Tosu, una lucha antidesarrollista en el Gran Bilbao

EZ: Situadnos en la lucha de Tosu-Ibarbengoa. En que contexto surge el movimiento de oposición y cuáles son sus características.

Tosu: La lucha de Tosu en contra del parking de Ibarbengoa es una continuación de las movilizaciones que sucedieron en contra del Plan territorial parcial (PTP) del Bilbao metropolitano y el ambiente antidesarrollista generado por la construcción del TAV.

En 2006 la diputación de Bizkaia propuso el PTP del Bilbao Metropolitano, la cual dicta los criterios que estructuran el Gran Bilbao como un continuo urbano (incluida la comarca de Uribe Kosta): transporte rápido de personas/mercancías (metro Bilbao, corredor de Uribe Kosta, Supersur, TAV), consumos alejados de los núcleos urbanos (centros comerciales como Artea y el más reciente de Berango) y viviendas localizadas en barrios/ciudades dormitorio sin identidad. En el caso de Uribe Kosta pretendían construir 30.000 viviendas, de las cuales 8.000 estaban localizadas en el pequeño barrio de Andra Mari, Getxo1 Un año más tarde, en 2007, el plan para Getxo fue paralizado tras una movilización vecinal sin precedentes y los comienzos de la crisis económica que azotarían Euskal Herria y el estado español. En 2008 se creó la asamblea contra el PTP de Uribe Kosta, compuesta por gente proveniente del movimiento popular del momento y germen de lo que años más tarde será Tosu Betirako.

Este colectivo realizó todo tipo de acciones a nivel local (aunque también a nivel provincial como la marcha «Bizkaia Benetan Maite» que denunciaba distintos macroproyectos de Bizkaia) y siguiendo modelos de otras luchas organizó la primera acampada en 2011. Con una programación variada, se trataban temas no solamente relacionadas con la defensa de la tierra. La acampada tuvo lugar en la campa de Tosu y desde entonces, quedó ocupada de forma permanente hasta su desalojo en octubre del 2017. Con el tiempo empezaron a funcionar las huertas comunitarias y se organizaron infinidad de actividades (entre ellas 2 acampadas más) llegando a ser más tarde centro social, espacio de resistencia y una especie de «comunidad autogestionada».

En septiembre del 2014 estaba previsto el comienzo de las obras del aparcamiento de Ibarbengoa en Tosu, impulsada por el consorcio de transporte de Bizkaia, Metro Bilbao y el Gobierno Vasco. Será la punta de lanza de los planes urbanísticos que años atrás se retrasaron pero no anularon en el barrio de Andra Mari.

Para frenar el comienzo de las obras, la asamblea organizó ahí mismo la primera «Erresistentzia akanpada» construyendo una estructura de madera y toldos (tras una reforma para pasar el invierno se convertirá en «la txabola») y llevar a cabo las diferentes actividades programadas (charlas, debates, talleres, conciertos…). Un mes después, el encadenamiento de personas que participaban en la acampada en las oficinas municipales paralizaron los trámites de expropiación. A partir de esa pequeña victoria, en las huertas y la Txabola se mezclarán personas de diferentes ámbitos rompiendo la dicotomía militante/no militante. Al poco tiempo, la asamblea contra el PTP junto con otras personas de la acampada fundarán el colectivo Tosu Betirako que desarrollará la lucha en contra del parking de Ibarbengoa.

CARACTERÍSTICAS DE LA LUCHA DE TOSU-IBARBENGOA

De alguna forma, la lucha de Tosu retoma el «Lur barik arnasik ez» («Sin tierra no hay respiración», lema de la pancarta que portaban las amamas en la mani vecinal del 2007 en contra del PTP) desde discursos y prácticas más radicales (como la ocupación y la confrontación).

El motor de la lucha es el colectivo Tosu betirako, un grupo diverso compuesto por gente que va entrando y saliendo, pero que se mantiene en 10-15 personas y que con el tiempo va cobrando una identidad propia. Poco a poco y de forma intencionada, va generando un pequeño tejido social con lxs vecinxs de alrededor y el movimiento popular. Para llevar a cabo las protestas, realizan acciones creativas basadas en la desobediencia civil no violenta. En muchos casos son espectaculares (como pintar murales en sitios inusuales como el interior de la estación de metro de Algorta o paredes muy expuestas), simpáticas (por ejemplo la parodia disfrazados de gente rica para dar la bienvenida a Florentino Pérez, dueño de la empresa constructora del parking) y radicales (como el colapso del centro de Algorta por el encadenamiento de una persona a un bidón lleno de cemento o el cierre de las carreteras que llevan a la campa de Tosu mediante barricadas). En este sentido, es importante cierta cultura política que se tiene de otras luchas y la determinación por llevarlas a cabo.

Siendo nuestro espacio natural el movimiento popular, vemos necesario crear una coordinadora en la que también participarán algún partido político, colectivos y vecinxs.

EZ: ¿Cuál ha sido la evolución del conflicto hasta la actualidad?

T: Desde el comienzo hasta la actualidad podríamos decir que ha habido 2 fases.

La primera fase sería un periodo que comienza con la primera «Erresistentzia akanpada» y termina con la reocupación posterior al desalojo. Por una parte, intentamos acumular fuerzas (por ejemplo organizando las acampadas de resistencia en la que se acercaba muchísima gente) con el convencimiento de que podemos parar la obras. Realizamos una propaganda constante de las razones en contra del parking mediante campañas y acciones (murales, performances, pegadas y buzoneos…) y del modelo de pueblo que se nos impone. Por otra parte gestionamos Tosu (con la txabola y las huertas) como espacio de encuentro donde se realizan distintas actividades (charlas, talleres, conciertos…) y por último, preparamos el desalojo y la respuesta a ésta.

Es un periodo de muchos altibajos. Un día podíamos estar arreglando el tejado de la txabola para un taller que se iba a a realizar y al siguiente decidíamos y empezábamos a organizar la acampada de resistencia indefinida porque algún trámite de la obra había avanzado. El desgaste generado nos lleva a plantear el tema de cuidarnos, por lo que empezamos a realizar asambleas y dinámicas para compartir y gestionar nuestro estado físico y emocional.

Paradójicamente, esta fase termina con la exitosa respuesta al desalojo (nos enteramos del día aproximado gracias al empadronamiento en la txabola de un miembro de la asamblea y la notificación judicial de desalojo con fecha). En el transcurso de la manifestación de protesta y siguiendo la actuación musical de una electrotxaranga, una desviación de toda la gente que asistió a la marcha finalizó en Tosu con la recuperación de la campa en la que participaron más de 400 personas. En hora y media, construimos una pequeña txabola y plantamos una preciosa huerta. Las 8 lecheras de la Ertzaintza que acudieron a desalojar se marcharon por donde vinieron sin saber que hacer. Tanto ese día como los anteriores los habíamos planificado casi al detalle, consiguiendo el factor sorpresa y aglutinando a un montón de gente. Habíamos ganado el asalto (incluso retiraron las máquinas excavadoras) que resultó ser más simbólico que real. Fue un punto de inflexión debido a diferentes factores tales como la presencia policial las 24 horas del día, el cansancio acumulado, la poca gente que conseguimos que se quedará y que no pensamos en los días posteriores.

En ese transcurso comienza la segunda fase. Tras unas expropiaciones que no nos esperábamos, retomaron las obras construyendo una inmensa valla en todo el perímetro con nosotrxs dentro y bajo presencia policial día y noche. Jugaron bien sus cartas y dejaron que nos desgastáramos. En este sentido, quedaron al descubierto límites y carencias que muchas veces arrastramos en las luchas.

Tras este blindaje, comienzan una serie de sabotajes como sellado de zanjas, cortes de valla y finalmente desmontaje del cerco aprovechando un cambio de contrato de las empresas de seguridad. Actualmente, la asamblea no se encuentra en su mejor momento Veremos como termina esto.

EZ: ¿Cuáles han sido las principales actividades que habéis realizado?

T: Cuando empezamos con la 1ª acampada de resistencia en el verano de 2014 pensábamos que solamente íbamos a durar un par de meses en Tosu. Como hemos mencionado más arriba, con el tiempo se convirtió un espacio de referencia donde funcionaban las huertas comunitarias y había una oferta variada de conciertos, talleres y charlas y a la que se acercó muchísima gente. Incluso los domingos empezamos a ofrecer hamburguesas, con la intención de que la gente se acercara y sintiera suyo el espacio. El máximo exponente de todo esto fueron las acampadas de resistencia, en la que ofrecíamos una oferta variada de actividades con estilo propio, como los debates sobre instituciones y movimiento popular, talleres de desobediencia civil, bertso afaris…

Fuera del contexto de la txabola, veíamos vital la visibilización del mensaje en contra del parking en el pueblo. No solamente hacíamos pegadas y pancartas, si no que nos divertíamos realizando todo tipo de acciones. Es el caso de la parodia de bienvenida que organizamos a un falso Florentino Pérez y la inauguración del comienzo de las obras. También era importante el trabajo en el propio barrio de Andra Mari y sus vecinxs. En este sentido, recuperamos espacios abandonados como un antiguo lavadero/bebedero, reforestábamos el pinar de Azkorri con especies autóctonas que cultivábamos en su gran mayoría nosotrxs mismos, colaborábamos con los baserritarras mediante auzolan (trabajos comunitarios)…

Merece especial mención la mañana que las carreteras que daban a Tosu amanecieron cerradas con barricadas compuestas de estiércol, fardos enormes de paja, murallas de madera y una fila de escudos caseros con el cuadro del «Gernika» de Picasso pintado en ellos. No teníamos forma de saber la fecha del desalojo, así que con la complicidad de lxs vecinxs, intentamos provocarlo cerrando los accesos. Finalmente, el Gobierno Vasco no cayó en la trampa y tras un intenso debate (entre otras razones, los accesos de lxs vecinxs quedaron bloqueados) y algunos de nuestros objetivos cumplidos (eco mediático y movilización de la gente) decidimos retirar las barricadas y proclamar Tosu «tierra liberad».

De cara a la resistencia resultó llamativa la construcción de trípodes de 8 metros de altura (en la campa de Tosu no había grandes árboles) para subirse y encadenarse o el enterramiento de bidones de cemento (y una persona encadenada) para obstaculizar el trabajo de las obras una vez habían comenzado.

En definitiva, ha sido muchísimo el trabajo que con el tiempo se convirtió en referente y dio sus frutos. Los objetivos iban desde el aprendizaje y debate hasta la generación de tejido social colectivo o recuperar un entorno natural en decadencia.

EZ: ¿Qué debates significativos han surgido durante el proceso de lucha que lleváis?

T: Han sido muchísimos los debates en estos 4 años. De hecho, nos perdíamos en asambleas interminables… Quizás los más significativos han estado relacionados con la táctica a seguir en cada momento, aunque ha habido otros que tenían que ver con la convivencia y la gestión del espacio.

Cuando había algún avance en los trámites para la ejecución de la obra, siempre nos surgía la duda de si llamar a la acampada o no, ya que en las 2 primeras no hubo movimientos claros ni intento de desalojo y no queríamos adelantarnos a acontecimientos que podían no suceder, suponernos un desgaste e incluso perder credibilidad ante la gente… al final, gracias al empadronamiento en la txabola de un miembro de la asamblea nos enteramos de la fecha aproximada de su desalojo por la notificación judicial. Para entonces empezamos a preguntarnos si el formato de la acampada de resistencia había dejado de ser funcional y atractivo para la gente.

Otro debate significativo fue el de la convocatoria de la manifestación posterior a la reocupación. ¿Debíamos llamar a diferentes sectores menos afines y no tan movilizados como asociaciones de vecinxs para aglutinar a más gente y darle un enfoque local o contar con la gente que habíamos movilizado hasta entonces e intentar desgastar al PNV? Finalmente, la primera opción salió adelante y se materializó en la manifestación que partió en 4 columnas desde diferentes barrios de Getxo. Salvamos los muebles con casi 1.000 manifestantes, pero nos dimos cuenta que la movilización en nuestro pueblo según cuando y para qué, tiene sus límites.

Seguramente un debate en la que demostramos la madurez de la asamblea fue la que realizamos el día que se cerraron las estradas a Tosu con barricadas. La zona de entrada y salida destinada únicamente a lxs vecinxs fue bloqueada por la gente ya que la Ertzaintza abrió el paso (aún así se marcharon al de poco tiempo). Parte de la asamblea abogaba por resistir en las barricadas el tiempo que fuera, y otros proponían despejar las estradas. Estando muy cansados y casi 100 personas esperando, tomamos la complicada decisión de despejar las estradas. Nuestro objetivo final era parar el parking, no defender las barricadas.

Más de una vez nos hemos preguntado y hemos debatido las razones por las que la gran mayoría de los participantes de Tosu betirako eran hombres, ya que no considerábamos que fuese un espacio especialmente masculinizado.

El conflicto de Tosu-Ibarbengoa ha tenido una repercusión importante que ha trascendido lo local ¿A que creéis que se debe? ¿pensáis que de alguna manera se ha convertido en un símbolo o que ha recogido el testigo de lucha anteriores? ¿Cómo se reflejaría esto a nivel ideológico u organizativo?

La lucha de Tosu ha obtenido pequeñas victorias (como la paralización de las expropiaciones, el cierre y apertura de las estradas con barricadas, la reocupación de las obras, etc.) que desde hace tiempo no son muy habituales en Euskal Herria. Esto, unido a la falta de otras referencias (a excepción de Errekaleor y el movimiento feminista) han hecho que la lucha en contra de un parking local, que comenzó una pequeña asamblea, haya adquirido mayores dimensiones.

Por un lado, los métodos creativos que hemos utilizado han sido llamativos y radicales pero al mismo tiempo asumibles por muchos sectores de la población. No hemos inventado nada, ya que los hemos recuperado de la historia y la cultura política que ha ido creando el movimiento popular pero dándoles un estilo propio. Por eso, es importante que las conozcamos, para recuperarlas si nos son válidas. Es una forma de recoger el testigo de luchas anteriores. No creemos que seamos símbolo de nada, pero a parte de la autocrítica que debemos hacer, tenemos la sensación de que con nuestros aciertos y errores, estamos aportando (y nos está aportando) en lo personal y colectivo. En lo ideológico y organizativo, somos parte del movimiento popular y es nuestro espacio natural.

NOTA:

1. Getxo es un municipio de casi 80.000 habitantes, gobernada desde 1978 por el PNV y actualmente el PP siguiéndole como segunda fuerza de cerca. Según EUSTAT, el 85% de su territorio está urbanizado).

Utzi erantzuna

Zure e-posta helbidea ez da argitaratuko.