CEPRID

Grecia, el eslabón débil

Miércoles 29 de febrero de 2012 por CEPRID

Jesús Sánchez Rodríguez

CEPRID

La nueva Gran Depresión en la que está entrando el sistema capitalista es fruto del propio funcionamiento del sistema, que está inevitablemente abocado a desenvolverse en ciclos de expansión y crisis como fue señalado por el marxismo y aceptado comúnmente por las escuelas económicas burguesas (1). Igualmente los autores de la escuela del sistema-mundo han demostrado los ciclos de desplazamiento del centro de dominación en cada época y la carga conflictiva que lleva asociada este cambio. En este sentido sostienen que el dominio ejercido desde el centro estadounidense ha entrado hace ya unos años en decadencia (la crisis-señal para Giovanni Arrighi habría sido la derrota en Vietnam) y se ha entrado en un período del cual, si se repitiese ese ciclo, habría de salir un nuevo centro de dominación.

Pero evidentemente no se puede hablar de una situación cíclica de eterno retorno sin fin. Las tendencias encontradas en la historia demuestran la existencia de ciertas fuerzas profundas vinculadas al desarrollo del capitalismo, pero en cada caso las circunstancias son diferentes y el desarrollo de cada crisis, de cada cambio de etapa, no está escrito de antemano. La actual crisis puede resolverse, después de un largo período de desorden (la destrucción creativa que utilizaba Schumpeter para referirse de manera elegante y académica a lo que el pueblo experimenta como angustia y sufrimiento), en una nueva etapa del capitalismo con su centro de dominación situado en un lugar diferente de EEUU (¿China?), o puede prolongar dicho desorden en una debacle civilizatoria que abra paso a un escenario post-capitalista (¿socialismo, caos…?). También el cambio de modo de producción y los colapsos de civilizaciones está documentado por la experiencia histórica. No olvidemos, en este último sentido, los elementos coadyuvantes que pueden dotar a la actual crisis de características propias de un cataclismo, entre ellos la gravísima crisis ecológica que arrastra el planeta desde hace décadas y la magnitud de los factores que entran en juego (la extensión mundial del capitalismo, el tamaño de la población que habita el planeta, al carácter exponencial del crecimiento de los factores, como población, consumo de energía y materias primas (2), etc.).

La crisis, como ha sido abundantemente señalado, se había gestado ya antes de septiembre de 2008 y existían múltiples síntomas. Pero en ese mes un hecho determinante desencadenó la fase aguda, el hundimiento del Lehman Brothers, aceptado en esos momentos por el gobierno Bush como parte de esa destrucción creativa que los economistas burgueses retienen entre su lista de recetas memorísticas con las que interpretar el capitalismo.

Los efectos sísmicos desencadenados con dicha quiebra hicieron cambiar rápidamente de estrategia a los principales gobiernos de los países desarrollados. El neoliberalismo se mantuvo como discurso ideológico con el que redoblar los ataques a las clases populares, pero en la práctica, respecto a los bancos y grandes empresas, se impuso el intervencionismo estatal a través de enormes ayudas con el objetivo de evitar una ola que amenazaba barrer el capitalismo del planeta. La teoría de la destrucción creativa seguiría siendo válida para los pequeños negocios pero no para los grandes. Ninguna empresa o banco grande podía dejarse caer.

La confluencia del rígido corsé ideológico del neoliberalismo entre las clases dirigentes, las masivas ayudas a los bancos y grandes empresas y la fuerte disminución de la actividad económica transformaron el aspecto de la crisis , centrándose ahora en los déficits públicos y sus consecuencias. Y si la crisis financiera de 2008 había encontrado su eslabón débil en el banco Lehman Brothers, por donde se produjo la primera gran ruptura del sistema, en 2011 ese eslabón débil había adquirido un tamaño continental, la Unión Europea, y en su seno el eslabón débil era Grecia.

De esta manera, un país que representa un papel de importancia muy secundaria en el sistema mundial por el tamaño de su economía devenía el eslabón débil de la cadena mundial a través de su pertenencia a la UE.

Si Grecia no fuese miembro de la UE, hace ya tiempo que hubiese sido abandonado a su suerte, como lo han sido tantos otros países en las diferentes crisis de los últimos decenios. Posiblemente habría devaluado su moneda para ganar competitividad, habría conocido un severo empobrecimiento y una fuerte contestación social, como hasta ahora, e incluso podría haber conocido turbulencias políticas, pero nada de estos hubiese inquietado al funcionamiento de la economía mundial. Sería como esas decenas de miles de negocios que ha barrido la crisis. Pero Grecia forma parte de la UE, y su crisis se trasmite directamente del país heleno al conjunto de la eurozona. Es como una infección de un miembro en un organismo enfermo, agrava su crisis. La clase dirigente mundial sabe que no puede caer la UE sin que el efecto del hundimiento del Lehma Brothers se amplifique de manera gigantesca, y la UE sabe que si quiebra Grecia, su existencia, y no solo la del euro, entra en grave peligro.

En este drama, que lleva representándose ya muchos meses, las contradicciones de los actores y las fuerzas en liza están llevando la situación a una quiebra casi inevitable y, con ella, a un salto cualitativo desconocido en la crisis mundial.

La clase dirigente europea, a través del tándem Merkel-Sarkozy, buscan una solución imposible: impedir que sus bancos sufran el impacto de una quiebra en Grecia, dada su exposición; impedir que la crisis griega se traslade a otras economía europeas, especialmente España e Italia; imponer un drástico empobrecimiento al pueblo griego sin alteraciones sociales; convertirle en una especie de colonia de Bruselas (como expresión y representante de la burguesía europea) y; finalmente, mantener esa especie de colonia con una economía reducida al nivel de los países no desarrollados en el seno de la UE.

Posiblemente ningún pueblo aceptaría este programa que intenta imponerse desde Bruselas y, desde luego, el griego ya ha dado muestras más que evidentes de su voluntad de luchar contra ese destino. En esta segunda semana de febrero de 2012 el pulso ha subido de tono, el pueblo griego ha secundado tres huelgas generales en una semana; la troika comunitaria ha amenazado con retirar el segundo plan de ayuda en negociación, en una jugada que todo el mundo sabe que es un farol porque conocen las consecuencias señaladas más arriba; y los apoyos políticos al gobierno tecnócrata impuesto en diciembre por Bruselas se resquebrajan ante la presión sufrida desde arriba y desde abajo, varios ministro dimiten y diversos diputados amenazan con no apoyar el plan en la votación del Parlamento.

Puede producirse una quiebra inminente de Grecia en las próximas fechas, y con ello la crisis mundial entraría en un nuevo escenario de mayor desorden y consecuencias imprevistas. Pero incluso si también esta vez Bruselas vuelve de poner de rodillas a Grecia, con ayuda de su clase política, no sería más que una tregua. La descomposición de la UE hace tiempo que ha llegado a un punto de no retorno y es imposible que pueda seguir existiendo en su actual configuración, a pesar de que sus clases dirigentes necesitan algún tipo de instrumento comunitario para sobrevivir en un mundo donde aparecen nuevos gigantes en el horizonte que amenazan su peso, y donde el centro de la economía mundial se desplaza a la región de Asia-Pacífico. Salvo que el desarrollo de la crisis también altere todas estas tendencias.

Notas:

(1) Ver mi artículo anterior, Crisis económica: la incertidumbre del desenlace, dónde me ocupo extensamente de este aspecto.

(2) Es importante traer a colación lo que el carácter exponencial supone para la precipitación de la crisis porque el desarrollo de la crisis no tendría la forma de una recta o curva con más o menos inclinación, pero de evolución constante. La forma exponencial de algunos de los factores que impactan en la crisis supone una larga situación no excesivamente alarmante y un súbito colapso.

Jesús Sánchez Rodríguez es doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog: http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la dirección: http://www.scribd.com/sanchezroje


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