CAPITALISMO, HAMBRE, SALUD

La FAO dice que “963 millones de personas pasan hambre en el mundo”.

Según el Proyecto hambre de la ONU, alrededor de 24.000 personas mueren cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre.

Un 75% de los fallecidos son niños menores de cinco meses.

El Instituto de desarrollo y política alimentaria afirma que la hambruna y las guerras causan sólo un 10% de las muertes por hambre, aun cuando éstas tienden a ser de las que trascienden con mayor frecuencia. La mayoría de las muertes por hambre se deben a desnutrición crónica. Las familias sencillamente no con siguen suficientes alimentos. Esto, a su vez, se debe a la extrema pobreza.

La ONU ha reiterado que existen casi 1.000 millones de personas con hambre en el planeta y que el problema se multiplicará peligrosamente si no se toman cartas en el asunto de inmediato. Para 2050, estima, la hambruna podría golpear a más de 5 mil millones de personas.
“Se están dificultando nuestros esfuerzos con miras a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad el porcentaje de personas que sufren hambre en el mundo para 2015″, subrayaron los expertos de la ONU.”… “Pero si incluso se alcanzasen esos objetivos, en los países en desarrollo seguiría habiendo unos 600 millones de personas subnutridas.”

La FAO añade: ”con adecuadas reglas de distribución, la producción de alimentos mundial permitiría alimentar a la población”.

O sea cada cuatro segundos una persona es eliminada por medio del hambre por el sistema internacional capitalista y sus dirigentes… y millones son hambruneada$, día tras día.
Sus “reglas de distribución” son algo pernicioso… para quienes pasan hambre… porque si lo fueran para tod@s… no existirían. Beneficio extremo en una parte, y miseria extrema en la otra.
El sistema de producción de la mercancía alimento… crea hambre, y devora plusvalor por medio de la explotación del proletariado y la extenuación de la fertilidad de la tierra.

Este sistema, alabado por toda clase de canallas, genera la muerte de 10 millones de niñ@s cada año (datos de la UNICEF), y de esta cifra, la mitad en África… aunque en este continente solo nacen el 22% de l@s niñ@s del mundo!

Aún así muchos ideólogos y propagandistas a sueldo del orden niegan que exista un decidido genocidio económico, político y mediático de human@s empobrecid@s!. Simplemente con mantener las fuentes del problema y obstaculizar férreamente las soluciones se incrementa el problema.
Más adelante se muestran cifras históricas comparativas que avalan este enfoque… Y esto supone eliminación deliberada. Extraigamos consecuencias y aprendamos de la contrarrevolución.

La depauperación de las masas proletarias de las ciudades y los campos, y de los sectores empobrecidos ha aumentado absoluta y relativamente. Las reformas variadas del sistema no han eliminado estas características fundamentales e inherentes, sino que las han ampliado. Más hambre y carencias de un lado y más riqueza y poder del otro.
La llamada por muchos economistas “pérdida de peso de las rentas salariales respecto a las rentas del capital” expresa como de las elevadas cifras de creación de valor, el capital concentrado cada vez más, se lleva la mejor y más abundante porción. Deterioro relativo, pues, interrelacionado con el absoluto en una “ley general de la acumulación” (Marx).

A su vez, el “Consejo de alimentación mundial de la ONU” afirma que “si se dedicara a la alimentación humana entre el 10% y el 15% del grano que se destina al ganado se erradicaría el hambre en el mundo”.
Y la ONU también acaba de escribir que “con 50.000 millones de dólares por año se erradicarían la pobreza y el hambre mundiales”.
Teniendo en cuenta que el presupuesto militar mundial por año es de más de un billón (1.000.000.000.000) de dólares, o las enormes cifras que los estados más poderosos del planeta, dirigidos por derechas o izquierdas, han invertido “para salvar al sistema financiero”… es fácil extraer consecuencias.

Existe un interés premeditado, organizado y coordinado mundialmente por los grandes capos del capital para mantener, reforzar e incrementar esta situación. También les da importantes réditos el miedo que genera en quienes no pasan hambre, pero curran como bestias… “y si se quedan sin trabajo…”.

El desarrollo desigual del sistema obedece fundamentalmente a su dinámica de apropiación de plusvalor, de trabajo ajeno enajenado, y a la evolución histórica del proceso general de concurrencia entre capitales. El mundo, la naturaleza y la existencia humana en función de la rapiña. Los grandes centros de desarrollo exigen más y más materias primas, más mano de obra dócil, más tecnología y más artes de control social e ideológico. Acaparan inversiones y posibilidades de obtención de altos niveles de beneficio… y siembran por las zonas de su dominio imperialista hambre, guerra, gobiernos coaligados en su interés, y acumulación de proletariado proveniente de la huida masiva de los campos; lugares donde van degradando o suprimiendo sus débiles condiciones de vida y sus entornos naturales y de producción agraria en función de estrategias económicas, políticas o militares de los grandes conglomerados financieros internacionales y sus entornos.

El PNUD de la ONU dice que “los pobres viven entre 3 y 10 veces mejor en las ciudades que en las áreas rurales”.
Lugares donde se podría cultivar y aprovechar inteligentemente los recursos son zonas degradadas, vedadas, vigiladas, eriales, propiedades forestales, reservas para turistas, etc., etc. Con dificultades de aprovisionamiento de agua, comida, leña para calentarse… e ir tirando; con insumos que hay que comprar para producir en la agricultura o la ganadería, con los retenes de vigilancia madereros vigilando sus propiedades… hasta los suburbios de las grandes ciudades son zonas mejores… al menos hay restos donde hurgar, basuras para reciclar, chapucillas para realizar, viviendas de burgueses para limpiar por salarios bajos, clientes con los que prostituirse por unas monedas, bienes que expropiar, etc. La lista de estos “contratos blindados” es amplia, y alcanza a veces hasta hacerse sicario, mula, camello, de una mafia! … ¡qué nivel!.

Las cifras expuestas, extraídas de fuentes inequívocamente capitalistas, ponen de manifiesto que la salud del sistema mercantil implica el sufrimiento del hambre y la muerte de millones de personas. Sus apologetas y defensores no paran de afirmar que, con todo, la situación es hoy mejor que en el pasado, por tanto a tragar… que progresamos de lo lindo.
De nuevo, simplemente con emplear cifras de la ONU y realizar unos cálculos sencillos se evidencia el engaño intere$ado. Según ésta, en la segunda mitad del siglo XIX, “50 millones de personas murieron de hambre en el mundo”. Sale a un millón por año. Hoy, la FAO da la cifra de 8millones por año. Cierto es que la población mundial ha aumentado… pero la proporción entre el número de muertos y ésta representa casi el doble en el presente.

Esta realidad infame ya era plenamente reconocida en el 1987 por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU: “actualmente hay en el mundo más gente que pasa hambre que nunca en la historia de la humanidad, y su número va en aumento”. Progreso del capitalismo, pues, es equivalente a progreso creciente de sus crímenes… Algo apesta en el paraíso civilizador.

El informe Pérdidas y Desperdicio de Alimentos en el Mundo, elaborado por el Instituto Sueco de Alimentos y Biotecnología (SIK) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), reveló que anualmente un tercio de los alimentos producidos para el consumo de las personas son tirados a la basura.
El desperdicio per cápita entre los consumidores es de 95-115 kg anuales en Europa y Norteamérica, mientras que en África subsahariana y en Asia meridional y el Sudeste asiático se tiran entre 6-11 kg por persona.

Cada año los ocho países más ricos en el mundo desperdician similar cantidad de alimentos (222 millones de toneladas) que la totalidad de la producción alimentaria neta de África subsahariana (230 millones de toneladas).

La cantidad de alimentos que se pierde o desperdicia cada año equivale a más de la mitad de la cosecha mundial de cereales (2.300 millones de toneladas en 2009/2010)[/font]

En el libro primero de “El Capital”, Marx enuncia la “Ley general absoluta, de la acumulación capitalista”, que “produce una acumulación de miseria, proporcionada a la acumulación del capital. La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo, pues, acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto”. Pero ya se sabe, este tipo veía mucha tele…

En este progreso civilizador del capital la generación de grandes industrias monopolistas se ha manifestado también en los sectores dedicados a la alimentación.
Un ejemplo ilustrativo: solamente dos de estas empresas -Cargill y Continental- controlan la producción y comercialización del 50% de los granos del mundo.
Y otro más. Doce grandes compañías, asistidas por otras 36 compañías operacionales menores, pero logísticamente interconectadas, manejan el negocio internacional de los alimentos.

Según Intermón Oxfam “unas 300-50s empresas se benefician de esta situación”.

Quien pueda que “pinche” en Internet “Cartel de Windsor” y verá algunas de sus proeza$.

O que lea sobre empresas como tres compañías norteamericanas (Archer Daniels Midland, Bunge y Cargill), que controlan el 90% del comercio mundial de grano…

El acceso desigual a la tierra aumentará el hambre en el mundo

Casi la mitad de toda la tierra cultivable que hay en Estados Unidos está en manos del 4% de los propietarios del país.
En Guatemala, menos del 8% de los productores agrícolas se reparten el 80% de la tierra.
Y la mitad del campo de Brasil está controlado por el 1% de la población.

Desde sus comienzos, el capital ha procurado mantener un ejército de mano de obra activo y otro en el paro. Para aumentar su escala de producción y acumulación de capital y poder precisaba vender a la clase obrera productos alimentarios que aseguraran la reproducción de su fuerza vital de trabajo reduciendo costes como meta y ofertando cantidades suficientes. La resultante ha sido que el progreso capitalista ha degradado la alimentación a una escala jamás vista. Con más alimentos para una parte de los explotados, aunque su calidad no sea equiparable a su cantidad, ciertos logros han sido conseguidos en ciertas áreas de fuerte desarrollo, pero a costa de reproducir a escala también creciente las hambrunas, la subnutrición y lo que la misma FAO denomina “déficit cualitativo de la alimentación humana”. Y estos logros han sido y serán puestos en cuestión en determinadas coyunturas históricas (véase Europa en las dos grande guerras, p.ej., o las hambrunas de la moderna Argentina).

En los Estados más desarrollados “el gasto promedio de la población en comida está entre un 15 % o un 18% de sus ingresos” (El País). En España parece que el proletariado gasta entre un 12 y un 14% de su salario (Fuente: INE). Sin embargo en las zonas de menos desarrollo 2.600 millones de personas viven con menos de dos dólares por día y se ven obligadas a gastar entre un 60 % y un 80% de sus ingresos en comer (Datos de la FAO, que añade: “3.000 millones de personas presentan carencias nutricionales severas”). Y sigue la FAO (Agosto 2008): “una fluctuación al alza de los precios de los alimentos acaba de condenar al hambre continuado a 73 millones más de personas”. Tras esta cifra se repitieron varias: 25 millones, 50 millones más, “otros posibles 73 millones “. La realidad del capitalismo imperialista en cifras. Sus mitos, al desnudo.

La concentración de la acumulación de capital en unas zonas del planeta y la consiguiente intensificación del consumo de mercancías genera consecuencias mortales. La ONU indica que, por ejemplo, en 1990, con una población mundial de 5.300 millones de personas, se dio una cosecha de 1.780 millones de toneladas de cereales; y añade “se podrían haber alimentado 5.900 millones de personas, pero con el nivel de consumo per cápita de Europa Occidental sólo 2.900 millones”.

Este proceso histórico es mucho más complejo y cabrón con l@s explotad@s que el maniqueo esquema Norte -Sur, Primer Mundo-Tercer mundo, Mundo rico-Mundo pobre.
Así como en el interior de este “Mundo rico Norteño” existen pobres: la OCDE cifra en 93 millones los pobres en la UE, y algunas ONGs y piratillas varios a la búsqueda de pasta en el negocio de la pseudo solidaridad internacional hablan del “Cuarto Mundo”; también existen enriquecidos en el llamado Tercer Mundo: según la OMS “la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años en algunos suburbios de la capital de Kenia, Nairobi, es del 254 por mil, 17 veces más que los 15 por mil registrados en los barrios ricos de la ciudad” (de “La crisis deja en la cuneta la solidaridad”, El País, 15-10-08). Mandela y los suyos, junto a sus amiguetes de la burguesía blanca no soportan las mismas condiciones de vida que las grandes masas del proletariado sudafricano… pero aquí los servidores de izquierda del sistema callan mucho y realizan festivales y homenajes al gran Mandela, y ahora Desmond Tutu se cabrea con el ANC por ceder a presiones chinas y no traer a su cumpleaños al Dalai Lama…

En “El Capital” Marx dice que el problema esencial de las masas empobrecidas no es la inexistencia de cereales y otros alimentos, sino “la carencia de un poder de compra suficiente”. Lo mismo que sucede con muchas medicinas, vestimenta, herramientas, materias primas para la construcción, etc., etc. Y añade: “el poder de compra es concentrado por el capital en unas zonas, precisamente donde el ritmo de realización de sus beneficios, el frenetismo de sus ciclos, la vorágine de su proceso de acumulación, es mayor… sus grandes centros de concentración de capital son como poderosos atractores de enormes masas de capital producido, en cualquiera de sus formas, a escala internacional… esa es la característica del imperialismo de la mercancía y su reino”.

Si este proceso genera desequilibrios reiterados, degradaciones medioambientales, morales, psíquicas, etc.; al capital se la trae al pairo mientras aporte enormes ríos de beneficio. Así, por ejemplo, “el 50 % de los cereales del mundo y un tercio de las capturas pesqueras se destinan a alimento de las cabañas ganaderas de los países desarrollados” (FAO). La dieta usual de una persona por día en USA requiere el empleo diario de 16.000 litros de agua… pero si esta alimentación fuese vegetariana llegaría con emplear 1.100 litros.
El terreno fértil para mantener la dieta estándar de estos países es cuatro veces mayor si la dieta es carnívora, con las implicaciones energéticas y medioambientales subsiguientes.

Producir un kg. de bistec supone emplear 5 kg. de grano y el equivalente energético de 9 litros de gasolina. Pero la cadena de beneficios que genera es muy superior. Que con esto, el mítico “desarrollo sostenible” y el “progreso de la salud humana” se vayan al garete es algo evidente, pero la división del trabajo y las tareas productivas han llegado a ser las que son, por la propia evolución lógica del sistema y sus posibilidades.
Este negocio de la comida de baja calidad está en la base de muchos problemas de salud, incluyendo la obesidad, que ya afecta en torno a un 20 % de la clase obrera USA.

Con todo este panorama, y como “al que le toca el martillo, del cielo le caen los clavos”, todo un amplio abanico de negociantes de la salud alternativa y diversas “alternatividades” nos dicen que con sus técnicas, productos, fantasías y engañifas mil podemos “vivir mejor y más plenamente”.

Aprovechando algunas consecuencias de la medicina capitalista, las promesas incumplidas del sistema, el ansia de mejorar sin chocar con éste de millones de humanos debilitados y alienados, nos venden procedimientos salvadores… manteniendo nuestro anclaje al orden. La salud pasa a ser un asunto de empeño personal para aplicar viejas o nuevas sabidurías. Sálveme quien pueda!!

La salud, degradada por el sistema, recuperada dentro de él…, sin lucha de clase, y la Nueva Era sigue su avance.

La lucha contra el hambre y la lucha por la salud humana y del ecosistema, para ser reales, han de realizarse con el objetivo de liquidar al sistema capitalista, o si no se repetirán como farsa macabra.

Aníbal