CENTROS SOCIALES, GAZTETXES, ATENEOS

CUESTIONARIO

1) ¿Por qué os definís como gaztetxe, centro social o ateneo y cuál es vuestra filosofía?
2) Haced un pequeño repaso histórico y una valoración de vuestra trayectoria.
3) ¿Cuáles han sido los principales debates que se han dado a lo largo de estos años, y cuáles han sido los problemas más importantes con los que os habéis enfrentado?
4) La autogestión parece la base fundamental de un proyecto de ocupación, pero qué otros elementos diferenciarían un espacio okupado de uno institucional (en algunos casos se dan actividades, culturales o políticas que pueden ser muy similares).
5) La legalización o «regularización» de los espacios okupados y más en concreto de la relación con las instituciones ha sido un tema sensible dentro del movimiento okupa y las respuestas han sido diferentes. ¿Cómo valoráis esta cuestión?

Gazteizko Gaztetxea

1. Nos definimos como Gaztetxe porque hacemos una labor social para la ciudad y especialmente para el movimiento social, aparte de esto estamos abiertas a todo tipo de propuestas que vengan de personas individuales o de colectivos.
Nuestra filosofía se basa en tres pilares principales: por un lado, la okupación, vemos importante la utilización de edificios abandonados y darles vida con el fin de luchar contra la especulación inmobiliaria; otro de estos pilares es el asamblearismo, no vemos real una sociedad vertical sino totalmente horizontal donde la opinión de todas cuente igual y se base en el razonamiento de las cosas y finalmente, la autogestión, gestionamos todos nuestros gastos gracias al bar que se encuentra en el gaztetxe, si la gente cree en el proyecto acudirá y participará en él y gracias a esto nos mantenemos.

2. En la mitad de los años ochenta, en Gasteiz se empezó a juntar un grupo de personas, en su mayoría jóvenes y crearon la asociación cultural Zapa. Tras unos años de debate y haciendo diferentes actividades el 28 de abril de 1988 decidieron okupar las antiguas cocheras del obispado (hoy en día el gaztetxe). Los inicios fueron duros ya que el movimiento okupa en Euskal Herria acababa de empezar y no se tenía muy claro lo que se quería hacer con aquello, por un lado estaban los partidarios de que la casa fuera una vivienda y por otro lado los partidarios de la utilización de la casa como centro social o gaztetxe. Los primeros 7 años fueron algo intermedio, vivía gente, pero se utilizaba como centro social. Después de esta fecha solo se utiliza como gaztetxe.
En los primeros años de vida de la casa, hay que recordar que el PNV estaba en el ayuntamiento y aunque hubo varias amenazas de desalojo al principio, se pudo llegar a acuerdos y en esta etapa fue cuando se consiguió el agua corriente en la casa.

Hacia el año 2000 el PP se puso al mando del ayuntamiento y las amenazas de desalojo fueron ininterrumpidas, cualquier excusa era válida para quitarnos de en medio (parking subterráneo, la quinta torre, chalets de lujo…) En los ocho años del PP se llevaron a cabo diferentes campañas una de ellas fue la de los iratxos que venían a salvar el gaztetxe que se convirtieron en una plaga por todo Gasteiz. Esta campaña terminó con una de las mayores manifestaciones de la historia de esta ciudad y contaba con el apoyo de una centena de colectivos. Otra de las grandes campañas realizadas fue el gaztetxe eguna en el que una marea de gente inundaba las calles y plazas de Alde Zaharra. Al final de esta legislatura se organizó el Piztu Gasteiz junto a Hala Bedi Irratia.
Tras la caída de Alfonso Alonso, el PSOE lideró el ayuntamiento y la verdad, no hubo ninguna amenaza de desalojo. Y para finalizar, el PP ha vuelto al ayuntamiento con Maroto a la cabeza y por lo que por la prensa hemos podido saber, no tiene intención de hacer nada con el gaztetxe por lo menos en esta legislatura.

3. La decisión de la okupación y para que sería la primera gran discusión, la utilización de la casa, el modelo de barrio y la amenaza del PERI y las diversas amenazas de desalojo que ha habido.

4. Por un lado la asamblea, nadie decide lo que se vaya a hacer en la casa, lo decide la asamblea por medio de las personas que allí se juntan, no hay ningún tipo de autoridad. Por otro lado somos totalmente independientes de las instituciones, por lo que no hay ningún tipo de manipulación ni de control.

5. Si se entra a debatir la regularización de estos centros, somos contrarios a ello, ya que regularizarlos implicaría un seguimiento exhaustivo de las instituciones, controlando todo lo que allí se hace y se mueve y con ello el asamblearismo estaría en dudosa situación. Por otro lado, no nos negamos a hablar con ninguna institución, siempre hemos estado dispuestos a hablar y a debatir.

Izar Beltz Ateneoa

1. La gente que inicialmente ocupó el local venía de experiencias en otros gaztetxes y le pusieron Ateneo por varios motivos. La palabra ateneo hace referencia a los ateneos del movimiento obrero y a la tradición libertaria tratando de adaptar ese concepto al momento que vivimos. Las personas que ocuparon se sentían parte del movimiento libertario, y se trataba de crear un espacio de encuentro para personas y colectivos con cierta afinidad con esas ideas. También para tratar de recuperar y conocer la historia de este movimiento. Por potenciar los aspectos culturales o ligados a una cultura política y hacer hincapié en la autoformación de la gente que participamos.

Por otro lado la propia palabra «gaztetxe» hace referencia a dinámicas juveniles y nos interesaba que no hubiera esa ruptura generacional que se da en este tipo de luchas. A veces se hace una asociación de la juventud a un tipo de ocio que no compartimos o con la que se quería romper. Además, en los gaztetxes, suele haber una gran orientación de las actividades al barrio, en ese sentido se creyó que no se podía asumir esa función, por las características del barrio, porque muchas no éramos del barrio y porque había otras prioridades. Esta reticencia también se ha manifestado en que tengamos ese aspecto demasiado relegado a un segundo plano y lo valoramos como una gran carencia. Es necesario señalar que este era el debate que salió a la hora de escoger el nombre del espacio, pero que eso fue hace 5 años y tanto las personas como las vivencias son distintas a las que había entonces y la situación del panorama político (BOM, gaztetxes, gazte asanbladas…) ha variado mucho, y vemos cómo esa diferenciación se ha quedado más en lo estético que en lo práctico y que al final, es el día a día del espacio lo que define su personalidad y no el nombre que se le dé.

Respecto a nuestra filosofía, esta se enmarca dentro de la de la okupación como nosotras la entendemos: cuestionamiento de la propiedad privada y la sociedad mercantilizada, autoorganización y autogestión, horizontalidad y asamblearismo. Otro aspecto importante sería la no participación ni colaboración con partidos políticos.

2. Se entró en una lonja del barrio bilbaíno de Irala en mayo de 2006. Los primeros meses nos dedicamos básicamente a la limpieza y rehabilitación del espacio, ya que el local llevaba años abandonado y había sufrido, entre otras calamidades, un incendio, todo estaba destrozado, lleno de mierda y recubierto de hollín. El primer año fuimos definiendo el proyecto, nos fuimos juntando gente con diferentes puntos de vista e inquietudes, pero que compartíamos una serie de valores e ideales y veíamos la necesidad de un espacio que les diera cabida y fuimos dándole una personalidad común al proyecto.

Llevamos más de cinco años y durante todo este tiempo la asamblea ha ido evolucionando, ha entrado gente nueva al proyecto y lo ha dejado otra, lo cual implica que nuestras dinámicas estén en constante revisión y transformación. Eso tiene como aspecto positivo un enriquecimiento colectivo y una apertura de perspectivas, pero como aspecto negativo una dificultad añadida a la hora de tomar decisiones y posiciones colectivas.

Por un lado, sí que nos parece que se ha logrado crear ese punto de encuentro y, en ese sentido, Izar Beltz ha sido un referente a la hora de dar difusión a determinadas historias, hemos creado o facilitado la creación de ciertas redes personales, que aunque tengan muchas carencias es algo muy importante que tenemos y que ha dado pie a llevar a cabo otros proyectos e iniciativas. Pero por otro lado sí que sentimos que lo del «punto de encuentro» tiene sus límites, que nos hemos quedado muy al margen de muchas cosas que sucedían a nuestro alrededor y que nos hemos aislado demasiado.

3. Los debates también han ido evolucionando con las dinámicas del propio ateneo y las situaciones a las que nos hemos ido enfrentando (consumo de drogas, consumo de animales, cuestión nacional, euskera, agresiones, la delgada línea entre la seguridad y la paranoia…). Pero vamos a enfatizar algunos de los que han sido especialmente determinantes y duraderos en el tiempo. Uno de ellos ha sido el tema del alcohol y la búsqueda de formas alternativas de ocio. Una de las primeras vías de financiación a la que recurrimos este tipo de espacios es la venta de alcohol en conciertos y fiestas, lo cual plantea evidentes contradicciones: por un lado el tipo de socialización que se da en esos ambientes no es el más apropiado (creación de falsos vínculos, justificación de comportamientos que en lo cotidiano no se permitirían, excesos…) y por otro el hecho de obtener beneficios de una de las mayores fuentes de ingreso del estado y un foco de grandes tragedias personales. Sin embargo este debate se ve muy condicionado por nuestras propias contradicciones personales y porque muchas veces este discurso no va más allá de la mera pose y no se llega a interiorizar o a plantear seriamente.

Otro de los temas recurrentes es el relativo a cómo enfocar la relación con el barrio y otros colectivos, así como las vías de acercamiento a la gente de nuestro alrededor, ya sea a la del barrio, como a quienes pueden mostrar cierto interés en el espacio o el proyecto. Por ejemplo, la dificultad de encontrar un equilibrio entre que la gente que curra en el espacio vaya configurando una determinada imagen (no sólo a nivel estético sino de la proyección que se transmite a todos los niveles) con la que se sienta cómoda y que se cree un espacio atractivo para la gente que no este necesariamente previamente politizada. Otro tema al que hemos dado muchas vueltas y que todavía genera discusión es el hecho de funcionar más como asamblea que gestiona el espacio que como colectivo, entendiendo la asamblea como la herramienta para gestionar el espacio y conseguir objetivos concretos relacionados con el espacio y el colectivo como un grupo que realiza actividades más relacionadas con la intervención social y política. Así entendido, la asamblea sería más abierta, a la que puede acudir cualquiera y un colectivo sería algo más cerrado. En su momento decidimos intervenir públicamente exclusivamente en cuestiones que nos afectasen directamente como asamblea (asuntos del local, del edificio o del entorno cercano, temas de ocupación, o del barrio) haciendo excepciones en cosas en las que toda la asamblea estuviera totalmente de acuerdo y tratando al mismo tiempo de potenciar la formación de grupos de afinidad que decidieran trabajarse determinados temas por su cuenta. Con esta forma de funcionar pretendíamos que en el espacio participara gente que no tuviera por qué compartir una afinidad más allá de lo relativo al funcionamiento del espacio, pero también ha llevado a que haya un mayor desconocimiento mutuo y se eche en falta una mayor acción política colectiva.

En lo que respecta a los problemas, además de los que nos han llevado a los debates que se se señalan y alguna cuestión que hemos dejado caer, algo que nos gustaría destacar, es la importancia que tienen los aspectos personales en el desarrollo y supervivencia de estos espacios. Lo que a veces no consigue la policía lo consiguen las faltas de respeto, la falta de comunicación, de seriedad, de compromiso, de sinceridad, la creación de roles, la desconfianza injustificada, el no decirnos las cosas a la cara, el no cuidar las formas… Todo lo anterior está relacionado con una falta de filosofía común: en algunos momentos, formas diferentes de entender y de defender lo que se pretendía del espacio ha llevado a conflictos y a que algunas personas se sintieran mal. También ha llevado a que se construya una falsa división entre lo más específicamente político (charlas, jornadas…) y lo que se puede entender como más social (serigrafía, espacios de encuentro…).

4. En la actualidad lo institucional abarca tanto y hay una oferta tan amplia (siempre dentro de los límites de lo controlable) desde estos espacios que parece que se ha adormecido la necesidad inherente al ser humano de llevar adelante proyectos autónomos y autoorganizados. Desde nuestro punto de vista hay un abismo entre ambos modelos: ausencia de ánimo de lucro, no especialización, no delegación, asamblearismo, horizontalidad, participación colectiva en los contenidos, potenciar el trasfondo político… Creemos que los espacios ocupados deben ser espacios que se desmarquen de las instituciones y luchen contra esa institucionalización. Tienen que plantear alternativas (organizativas, culturales, afectivas…) a estas desde la consciencia de que no las necesitamos y de que todo lo que se salga de la verticalidad y el control de las instituciones y sus mecanismos va a tener un componente enriquecedor añadido, el aprendizaje común y la recuperación de espacios de autonomía y libertad. La gran diferencia entre un espacio institucional y uno ocupado es que en estos últimos la gente es la que toma en última instancia las decisiones y que en los primeros están sujetas o condicionadas, cuando no directamente definidas, por las instituciones. Al estar ligadas a subvenciones cualquier actividad institucional tiene unos marcos definidos y una serie de filtros que son muy difíciles de evitar. También se da mucho una tendencia por parte de los espacios institucionales a absorber o instrumentalizar los valores o las ideas transgresoras, pervirtiendo su espontaneidad. Enmarcan así, las partes más combativas o transformadoras en los cauces de lo que consideran o no.
Esas supuestas similitudes pueden ser también consecuencia de que se haya dado una relación recíproca en la utilización de ciertas herramientas comunicativas: por un lado el poder (económico y político) adopta o se apropia de cierto lenguaje y conceptos que provienen de una cultura política alternativa, y por otro lado desde nuestro ámbito también adoptamos sus formas de comunicación o nos adaptamos a sus ritmos. A veces nos obsesionamos con el hecho de llegar a la gente en términos cuantitativos y no cualitativos y no somos conscientes de que ese es el campo en el que no tenemos nada que hacer. Una cosa es no cuidar los contenidos o las formas (entender a quién nos dirigimos, eliminar los adornos autoreferenciales…) y otra funcionar en base a lo que se supone que atrae a la gente y no según lo que nos parece interesante y estimulante. El ayuntamiento y las instituciones juegan con qué tipo de proyectos potenciar en un momento u otro: para dar una imagen de tolerancia, pluralidad y falsa libertad. Los espacios okupados deben buscar un equilibrio entre lo que nos interesa (cosas que nos interesan a quienes participamos en el día a día del espacio) y lo que puede tener interés (aquello que pueda interesar a gente que no esta familiarizada con las luchas o los planteamientos del espacio).

5. Es complicado hablar de eso en términos absolutos, ya que cada caso es un mundo. En general suele ser un proceso de derrota, pero que habrá que valorar en cada caso. El límite que a nosotras nos parece infranqueable y en el que el proyecto pierde su sentido totalmente, es cuando se pierde la participación en la gestión del espacio y de la integridad de la asamblea. Hay ciertas prácticas que el poder permite tras un proceso de lucha o de presión social y otras que se toleran por la propia inocuidad de las mismas, y hay que hacer un ejercicio de honestidad para saber diferenciarlas.

En cualquier caso, creemos que si un espacio ocupado negocia su pervivencia con las instituciones y consigue mantener la gestión del espacio intacta, seguir llevándola como queremos, o bien algo estamos haciendo mal, o es una trampa. Hay que señalar que hay una gran diferencia entre que haya proyectos en los que la okupación no se entiende como un fin en sí misma y que en un momento dado se plantean la idea de alquilar o de regularizar su situación con la intención de priorizar otros objetivos y que haya proyectos que okupan con la intención de legalizar el espacio y negociar las condiciones, desatendiendo otros objetivos y luchas más sociales, lo cual nos parece que desvirtúa al movimiento de okupación.

La Kelo gaztetxea

1. La Kelo desde sus inicios ha pasado por varios nombres: «Casa Okupa La Kelo», «C.S.O.A La Kelo» y finalmente «La Kelo gaztetxea». La vocación del proyecto siempre ha sido la de ser un espacio social y autogestionado y entendemos que en Euskal Herria la palabra Gaztetxe es la que ha creado el propio movimiento para referirse a los Centros Sociales Okupados Autogestionados. Aun así lo que define un espacio no es tanto su nombre sino su hacer diario.

Una de las características de la filosofía de La Kelo ha sido, y es, no enmarcarse dentro de ninguna linea política concreta, ni partido político. Nos organizamos de forma autónoma, asamblearia y horizontal. Buscamos que el espacio sirva tanto para potenciar el pensamiento crítico en todos los aspectos, como para crear formas de cultura popular, siendo así un lugar de encuentro para mucha gente. Además La Kelo está abierta a los movimientos sociales y políticos de base. Consideramos la okupación como una herramienta de lucha y no como un objetivo en sí mismo y es por esta vía como se ha forjado el carácter del proyecto.

2. La Kelo nació en el barrio santurtziarra de Mamariga en 1998 cuando un grupo de jóvenes inquietos que no encontraban su sitio en el pueblo decidieron abrir la antigua casa del cura de un mazazo y okuparla. Fue tras la okupación cuando se consolido como proyecto, empezó a tomar un carácter político y de centro social. Un año y medio después el ayuntamiento decide tirarlo (por aquel entonces el alcalde del PSE, Javier Cruz, visitó el gaztetxe para observar su demolición). Pocos días después La Kelo renace más grande y más fuerte, ésta vez en un pre-escolar abandonado situado entre las viñas y el bullón con 3 plantas y muchas ganas e ideas.

Desde entonces son muchos los proyectos, colectivos, campañas, peleas, ideas y actividades que han tenido lugar en La Kelo. Algo a remarcar en la historia del gaztetxe podrían ser los diferentes planes para acabar con él, como cuando J. Cruz dentro del plan para la re-estructuración del barrio proyectó una plaza de toros donde se encuentra La Kelo (en aquella época se creo una plataforma contra la plaza) y posteriormente un aparcamiento. Actualmente pesa sobre el barrio del Bullón (tengamos en cuenta que esta zona lleva más de 20 años catalogada como fuera de ordenación) un plan de re-urbanización del PNV para transformar un pequeño barrio popular con pequeñas huertas de 180 familias en un barrio dormitorio de más de 1000 viviendas. Desde la okupación recibimos amenazas del ayuntamiento (J. Cruz dijo «No vais a durar dos semanas») sin embargo casi 13 años después La Kelo sigue en su sitio más viva que nunca.

Con respecto a la relación del gaztetxe con el barrio se han dado muchos pasos: organizando las fiestas conjuntamente con la Asociación de Vecin@s, dándoles espacio para reunirse y hacer actividades y compartiendo la problemática de los especulativos planes institucionales. También han sido de vital importancia las relaciones con muchos otros colectivos que o bien se han reunido dentro o han participado activamente con nosotr@s, entre ellos encontramos a Lur Askea, Abra Bizirik, Pititako, Denontzat Dena, Grupo de apoyo a presos FIES, SOS Ezkerraldea, Asamblea Libertaria de Bizkaia, Santurtziko Gazte Asanblada, Ezkerraldeko Asanblada Antidesarrollista, Kimetz, Asam­bleas de parad@s, Ezkerraldeko Herri Asanblada… y multiples grupos de música y teatro. Cabe destacar la coordinación con los gaztetxes del entorno primero mediante la Pre-Okupa ( con Amets Giza Lokala, Mendibile, Errekaortu, Udondo…), después la coordinadora que unió las dos margenes (con Itzubaltzeta, Udondo, Algorta, Portugalete, Trapagaran y Barakaldo), posteriormente otra con (Mamarigako Kultur Etxea, Dorretxea y Olabeaga) y actualmente la coordinadora de Ezkerraldea que formamos junto con Portu, Barakaldo y La Kultur Etxea de Mamariga.

Se hace difícil valorar un proyecto que ha durado tanto en el tiempo y en el que la gente que lo ha organizado ha ido variando con los años. Esto ha llevado al gaztetxe a momentos críticos con asambleas de 4-5 personas y malos rollos entre la gente. Sin embargo consideramos que hoy La Kelo se encuentra en un buen momento tanto por cantidad de gente, como por su actividad diaria. Pese a todos los altibajos vividos, el hecho de que hoy nos sintamos con fuerza, ilusión y mucha actividad nos lleva a hacer una valoración general positiva de nuestra trayectoria.

3. Los debates que más se han repetido en la asamblea giran en torno a la gestión del gaztetxe y su actividad. Entre ellos destacamos el aspecto económico; a qué destinamos el dinero sin entrar en contradicciones con la filosofía de La Kelo es uno de los más recurrentes. Uso y gestión de las diferentes gelas; el funcionamiento de algunos sitios nos han dado bastantes quebraderos de cabeza. Se podría subrayar el problema de que al ser un lugar abierto en el día a día atrae a gente que no es consciente de qué es exactamente el gaztetxe y lo utilizan como una lonja o un bar. Ésto ha dado mucho debate sobre cuáles son los límites del uso lúdico del espacio y cómo trasladarle a ésta gente las ideas y objetivos del centro y animarlos a paricipar de él. Unido a este tema surge el debate sobre la venta y consumo de alcohol en La Kelo, éste, aún nos ronda. Otro de los clásicos fue la discusión sobre vegetarianismo-veganismo, actualmente las comidas y cenadores organizados por La Kelo son veganos.

Los problemas más importantes a los que nos hemos enfrentado son las amenazas de desalojo que hemos mencionado antes y el actual P.E.R.I que pretende destruir el barrio, incluyendo el gazetxe. Por último, como en todo proyecto colectivo, la convivencia acarrea ciertas dificultades que de alguna u otra manera vamos solventando.

4. La diferencia está en las propias raíces de cada proyecto. Es decir, el institucional nace desde el ayuntamiento, con el objetivo de contentar al pueblo y la metodología a seguir es contratar una empresa para que lo gestione. Un proyecto okupado nace del propio pueblo, de su descontento hacia la gestión institucional y la lógica de la propiedad privada, y de una idea de organización y lucha. El método propio del pueblo es la asamblea, el compartir ideas, aspiraciones… y es así como tira hacia adelante. Confrontamos la participación directa que se da en los proyectos de okupación con el consumo pasivo impuesto por las instituciones.

Un claro ejemplo lo encontramos en el barrio de Mamariga donde hace más de 20 años, mediante la okupación y la autogestón, vari@s vecin@s crearon la Kultur Etxea junto a la cual el ayuntamiento acaba de levantar su «Kultur Gune». Allí donde el pueblo ha respondido por sí mismo a sus necesidades con sus medios las instituciones tratan de absorber el proyecto ya existente para que así las cosas se hagan a su manera: impositivamente, con la mediación de una empresa, con un control estricto sobre los contenidos de las actividades, quitándole su carácter libre, militante, solidario etc.

Otro elemento diferenciador está en la forma de concebir las actividades. Para las instituciones y empresas las actividades son un objetivo en sí mismas, responden a la lógica de la oferta y la demanda. En cambio en nuestros proyectos se busca que las actividades tengan una utilidad, ya sea teórica o práctica, para pensar y actuar por nosotr@s mismas, para relacionarse entre nosotr@s de igual a igual.

También hay que mencionar la idea de la solidaridad. Los gaztetxes son así un lugar donde los movimientos sociales pueden difundir sus ideas y financiarse tanto sus luchas y proyectos, como las multas con las que se les reprime en tantas ocasiones. Sin embargo el único rédito que buscan instituciones y empresas con sus planes son votos y dinero.

A nuestro entender un proyecto de okupación nace con la intención de ser un espacio de organización y lucha, de agitación de ideas… para crear un lugar donde poder encontrarse, compartir, colaborar, decidir por un@ mism@… Todo esto se hace imposible en los pueblos y ciudades que habitamos y la okupación es el medio para crear un espacio del pueblo donde todo esto sea posible.

5. Sobre el tema de los gaztetxes y la relación con las instituciones no hemos hecho una valoración general conjunta. Entre quienes componemos la asamblea algunos están en contra de la relación con las instituciones por parte de los proyectos okupados y a otros dependiendo del contexto de cada pueblo y de qué tipo de relación se entable no les parece mal.

A La Kelo, cuando el ayuntamiento nos ha ofrecido algo tras amenazarnos con el desalojo y demolición se trataba de un engaño, y no tenemos intención de relacionarnos ni con el ayuntamiento, ni con ninguna otra institución. Creemos que cada asamblea debe debatir y crear sus propias respuestas a este tipo de preguntas y vemos de vital importancia mantener los principios básicos de un proyecto autónomo, asambleario y autogestionado para llevar adelante un gaztetxe.

Beasaingo Gaztetxea

Siempre hemos creído que un Gaztetxe era un espacio okupado y liberado de las instituciones o de lo privado, para darle un uso y crear cosas diferentes a las que nos ofrecen los ayuntamientos y por eso nos hemos sentido identificados con la palabra “Gaztetxe” aunque la traducción literal no refleje esto, para nosotrxs es como decir C.S.O. en euskara. Ah! Y si no, seremos jóvenes toda la vida…

Nuestra filosofía claramente es el Hazlo Tu Misma ¡aquí y ahora! Y una frase que resume bastante bien la filosofía del gaztetxe y que usamos mucho es «que nadie nos diga como tenemos que jugar» que apareció pintada con brocha y letra de niñx en la pared de un parque infantil de Beasain en los primeros años de vida del gazte.
Tras muchos años de Beasaingo Gazte Asanblada en los que se juntaba la gente en un lokal de 4 metros cuadraos y cedido por el ayunta donde se hacian actividades y se intentaba ofrecer alternativas en un pueblo castigado por la burguesía peneuvera (que siempre zancadilleó las propuestas y reivindicaciones de la BGA) se vio claramente la falta de un verdadero espacio grande y autogestionado que no vendría de la mano de ningún concejal, sino que lo tendríamos que «tomar» nosotrxs. Allá por el año 2000 hubo una importante experiencia de okupación en el pueblo (creemos que la primera en Beasain). Esta experiencia acabó muy mal pero también sirvió para aprender y saber exactamente lo que se quería. Tras esto se veía claro que lo que se quería era un pedazo de Gaztetxe para el pueblo y se creó una asamblea con el único objetivo de okupar un gaztetxe y crear un ambiente propicio para ello, reuniéndonos en las plazas para hablar y denunciando con acciones en la calle la falta de espacios. Al fin se Okupó el 22 de Agosto de 2004, unos días después de la batalla contra el desalojo del Gaztetxe Euskal Jai de Iruña, que nos dio el impulso definitivo.

Hay que decir que en un principio solo se iba a okupar una planta del edificio porque había material del ayuntamiento en la otra planta, pero al okupar las fuerzas crecieron y decidimos sacar el material del ayuntamiento a la calle para así tener mas espacio para todxs. Después de 7 años seguimos creando alternativas horizontales y asamblearias aunque la sombra de un proyecto urbanístico nos amenace.

El primer debate y el más importante fue tras recibir la oferta directa del alcalde (abrumado al ver tanta gente implicada) de la Legalización del espacio durante toda su legislatura (con seguro y todo). Tras intensas asambleas se decidió que NO y esto se vio reflejado al disminuir la participación, hoy en dia nos sentimos muy aliviados de no haber aceptado porque en aquellos momentos el miedo al desalojo estaba presente.

Otros debates que seguimos teniendo son los de comunicación y convivencia entre generaciones y formas de funcionar, muy importantes discusiones sobre la implicación de todos en las labores del lokal o limpieza…. así como debates sobre los precios de los conciertos y teatros o de cómo abordar últimamente el tema de los robos cuando el gaztetxe se queda solo y es blanco de la desesperación humana o de la codicia de algunx, ya que tenemos claro que denunciar a la poli o usar ese tipo de métodos no es la solución.

Para nosotrxs la diferencia entre un espacio okupado a uno institucional es que en el okupado y autogestionado aprendes tus propias normas en base al respeto, gestión del lokal y convivencia dentro del gaztetxe o con el vecindario, de cualquier otra forma siempre seria aceptar las normas o leyes ya marcadas sin posibilidad de ser discutidas. También queremos decir que pactar con el enemigo no es luchar y en cualquier caso un Gaztetxe es una herramienta de lucha contra la autoridad, el capital y todas sus instituciones.

Con nuestra experiencia en el Gaztetxe de Beasain no creemos en la legalización de estos espacios libres pero creemos que cada espacio tiene diferentes circunstancias y puede caber otra opción mientras cada grupo o lokal pueda seguir haciendo cosas sin que nadie ni nada imponga las maneras o limites.

Un saludo a toda la gente que se lo curra, ya que por encima de gazte­txes o lokales institucionalizados están las personas y son estas las que luchan y lloran!

AUPA ZUEK!!!