EL TENDERETE

El Tenderete es un grupo de “Títeres y Titeretas” que nace en Bilbo en 1992 y que, a pesar del tiempo transcurrido, mantiene toda su frescura, espíritu rebelde y labor artesanal. En estos 12 años han puesto en escena diversos montajes originales como “Por C.H.O.N” (1992), “Puño y letra contra la mano que aprieta” (1994), “Hor Kondon” (en colaboración con grupos anti-SIDA, 1994), “Soberanos problemas” (1994), “Camino del polvorín” (1995), “El fuego acecha” (1996), “Menudencias” (1997), “La milonga de Babalán” (2000), “Hay que mojarse” (en colaboración con el grupo ecologista Ezpitsu de Barakaldo, 2002) y “Urrun Erreinua” (junto con el veterano grupo bilbaíno Teatro Trapero del Río y dentro de la campaña “Txontxongiloak aniztasunaren alde” (en colaboración con la asociación de gays, lesbianas y transexuales Aldarte y el Servicio de Información del Gobierno Vasco Berdindu, 2003). Hemos hablado con Manya y José Ignacio para conocer sus experiencias y opiniones sobre este mundo tan poco conocido.

Habladnos un poco de vuestra trayectoria

Empezamos echándonos a la calle, funcionando en bares o donde nos dejaran actuar y, por supuesto, colaborando con colectivos o gente que se moviera. Ahora mantenemos el mismo espíritu, aunque con algunas diferencias. Por ejemplo, al traspasar la mágica barrera de los 10 años, de repente parece que te dotas de una mayor prestigio y te empiezan a llamar de nuevos sitios. Otra diferencia es la conversión de grupo amateur en grupo “profesional”. En todo este proceso han ido quedando en el camino much@s colaborador@s, gente que te ayuda en un momento dado, pero que al final se tiene que buscar la vida en otra parte. No empezamos esta actividad con 40 años, sino con 15 ó 20, y el hacerse adulto en esta sociedad implica unos mínimos que, por lo general, no se cubren haciendo teatrito o musiquita. Así, la gente se encuentra ante necesidades económicas que debe atender y ante la obligación de tener que optar entre lo que le gusta y lo que le da de comer. En estos años hemos ido acumulando muchas cosas, muchas experiencias, y nos hemos dotado de más solidez. Tras comenzar a andar en El Gaztetxe de Bilbo y pasar por la Kultur Etxea de San Inazio, llegó un momento en que nos planteamos abrir un local propio y dar prioridad a otras motivaciones. Queríamos tener un local con un funcionamiento estable y abierto al público, sin estar a expensas de que un día te dieran la patada (como ya nos paso) y que te quedases sin nada. Tener un local implica nuevos gastos y también tener que cobrar algo para poder mantenerlo. De todas formas, sigues colaborando en movidas de todo tipo que te interesan, con la idea de apoyar y de que la gente vea que los títeres pueden se un buen vehículo para la denuncia social o para acompañar cualquier tipo de campaña.

¿Por qué decidisteis dedicaros a los títeres?

Nos movían las mismas motivaciones que a la gente que hacía música o fanzines. Se trataba de no ser mer@s espectador@s, de hacer cosas por nuestra cuenta, de forma artesanal y con mucha voluntad. Con la excusa de las marionetas fuimos actuando por txoznas, por bares, etc. lo que eso nos permitió, además, conocer Euskal Herria y hacer muchos contactos. Los gaztetxes o los bares te daban la posibilidad de tener espacios donde poder actuar, de ir aprendiendo a manejarte en lugares pequeños y con estructura mínima, que es la mejor manera de funcionar. Comenzamos asociándonos, a mediados de los 80, con un grupo de música formado por gente de Bellas Artes que estaba interesada en el mundo de las marionetas. Así formamos el grupo “La troupe Zotal”. De este grupo inicial salieron dos: “Kurianitas” y “La Carcoma”. Después llegó El Tenderete y en un momento nos dimos cuenta de que el teatro era algo que nos gustaba y con lo que queríamos continuar como una forma de vida.

¿Con qué problemas o especificidades os encontráis al actuar con títeres?

Normalmente los títeres se asocian con un público infantil, pero a nosotros nos interesa sobre todo el público adulto. Actuar para un público infantil implica hacerlo sobre todo en euskera, lo que no hemos conseguido hasta la última obra. Esto nos reducía las posibilidades y nos obligaba a actuar mayoritariamente fuera del ámbito educativo o a desplazarnos por el resto del Estado.

Otra cuestión problemática ha sido la de actuar con música en directo, baterías, guitarras, etc. lo que implica mayores gastos y mayores necesidades de infraestructura. Por eso, hace un par de años decidimos dejarlo y utilizar una banda sonora pregrabada. Esto supuso un gran crack para nosotr@s, porque habíamos estado funcionado así durante casi 10 años. Entonces pasamos de hacer títere de hilo a hacer títere de guante que es, digamos, la parte infantil del títere. Esto nos llevó a nuevos públicos, nuevas fiestas, nuevos lugares, colegios, etc. También empezamos a hacer más obras por encargo o didácticas, aunque sin dejar de hacer otro tipo de montajes y de actuar en los espacios habituales.
Finalmente, hay un aspecto interesante en los títeres que es el de las posibilidades que otorgan frente al teatro de actores. Por ejemplo, a un muñeco lo puedes matar y resucitar sin que a nadie le extrañe, o hacer que un títere pequeño arree con una cachiporra gigante a un guardia. Te puedes permitir una serie de efectos e incoherencias que, de otro modo, el público te cuestionaría constantemente. Puedes actuar además con múltiples personajes y con unos medios técnicos y económicos limitados.

¿En qué se diferencian los títeres para niños de los títeres para adultos?

Las diferencias son un poco artificiales, que se establecen en ambientes pedagógicos y profesionales, con segmentaciones por edades, normas, etc. Esto resulta un poco ficticio, ya que si una obra es buena lo mismo le va a gustar a los niños de seis años, que a los de doce y por ende a la gente mayor. Lo que sí se establece en el mundo educativo son códigos estrictos respecto a lo que no se puede decir (ej. palabrotas). Cuando se trata de obras para adultos, te das cuenta de que los niños también disfrutan y se acaban metiendo en la historia. En algunos casos, tienes que suavizar los diálogos y evitar ciertas complicaciones y juegos de palabras. Ell@s, de todas formas, se quedan con lo esencial de la historia y son capaces de distinguir la bondad o maldad de los personajes. En estas situaciones, l@s niñ@s privilegian otros aspectos como el movimiento de los muñecos, o la decoración y se olvidan un poco del guión para ver la acción como si se tratase de dibujos animados. Igualmente, es un hecho que los críos no se reúnen tan a menudo en la calle para ver títeres o para jugar. Así, al verse juntos y rodeados de adultos, se crea un ambiente de fiesta que les motiva y les divierte. La gente dice que ahora es muy difícil sorprender a los niños, tan influenciados por los medios de comunicación de masas, pero al final te das cuenta que lo sencillo también engancha y de que los títeres pueden servir para escenificar formas de opresión, para cuestionarlas y para establecer una especie de justicia popular.

Vosotr@s preferís actuar en la calle que en un teatro…

En la actualidad se hace muy poco teatro de calle. La mayoría se representa en una sala cerrada, con cámara negra y unas necesidades técnicas determinadas. Esta manera de concebir los títeres es, para nosotr@s, muy cuestionable, aunque socialmente está mejor visto ir a un teatro, ver un gran montaje, con buena iluminación, etc. y consecuentemente pagar más por ello. Trabajar en un espacio cerrado resulta más fácil, más previsible y más prestigioso que montar en la calle un escenario con cuatro telas. Esta menor valoración del teatro de calle tiene que ver con la idea de pagar una entrada, que conlleva un determinado ambiente, oscuridad y el condicionamiento de tener que comportarse como el resto, de tener que mantener una cierta compostura. Creemos que esto es un poco absurdo, que tiene que ver con una idea errónea de la dignificación del espectáculo teatral. Se cree que actuar en un teatro da más categoría y que cobrar entrada hace que la gente valore más lo que haces. Nosotros pensamos que no es así, y que el llegar a la gente tiene que ver mucho con una cuestión de actitud.

¿Cómo ha sido vuestro aprendizaje teatral?

Hemos ido aprendiendo de nuestros errores, de la experimentación artística y del conocimiento de muchos lugares y mundos artísticos y artesanos, de los que hemos sintetizado aquello que nos servía. Al tener un taller y hacer cursillos vas usando diferentes materiales y ejercitando diversos oficios (electricidad, pintura, carpintería, fotografía, etc.). Hemos ido acumulando, en definitiva, saber e infraestructura. Es muy importante, además, el contacto con otros grupos teatrales, lo que sirve para intercambiar experiencias y ahorrar esfuerzos. Aún así, hemos tratado de que aspectos como el decorado, el montaje, la puesta en escena, los muñecos o los diálogos sean básicamente nuestros.

¿Qué es lo específico de El Tenderete?

Casi todos los grupos interpretan obras ya está escritas. Son obras clásicas (Pinocho, Caperucita, etc.) a las que, como mucho se les introducen algunas variaciones. En general, esto se hace por comodidad o respondiendo a aniversarios institucionales (Lorca, Cervantes, Alberti, etc.) en los que los grupos se dedican a representar una y otra vez obras archiconocidas. Nosotros las escribimos textos originales para cada montaje, tomando como referencia nuestras experiencias, lecturas, etc. Para nosotr@s lo importante es intentar hacer lo que a uno le apetezca, escribir porque tienes algo que decir y no para cubrir un expediente.

¿Hacéis teatro político?

Hoy en día representar teatro de títeres supone en cierta medida hacer teatro político. Lo político, además de en los contenidos, se marca en tu concepción de las cosas, en la forma de desarrollar tu trabajo y de marcar una impronta no convencional. Intentas transmitir en el fondo un deseo de revolverse contra las imposiciones.

¿Os veis haciendo títeres dentro de 15 años?

Totalmente, aunque a veces en la familia nos preguntan si no estamos un poco mayores para seguir jugando con muñecos. Los títeres son nuestro principal interés, aunque también estamos abiertos a otras cosas como el teatro de actores, los malabares o hacer de payasos o de figurantes. Además nos parece interesante el tema de la artesanía teatral, que es algo que se echa bastante en falta.

¿Cuál es el panorama de los títeres en Euskal Herria?

Hablando del teatro en general, sigue existiendo el problema de que la gente que vale se tiene que ir a Madrid porque aquí no tiene muchas posibilidades. La producción teatral y las posibilidades laborales se reducen en buena medida al entorno de ETB.

Respecto a los títeres, hoy sobreviven algunos grupos históricos (Kukubiltxo, Taun-Taun, Bihar, Taupada…), pero hay muy pocas compañías que se dediquen en exclusiva a las marionetas. La mayoría tienen que sobrevivir haciendo teatro de actores o animaciones. Hay festivales o un centro de documentación de títeres (único en todo el Estado), pero son espacios básicamente minoritarios y autoreferenciales. Eso sin contar la falta de un teatro de títeres con programación estable y de escuelas teatrales públicas. Se ve, en definitiva, que no hay un interés institucional y tampoco un intento de los que hacen títeres por abrirse al resto del mundo.

También se aprecia una dificultad de renovación. Hay gente que se acerca al mundo de los títeres, pero por lo general como algo transitorio, precario. Nosotr@s, después de 10 años, empezamos a tener un poco de continuidad y podemos ofrecerle algo a la gente que colabora con nosotros. El voluntarismo o el apañarte con poco está bien, pero cuando te tienes que buscar la vida no es suficiente. Igual tú puedes decidir si sobrevives o no de esta forma, pero cuando requieres la ayuda exterior, a esa gente hay que mantenerla de alguna manera. No puedes decirle “Mira que mundo más bonito, de colorines, de teatro y pasarlo bien” y ya está. Es necesario establecer unos mínimos.

¿Cómo valoráis la relación con lo institucional?

Nosotros nunca hemos pedido subvenciones. Siempre hemos tratado de seguir adelante con nuestros propios medios. La dependencia de lo institucional conlleva un serie de servidumbres y el esfuerzo por adaptarse a los requerimiento de las burocracias políticas y culturales. Esto, en muchos casos, lleva a la muerte de los grupos, ahogados en una dinámica burocrática que les aleja de sus verdaderos intereses (la creación teatral, el taller, los ensayos…). Esta dependencia condiciona además la espontaneidad, porque se mira más a quien subvenciona que al público a la hora de elaborar proyectos. Hay, en suma, un peligro de mercantilización de la producción teatral, que se acaba convirtiendo en un producto más de consumo. Las instituciones, además, prefieren gastarse el dinero en grandes montajes prefabricados, en cultura espectáculo y no en potenciar el trabajo de base, en crear escuelas de teatro etc.

¿Creéis posible establecer algún tipo de colaboración entre grupos de teatro al margen de lo institucional?

Esa es una de nuestras viejas aspiraciones. Nos gustaría juntarnos con otros grupos afines de teatro de calle en Bilbao para ver nuestras necesidades y posibilidades de trabajo en común, para intercambiar información, organizar talleres, rentabilizar esfuerzos, etc. A veces se trata de potenciar un cierto enfrentamiento entre los grupos y te dicen cosas como “es mejor que haya pocos grupos porque así trabajáis más”. Para nosotr@s es al revés, cuanto más grupos haya mejor, cuando más gente haya haciendo actividades habrá más oferta y más resonancia social. Creemos que es importante hacer cosas en común porque lo institucional apuesta a lo superficial, al bombardeo espectacular, pero en realidad genera pasividad, destruye los lazos sociales e imposibilita canales de formación y organización. Si no se establecen estos lazos con otros grupos y espacios sociales al final corres el riesgo del aislamiento, de quedar perdid@ en el mundo con tu teatro de títeres, con tu tallercito y tu tarjeta de visita.

El Tenderete: Iturriaga, 12 – lonja trasera • 48004 Bilbao
Apdo. 3097 • 48015 Bilbao • Tel.: 94 4733048 – 639253239