En cualquier caso, ningún remordimiento

Pino Cacucci,Ed.Hoja de Lata

La vida de Jules Bonnot empieza como la de muchos otros compañeros de lucha. Hijo de la clase obrera francesa de principios de siglo XX, su destino estuvo marcado por la desesperanza y la injusticia de una sociedad que seguía oprimiendo y explotando a mansalva. Aunque la obra ofrece grandes dosis noveladas, es fiel al presentarnos la vida de este personaje, que poco a poco, fue adentrándose en un mundo de insubordinación y rebeldía contra capataces de fábricas y a favor de la lucha anarquista.

Considerado por las fuerzas del orden como «subversivo», «agitador» e «individuo de peligrosas tendencias antisociales», Bonnot empezó una larga travesía de lugares donde poder escapar de ese estigma. Forzado a enrolarse en el ejército llegó a ser cabo y a tener distintas ocupaciones (ferroviario, operario de automóviles…) sin dejar de frecuentar ambientes anarquistas, implicarse en actividades sindicales, participar en huelgas o leer libros sobre teorías de insurrección popular (Stirner, Malatesta, Bakunin o Proudhon). Ese tipo de vida lo llevará a estar siempre en el ojo de mira de la policía y a ser despedido de distintos trabajos y hasta a ser expulsado de distintas ciudades europeas. Un cúmulo de represalias y desesperación que, aunque tuvo momentos de templanza y bienestar (fue chófer del autor Sir Arthur Conan Doyle), lo llevó a empezar nuevas formas de supervivencia y lucha. Al aliarse con Giuseppe Sorrentino (alias el plátano) empieza el robo de coches y el asalto a cajas fuertes y armerías con el fin de crear una estructura logística de la cual vivir. En palabras de la policía, sin embargo, la llamada banda del automóvil en realidad buscaba una «estrategia del golpe tras golpe, con objetivos concretos y en guerra declarada al Estado y a la Sociedad en general».

El libro nos acerca, de manera paralela, a un París de fuerte efervescencia política y disturbios en las calles. Un período en que Victor Serge, traductor, intelectual y militante anarquista empezará a frecuentar la revista Anarchie y a ser un incansable colaborador. Inspirado en los principios de la revolución permanente de Elisée Reclus, este personaje secundario del libro, defenderá la necesidad irrenunciable de la revuelta, tomando distancia de las opciones llamadas «ilegalistas» por considerarlas suicidas.

El final de la historia, como es de prever, es trágico para Bonnot y para tantos y tantas militantes que optaron por defender los ideales con las armas y a través de la insurrección violenta.

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