Desde Italia. Una mirada a la nueva coyuntura

El capitalismo está en crisis, siempre lo ha estado. La crisis ha devenido inseparable del capitalismo, esta sirve para poder sostener la capacidad productiva que lo mantiene a flote, los ejemplos son claros hace tiempo. Desde que Marx pudo observar el fenómeno descrito como ejército de reserva –entendido este como un grupo de la población trabajadora que tiene que ser desempleada para poder mantener los salarios bajos– hemos hecho ya un largo viaje en las entrañas de la historia.

Los países occidentales capitalistas han sufrido grandes transformaciones; las maneras en que estos países producen y generan riquezas se han visto marcadas por diferentes fases de crisis. Basta mirar un poco hacia atrás y ver la historia humana reducida a sus problemas fundamentales (los problemas humanos pueden ser pensados en el enlace entre sexo, raza y clase).

El filósofo italiano Franco «Bifo» Berardi denomina capitalismo tardío a la actual fase sistémica que estamos viviendo y que se ha desarrollado como una captura paradigmática, es decir, como la fijación de una posibilidad sobre otras, un fenómeno que reduce el campo de lo posible, y se ha visto actualizado por medio de un agente externo como lo es el caso de la pandemia en curso. El virus no ha parado de expandirse, pero ¿por qué, si el virus no ha desaparecido, estamos ya trabajando y comprando como antes? parece que la máquina no se puede parar.

Muy seguramente el capitalismo morirá y es algo que se representa como inevitable visto como se le ve ya gastado, pero ¿estamos preparadxs para imaginarlo?, ¿existe realmente alguna alternativa?, ¿o es, acaso, la única alternativa (como decía Margaret Thatcher)?

El concepto de capitalismo tardío es retomado, y actualizado, por el sociólogo y filósofo británico Mark Fisher a la luz de los estudios culturales. Fisher abre su libro Realismo capitalista con una afirmación lapidaria de Fredric Jameson: «Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo». ¿Tiene razón? Dejemos estas preguntas abiertas para poder analizar la situación italiana en esta –no tan nueva– crisis del capital.

El virus, tanto el virus biológico como el virus de sentido, de lenguaje, ha golpeado la vida de todo el planeta, por primera vez (pienso) la máquina capitalista ha tenido que pararse a nivel global. Cientos de millones de personas han visto, y sufrido, de un día a otro la invasión en sus vidas de un fenómeno desconocido, no solo por la magnitud de la enfermedad, sino por la capacidad de esta enfermedad de meter el freno, usar el sabot, en un sistema que repetitivamente necesita de los cuerpos para funcionar. Navegando en un mar de estadísticas, casi siempre naufragando, hemos tenido que escuchar una vez más la palabra crisis: Crisis sanitaria, Crisis económica, Crisis social, Crisis, Crisis…

En Italia, como en casi todo el mundo, los continuos recortes de parte del Estado a la sanidad pública han terminado por crear las condiciones perfectas para una tormenta que se podía ver venir sin la necesidad de mirar al cielo, al final en la tierra también se puede naufragar. Desde diciembre las primeras noticias que arribaban desde Oriente eran preocupantes, sin embargo, la respuesta del Estado italiano fue cerrar las fronteras con la China esperando que de ese modo el virus no llegase a la península anclada en el Mediterráneo (sin contar con que en un mundo globalizado no solo se globaliza la economía, sino también la pobreza y los virus). Italia está rodeada de mar, y tal como lxs migrantes que vienen del África en barcas inflables, el virus llegó, el virus biológico, como también el virus del verbo, lingüístico, la palabra. Las retóricas de derecha se vieron fortalecidas, porque el virus, para ellos, es lo que viene de afuera, como la metáfora del mar, como lxs migrantes, el virus llegó de afuera. Comenzaron, entonces, los gruñidos contra todo lo que se puede denominar Otro, el gran Otro, el no católico, el no blanco, el no masculino. Se sucedieron episodios racistas en Milano, asaltos a supermercados y, por último, todxs a cuarentena.

Los colectivos afectados durante la cuarentena han sido muchos, sin embargo, podemos pensar dos categorías: la primera son las personas más vulnerables al virus biológico, es decir, lxs ancianxs; la segunda, en cambio, puede pensarse como la población afectada, lxs que más han sufrido los efectos políticos de la crisis: lxs presxs, lxs migrantes, las mujeres que trabajan en el hogar. A la luz de la emergencia sanitaria y la cuarentena se ha podido ver la desigualdad más cruel. Toda esta desigualdad, en la cuarentena, ha tenido un metro mesurado en metros cuadrados de la propia habitación.

Para comenzar, quiero hablar de la situación de lxs migrantes. Es esta quizá una de las más serias en este momento, comienzo con la migración porque es, justamente, el lugar enunciativo de quien escribe. Este capitalismo tardío, al que hacía referencia al principio, sigue desarrollándose mediante la precarización laboral, por ejemplo, uno de los motores de este gran barco que se hunde más presente en nuestra cotidianidad es la mal llamada, para endulzarla, Gig economy, (suena bien, ¿no?). Básicamente la Gig economy consiste en desvincular los lazos –por lo tanto, también las luchas y los sujetos– laborales entre trabajador y capitalista (o inversor, que tal vez suena mejor). Este tipo de empresas, como Glovo, Über eats, etc; presentan un modelo cínico en el cual dan la «libertad a sus trabajadores» de ser explotadxs cuando quieren. De hecho, lxs trabajadorxs no son mas trabajadores, sino dueños de su tiempo, son empresarixs en sí mismxs; los contratos de estas empresas, hace falta decirlo, desempeñan solo una formalidad, lxs trabajadorxs tienen que pagar sus impuestos y sus jubilaciones porque no está comprendido asumirlos como parte de la empresa, son emprendedorxs en sí mismos, soñadorxs, revolucionarixs. La gran mayoría de lxs trabajadorxs de estas empresas son jóvenes africanxs o de medio oriente que, al verse racializados, terminan haciendo trabajos que no están dispuestxs a hacer los locales y termina por ser la única vía de sustento de familias completas que no entran en las estadísticas de estados de emergencia, subsidios, sanidad. Esta marginalización que opera sobre la población migrante, condenada ha trabajar para estas empresas o explotadxs en los campos de cultivo en el sur, ha salido a flote durante la cuarentena. La precarización laboral a la que están sometidos les ha obligadx ha salir a trabajar, aunque no se pudiese, arriesgando su salud y la de sus familias y creando, de esta manera, las condiciones perfectas para desarrollar focos de contagio dentro de espacios habitacionales completamente hacinados que no entran en las estadísticas del conteo de muertxs y enfermxs; muchas de estas personas presentes en el territorio dominado por el Estado italiano han tenido el derecho de ser explotadxs, pero no sanadxs.

La población carcelaria en Italia se ha hecho sentir al inicio de la cuarentena. Una revuelta ha hecho temblar las entrañas del sistema penitenciario, saldada con varios muertos del lado de los presos, la revuelta ha comenzado con un decreto presidencial que impedía las visitas de parte de lxs familiares y lxs abogadxs a los centros penitenciarios. El ocho de marzo (el día en el que el gobierno ordenó la reclusión obligatoria), en 27 cárceles italianas en las ciudades de Alessandria, Padova, Vercelli, Milano, Pavia, Genova, Modena, Roma, Frosinone, Napoli, Salerno, Foggia, Palermo, los presos se han tomado las instalaciones. En Modena el saldo de la revuelta ha sido de seis muertos en la primera jornada; la respuesta que ha dado el Estado con respecto a estas muertes, ha sido la de acusar a los presos de haber robado opiáceos de la enfermería y, debido a ello, las muertes se habían producido por sobredosis, ninguna debida a la represión. En Foggia se han producido decenas de evasiones. En Pavia fueron secuestrados dos policías.

Como no podía ser diferente, al terminar la revuelta vino la venganza. En la revista Monitor, de Napoli, se puede escuchar una conversación entre un preso y su compañera en una llamada registrada; en esta llamada el preso cuenta cómo la policía penitenciaria ha tomado venganza con los métodos de siempre: a muchos de los presos se les ha cortado el cabello y la barba; han entrado escuadrones antidisturbios a pegarle a todos sin discriminación, de hecho en la llamada se escucha que muchos han perdido los dientes y a otros los habían dejado en coma de tanto golpearlos; y después, con el retorno a la «normalidad», la policía penitenciaria ha continuado a descargar su rabia golpeándolos por turnos.

Un gran problema que han tenido que afrontar estas revueltas ha sido sin lugar a dudas la falta de politización de los presos; la confusión entre demandas genéricas y los problemas, más que claros, del sistema penitenciario; los presos no han podido organizar su rabia hacia objetivos específicos que hubiesen podido cambiar el rumbo de la revuelta y adaptarse, ir de la emergencia sanitaria del Covid hacia las entrañas del sistema represivo y «correctivo». Sin embargo, la revuelta está ahí, es la luz de un faro que se enciende, es siempre una posibilidad y al vivir en un mundo en crisis es siempre una posibilidad que se desvela todo el tiempo vecina, como un barco pirata que arriba a puerto.

Por otro lado, el 13 de mayo en la ciudad de Bologna han sido arrestados doce compañerxs anarquistas en la operación «Ritrovo», sobre siete de ellxs pesaban acusaciones de asociación terrorista y propaganda para la lucha anti-Estado. Cinco de ellxs han sido obligados a presentarse a la policía judicial diariamente, a los otrxs siete les han dado prisión preventiva. En realidad, este es el precio que han pagado por haber sostenido las revueltas en las cárceles al principio de la pandemia; la acusación de terrorismo que pesaba sobre ellxs se debe a dos repetidores de antenas de televisión que fueron dañados en 2018, era muy claro que la acusación de terrorismo por dañar dos antenas de televisión era desproporcionada. Por el momento, al no ser soportados los cargos de asociación subversiva con pruebas fehacientes la acusación ha caído; al parecer, lo que ha hecho fastidiar a las altas esferas del Estado es la solidaridad creada con la campaña contra los centros de detención de inmigrantes (Centri di Identificazione ed Espulsione). Resta todavía la acusación de instigación a delinquir, veremos cómo se desarrolla, sin embargo es un llamado a estar alerta y a extender los lazos de solidaridad.

Y es acá donde las cosas empiezan a mejorar, por fortuna, las redes de solidaridad cuentan y mucho. El primero de mayo en plena cuarentena los Riders (trabajadores de Glovo, Über eats, etc.) se organizaron de manera espontánea e hicieron un paro para conmemorar esta fecha de lucha dándose cita en las plazas principales de las grandes ciudades, organizados desde los bajos fondos han sido lxs unicxs que han hecho paro un día tan especial.

En Milano durante la cuarentena, cientos de personas han creado las «Brigate per l’emergenza». Reunidxs con el proposito de dar apoyo a los sectores vulnerables y afectados por la cuarentena han llevado la comida a la mesa de una gran cantidad de personas que lo necesitaban. Este grupo, creado desde abajo, formado por gente joven de los centros sociales ocupados y ONG’s han hecho de soporte en Milano y toda su área metropolitana portando solidaridad a las zonas periféricas más olvidadas. Sin embargo, la solidaridad no se ha parado; con el fin de la fase de emergencia más aguda y el relajamiento de las medidas restrictivas en todo el país estos colectivos voluntarios han tomado parte activa en las movilizaciones por las reivindicaciones sociales como las luchas de lxs operadorxs sanitarixs, las luchas antirracistas, etc.

Basta decir que la cohesión social que se ha visto durante la cuarentena con manifestaciones espontáneas como salir a cantar a los balcones o los ofrecimientos de muchas personas en los edificios para ir ha hacer las compras a los supermercados para la gente anciana ha llegado a su fin con el relajamiento de las medidas restrictivas; es como si el Estado pudiese decir, incluso, hasta donde llega la solidaridad. La apuesta más grande que tenemos para poder crear un mundo diverso, con un capitalismo que se ahoga, es poder mantener, fortalecer y ampliar estas redes de solidaridad y, claro, también de lucha.

Muchas experiencias de reivindicaciones sostenidas hace tiempo se vieron fortalecidas causando cohesión en muchos grupos que antes de la emergencia estaban bastante dispersos. Como en el caso de los Riders las ciudades que se han visto verdaderamente invadidas de cientos de personas que trabajan todos los días como repartidorxs, en la época de la cuarentena, algo se ha empezado a mover; desde el llamado al paro el primero de mayo es ahora normal ver estas personas como un grupo consolidado en las luchas antirracistas que despuntaron por todo el mundo con motivo de dar sostenimiento al grupo de lxs Black lives matter en los Estados Unidos.

Pero la cosa no termina acá, el esnobismo despertado entre mucha gente por apoyar la luchas antirracistas que operan en el país más poderoso del mundo, no ha podido, sin embargo, ver el racismo que se vive dentro de un país como Italia; lxs organizadorxs de la marcha contra el racismo han levantado la voz para denunciar la racialización a la cual están sometidxs y está presente en el país y, al mismo tiempo, hacer ver la hipocresía que habita dentro de las esferas biempensantes de la sociedad que protesta por lxs norteamericanxs, pero no por lxs africanxs. La misma sociedad socialdemócrata que haciendo el aperitivo comienza sus discursos con un: yo no soy racista, ¡pero!

Pero los colectivos organizados no son algo banal. Una de las grandes preocupaciones en la Italia del Coronavirus era quién iba a trabajar en los campos de cultivo en los que la gran mayoría de lxs trabajadorxs es migrante. Se escuchaba desde el sur de la península gritar por una amnistía de los permisos de estadía para las personas migrantes que trabajaban en el campo. Cosa jamás pensada visto que hace diez años, en Rosarno, Calabria, los propietarios de la tierra disparaban contra las protestas de lxs trabajadorxs migrantes del campo, iniciadas por unos disparos contra su campamento y por las pésimas condiciones en las que trabajaban, muchxs de ellxs inclusive en condiciones de esclavitud. No olvidamos como la gente «joven» de Rosarno y Gioia Tauro estaban del lado de la policía para tratar de reducir las protestas y la rabia de más de 1500 explotadxs. No lo olvidaremos porque esas mismas personas que levantaron la mano contra lxs explotadxs ahora piden a gritos permisos de trabajo para que no se pierdan los cultivos.

Con motivo de una amnistía generalizada, una amnistía de los permisos de estadía que no comprendiera solamente la posibilidad, casi un privilegio, de ser explotadxs en los campos ha sido organizado un paro de lxs trabajadorxs estacionales del campo; la fuerza que han tenido ha llegado hasta el palacio presidencial para comprometerse con tumbar el «decreto di sicurezza o decreto Salvini» en el cual la derecha fascista y racista ha hecho de los procesos de pedido de asilo humanitario un verdadero castillo de Kafka. Al final, este decreto lo único que hace es favorecer la inmigración ilegal, mientras ve cómo la mafia se frota las manos. Además de que prevé como un delito bloquear las calles o binarios de tren y ocupar casas como ha sucedido con la casa ocupa de vieja data llamada XM24 en la ciudad de Bologna.

El panorama político en Italia y en el mundo en general se está moviendo, algo está realmente cambiando. Con motivo del virus y el aislamiento obligatorio la máquina se ha tenido que parar y hemos visto mucho más claramente, de manera dolorosa, el terror que genera la desigualdad cotidianamente. Los ojos de muchas personas se han abierto y han podido ver el monstruo del capital cara a cara. La solidaridad mostrada entre las personas en esta época no puede ser solo la anécdota de una pandemia, está en nuestras manos seguir sosteniendo y creando estos lazos que tanto cuesta construir. Auguro tiempos de revuelta para esta situación insostenible y completamente indeseable. En Italia el calor está llegando y no solo por cuenta del verano; será un año caliente en las montañas de Val di Susa para el movimiento No TAV que se encuentra resistiendo a la construcción del Tren de Alta Velocidad entre Torino y Lyon, será un año caliente para lxs trabajadorxs del campo y de la ciudad que tendrán que afrontar la lucha para no terminar por pagar la crisis, será un año caliente para todxs, auguro un año caliente.

Andrés Cáceres

NOTA:

  1. Acá el link con información en inglés y en italiano sobre lxs compañerxs presxs: https://www.infoaut.org/date/2020/4/13

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