sucede lo mismo con los poderosos y omnipresentes Estados Unidos, el mayor imperio que haya existido sobre la faz de la Tierra, el cual sólo aporta la ridícula cifra de 0,16% como ayuda oficial al desarrollo, mientras que globalmente la AOD no llega al 0,28%. Por supuesto ese guarismo no se otorga sin condicionamientos y cuando se desembolsa nada queda a la improvisación: va dirigido hacia aquellas regiones y países que impliquen algún tipo de interés geoestratégico para las potencias donantes con lo que convierten la AOD en un instrumento de dominación e influencia política, muy lejos de las necesidades reales del Tercer Mundo y, dentro de éste, de las más necesitadas de ayuda. No es casual que en el caso de Estados Unidos, sus principales beneficiarios sean Iraq y Afganistán, seguidos de Colombia e Israel.

Un ejemplo bochornoso e inicuo de lo que sucede con la AOD, fue lo ocurrido a raíz de la Cumbre del G-8 en el año 2005, realizada en Gleneagles, Escocia donde se acordó duplicar desde entonces y hasta el 2010 la ayuda dirigida a África. Tal compromiso implicaba elevar de 80 mil millones de dólares a 130 mil millones lo cual nunca sucedió ni en el primero ni en el segundo de los casos por lo que analistas como Eric Toussaint califiquen de poco confiable la palabra del G-8 de ese bloque. Hay más. En el año 2000, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) consideró tras estudios realizados que harían falta 800 mil millones de dólares en la década para lograr “el acceso universal al agua potable, la alimentación básica para los niños, educación primaria, cuidados elementales de salud y servicios de ginecología”. Jamás apareció esa suma y mucho menos para tales propósitos. Las consecuencias no se hicieron esperar y las condiciones de vida de los países del Tercer Mundo continuaron deteriorándose en una situación que cada día se hace más insostenible porque a las dramáticas cifras de entonces se han sumado las generadas por el deterioro del cambio climático, el problema de los agrocombustibles y el aumento del precio de los alimentos que sólo en América latina y en los últimos seis meses ha provocado que 10 millones de personas se sumaran al ya engrosado ejército de los pobres.

Al respecto el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen ha advertido que la crisis alimentaria en curso “corta en seco cualquier análisis que pretenda eludir la responsabilidad del modelo en la generación de pobreza, sobre todo cuando se sabe que la región produce alimentos suficientes para atender a una población tres veces superior a la que tiene”.

Ejemplos son los que sobran que demuestran el alejamiento de cualquier perspectiva lógica a poder alcanzar los modestos y quiméricos Objetivos del Milenios con que las Naciones Unidas había pretendido garantizar siquiera los más elementales derechos humanos y hacer cumplir de manera real y concreta la tan mentada Declaración Universal, los Pactos y textos vinculantes, muy mencionados por los poderosos en su retórica pero violados constantemente por la injusticia, el egoísmo y la desigualdad del orden económico impuesto al mundo por ellos mismos y su sistema insaciable y derrochador.

OTRO MUNDO ES POSIBLE

Frente a esta trágica realidad, hay una región del Tercer Mundo donde hoy se hacen ingentes esfuerzos por remontar ese panorama que ahoga a la gente menos favorecida —es la inmensa mayoría—, y se abren perspectivas razonables y reales. Nos referimos a América Latina y el Caribe donde la dominación imperial ejercida por siglos no mató las ansias integradoras históricamente defendida por sus pueblos y libertadores conscientes desde entonces de que sólo unidos podrían salvarse y garantizar la existencia misma.

Es en esta región en la que surgió y avanza la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA), una iniciativa novedosa, audaz, justa y que respeta la soberanía e independencia de todos los países que la integran; sus asimetrías y diferencias; sus diferentes niveles de desarrollo sobre la base de la solidaridad y la ayuda mutua, del apoyo de los más fuertes a los más débiles, con el propósito de marchar hacia la integración latinoamericana y caribeña sin exclusiones y, sobre todo, sin condicionamientos políticos ni chantajes. Frente al cuadro agonizante de la “ayuda oficial al desarrollo”, las mentiras y promesas incumplidas de los ricos y explotadores, buena parte de la humanidad observa hoy con curiosidad, aliento y esperanza una alternativa como el ALBA, poseedora ya de resultados concretos y avanzando en el desarrollo económico y social de su membresía en crecimiento.

Cuando en el mundo de hoy el imperio y las ricas naciones desarrolladas desatan guerras de agresión por el control de recursos estratégicos como el petróleo al interior de Latinoamérica y el Caribe éste se comparte sobre sólidas bases de cooperación y sin cobros leoninos que endeudan a los pueblos como ya sucedió en el pasado. No es aventurada la conclusión de que a otros continentes y a otros países llegará también, tarde o temprano, la comprensión de que el orden económico, político y social prevaleciente, impuesto por un sistema esencialmente injusto y voraz sobre las naciones y también sobre los hombres, tiene que enfrentarse mediante la creación de alternativas como el ALBA.

Contando en lo fundamental con sus propias fuerzas y aunando sus propios recursos; integrando sus economías y desarrollando el comercio; aceptando los apoyos que no impliquen saqueo y distribuyendo con justicia social los ingresos; podrán así los países del Tercer Mundo lograr los esquemas integradores que les permitan desarrollarse de verdad, resistir los embates hegemónicos y olvidarse definitivamente de la muy prometida, generalmente incumplida y habitualmente condicionada “ayuda oficial al desarrollo”.

Nidia Díaz fue comandante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador.


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