Sobre las jormadas en torno a la negociación de los espacios ocupados: entre el antagonismo y la negociación

La okupación en Barcelona es una práctica política que en las últimas décadas ha generado vida, capacidad de lucha y autonomía a colectivos de todo tipo.

Si bien nunca ha habido dogmas en cuanto a qué forma de interacción teníamos que mantener con las instituciones, la inmensa mayoría de las posiciones daban por hecho que negociar con el Ayuntamiento no beneficiaba en nada a nuestros proyectos y más bien podía acarrear consecuencias negativas como la pérdida de autonomía. Sin embargo, en los últimos años han aparecido casos que han roto con este consenso tácito por diferentes causas y circunstancias. Frente a esto, algunas personas preocupadas, dentro del marco de la okupación política, convocamos unas jornadas para poder analizar juntas, con perspectiva y profundidad que está sucediendo y por qué.

Abrimos así un debate en torno a la negociación, la viabilidad y el sentido de la okupación en un contexto local de gentrificación intensiva…

Todo empezó a raíz de la filtración -hace un par de años aproximadamente- de que Kasa de la Muntanya estaba en contacto con la administración para buscar una solución pactada con el Ayuntamiento (Barcelona en Comú-Podem) y regularizar así su situación. Los rumores e informaciones parciales generaron un malestar en nuestro entorno debido a esta falta de transparencia y por la imposibilidad de enterarnos de primera mano de las opciones que el colectivo se planteaba. Es así como decidimos hacer una asamblea para hablar del asunto.

En la asamblea surgieron dudas, inquietudes e indignación, pero también la conclusión de que no era un caso único y que existía la necesidad latente de hablar más ampliamente de la situación, eso es, de pasar de lo particular a una visión más global del momento y circunstancias de la okupación en Barcelona. Se configuró, pues, un grupo de trabajo con el objetivo de dar forma al debate.

En este grupo, dándole vueltas, nos dimos cuenta que había muchos temas que influían y que eran imprescindibles de tratar. Desde las cuestiones más político-jurídicas, como la función histórica de la socialdemocracia por recuperar y desactivar ciertas luchas una vez accede al poder o el endurecimiento de las leyes contra la okupación; hasta circunstancias más personales, como la precariedad, la inestabilidad generada por los desalojos continuos o la necesidad y búsqueda de seguridad.

Sentimos que era importante plantear una jornada en la que las distintas posiciones pudieran encontrarse, escucharse, así profundizar en la comunicación y ampliar juntas conciencia de lo que está pasando. Entonces nuestra intención no era llegar a acuerdos, si no más bien, generar un espacio seguro donde todo esto fuera posible. Quisimos romper con el típico modelo de debate-competencia en el que dispersamos y agotamos la energía peleando. Y es que muchas veces esto nos hace quedarnos en la superficie de las cosas. Entendimos que este modelo no iba a a servir para que se expresaran todas las voces, lo que nos hizo pensar un formato participativo que, a través de dinámicas de grupo, y un debate facilitado, permitiera visibilizar aquéllo que hasta el momento quedaba en la sombra.

También nos preguntamos «por qué está fallando la comunicación entre compañeras» o «por qué permitimos la propagación de rumores» en vez de generar espacios donde efectivamente podamos mirarnos a la cara, debatir las cosas y así crecer políticamente y como comunidad.

Trabajamos entonces, para organizar una jornada de reflexión con el objetivo de poner en común las dificultades que nos atraviesan, de compartir perspectivas, y comprender por qué hay gente que negocia, cuáles son sus motivos y finalidades. La jornada se celebró en junio de 2018 y asistieron unas 40 o 50 personas de diferentes espacios okupados entre los cuales quedaban bien reflejadas las diversas posturas.

Para romper el hielo y sondear desde donde hablaba cada una comenzamos con el juego de «El sonómetro», eso nos dio una idea de las distintas realidades dentro del grupo: como edad, género, racializadas o no, con personas a cargo, la seguridad material de la que goza cada una, etc… Pretendíamos tomar conciencia de la diversidad del ecosistema humano que formábamos y de este modo entender mejor si se podían establecer conexiones con los posicionamientos respecto al tema.

Vimos también que si queríamos comunicarnos de verdad, primero tendríamos que aclarar y definir conceptos colectivamente. Con este objetivo creamos grupos de discusión en los que tratamos las siguientes preguntas:

¿A qué nos referimos cuando hablamos de pactos, conversaciones o negociaciones? ¿En qué se diferencian? ¿Hay líneas rojas de qué o con quien pactar? ¿Por qué se hacen en secreto los pactos? ¿Cómo nos afecta esta falta de transparencia? El que tengamos unas redes más o menos consolidadas ¿puede influir en el hecho de que nos planteemos pactar? ¿Es la okupación una herramienta o una forma de vida? ¿Qué expectativas tenemos sobre ella? ¿Es sólo para jóvenes? ¿Es para todo el mundo? Dentro de un CSO, ¿qué es lo que genera la red, la preservación del espacio o las relaciones? ¿Cómo podemos plantear y solucionar las necesidades vitales de manera colectiva? ¿Estamos teniendo en cuenta las diferentes realidades, limitaciones, etc., a la hora de que todo el mundo pueda acceder y formar parte de los espacios okupados? Luego se pusieron en común las conclusiones de cada grupo.

Tras la comida, algunas compañeras compartieron un informe preparado previamente sobre el tema de okupación y pactos a nivel europeo, a partir de textos publicados, experiencias compartidas y análisis hechos por compañeras de otras ciudades. Esta contextualización sirvió para enmarcar el caso de Barcelona en una realidad más amplia que nos dio perspectiva de hacia dónde avanzan los procesos de gentrificación y qué estrategias utilizan los poderes públicos ante nuestras formas de resistir, organizarnos y luchar. El material utilizado se puede consultar en: https://www.dropbox.com/s/b7eel9edbyn9fra/Legalització a Europa FINAL.pdf.

Después de esto pasamos a compartir las diferentes situaciones de las casas que estábamos allí representadas. Cada cual expuso su situación, si se estaba negociando o no, qué posiciones, consensos y discrepancias había dentro del colectivo, y cómo se había abordado la cuestión. Cabe decir que el clima de escucha generado permitió que se expresaran un par de casos más de negociación aparte del de Kasa de la Muntanya. Se reestableció de este modo la comunicación, aunque fuera entre posiciones encontradas.

Finalmente, hicimos una valoración de la jornada.

Una de las cosas que más valoramos es que se consiguió un buen ambiente gracias al planteamiento realizado, abierto y sin condiciones; y a la forma de abordar la cuestión, a través de dinámicas y partiendo del nivel zero. En consecuencia, se pudieron explicar situaciones que no se conocían ni reconocían como parte de la problemática, cosa que generó cohesión, comprensión y cercanía. Este hecho deshizo el fantasma que rodeaba la jornada antes de empezar, ya que todo parecía indicar que posiciones tan diferentes no podrían encontrarse para hablar y que inevitablemente el debate se convertiría en una polémica entre opciones irreconciliables. Pero no fue así ya que, en el fondo, había una necesidad prioritaria de hablar y reconstruir puentes entre colectivos e individualidades, y al hacerlo bajó la tensión y se acabó con las informaciones parciales y los falsos rumores.

De ahí nos llevamos la constatación de que hacen falta redes más fuertes y más estrechas que den seguridad a las compañeras, intensificar el apoyo mútuo. Queremos construir sobre la conciencia de tener una causa común de manera que lo que hacen unas afecta a las otras. Es por esto que la comunicación toma una especial relevancia en términos de lucha y resistencia. El «salvese quien pueda», la falta de una visión colectiva, debilita la okupación y nos obliga a tomar posiciones poco reflexionadas o que tan sólo responden a la lucha individual por la supervivencia.

Sea como sea, la jornada abrió un espacio indispensable para la okupación aunque sólo fuera un primer paso. Quedaron muchos temas por hablar y profundizar y quedaron sin concretar nuevas formas organizativas que permitan resistir ante el envite gentrificador capitalista.

Vimos también que para llegar colectivamente al fondo de todas estas cuestiones necesitaríamos unas jornadas de varios días y dedicarle más tiempo y energía.

Sin embargo, un apunte más. Al cabo de poco, otro centro social emblemático -que se encontraba ante el mismo dilema- hizo lo propio y organizó una jornada para exponer su caso, compartir sus dudas y posiciones con el entorno y debatir, desde una perspectiva colectiva, sobre los pros y los contras de una negociación con el Ayuntamiento.

Lo valoramos muy positivamente, ya que sin reflexión no hay resistencia posible y sin organización colectiva la okupación corre el peligro de ser desalojada de nuestras vidas y ciudades en los próximos años.

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