Estados clandestinos: un capítulo rioplatense de la Operación Cóndor

Estados clandestinos: un capítulo rioplatense de la Operación Cóndor (2016) dirigido y guionizado por Paula Monteiro y Marc Iglesias, con la colaboración de Abel Moreno y los acordes de Guillemo Rizzotto, obtuvo el premio Derechos Humanos Festival Cineuropa de Santiago de Compostela en 2017. Se trata de un excelente reportaje que empieza con una panorámica amplia, del contexto social y la lucha de clases en los años setenta en el Cono Sur de América, y va acercando el zoom a algo muy concreto: la tentativa de reorganizarse de un grupo de militantes, provenientes de Uruguay, y de la represión despiadada hacia ellos. Y ahí es cuando los documentalistas hilan muy fino, aportando datos, hasta ahora poco conocidos o un tanto desordenados y, exclusivamente a través de los testimonios de catorce supervivientes, ejercen de cronistas, transmitiendo la emoción y la claridad en los hechos. Destacan, por su importancia y profunda emotividad, los testimonios de los hijos de los luchadores sociales desaparecidos.

Opiniones las hay para todos los gustos, pero es innegable el compromiso y sensibilidad con el que está hecho este documental. Para algunos se centra demasiado en el aspecto represivo y en los pormenores de la organización marxista libertaria que nucleó a aquellos militantes en una plataforma, por aquél entonces, no electoral —el PVP (Partido por la Victoria del Pueblo)—, pero el meollo de la cuestión es que pone el foco en un momento histórico en el que la burguesía había conseguido enfrentarse a la disidencia, no de clase a clase, sino de aparato a aparato. Si hubo alguien muy social en su actividad política, esos fueron esos militantes en su etapa uruguaya, cuando la correlación de fuerzas les permitió radicalizar la lucha desde las facultades, las fábricas de neumáticos, los barrios obreros, las manifestaciones, ocupaciones y ollas populares, musicadas por cantautores comprometidos. Pero en el Buenos Aires pregolpe, en el que han empezado los asesinatos y desapariciones, eso casi no existe. Solo unos pocos pueden dedicarse a tareas barriales o de apoyo obrero, los otros, son clandestinos y hasta sus hijos usan nombres falsos. Tratan de juntar el dinero suficiente para reorganizar la resistencia en Uruguay. Se concentran en el aspecto organizacional, en la infraestructura del grupo, muy mermada por la represión uruguaya.

Es un reportaje sobre el anarquismo armado que denuncia la obsesión de un grupo de militares uruguayos por que los diez millones de dólares, obtenidos mediante el secuestro de un empresario corrupto, pasen de manos de esos proletarios combativos a manos del sector estatal que busca su aniquilación. Es importante recordar que los genocidas y torturadores que ahí aparecen, y que actuaban con plena impunidad en territorio argentino en 1976, fueron activados por la democracia uruguaya, cuando en el Parlamento se votó, por ejemplo, el Estado de guerra interna el 15 de abril de 1972.

El documental es duro, justamente por eso, porque «los viejitos milicos», como los trataba José Mujica al negarse a juzgarlos por sus crímenes, fueron también duros, durísimos, tanto como lo es el Estado cuando se desprende de su máscara tolerante. Estamos advertidos, pues… pero no rendidos.

El documental se podrá ver a partir de julio en la web www.estadosclandestinos.com

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