MUJERES DE NICARAGUA

Esta pequeña selección de poesías trata de acercarnos las palabras de algunas mujeres nicaragüenses, que nos hablan de amor y dolor, de injusticia y opresión, de afirmación, de dignidad y esperanza.

Los muertos (Michèle Najlis)

Los muertos
sostendrán los brazos del combatiente,
la voz de las multitudes,
la herramienta del campesino.

Los muertos…

¿Quién sostendrá las manos de los muertos?

Nos persiguieron en la noche

Nos persiguieron en la noche,
nos acorralaron,
sin dejarnos más defensa que nuestras manos
unidas a millones de manos unidas.
Nos hicieron escupir sangre,
nos azotaron,
llenaron nuestros cuerpos con descargas eléctricas
y nuestras bocas las llenaron de cal,
nos dejaron noches enteras junto a las fieras,
nos arrojaron a sótanos sin tiempo,
nos arrancaron las uñas.
Con nuestra sangre cubrieron hasta sus tejados,
hasta sus propios rostros,
pero nuestras manos
siguen unidas a millones de manos unidas.

¿Por qué no? (Claribel Alegría)

¿Por qué no detenerme
en esa esquina
y sorprender a la muerte
por la espalda?

No pienses en mañana

No pienses en mañana
ni me hagas promesas
ni tú serás el mismo
ni yo estaré presente.
Vivamos juntos la cima de este amor
sin engaños
sin miedo
transparentes.

Huelga (Gioconda Belli)

Quiero una huelga donde vayamos todos.
Una huelga de brazos, de piernas, de cabellos,
una huelga naciendo en cada cuerpo.

Quiero una huelga
de obreros de palomas
de chóferes de flores
de técnicos de niños
de médicos de mujeres.

Quiero una huelga grande,
que hasta el amor alcance.
Una huelga donde todo se detenga,
el reloj las fábricas
el plantel los colegios
el bus los hospitales
la carretera los puertos.

Una huelga de ojos, de manos y de besos.
Una huelga donde respirar no sea permitido,
una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos del tirano que se marcha.

Yo he militado (Ana Ilce Gómez)

Yo he militado no sin gloria
en las lides del amor
y mi obra no podrán destruirla
ni las lluvias persistentes
ni la perenne marcha del tiempo.
Porque mi arte no fue inútil
ni siquiera contigo,
contigo que jurabas no conocerme
pero que un día llenaste
la ciudad entera con mi nombre.

Mensaje urgente a mi madre (Daisy Zamora)

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.

¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!

Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
Ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.

Perdón, madre, por las impertinencias de gallinas viejas y
copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.

Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la traición
y el buen gusto.

Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.

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