CEPRID

La izquierda palestina, una oportunidad perdida

Lunes 16 de julio de 2007 por CEPRID

Ramzy Baroud Palestine Chronicle / CEPRID 16 -VII -07 Traducido por Mey Cage

Muchos en la Izquierda, siguen repitiendo viejos mantras, peleando por apariciones irrelevantes en la BBC, haciendo demandas a Hamas, y usando términos como “golpe contra la democracia Palestina”.

Cuando fueron electos los miembros de Hamas como el bloque mayoritario del Consejo Legislativo de Palestina, y se hizo obvio que el embargo internacional conducido por Estados Unidos sería el precio de esa victoria, contacté a intelectuales y escritores de Palestina, en su mayoría a quienes frecuentemente se posicionan como parte de la Izquierda Palestina. Les pedí posicionarse ante la decisión colectiva del pueblo palestino, y proteger la democracia palestina a cualquier costo.

El siguiente es un párrafo exacto de mi petición: “Esta es la primera vez en nuestra historia, que un líder de entre nosotros es electo, por nuestros oprimidos, pobres y desposeídos, para conducir la vía hacia el progreso. No tengo la ilusión de que el Parlamento actual no sea una expresión de una verdadera experiencia democrática, ya que ninguna democracia verdadera puede echar raíces bajo la ocupación, y yo estoy igualmente claro en cuanto a que el Consejo no representa, sino una minoría de nuestra gente; pero no se puede negar que existe una gran esperanza de ver a los refugiados, familias humildes, profesores de primaria y la clase obrera, demandar sus posiciones justas como líderes comunitarios. Sin importar cómo Estados Unidos desea interpretar tal acto colectivo, es importante defenderlo articulando las realidades en Palestina tal como son, y no como lo deforman tan fácilmente los medios de comunicación dominantes.

Eso fue en respuesta a mi lectura inicial de que el gobierno de Hamas estaba perdiendo la batalla en el frente mediático. La razón es simple: no poseían la experiencia ni una plataforma justa para llegar a los medios de comunicación internacionales y articular su posición en cualquier forma y manera. Conociendo esto, y además estando consciente de la polarización política en Palestina, temí que la batalla de articulación pudiera ser formulada alrededor del tema de Hamas versus Fatah, o gobierno islámico versus secularismo, como de hecho sucedió.

Como quien se define a sí mismo como humanista secular, no interpreto el debate en Palestina como tal, y creo que la mayoría de los intelectuales palestinos en Diáspora – algo de lo que estoy muy orgulloso – también comparte la línea de lógica: el debate para mí, fue el de democracia genuina enfrentando un aborto prematuro, como resultado de la unión mas siniestra que juntó varios gobiernos del mundo, Israel y palestinos corruptos. Sin embargo, la respuesta furiosa es comprensible. El voto palestino fue un acto colectivo de grandes proporciones que erradicó, casi instantáneamente, la farsa de la administración de Bush, del Proyecto de Democracia del Gran Medio Oriente, que es en sí mismo, una extensión del viejo Proyecto del Nuevo Medio Oriente de finales de los años 90. El gobierno de Estados Unidos adaptó un proyecto específico, que incluyó una democracia fingida, que podría servir a sus intereses a largo plazo en la región y posicionarse a sí mismo como protector de la voluntad del pueblo durante muchos años, ahora que sus intenciones declaradas en Irak se han tambaleado por completo.

Internamente, las elecciones también significaron que los palestinos – aterrorizados durante 6 décadas por el ejército israelí, y últimamente, por las ramas de “seguridad” palestinas, respaldadas por Israel y sus jefes caudillos – todavía poseían la fuerza para luchar e insistir en su derecho de desafiar el status quo. Esa fue una de las más potentes victorias no violentas alcanzadas por el pueblo palestino, comparado solo con la Primera Revuelta de 1987.

Luego de las elecciones, el liderazgo del gobierno insistió en gobernar de acuerdo a las normas de democracia y sociedad civil, y pronto emitió llamados a todas las agrupaciones palestinas para conformar un gobierno de unidad.

Fatah rechazó y eso no sorprende. ¿Pero porqué la tan llamada Izquierda Palestina rehúsa tomar parte en el gobierno también – a pesar de su insignificante popularidad entre los palestinos - como un acto que pudo haber servido a la democracia palestina en más de una manera?

Durante las primeras semanas y meses, siguiendo el solitario ascenso de Hamas al poder en marzo del 2006, empezamos a ver a intelectuales palestinos respetables, emitir declaraciones inquietantes a los medios, atacar a Hamas como si fuera un cuerpo ajeno, formado en Teherán, y así, lastimosamente, validar el embargo internacional. En algunas ocasiones he compartido escenarios con algunas de estas personas, orgullosamente, en foros internacionales; algunos hasta se hacen pasar por socialistas y hablan fervientemente de la lucha colectiva contra el imperialismo internacional y la necesidad de activar la sociedad civil en la lucha contra la injusticia, y demás. La victoria de Hamas ha expuesto el abismo entre palabras y acciones, entre las prioridades nacionales y las ideológicas, y hasta en la rigidez individual y las limitaciones. Cuando Hamas entró en rondas de conversaciones con grupos “socialistas” palestinos, yo estaba más que seguro de que estos últimos apreciarían la intensidad del desafío y tomarían parte en el gobierno de unidad, aun cuando la unión con una agrupación religiosa implique un acuerdo en todos sus principios. Yo pensé que la situación era demasiado grave para que manifiestos superficiales y programas de partidos, se interpusieran en el camino, pero estaba equivocado.

Luego de la resistencia armada de los años 70 en Gaza, liderada, en parte, por varios grupos socialistas, no había una verdadera izquierda popular que llegara a gran parte de la imaginación popular palestina. A pesar de que algunos de estos grupos se rijan por verdaderos principios de justicia, como la oposición a Oslo, por ejemplo, permanecen en su mayoría confinados a los campus universitarios, ubicados en centros urbanos como artistas, académicos, e intelectuales de clase media y a veces alta.

Lo extraño de este enredo es que Hamas, por una definición práctica, está más cerca de los principios socialistas que los intelectuales “socialistas” urbanos.

Al defender a Hamas y la voluntad democrática de los palestinos, difícilmente sentí que me estaba desviando de mis propios principios. Mi carta a la Izquierda Palestina difícilmente generó respuesta alguna – mis comunicaciones con progresistas en Occidente generaron mucho más entusiasmo. Ahora que la brecha entre Hamas y Fatah se ha elevado casi a una brecha geográfica – una desviación completa de los objetivos palestinos nacionales - muchos en la Izquierda, siguen repitiendo viejos mantras, peleando por apariciones irrelevantes en la BBC, haciendo demandas a Hamas, y usando términos como “golpe contra la democracia Palestina”.

A duras penas hubo una Izquierda Palestina con la cual empezar, perdieron la única oportunidad que los hubiese podido hacer relevantes, y ahora continúan complaciendo el status quo, actuando como sabios en un océano de multitudes tontas: la definición precisa del elitismo intelectual.

Ramzy Baroud es un autor y escritor Palestino – Americano. Su último libro: La Segunda Intifada Palestina: Crónica de la Lucha de un Pueblo (Pluto Press, Londres) está disponible en Amazon.com. Es editor de PalestineChronicle.com y su sitio web es ramzybaroud.net


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