CEPRID

Agravamiento de la crisis en el Estado español

Sábado 16 de febrero de 2013 por CEPRID

Jesús Sánchez Rodríguez CEPRID

El último artículo en el que analizaba la situación española se centraba en tres constataciones y una esperanza. La primera constatación era que la actitud de las clases populares había dado un vuelco - ante la voladura controlada del Estado de Bienestar y el ataque general a sus condiciones de vida - y de una especie de shock paralizante se había pasado, especialmente durante 2012, a una especie de movilización continua contra las agresiones del derechista Partido Popular. Oficialmente, en 2012 se han contabilizado en España más de 40.000 manifestaciones y movilizaciones de distinto tipo, numerosas huelgas de empresa y sectoriales (sanidad, educación, etc.) y dos huelgas generales.

La segunda constatación era que el gobierno había conseguido superar sin excesivo desgaste la ronda de elecciones regionales que habían tenido lugar en España el año pasado. Había conseguido, contra toda lógica democrática, mantener la mayoría absoluta en su feudo gallego, había superado en votos al PSOE en el feudo que los socialistas tienen en Andalucía, y había mantenido sus posiciones en Asturias, Euskadi y Cataluña, en tanto que los socialistas se hundían en estas dos últimas regiones. Entre tanto IU continuaba un ascenso no espectacular apoyándose en una política de alianzas de geometría variable.

La tercera constatación era que, superada la ronda electoral de 2012, se abría un período de dos años y medio antes de las siguientes elecciones (con la excepción de las europeas, dónde no se juegan posiciones de poder nacionales) que el gobierno de Rajoy intentaría aprovechar para fatigar al movimiento contestatario, que no tendría durante ese período la posibilidad de cambiar las relaciones de poder, y conseguir alguna mejora en la situación económica con la que presentarse a la siguiente ronda de elecciones (municipales y regionales en mayo de 2015 y nacionales en noviembre del mismo año). Por lo tanto al movimiento popular le quedaba un largo período de luchas de resistencia para evitar el desanimo, y a las fuerzas políticas de izquierda para articular una opción capaz de convertirla en alternativa real de poder.

La esperanza que se expresaba en aquel artículo de hace apenas mes y medio era que mediase una situación verdaderamente extraordinaria que pudiese revertir la actual situación de poder. Y esa situación parece haberse producido al alcanzar el torpedo de la corrupción a la línea de flotación del PP. El caso Bárcenas, reabierto en estos momentos a partir de la aparición de cuentas millonarias del ex-tesorero del PP en Suiza, ha sacado a la luz que la corrupción política anida en el núcleo dirigente del PP.

En estos momentos hay más de 800 políticos procesados por corrupción en España, la mayoría de ellos del PP y el PSOE, pero también de otros partidos. La mayoría opinión pública está convencida de que el caso Gürtel es una trama inmensa de corrupción del PP, aunque judicialmente hayan conseguido desactivar las partes más peligrosas. La monarquía está en la picota, viviendo sus cotas más bajas de aceptación, por el caso Urdangarin y nadie parece apostar por la continuidad de Juan Carlos a corto plazo. Las opiniones empiezan a bascular entre quienes prefieren una abdicación en su hijo y quienes rechazan abiertamente el régimen monárquico. Y otras instituciones claves del Estado también han sido salpicadas por los casos de corrupción, como por ejemplo el Tribunal Supremo que llevó a la dimisión de su Presidente en junio de 2012.

En principio esta nueva situación puede tener dos vías de desenlaces. La primera es que el conjunto de indicios y sospechas derivadas del caso Bárcenas no puedan transformarse en pruebas firmes que hagan dimitir a ministros y dirigentes principales del PP, e incluso al presidente de gobierno. En ese caso la sospecha de corrupciones seguirá extendiéndose entre la opinión pública y desgastará aún más al PP durante un largo tiempo y hará más difícil la gobernabilidad de España, pudiendo hacer reverdecer las movilizaciones ya no solo por motivos económico y sociales, sino estrictamente políticos, en defensa de la democracia. De hecho, las primeras encuestas realizadas tras la salida a la luz del caso Bárcenas señalan un desgaste importante del PP, que desde su victoria absoluta hace poco más de una año ha perdido un 20% de intención de voto. Y a raíz de este nuevo escándalo de corrupción se han producido manifestaciones espontáneas en diversas ciudades españolas para exigir la dimisión de Rajoy y la convocatoria de nuevas elecciones.

En este supuesto el PP va a intentar ganar tiempo, dejar que se diluya el efecto inicial del caso, sacar a la luz caso de corrupción de otros partidos para extender la sensación de que este mal no es exclusivo del PP, ofrecer algún simulacro de ley anti-corrupción para regenerar el cuerpo político, y confiar en la permisividad que su electorado muestra con la corrupción, como ha demostrado claramente el caso de la comunidad valenciana. La foto de la situación actual muestra que el fuerte desgaste del PP no es aprovechado por el PSOE que incluso también ha perdido intención de voto, sino que lo que aparece es una ruptura del tradicional bipartidismo instalado desde la transición, cono dos partidos pequeños en crecimiento, IU y UPyD.

Pero, son muchos los problemas que concurren en España como para que pueda enfrentarlos con éxito un gobierno muy debilitado políticamente. El primero es el de la crisis económica. Durante 2013 todos los análisis solventes apuntan a una agravación de todos los indicadores, especialmente el del paro, lo que hará aumentar la presión social. Además con un gobierno debilitado, incapaz de continuar las reformas que le exige Merkel a través de Bruselas, puede que vuelva a dispararse la prima de riesgo y empeoré aún más la situación económica. El segundo es el del conflicto territorial en Cataluña, dónde las formaciones nacionalistas siguen dando pasos en su estrategia por llegar de alguna manera a conseguir la independencia de España, manteniéndose en la UE. El tercero es el de una posible crisis de la institución monárquica por un agravamiento del caso de corrupción de Undargarin, que empieza a salpicar a círculos cada vez más próximos al monarca.

Por tanto, aún si el caso Bárcenas no obliga ahora a que Rajoy dimita y convoque nuevas elecciones, la debilidad extrema en que queda su gobierno y la evolución negativa de los problemas anteriores, puede que le obligue a acabar la legislatura antes de tiempo.

La segunda vía de desenlace, más rápida, pero menos probable, es que los indicios de corrupción del caso Bárcenas se transformen en pruebas claras y obligue a la dimisión de Rajoy y la convocatoria de nuevas elecciones abriéndose con ello la posibilidad, que no la certeza, de un cambio de gobierno y de políticas.

Y decimos posibilidad por dos razones extraídas de la práctica política reciente. La primera son las enseñanzas de lo ocurrido en la comunidad valenciana, que demuestran la alta tolerancia del electorado del PP con la corrupción, y como un lavado de cara con cambios de dirigentes permite reconciliar a un electorado incomodo con su partido. La segunda, porque lo ocurrido en Grecia muestra también que, incluso en situaciones extremas, puede ocurrir, de un lado, que el vuelco electoral a la izquierda sea insuficiente, y de otro, que la socialdemocracia llegue a una unidad nacional con los conservadores para hacer frente a los problemas defendiendo el status quo actual con ligeras concesiones de aquellos. Es decir, y para el caso español, aceptar las exigencias de Bruselas en los temas económicos y sociales, responder con una intensificación del nacionalismo español al catalán, y sostener la institución monárquica ante sus dificultades. Cuando una sociedad entra en crisis con la intensidad y extensión de la de España en la actualidad, los períodos de resolución de la misma suelen ser largos y sus resultados inciertos. A favor de las clases populares juega hoy el hecho de que su indignación la ha llevado a perder el miedo a las movilizaciones y, también, de que crece el apoyo a un instrumento político (IU) que representa en su programa algunas de las principales demandas y soluciones de las clases populares.

Jesús Sánchez Rodríguez es doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog:http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la dirección:http://www.scribd.com/sanchezroje


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