El cuerpo como último campo de batalla

En el momento de escribir este artículo, hay millones de personas encerradas en cubículos que no son mayores de 11 metros cuadrados. Muchas de ellas en diferentes modalidades de aislamiento, lo cual implica que su tiempo fuera de ese cubículo varía entre dos y media y una hora al día. Esto quiere decir que pasan dentro de sus 11 metros cuadrados, entre 22 y 23 horas al día. Muchas de ellas con condenas que superan los 10 años. Algunas de ellas con cadena perpetua, algunas de ellas esperando en el corredor de la muerte a su ejecución.1

La cárcel y sus variantes, los Centros de Internamiento de Extranjeros, los centros de menores…. se han convertido en uno de los grandes negocios en el norte global y es que dentro de las políticas neoliberales, todo puede dar beneficio económico. Corrijo, dentro de este sistema neoliberal, todo tiene que dar beneficio económico. De ahí, la privatización de las cárceles en diferentes países occidentales y la privatización de los servicios en otros. Todo es un gran negocio, incluso construirlas. Así que desde mediados de los 70 estos países han ido generando diferentes reformas legales para ir endureciendo el código penal. Un endurecimiento que ha ido acompañado de una narrativa sobre la necesidad del castigo y que deshumanizaba completamente a las personas presas. Un relato que ha calado tan hondo que continuamente se exigen mayores condenas y se alimenta la leyenda urbana de que los «criminales» entran por una puerta y salen por otra, que les estamos pagando casi, casi, un hotel de 5 estrellas, donde viven fenomenal a cuenta de los ciudadanos honrados.

Este discurso, diseñado para generar miedo a una sociedad de individuos violentos y necesitada de la intervención castigadora de papá Estado, ha dado pista libre a nuestros gobiernos y las corporaciones que les pagan, para generar un mundo-prisión que da increíbles beneficios, siendo las personas migradas y las mujeres el nuevo «target de mercado» del complejo industrial carcelario.

Depende en que países, no solo se consiguen pingües beneficios encerrando personas, una vez dentro pueden ser perfectamente validos como fuerza de trabajo apenas remunerada. En el caso del estado español, este trabajo dentro de la prisión es voluntario2. Normalmente, se trata de tareas de manipulados, repetitivas y poco formativas o de tareas de mantenimiento o funcionamiento del propio centro penitenciario. Además, los salarios se encuentran muy por debajo del salario mínimo. En algunas prisiones como Zuera, las mujeres llegan a cobrar 121,53€ al mes (0.75 la hora)3 y no se cumple la legislación laboral, ni se respetan muchos de los derechos en ella reconocidos4. Las condiciones económicas son pura explotación, aprovechándose de la situación de necesidad y desamparo de muchas de las personas presas, casi todas ellas en circunstancias vitales y económicas complicadas. Ya sabemos, la cárcel está llena de pobres.

Aun así, las cifras del estado español se asemejan a las de una vulgar pyme al lado del gran negocio carcelario en EEUU. Desde las diferentes políticas represivas en la década de los 70 del siglo pasado y la aprobación en 1980, por Ronald Reagan, de una ley que permitía la privatización de las cárceles, se ha generado un nuevo negocio basado en capturar a sus ciudadanes más desechables -y aquelles que ni siquiera llegan a la categoría de ciudadanes- para después, encarcelarles durante años y mantenerles en condiciones de semi-esclavitud, proporcionando gigantescos beneficios tanto para el gobierno como la empresa privada.

La cárcel en EEUU en cifras

Estados Unidos es menos del 5% de la población mundial, pero representa el 25% de toda la población reclusa.5 Contando CIEs y cárceles para menores, la cifra se sitúa por encima de los 3 millones. Más o menos, la misma cifra de habitantes de toda Euskal Herria. En los últimos 40 años, coincidiendo con la privatización, la población carcelaria ha aumentado un 340%. La industria carcelería es una de las más boyantes industrias en USA y sobre todo, para sus inversores de Wall Street. Esta industrial multimillonaria tiene sus propias ferias de mercado, convenciones, exhibiciones, páginas web y catálogos de pedido por Internet. Tiene sus propias campañas publicitarias para inversores y para empresas de construcción, arquitectura, culinarias, servicios y, por supuesto, la industria armamentística en todas sus variantes. Desde las 300.000 personas presas en 1972 hasta la población actual de 2,5 millones6. Este incremento de personas enjauladas, ha sido financiado por grandes corporaciones buscando fuerza de trabajo barata. Incluso fuerza de trabajo gratis. Estas empresas crearon hace varias décadas el Consejo Asesor Legislativo Americano, donde se aprobó la nueva ley de industrias de prisiones para expandir el trabajo en prisión. Con esta ley, se aprobaba la contratación de personas presas por parte de corporaciones privadas.7 En la primera década, los beneficios subieron de 392 millones de dólares hasta los 1.300 millones. Después se privatizó la reclusión de ‘trabajadores indocumentados’ y ‘las zonas de máxima seguridad’. Wall Street se frotaba las manos. Ahora tenemos un nuevo negocio: importar y exportar personas presas.

Los jueces federales, cumplen órdenes y dictaminan que algunas cárceles están sobrepobladas, lo cual no deja de ser cierto, pero a nadie le ha importado nunca. Las corporaciones carcelarias, entonces, contactan con un sheriff de un condado pobre y le ofrecen construir una prisión en su condado para llevar allí a las personas presas que sobren y después se dividen el beneficio. Todo con el apoyo e inversión en este nuevo plan import/export de American Express. Promoviendo la campaña ‘Rent a cell’ (Alquila una celda).8

Bajo la campaña que el gobierno federal ha llamado ‘Oportunidades de negocio’, todos los días en EEUU, más de un millón de personas van a trabajar y pueden llegar a recibir 2 céntimos la hora, otras veces no reciben nada. Son forzadas a producir y son castigadas si se niegan. La legislación no solo protege estas prácticas, si no que está creada para incrementar continuamente, la pena de las personas presas. ¿Y cómo se consiguen mayores beneficios? Fácil, dicen los sheriffs de Texas, menos guardas y más reclusas. Así se exprime el beneficio. ¿Y cómo se controla un número de gente mayor con otro grupo cada vez más reducido? Fácil, con el aislamiento. Enviando a líderes y conflictivos al agujero. Diariamente, en USA hay entre 8.000 y 25.000 personas en aislamiento. Al menos, esas son las cifras oficiales.

La Decimotercera enmienda

Y aquí está el truco. La famosa enmienda 13 que todo lo permite. En 1865, Abraham Lincoln aprueba la enmienda que ratificaron 36 estados y que abolió oficialmente la esclavitud en Estados Unidos, prohibiendo la servidumbre involuntaria. Con, y aquí viene la letra pequeña, excepciones limitadas. Por ejemplo; las personas condenadas por un delito.

«El final de la esclavitud dejó la economía sureña en ruinas, cuatro millones de personas que eran parte del sistema de producción de repente eran libres. ¿Qué haces con ellos?”, se pregunta un historiador dando también la solución, meterles en la cárcel.»9

Esta enmienda sigue siendo válida hoy, 154 años más tarde y esta enmienda, que sigue en el centro de las protestas de la gente reclusa, tiene obviamente, un componente étnico innegable. Como sabemos, la interseccionalidad de la opresión deja a un reguero de gente fuera de los privilegios que otros damos por sentado. La cárcel está llena de pobres, pero esto implica también, que la cárcel está llena de toda esa gente que no es blanca. Para entender esta realidad, adjuntamos gráfico).

Pensemos que este cuadro estadístico no incluye los centros de detención de inmigrantes ni las cárceles para menores. Si no, las cifras serían todavía más evidentes. Aun así, viendo este cuadro, el sujeto neo-esclavo actual se parece mucho al sujeto esclavo de hace 200 años. Recordemos también, otras múltiples opresiones. Estadísticamente hablando, el sujeto más encarcelado en el mundo, son las mujeres trans racializadas. No nos engañemos, son a estos grupos a los que se dirigen las nuevas legislaciones. Gracias a esta enmienda XIII se ha pasado de ‘del barco a la plantación’ a ‘del barrio al talego’. Producir y producir para mantener el mercado global.

Pese a este nuevo éxito de la economía neoliberal, a la industria carcelaria en EEUU le están saliendo resistencias. Resistencias que, poco a poco y con limitaciones, han conseguido unirse para plantar cara a este gran monstruo financiero generado por las multinacionales y el gobierno. Resistencias que se han vuelto masivas en la última década, resistencias que implican perder la vida o el poco contacto exterior que estas personas hayan podido llegar a tener. Decenas de motines, huelgas de trabajo, huelgas de hambre… pequeños nodos que a lo largo de una década se han ido conectando. De correccional en correccional, desde los centros de menores a los de internamiento de extranjeros, de penal a cárceles de super máxima seguridad. La batalla cada vez se hace más dura, pero también, cada vez, la batalla se hace más grande.

Pero antes de comenzar este relato de resistencia, queremos explicar donde empezó todo. El origen desde donde ha sido posible para el poder crear un imaginario tan potente que la sociedad acepte todo lo que ocurre hoy en día, dentro de esos muros. También, no olvidarlo, en esas cámaras de gobierno donde se aprueban leyes que redirigen a una gran parte de la población directamente de la calle a una celda.

En definitiva, tenemos que hablar de Attica y tenemos que hablar de Lucasville.

Attica, 1971

El 9 de septiembre de 1971, justo dos semanas más tarde del asesinato de George Jackson10, alrededor de 2.200 personas presas toman el control de la prisión y se hacen con 42 rehenes. Exigen mejoras en su calidad de vida, acceso a tratamientos médicos, derechos políticos y el fin de la brutalidad y las palizas por parte de los carceleros. Las negociaciones duraron 4 días y los medios de comunicación, incluyendo televisiones, fueron invitados a entrar en la prisión. Todos los medios dieron fe de las terribles condiciones en las que vivía la gente reclusa. Al final del cuarto día, el estado de Nueva York dio por concluidas las negociaciones. Enviando a las tropas a tomar la prisión. Como resultado 43 personas murieron. Un preso colaborador y tres guardas, a cargo de las personas presas. Las otras 32 personas presas y 7 guardas y funcionarios murieron a cargo de las tropas que entraron con fuego indiscriminado. El motín de Attica fue un episodio que marcó a la sociedad estadounidense. Al día siguiente, los mismos medios que habían dado crédito a las personas presas y que habían dado cuenta de las condiciones en las que vivían, abrieron sus noticias con los titulares oficiales del gobierno. Incluso publicando que los rebeldes habían ido degollando a los rehenes según entraban las tropas. Las pruebas forenses desmintieron todo aquello y confirmaron que todas esas personas habían sido ejecutadas fríamente por el estado de Nueva York. Pero ya era tarde. Aunque, por un breve tiempo, se generaran nuevas leyes para mejorar las condiciones de las personas presas en ese estado, lo que funcionó fue el relato de «unas bestias que no merecían piedad ninguna»11. Las represalias fueron terribles. Años después, se intentó que el estado hiciera público los informes estatales sobre la investigación de Attica y los días posteriores al final del motín. El tribunal supremo decidió que esos documentos fueran secretos de estado de forma permanente. De todos modos, 42 páginas se filtraron donde aparecían como les obligaron a hacer el saludo nazi a todas las personas racializadas, les torturaron, les quemaron y sufrieron abusos sexuales a cargo de responsables de instituciones penitenciarias.

Días más tarde, Weather Underground hacia explotar una bomba en las oficinas de prisiones de Nueva York. En su comunicado decían, «El sistema carcelario es un claro ejemplo de cómo una sociedad dirigida por racistas blancos mantiene el control» y también «la supremacía blanca es la cuestión más urgente que la gente blanca tiene que afrontar».

En la respuesta pública a Attica, máxima expresión de la cultura de super represión heredada de la década de los 60 por la lucha por los derechos civiles y el movimiento contra la guerra de Vietnam, comenzó a gestarse el discurso de los asesinos peligrosos y la necesidad urgente de un estado policial, tan en boga hoy en día. «Los delitos en los Estados Unidos han disminuido, sin embargo, más de 1 de cada 100 estadounidenses está encarcelado de una forma u otra. Los dos partidos principales han difundido el miedo a todo, desde los “súper depredadores” negros a los “inmigrantes violadores”. Irónicamente, son estas políticas de orden público las que también han creado las condiciones que eliminan puestos de trabajo desde el exterior y los trasladan a las cárceles.»12

Si fue ahí, en aquel episodio, donde se empezó a gestar esa narrativa, años más tarde, en otro motín, continuador de las mismas luchas y las mismas reivindicaciones de Attica, fue donde comenzó a gestarse una unión en la rebelión y un pacto de mínimos entre las bandas dentro de la cárcel. Un pacto de mínimos que se convertiría en la norma y en el gran éxito que ha llevado a hacer posible la última década de lucha en EEUU.

Lucasville 1993

En 1993, las personas presas en la prisión de Lucasville se estaban quedando sin ideas y sin esperanza. Llevaban años denunciando las terribles condiciones de esta prisión de Ohio. Durante años, intentaron defenderse por medios legales y no violentos. Muchas de estas personas, lo intentaron todo. Desde renunciar a la ciudadanía estadounidense, formar un sindicato para personas presas y escribir a Amnistía Internacional para que forzara una investigación sobre aquel infierno. Nada funcionó, de hecho, todos aquellos que escribieron a Amnistía Internacional fueron castigados y puestos en aislamiento. El alcaide buscaba expandir la cárcel para crear nuevas zonas de máxima seguridad. Así que continuamente provocaba violencia dentro de su propia prisión para justificar la financiación de su nuevo módulo. La gota que colmó el vaso fue un medicamento; querían obligar a las personas presas musulmanas a utilizar un test de tuberculosis que contenía alcohol. Se negaron todas. Hubo represión. Y así nació el motín más largo de la historia de EEUU. 11 días. Todas las bandas rivales se unieron frente a un enemigo común, los carceleros. Se declaró una tregua y todos los grupos colaboraron. Una vez tomado el control de diferentes módulos, los guardas más racistas fueron puestos en manos de la Hermandad Aria para que nadie los matase. Entre todos los grupos también eligieron a un miembro de la Hermanda Aria como representante de todas las personas reclusas. Según comentaron, «pese a que ellos sean una minoría aquí, si enviamos a un hombre blanco, nos daréis más credibilidad».

Tras 11 días. Se cerraron acuerdos con las instituciones. Nada más recuperar el control de la cárcel, las instituciones no respetaron ninguno de aquellos acuerdos. 47 personas fueron declaradas culpables de diferentes cargos. Cinco de ellas fueron condenadas a muerte. Las cinco están todavía esperando en el corredor de la muerte. Y mientras esperan han estado participando y organizando las diferentes huelgas nacionales de la ultima década. En cada una de esas ocasiones han sido castigadas y represaliadas. A día de hoy, siguen intentando participar y organizar huelgas en sus prisiones.13

Pese a la brutal represión y toda la falsa información que se vertió en el posterior juicio sobre el motín de Lucasville, lo ocurrido en abril del 93 generó algunas dinámicas que serían la base para que, casi 20 años más tarde, comenzará la gran época de la resistencia en las prisiones. Nos deja, también, algunas pistas de la creación de un nuevo sujeto revolucionario: el neo-esclavo preso que se rebela.

Así que demos un salto de 17 años y situémonos, por fin, en las huelgas actuales.

Huelgas de trabajo y hambre en las prisiones de EEUUU. Una línea temporal básica

En diciembre de 2010, en una coordinación sin precedentes en la historia carcelaria de EEUU, personas presas de, al menos, 8 prisiones de Georgia participaron en lo que fue, en ese momento, la mayor protesta carcelaria de su historia. A través de móviles metidos en cada prisión, se coordinaron para decidir no salir de sus celdas y no acudir a sus trabajos forzados. Ese mismo día llegó a la prensa un comunicado con sus demandas. No eran diferentes a las de Attica o Lucasville. Mejores condiciones de vida, acceso a una sanidad eficiente y el fin de la brutalidad y las palizas por parte de los guardas. Todo igual, salvo por el primer punto de sus demandas. Un salario mínimo y la derogación de la enmienda XIII.

La represión por esta huelga de trabajo fue brutal, una vez más. Los tres supuestos líderes de la huelga desaparecieron de su modulo, y durante días, los familiares pensaron que los habían matado. Casi. Los apalizaron a martillazos. Y después los tuvieron a escondidas en una enfermería. Uno de ellos, Terrance Dean, se quedó en silla de ruedas para el resto de su vida. Los tres siguen participando en las protestas y huelgas.

California 2011

Mientras esto ocurría, cuatro líderes de bandas estaban encerrados en aislamiento en Pelican Bay, California. Privados de cualquier contacto humano durante años, en celdas sin ventana. En ese tiempo, leyeron los poemas de Bobby Sands y «La otra Historia de Estados Unidos» de Howard Zinn. De noche, a través de las cañerías, comenzaron a comunicarse y llegaron a la misma conclusión. Las personas presas son su propia clase social, y como sujetos de una misma clase deben permanecer unidos y luchar contra el enemigo común, las instituciones penitenciarias. Así, la Black Guerrilla Family, Mexican Mafia, Nuestra Familia y la Hermandad Aria se unieron. Y convocaron una huelga de hambre. En su momento álgido, participaron alrededor de 12.000 personas presas en once prisiones. Esta fue la primera resistencia que tuvo eco internacional. La huelga cesó al llegar a acuerdos con el departamento de prisiones. Ese mismo departamento de prisiones no cumplió ninguno de los acuerdos.

Los siguientes años estuvieron llenos de protestas, motines y huelgas de menor alcance. Incluso hubo una huelga de hambre en 2013 en Guantánamo donde participaron 106 de las 166 personas allí recluidas. Después de varios meses en huelga de hambre, el ejército estadounidense prohibió cualquier tipo de información a los medios por seguridad nacional.

California 2013

Misma gente, mismas prisiones, misma lucha. Solo que esta vez la escala de la protesta creció hasta límites insospechados. Más de 30.000 personas participaron en esta huelga de hambre y unas 2.300 se negaron a trabajar. En el momento de comenzar la huelga, el estado de California tenía a 12.000 personas en aislamiento.

Alabama 2014

El colectivo Free Alabama declara una huelga total de trabajo y pide el final de la enmienda XIII. En palabras de Melvin Ray, fundador del colectivo “Hemos decidido que nuestra única arma o estrategia es nuestra fuerza de trabajo. Y esa es la razón por la que estamos aquí. Están encarcelando gente para tener fuerza de trabajo gratuita. Si nuestra huelga dura una semana, quizá no se una otra prisión. Si paramos la cárcel por dos semanas, hay una gran posibilidad que se una otra prisión. Si la huelga dura tres semanas… no sabremos cuantas prisiones se unirán.” Este mismo año se crea el comité para trabajadores encarcelades (IWOC) que une fuerzas de dentro con fuerzas de fuera y que ha sido capital en la organización y visibilización de todas las protestas posteriores.

Huelga Nacional 2016

«45 años después de Attica, las olas del cambio están regresando a las prisiones estadounidenses. Este septiembre esperamos coordinar y generalizar estas protestas, para construirlos en un solo cambio que el sistema de prisiones estadounidense no pude ignorar o aguantar. Esperamos acabar con la esclavitud prisionera al hacer imposible nuestra fuerza de trabajo, y al negarsnos a ser esclavos.»

Protestas pacíficas, huelgas laborales, huelgas de hambre y otras negaciones a participar en rutinas y necesidades de la prisión han incrementado en años recientes. La huelga de prisioneros del 2010 en Georgia, la huelga de hambre masiva en California, la huelga del Movimiento Alabama Libre en el 2014, han generado mucha atención, pero estas acciones no son las únicas demostraciones de poder de los prisioneros. Grandes, y a veces huelgas efectivas han estallado en el Penitenciario Estatal de Ohio, en la Correccional de Menard en Illinois, en Red Onion en Virginia y también en muchas otras prisiones. El floreciente movimiento de resistencia es diversa e interconectada, incluyendo centros de detenciones de inmigrantes, prisiones de mujeres y cárceles juveniles. El otoño pasado, prisioneras en la Cárcel del Condado de Yuba en California se unieron a una huelga de hambre iniciada por mujeres detenidas en centros de detenciones de inmigrantes en California, Colorado, y Texas.

Prisioneros por todo el país regularmente participan en muchas demostraciones de poder. Por lo más común, lo han hecho a través de solidaridad entre convictos, construyendo coaliciones a través de las líneas raciales y líneas de bandas para confrontar al opresor común.”14

La fecha con la que comienza esta protesta no es casual, el 9 de septiembre, el aniversario del motín de Attica. Con el apoyo externo de más de 60 organizaciones, alrededor de 60.000 personas llegaron a participan en esta huelga de trabajo. Después, alrededor de 24.000 la mantuvieron durante un par de semanas, generando pérdidas millonarias a las corporaciones. Cobertura en medios y televisión. Hay concentraciones y manifestaciones por las ciudades y junto a las prisiones. Llamadas internacionales de solidaridad como el apoyo de la asociación de personas presas palestinas. Disturbios, detenciones y acciones directas solidarias en diferentes partes del norte global. La protesta se agiganta.

Las instituciones se dieron cuenta que la clase trabajadora presa se estaba uniendo por encima de todas sus diferencias y esto era, evidentemente, peligroso. Así que tuvieron una gran idea. Generaron lo que comúnmente se conoce como «gladiator fights», que consiste en colocar en el mismo patio o espacio a dos bandas rivales. Después, rodearles de guardas que controlan la situación pero que, en realidad, no dejan que nadie abandone el patio, hasta que las dos bandas se atacan. Ningún guarda detiene las peleas, ni llaman a atención sanitaria. El invento ya había comenzado hace unos años, con guardas organizando «encuentros entre dos miembros de bandas rivales» y obligándoles a pelear uno contra uno, montando un sistema de apuestas entre guardas. Todo esto generaba más tensión entre personas reclusas y más control por parte de las autoridades.

Huelga Nacional 2018

Pero estas «Gladiator fights» se les fueron de las manos y en abril de 2018, siete presos murieron. Seis de los cuales eran afrodescendientes. Inmediatamente, diferentes grupos hablaron y se declaró una nueva tregua. La huelga nacional que se estaba preparando para 2019 decidió adelantarse. En vista de la situación volátil después de la batalla, muchos presos en distintos partes del país sintieron que no podían esperar para actuar. Se pusieron de acuerdo sobre diez demandas.

1) Mejoras inmediatas de las condiciones y reconocer la humanidad de las personas presas. 2) Un cese inmediato a la esclavitud carcelaria. 3) Permitir a los humanos encarcelados un canal adecuado para abordar reclamos y violaciones a sus derechos. 4) Ningún ser humano cumplir una condena sin la posibilidad de libertad condicional. 5) Un cese inmediato a los cargos excesivos, sentencias largas, y negaciones de libertad condicional por motivos raciales en contra de seres humanos negros o morenos. 6) Un cese inmediato al aumento de racistas leyes anti-pandillas en contra de seres humanos negros o morenos. 7) A ningún ser humano encarcelado se le debe negar el acceso a los programas de rehabilitación 8) Las prisiones estatales deben ser financiadas específicamente para ofrecer más servicios de rehabilitación. 9) Las becas Pell deben estar disponibles, de nuevo, en todos los estados y territorios de los Estados Unidos. 10) Derecho al voto de personas presas y ‘exconvictas’.

El 24 de abril, Jailhouse Lawyer Speak convocó a presas y presos en todas partes del país a participar en la huelga nacional que se llevaría a cabo en base a las demandas acordadas, utilizando huelgas laborales, huelgas de hambre, sit-ins (protestas sentadas), y boicots de llamadas telefónicas y de artículos vendidos en el economato, dependiendo de la situación en cada prisión. Durante 4 meses habían hecho boicot al economato y a las llamadas. Su objetivo era quitar fondos de los sistemas carcelarios y presupuestos gubernamentales para dirigir estos fondos ahorrados, a construir una organización nacional con el propósito y la agenda de poner fin al encarcelamiento masivo y la esclavitud en las prisiones.

La huelga iría desde el 21 de agosto -aniversario de la muerte de George Jackson- hasta el 9 de septiembre -Attica, de nuevo-. Durante los meses previos, los organizadores de huelga anteriores y portavoces de los diferentes grupos fueron puestos en aislamiento. Uno de los condenados por Lucasville y en aislamiento desde hace años, fue castigado sin ningún tipo de comunicaciones para evitar que respondiera a entrevistas o emitiera cualquier comunicado. Aun así, la huelga fue un éxito, tanto dentro como fuera y de nuevo, se logró parar la maquina corporativa.15 Multitud de personas presas decidieron seguir con la huelga de hambre o trabajo después de la fecha señalada y, a día de hoy, continúan las protestas y las acciones.

En el momento de escribir este artículo, en otras partes del mundo cientos de personas kurdas siguen en huelga de hambre por el fin del aislamiento de Abdullah Öcalan -y al menos dos presas y un preso se han ahorcado en su celda como forma última de protesta-, nueve presos de Wisconsin (EEUU) siguen sin comer, exigiendo el fin de las políticas de «aislamiento indefinido». Uno de ellos, Cesar de León, ya realizó una huelga en 2016 y fue alimentando forzosamente durante 250 días. Ahora es probable que vuelva a ocurrir. En el estado español, Carmen Badia lleva, a día de hoy, 50 días en huelga de hambre intentando que le dejen morir fuera de los muros de la cárcel y el resto de sus compañeros del colectivo ‘Presxs en lucha’ comenzó una nueva huelga el día 1 de mayo de 2019.

Como ya hemos comentado con el sangrante caso de Oscar de León, en EEUU existen leyes de alimentación forzosa; también en el estado español. Las personas que decidan no alimentarse, en cuanto pierdan el conocimiento, el estado se arroga el derecho de alimentarles forzosamente. Lo que quieren es evitar la mala prensa. Hay cosas que son difíciles de explicar y de vender. Y, sobre todo, que ya han pasado antes. En la historia reciente del Estado español son dos los presos que han fallecido como consecuencia de huelgas de hambre llevadas a cabo en prisión. Dos miembros de los Grupos Antifascistas Primero de Octubre (GRAPO), Juan José Crespo Galende, en 1981, y José Manuel Sevillano, en 1990.

Seres aislados y abandonados que combaten con lo único que les queda, su cuerpo, Su cuerpo como ultimo campo de batalla. Y aun así el Estado puede hacer trampas incluso en esa última batalla.

«El argumento de que solo cabe la alimentación forzosa en los casos de pérdida de consciencia considero que es hacerse trampas jugando al solitario porque una persona presa que ha decidido, libre e informadamente, iniciar una huelga de hambre indefinida sabe perfectamente cuales pueden ser las consecuencias fatales de la misma y las asume voluntariamente. Por tanto, en mi humilde opinión, hay que respetar esa decisión para garantizar al menos ese espacio de dignidad, puede que el único, que le queda a la persona presa frente al rodillo del estado. Tal vez, y solo tal vez, la única forma de morir libre y dignamente en prisión.

Al alimentar forzosamente a presos huelguistas, la persona que entra en prisión no solo deja de disponer de su libertad deambulatoria, sino que, de alguna manera, también de su libertad de decisión frente a la muerte. En ese contexto la Administración se erige como una especie de dios que se arroga para sí esa voluntad individual y transcendental del ser humano.»16

No debemos olvidar que la lucha sigue. Habrá más huelgas de trabajo y huelgas de hambre, habrá cada vez más gente dentro peleando contra esta industria carcelaria asesina. Y habrá más concentraciones, manifestaciones y llamadas a la solidaridad activa. De hecho, el 10 de junio de 2019 hay una convocatoria internacional de solidaridad para terminar con la enmienda XIII.

Cifras, cifras y más cifras

En Estados Unidos, El 97% de las personas presas en prisiones federales han sido condenadas por delitos no-violentos. Es muy probable que más de la mitad de las 623.000 personas reclusas en cárceles municipales sean inocentes del crimen del que se les acusa. De estas, la gran mayoría están encarceladas pendientes de juicio. Dos terceras partes del millón de personas encarceladas en prisiones estatales no han cometido ningún delito violento. El 16% por ciento de los 2,5 millones de personas presas sufren de lo que llamamos, enfermedades mentales.17

Departamento de prisiones: 81.000 millones de dólares. Departamento de justicia: 29.000 millones de $. Fiscalía: 8.000 millones de $. Funcionariado: 38.400 millones de $. Sanidad en prisiones: 12.300 millones de $. Policía: 63.200 millones de $. Construcciones: 3.300 millones de $. Comida: 2.100 millones de $. Economato: 1.600 millones de $. Llamadas telefónicas: 1.300 millones de $. Prisiones privadas: 4.300 millones de $. Tenemos que parar este negocio.

Como conclusión -y quizá como comienzo- unas líneas de un comunicado de la huelga masiva de 2016. Dejémosles, por una vez, tener la última palabra:

«Para lograr esta meta, necesitamos el apoyo de la gente afuera. Una prisión es un ambiente que fácilmente ponen bajo cierre de emergencia, un lugar de control y encarcelamiento donde la represión está construida con cada pared y cada eslabón de las cadenas, cada gesto y rutina. Cuando nos levantamos contra estas autoridades, se vienen sobre nosotros, y la única protección que tenemos es la solidaridad que viene de afuera. El encarcelamiento masivo, ya sea privado o sea en instituciones estatales es un esquema donde los atrapa-esclavos patrullan nuestros barrios y monitorean nuestras vidas. Esto requiere criminalización masiva. Nuestras aflicciones dentro de prisión son un arma usada para controlar a nuestras familias y comunidades allá afuera. Muchos estadounidenses viven cada día bajo, no solo la amenaza de ejecuciones extrajudiciales –las protestas por las muertes de Mike Brown, Tamir Rice, Sandra Bland, y muchos más han atraído la atención que hacía falta– sino también bajo la amenaza de captura, de ser aventados a estas plantaciones, encadenados y forzados a trabajar.

Nuestra protesta contra la esclavitud prisionera es una protesta contra la vía entre las escuelas y las prisiones, una protesta contra el terror policial, una protesta contra el control que nos imponen después de ser liberados. Cuando deroguemos la esclavitud, ellos perderán mucho incentivo para encarcelar a nuestros hijos, ellos dejaran de construir trampas para encarcelar de nuevo a los que habían liberado. Cuando quitamos el motivo económico y la grasa de nuestro trabajo forzado a la máquina del sistema de prisiones, la estructura entera de cortes y policías, de control y de atrapa-esclavos debe cambiar para acomodarnos como humanos, en vez de esclavos

Las prisiones impactan a todos. Cuando nos levantemos y rechacemos, necesitamos saber que nuestros amigos, familiares y aliados allá afuera nos estarán respaldando. Esta primavera y verano serán temporadas para organizar, para pasar la voz, construir las redes de solidaridad y mostrar que vamos en serio y de lo que somos capaces.

Anímate, levántate, y únete.

Contra la esclavitud prisionera.»

Por la liberación de todos.»

NOTAS:

1. En EEUU, muchas celdas de aislamiento son de 2×3 metros. No tienen por qué tener ventana y son conocidas como ‘el agujero’. Aunque la ONU prohíbe en las Reglas Mandela, aislamientos de más de 15 días, en Europa y Estados Unidos esta normativa se viola sistemáticamente.

2. De las, alrededor de 60.000 personas presas en el estado español se calcula que un 20% realizan trabajos en prisión.

3. campazgz.wordpress.com

4. https://www.apdha.org/trabajo-en-prision-trabajo-esclavo/

5. EEUU, también es el líder mundial en porcentajes de personas presas, casi doblando a los dos siguientes en el podio, Ruanda y Rusia. El estado español se aúpa a un meritorio sexto puesto, justo por delante de la «feroz dictadura china». Fuente: International Centre for Prison Studies

6. Al menos hay 7 millones en EEUU bajo algún sistema de ‘control correccional’.

7. Algunas de las empresas; IBM, Boeing, Motorola, Microsoft, Dell, TWA, Revlon, Macy’s, Pierre Cardin, Starbucks, Victoria’s Secret, Whole Foods, Nintendo…

8. En el condado de San Luis, por ejemplo, hay al menos 5 ciudades donde el 40% de sus ingresos anuales vienen de la industria carcelaria.

9. Eva Duvernay. Directora del documental ‘Enmieda XIII’. Para quien no tenga acceso a ciertas plataformas digitales: https://www.youtube.com/watch? v=rIJ_jPE_8DU

10. Estas dos fechas, el 9 de setriembre y el 21 de agosto se convertirán en parte del imagianrio rebelde de las personas presas y las hueglas nacionales han coincdido con estas fechas. George Jackson fue un revolucionario marxista miembro de las panteras negras, en prsión desde los 18 años, Es internacionalmente condocido por sus escritos sobre la cárcel y la esus pexperiecnias como preso racializado. Fue asesinado por los guaras de san uqintin durante un itneot de fuga.

11. La comisión especial del Estado de Nueva York escribió después de la investigación: “ Con la excepción de las masacres indias al final del siglo XIX, el asalto a Attica por parte del policía estatal, fue el encuentro más sangriento entre americanos desde la guerra civil.”

12. Entrevista a Jailhouse Lawyers Speak durante la huelga de prisones de 2018. https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/40635

13. Más info en: www.lucasvilleamnesty.org o consultar el artículo que apareció en esta misma longeva revista. Ekintza Zuzena nº14. Lucasville: una breve historia (J. Perotti)

14. «A Call to Action Against Slavery in America», Comunicado oficial de la Huelga Nacional de Prisiones 2016. Texto en castellano en el original.

15. Apuntes tomados de las diferentes informaciones publicadas por Carolina Saldaña. Gracias por tu labor.

16. Eduardo Gómez Cuadrado, abogado penalista de Red Jurídica. https://red-juridica.com/

17. https://www.globalresearch.ca/the-prison-industry-in-the-united-states-big-business-or-a-new-form-of-slavery/8289

Utzi erantzuna

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