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Venezuela: Perspectivas económicas/sociales 2022

Jueves 30 de diciembre de 2021 por CEPRID

Pasqualina Curcio

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La economía venezolana lleva ocho en estanflación. Se trata de un fenómeno que combina un estancamiento o caída de la producción nacional con inflación o variación positiva de los precios. Desde el 2013 y hasta el 2020 el producto interno bruto (PIB) ha caído 75%, en otras palabras, a finales de 2020 estábamos produciendo la cuarta parte de lo que producíamos en 2013. No hay cifras oficiales del año 2021 pero la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que el PIB cayó 4% con respecto al 2020. En cuanto a los precios, estos variaron 727.460.681.160% entre enero de 2013 y noviembre de 2021, o sea 727 mil millones por ciento.

Se ha caracterizado también la economía venezolana por un proceso de dolarización de facto mediante el cual, la moneda estadounidense se ha convertido en la unidad de cuenta de los precios de todas las mercancías, excepto el de la fuerza de trabajo, y se ha convertido también en medio de pago y moneda de circulación nacional junto con el bolívar. No hay cifras oficiales al respecto, pero encuestadoras privadas afirman que el 60% de las transacciones comerciales se realizan con la moneda gringa y que, más de la mitad de los depósitos bancarios están en billetes verdes.

No contamos con datos sociales, el Instituto Nacional de Estadística (INE) no los publica desde el año 2015, léase los de desempleo, salud, educación, alimentación por mencionar algunos, mucho menos las cifras de pobreza medida por nivel de ingreso y ni hablar de los datos de desigualdad. Tampoco ha publicado los números sobre salarios e ingresos de los hogares que, en definitiva, son los que verdaderamente importan, nos referimos a todos los datos sociales.

En todo caso, se ha caracterizado la economía venezolana los últimos años por una pulverización del 99% del salario real o poder adquisitivo por lo que no resulta complicado imaginar los niveles de pobreza por ingresos. Desde el 2013, el salario mínimo legal ha aumentado 16.867.469.780%, muy por debajo del aumento de más de 727 mil millones por ciento de los precios. Así las cosas, cerramos el 2021 con un salario mínimo legal mensual igual a 7 BsD mientras que la canasta básica mensual para un hogar de 5,2 personas equivale a 1.823 BsD. La cada vez mayor desigualdad también ha caracterizado a Venezuela los últimos años de acuerdo con datos del Banco Central de Venezuela.

Pronosticar lo que ocurrirá el próximo año 2022 pasa por identificar y reconocer cuáles han sido las causas que han determinado la situación económica y social de los últimos años en Venezuela para luego, en un ejercicio de escenarios económicos, geopolíticos y políticos, modelar lo que pudiese ocurrir con cada una de ellas durante los próximos meses.

Recuperación económica 2022

Comencemos con el pronóstico de los niveles de producción para el 2022. De acuerdo con estudios econométricos que hemos realizado y también publicado, entre los múltiples factores que explican el PIB en Venezuela, son dos los que han determinado su caída durante los últimos ocho años: 1) la disminución de las exportaciones que, en nuestro caso son principalmente petroleras porque somos, desde hace décadas un país mono exportador y 2) la depreciación de nuestra moneda, el bolívar. A estos dos factores debemos añadir un fenómeno sobrevenido y mundial desde inicios del 2020, nos referimos a la pandemia por el Sars-Cov-2 que, entre otros aspectos, implicó políticas de confinamiento, afectando la producción tanto nacional como mundial e implicó también la caída de 5,3% del comercio mundial (Cepal) que, por supuesto nos afecta, así como la disminución de los precios internacionales del petróleo que llegaron a ubicarse en promedio en 27,3 US$ en 2020 y que nos afecta mucho más.

La recuperación económica en Venezuela para el 2022 pasa, entonces y principalmente, por: 1) el aumento de las exportaciones petroleras (más allá del discurso y de las buenas intenciones del modelo “post rentista”) pasa también por 2) la estabilización del bolívar o, en todo caso, por la neutralización de los efectos de su depreciación y pasa por 3) la evolución de la pandemia, del eventual surgimiento de nuevas variantes del virus y del acceso a las vacunas.

Con respecto a las exportaciones petroleras, éstas han caído 91% entre 2013 y 2020 (OPEP). Dicha caída se ha debido, en un primer momento (2013-2016) a la disminución de 65% del precio internacional del petróleo, caída que no es casual y que forma parte de los planes de la guerra no convencional contra el pueblo venezolano (Venezuela Freedom-2 y Golpe Maestro para derrocar la Revolución Bolivariana del Comando Sur). Luego, a partir del 2017 comenzaron a recuperarse los precios de los hidrocarburos, pero inició una caída de la producción nacional de petróleo: pasamos de producir 2.372 miles de barriles diarios (mbd) en 2016 a 568 mbd en 2020 (OPEP), a la que se sumó en 2020 una nueva disminución de los precios debido a la pandemia, llegaron a ubicarse en promedio en 27,93 US$/barril durante ese año.

La caída de la producción petrolera puede ser atribuida a múltiples causas, entre ellas la mala gestión de la industria y/o la presunta corrupción, pero también y sobre todo al criminal bloqueo contra Petróleos de Venezuela (PDVSA) que, aunque ha sido encubierto desde el 2013, fue oficializado por Donald Trump en agosto de 2017 mediante la Orden Ejecutiva 13.808 que ha implicado no solo la dificultad para colocar nuestro petróleo en los mercados internacionales, sino también y sobre todo para importar la materia prima y la tecnología que se requieren para la producción.

Dijo Elliot Abrams en abril de 2020: “Lo que hemos estado tratando de hacer es quitarle recursos al régimen para que no pueda continuar con sus terribles depredaciones y hemos tenido mucho éxito en eso. (…) En 2013, Maduro asumió la presidencia, bajaron a 2,3 millones de barriles por día. (…) Hoy parece estar más cerca de 250.000 barriles por día, lo que supone una increíble reducción del 95%. Parte de esto es su propia corrupción e incompetencia, parte de esto son, por supuesto, nuestras sanciones (…) por lo tanto, no produce petróleo”.

Según el boletín de noviembre de 2021 de la OPEP, la producción de petróleo en Venezuela aumentó 33% en 2021 con respecto al 2020, ubicándose en 756 mbd en octubre de este año. Por su parte, los precios del petróleo aumentaron 170% en 2021 con respecto al 2020. Ahora se ubican en 72,82 US$/barril.

De continuar esta tendencia creciente de la producción y de los precios petroleros en 2022 debería reflejarse en un aumento de las exportaciones y por lo tanto del PIB en nuestro país, sí y solo sí, se cumplen dos condiciones: 1) que los ingresos por exportaciones petroleras sean usados de manera que tributen a la producción nacional y no vayan a parar a paraísos fiscales, 2) que el eventual crecimiento económico consecuencia del aumento de las exportaciones petroleras no sea contrarrestado/anulado por la continua depreciación del bolívar y su consiguiente hiperinflación y deterioro del salario real, aspectos en los que nos centraremos en la segunda parte de esta entrega.

La recuperación de las exportaciones petroleras en 2022, sea por el aumento de la producción de petróleo y/o por el incremento de los precios internacionales del crudo, podría verse reflejado en un aumento de la producción nacional, si y solo si, se cumplen por lo menos dos condiciones.

Primero, que las divisas que ingresen por la venta de hidrocarburos realmente tributen a la producción nacional y sean usadas para importar materia prima, insumos y tecnología requeridos en los procesos productivos internos, en lugar de ir a parar a paraísos fiscales, motivo por el cual es necesario establecer un estricto control de la administración de dichas divisas por parte del gobierno nacional y del Banco Central de Venezuela (BCV). Si, por el contrario, son usadas para intervenir en el mercado cambiario, es decir, para venderlas en dichos mercados con la ilusión de que con tal acción controlarán la depreciación del bolívar, el resultado final será que esas pocas divisas se fuguen.

Segundo, que ese eventual crecimiento económico en 2022, consecuencia del aumento de las exportaciones petroleras, no sea contrarrestado/ anulado por la depreciación del bolívar, la cual, desde por lo menos el 2013, ha sido inducida por un ataque contra nuestra moneda, tal como fue confesado por el senador republicano Richard Black en 2019, quien dijo: “Hemos desmonetizado su moneda y, a través del sistema bancario internacional, hicimos que la moneda venezolana careciera de valor y luego vamos y decimos: ‘Miren lo malo que es este Gobierno, su moneda no vale nada’. Bueno, no fueron ellos, fuimos nosotros quienes hicimos inútil su moneda”.

El ataque al bolívar es una de las principales causas, junto con la caída de las exportaciones, del desplome de la producción nacional desde el año 2013. De hecho, por cada 100 bolívares de disminución del producto interno bruto (PIB), 60 son explicados por la depreciación inducida del bolívar que asciende a 5.466.052.934.406% desde 2013.

Recordemos la secuencia de dicho ataque: el imperialismo manipula políticamente el valor del bolívar a través de las redes sociales; este tipo de cambio, aunque ficticio, sirve de referencia para los precios de todas las mercancías (excepto la fuerza de trabajo) los cuales han aumentado 727.460.681.160% entre enero de 2013 y noviembre de 2021 que, aunado a la congelación del salario mínimo legal que solo ha sido ajustado 16.867.469.780% desde 2013, ha derivado en una pulverización de 99% del salario real y una disminución del gasto público del 33% del PIB en 2013 al 2% del PIB en 2021, ocasionando una caída del 62% de la demanda nacional (entre 2013 y 2018, no disponemos de datos a la fecha). Cuando cae la demanda en una economía, los dueños del capital no tienen incentivos para aumentar la producción, ¿para qué producir si no hay quien compre? Es así como el ataque al bolívar ha incidido en la caída de la producción.

Lo más probable, casi con certeza, es que el imperialismo no deponga su principal y más poderosa arma: el ataque al bolívar. Esos portales web y cuentas de redes sociales a través de los cuales manipula el valor del bolívar permanecerán activos, sobre todo si consideramos que le llevó por lo menos 15 años irlos posicionando en el imaginario de los venezolanos (desde el 2006 andan en eso, desde que apareció la “lechuga verde”). Quizás el imperialismo baje la intensidad del ataque, como de hecho ha ocurrido los últimos meses, pero no desaparecerán los portales web, estarán al acecho para intensificarlo en el momento que considere más oportuno. Incluso, dicha arma pudiese mantenerse vigente en un eventual escenario en el que gobierne la derecha en nuestro país. Veamos el caso de Argentina: el dólar blue se instaló con Cristina Kirchner y no desapareció durante el gobierno de Macri, a pesar de que éste levantó el cepo cambiario. Hoy, el dólar blue, con Alberto Fernández sigue determinando los precios en el país del sur.

El hecho de que haya disminuido la intensidad del ataque al bolívar los últimos meses, al punto de que se detuvo la hiperinflación, no se debe a que el imperialismo se compadeció de los venezolanos, sino principalmente a que han logrado llevarnos al límite de un deterioro del 99% del poder adquisitivo y una producción que no supera la cuarta parte de la del año 2013. Sin embargo, eso no significa que, en cualquier momento, decidan arremeter.

Recordemos el caso de la Nicaragua sandinista. En el marco de la guerra contra la revolución, el gobierno de EEUU bloqueó al pueblo nicaragüense; programó un desabastecimiento de bienes esenciales y largas colas; financió a grupos paramilitares (La Contra) y también atacó la moneda: el córdoba. De hecho, en 1988 la hiperinflación inducida por dicho ataque superó los 30.000%. Entre 1988 e inicios de 1990, el ataque al córdoba se mantuvo, aunque con menor intensidad, a pesar de que, el gobierno sandinista, en el marco del diálogo y muy ingenuamente al confiar en el imperialismo, cedió e implementó un paquete neoliberal que consistió en la congelación de los salarios y la privatización de empresas del Estado y su reducción. Mientras tanto, el imperialismo, siguió con su plan y bastó con que se adelantaran las elecciones presidenciales en 1990 para que arremetieran con un nuevo ataque a la moneda que se tradujo en una hiperinflación durante ese año y la derrota de la revolución sandinista en las urnas con la victoria de Violeta Chamorro, candidata de la derecha. Luego, mágicamente, una vez Chamorro en el poder, desapareció la publicación diaria y manipulada del supuesto tipo de cambio del córdoba con respecto al dólar.

Un posible escenario es que en el 2022 baje la intensidad del ataque al bolívar. Ya el poder adquisitivo de la clase trabajadora está al mínimo y la economía se encuentra dolarizada de facto (principales objetivos de la guerra imperial). Por lo tanto, y en ese escenario, la recuperación de las exportaciones petroleras podría reflejarse en aumentos de la producción nacional, pero con graves y grandes desigualdades si no se ajusta el salario mínimo mensual y con éste las pensiones y jubilaciones, así como el gasto público.

Otro posible escenario es la activación del referendo revocatorio por parte de la derecha opositora y, por lo tanto, la polarización política. En ese caso, no dudarán en intensificar nuevamente el ataque al bolívar, así como otras armas de la guerra no convencional, por lo que cualquier incremento de las exportaciones petroleras se verá anulado por la inflación y por el mayor deterioro de la demanda agregada.

En cualquiera de los escenarios, de mayor o menor polarización política, o con más o menos concesiones que el gobierno dé a los grandes capitales en el marco del diálogo, éstos no depondrán el ataque a la moneda, a menos que dichas concesiones sean muy, pero muy grandes. Pensar lo contrario sería ingenuo, motivo por el cual es urgente neutralizar los efectos de la manipulación política del valor del bolívar al punto de hacer inefectiva dicha arma. Es allí donde se justifica la propuesta de la indexación de la economía. Así que dependerá también la recuperación económica/social en 2022 de que, en el discurso y en la práctica, el BCV reconozca que nuestro bolívar está siendo atacado, tal como lo han confesado lo gringos, y no siga enfrascado en paradigmas monetaristas/ neoliberales que en vez de resolver le hacen el trabajo al imperialismo.


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