Todos queremos ser turistas

Turismo, ecoturismo, turismo rural, turismo alternativo, turismo espiritual, turismo sexual, etnoturismo, turismo solidario, turismo de riesgo, turismo curativo… cada vez son más las formas usadas para definir la Industria del Turismo. El ser humano siempre ha sentido la inquietud y el deseo de viajar, conocer otros lugares y culturas, pero en la actual fase del capitalismo la industria y cultura del turismo se ha convertido en un elemento perturbador, nocivo y colonizador. En este sentido, «Jodidos Turistas» ofrece interesantes aportaciones a esta crítica a través de cuatro artículos. En primer lugar y a modo de texto principal «Turismo industrial y consumo de lugares exóticos» ofrece un lúcido análisis de comporta­mien­tos y consecuencias de la industria del turismo allá donde pretende implantarse, la cual a través de un dominio simbólico (mercantilización y perversión de la cultura autóctona) y material (territorios y recursos) transforma las relaciones sociales, diseñando a media los sistemas de propiedad y distribución del poder; consolidando un nuevo colonialismo bajo una situación de dependencia y explotación por parte de transnacionales y países industrializados. Des-posesión a la que los propios turistas también contribuyen, desde el «clásico» al «alternativo», reproduciendo clichés y relaciones jerárquicas o desiguales con la población autóctona. En segundo lugar, «Turismo o resistencia en la Ciutat Morta» aborda el tema desde la experiencia concreta de Barcelona, una de las ciudades más turistificadas de Europa y donde se están dando conflictos de convivencia con el turismo, en un contexto, además, donde los alquileres turísticos están expulsando a la gente de sus barrios, que se está organizando a través de grupos y asambleas barriales creando redes entre sí y tratando de elaborar estrategias (además de llevar a cabo acciones diversas) para combatir el desmesurado e imparable crecimiento del turismo y sus consecuencias. A continuación «Turismo, economía y progreso» aborda «mitos suicidas de la sociedad capitalista-industrial y su impacto en Illes Balears», donde la economía es sostenida en un 85% por la industria turística y donde «la dinámica de batir cada año récords de turistas, vuelos, consumos de agua y generación de residuos», aparte de generar situaciones dantescas para la población local puede también hacer que estallen conflictos sociales en puntos sensibles. Finalmente «Dulzainas y kebabs. La decepción del turista rural», habla de una idealización esencialista del campo que ha sido explotada y potenciada por el turismo rural. Idealización que convive con un histórico desprecio hacia el mundo rural obligando a los habitantes de este a responder a las expectativas del turista ocasional, ya que «cuando se acaba el fin de semana o el puente somos devueltos de nuevo a la trituradora capitalista».

Edita: Antipersona (3ª edición-2018)

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