CEPRID

Aportación para una valoración de las elecciones al parlamento vasco 2009 desde una perspectiva vasca y comunista

Jueves 12 de marzo de 2009 por CEPRID

CEPRID

Recién conocidos los resultados de las elecciones del 1 de marzo en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) todos los medios de comunicación y los partidos políticos oficialistas han iniciado sus elucubraciones en torno al futuro ocupante del Palacio de Ajuria-Enea, haciendo abstracción de las cuestiones fundamentales que han ocurrido en la CAV y dando por bueno un proceso electoral que, desde su inicio, ha estado viciado. Porque lo primero que llama la atención de las valoraciones de los distintos partidos políticos es la sumisión, la aceptación de un proceso prostituido desde sus inicios, cuando por decisión de los poderes del estado, la Izquierda Abertzale fue saboteada y se anuló la capacidad de participación política a cientos de miles de vascos. En esto no hay ni derecha ni izquierda; todos se han prestado a recoger más, al haber uno menos en el reparto.

Un proceso viciado de origen, antidemocrático, que posibilita que frente a la constancia de que existe una realidad sociológica concreta, se impone empero una realidad política institucional distinta. Y los que parece que van a perder su gestión tras tres décadas, levantan ahora la voz –solo ahora y de forma totalmente interesada- para denunciar esa circunstancia anómala. Así, los autodenominados partidos constitucionalistas, que nunca han obtenido el apoyo suficiente para gestionar el gobierno de Lakua, tienen ahora las manos libres para deshacer a su antojo por las consecuencias últimas de la aplicación de una fascista, por antidemocrática, Ley de Partidos.

Quedarse, por lo tanto, ante el árbol, es decir, el hecho de que los “constitucionalistas”, los estatalistas, se hacen con el Gobierno de Vitoria-Gasteiz, no puede evitar que veamos el bosque y lo analicemos, es decir, que hoy más que nunca la realidad institucional de la CAV, tanto en el Parlamento Vasco, en las Juntas Generales como en muchos Ayuntamientos está construida sobre la imposición y la ausencia de democracia. Ello es extensible a la situación que se vive en Nafarroa, sustancialmente igual. Pareciera que quisiéramos construir un “mundo ideal” donde lo que no veamos no exista, aunque la realidad sea todo lo contrario.

En este sentido, ante esta situación diáfanamente antidemocrática, la postura de Euskal Komunistak-PCPE resurge como ejemplo de coherencia y decisión política, más allá de las dificultades para la comprensión de nuestra decisión puedan tener otras organizaciones de izquierda. Ahora bien, esta decisión también obliga a Euskal Komunistak-PCPE, aunque estas cuestiones las desarrollaremos al final de la propuesta de valoración.

Queremos, por lo tanto, partiendo de esta caracterización de las elecciones del 1 de marzo, analizar el contexto general detallando cuatro cuestiones fundamentales: un análisis de los resultados en sentido estricto, tanto en las filas del saliente tripartito como en la oposición estatalista, la postura de Euskal Komunistak-PCPE y los retos que nuestra organización habrá de afrontar en un futuro inmediato en Euskal Herria una vez iniciado su desarrollo organizativo.

1.- Análisis de los resultados

1.1. Los partidos del tripartito gobernante

Atendiendo exclusivamente a las matemáticas hay dos claros triunfadores en estas elecciones: Juan José Ibarretxe y el PSE-EE. Apuntamos Juan José Ibarretxe y no EAJ/PNV de forma consciente, porque es bien conocida la fragmentación existente dentro del PNV entre aquellos próximos al Lehendakari y a quienes han apostado por una vía más soberanista (utilícense todas las comillas necesarias) y aquellos encabezados por el presidente del Euskadi Buru Batzar, Iñigo Urkullu, quien ha renunciado definitivamente a cualquier aspiración soberanista. Juan José Ibarretxe ha sido capaz de aglutinar en torno a su persona la fama de buen gestor que acompaña al PNV, al mismo tiempo que ha eclipsado –quizás de forma definitiva- a sus socios de gobierno, Eusko Alkartasuna y Ezker Batua, que han quedado diluidos en una gestión ineficaz y de deficiente proyección mediática.

Ibarretxe ha sido en solitario, por lo tanto, quien ha recogido el voto de la gestión, además de recibir el voto del “más vale malo conocido”, práctica muy habitual en las filas abertzales. Y mientras el PNV mejoraba en solitario los votos recibidos hace cuatro años por la coalición PNV-EA, este último y Ezker Batua se han desintegrado y han conocido las dificultades que tiene tratar de hacer sombra a un gigante. Para ambos partidos su baza electoral era la gestión realizada en el Gobierno Vasco. Sin embargo, existen diferencias importantes entre ambos.

Así, mientras Eusko Alkartasuna ha presentado su apuesta por la creación de un polo soberanista distante del PNV como otra baza electoral, y en la que se ha empeñado personalmente su Presidente Unai Ziarreta, Ezker Batua ha llevado sus “logros” en materia de vivienda y política social como argumentos electoral para reagrupar las filas de la Izquierda, sin conseguirlo.

En el caso de Eusko Alkartasuna queda claro que su espacio político no puede construirse a la sombra del PNV puesto que este demuestra en cada cita electoral su capacidad de fagocitar a cercanos. Cuando Ziarreta ha apelado la necesidad de una EA fuerte para construir un polo soberanista pacífico (trayendo a la memoria colectiva, siquiera tímidamente, la experiencia de Lizarra-Garazi) ha querido desmarcarse del PNV y, al mismo tiempo, en competencia con Aralar, levantar la bandera del soberanismo pacifista. Seguramente este intento no será baldío y se retomará más adelante pero la figura de Ziarreta (que ni siquiera ha sido elegido diputado) ya es historia en la política vasca. Lo de Ezker Batua no deja de ser sintomático a pesar de ser perfectamente previsible. Pocas campañas han despertado tanta perplejidad como la de EB cuando, reclamando el orgullo de “ser de izquierdas”, ha obviado su presencia en el gobierno con la derecha regionalista, como si de una simple anécdota se tratara. En estos momentos de crisis económica, Ezker Batua apelaba al voto denunciando la firma de EREs, obviando que esos mismos EREs los firma el gobierno del que toma parte

Apelar al sentimiento de izquierda, al “ser rojo”, a la revuelta, cuando en la práctica Ezker Batua está diseñada para sobrevivir en el marasmo institucional, para gestionar cualquier minucia, es caer en flagrante contradicción que el elector vasco ha apreciado inmediatamente. El mismo Javier Madrazo, candidato a Lehendakari ha sido dura y ejemplarmente castigado en Bizkaia, donde ni siquiera ha obtenido su acta de diputado. Tampoco podemos olvidar que Ezker Batua viene sufriendo en los últimos meses una fuerte convulsión interna que ha provocado la salida pública de decenas de cargos internos y/o institucionales, que han minado más si cabe la credibilidad de un candidato más preocupado por renovar su cuota de poder que construir una alternativa de izquierdas real.

Por si fuera poco, Eusko Alkartasuna y Ezker Batua, tras denunciar tímidamente la ilegalización de la Izquierda Abertzale, cayeron como buitres a tratar de rascar cualquier resto del que pudieran apropiarse. El fracaso salta a la vista.

El último sostén del gobierno Ibarretxe, testimonial pero cada vez más mediáticamente protagonista, ha sido Aralar. Esta formación, que ha pasado de un solo diputado a cuatro, se nos presenta como la gran sorpresa y la “esperanza blanca” de aquellos que aspiran a una Euskal Herria con la izquierda domesticada. Sin embargo, bien mirados, los sesenta mil votos de Aralar no llegan a los cien mil habituales de Euskadiko Ezkerra en los 80, ejemplo máximo de la política de izquierda arrepentida, y distan mucho de llegar a los poco más de cien mil votos nulos.

Aralar ha hecho la campaña con alfombra roja y luces de neón; y esta parafernalia la han desarrollado tanto medios de masas concretos de Madrid (el papel del grupo Prisa no puede pasar desapercibido) como los oficiales del PNV en la CAV, la EITB. Frente a la Izquierda Abertzale “violenta” y “radical”, Aralar ha vendido su imagen de Izquierda “civilizada” y “pacifista”, lo que ha sido impulsado por los medios antes mencionados. No podemos obviar que cierto sector independentista, hastiado de la inoperancia de la estrategia político-militar, ha podido buscar en Aralar un refugio coyuntural. Sin embargo Aralar ya ha dado muestras en la misma noche electoral de cuales son sus prioridades: correr a los brazos del PNV y buscar un trozo de la tarta institucional con la que poder desarrollar “políticas de izquierda”.

Basta hacer un simple ejercicio de memoria inmediata para apercibirse que Aralar no ha realizado ninguna movilización social en las calles vascas, que su implicación ante la crisis ha sido la de aplaudir la política de Ibarretxe y que la estrategia de Aralar está diseñada para ser desarrollada exclusivamente en despachos de caras moquetas. Al tiempo.

En resumen, los votantes han identificado el gobierno del tripartito con el proyecto político del PNV. Aquellos que comparten este proyecto, ya sea como mal menor o por otras razones, han votado a Ibarretxe y no a los socios menores, y estos últimos no han sabido presentarse como una opción diferenciada y que determine de forma sustantiva las políticas del país.

No hay nada de extraño en esta percepción. Los 30 últimos años han tenido una línea clara de continuidad en la CAV, sin que la constitución del tripartito marque ningún punto de inflexión. Como señala un reciente informe el colectivo Elkartzen, estos 30 últimos años de gobierno del PNV han significado la destrucción del tejido industrial (Euskalduna, la Naval, Altos Hornos,...); el abandono del sector primario (que aporta menos de un 1% al PIB); la apuesta por las grandes superficies comerciales, en detrimento del pequeño y mediano comercio; el recorte del gasto social (once puntos porcentuales por debajo de la media europea); la privatización de los servicios públicos; una economía especulativa en torno al sector de la construcción (inmobiliaria, TAV, autopistas,...); la eliminación constante de impuestos a las empresas y el aumento de la carga fiscal sobre los y las trabajadoras.

Desde una perspectiva de clase, no hay ninguna medalla que ponerse por haber formado parte de los gobiernos responsables de esta situación en la CAV. En campaña electoral, el único argumento del tripartito ha sido apelar a lo más emocional: la comparación con España. Sin embargo, por mucho que el desempleo sea más bajo en la CAV (10’6%) que en el resto del Estado (14’8%), la tasa sigue estando muy por debajo de la media europea (7’6%). Incluso aunque los indicadores fuesen mejores, una política de clase y nacional exige medidas incompatibles con un gobierno tripartito en el que participe el PNV. La experiencia es la mejor prueba de esta afirmación.

1.2. Los partidos constitucionalistas

Aparentes triunfadores, los partidos constitucionalistas (PSOE, PP y UPyD) han sido quienes han diseñado estas elecciones a su gusto, a sabiendas que la ilegalización de la izquierda Abertzale provocaría una deformación de la realidad sociopolítica de tal calibre que podía permitirles llegar a cotas de poder que apenas han catado en treinta años. La ilegalización de las listas independentistas ha sido consecuencia de una apuesta de los Poderes del Estado para desvirtuar la realidad institucional y aparcar cualquier voluntad de modificación del marco estatutario. Esta apuesta cumple ya cinco años y además de tratar de someter a la izquierda combativa busca anular cualquier posible iniciativa similar a las de Lizarra-Garazi u otras que se han alimentado entre las fuerzas nacionalistas vascas.

Patxi López está llamado a ser el nuevo Lehendakari de la CAV, pero lo habrá de ser sometiéndose a la política reaccionaria del PP. Recordemos que antes de la campaña electoral el candidato del PP, Basagoiti, ya reclamó para sí las consejerías de Educación e Interior, adelantando lo que sería su principal objetivo en caso de llegar al poder: controlar el sistema educativo vasco y el euskera (es decir, reducir más si cabe la presencia del euskera en la vida cotidiana de los vascos en aras de la delirante defensa del castellano) y controlar la Ertzaintza, para impulsar la represión contra todos aquellos que osen levantar la voz.

El PSOE puede gobernar, pero lo tendrá que hacer pagando todos y cada uno de sus días el peaje correspondiente al PP. ¿Pacto contra natura? Poca importancia tiene la naturaleza de las cosas en el estado español, cuando de Euskal Herria se habla.

UPyD se ha visto claramente beneficiada por lo barato que son los escaños en Araba. Apenas seis mil votos han sido suficientes para darle un escaño que, por si fuera poco, pasa a ser determinante. Araba ya vivió el fenómeno de Unidad Alavesa, donde la extrema derecha vestida de foralismo campó a sus anchas durante una década, hasta que la lógica desintegró el proyecto. Ahora que la extrema derecha prostituye los términos de “democracia” y progreso”, era previsible que en ese campo y con ese abono UPyD alcanzara representación institucional, porque en el caso de Bizkaia y Gipuzkoa el número de votos ha sido absolutamente testimonial.

Esto es producto de una ingenieria electoral diseñada para favorecer las opciones estatalistas, que históricamente tienen mayor implantación en la circunscripción de Araba. Este sistema fue impuesto durante el mal llamado proceso de “Transición”. De esta manera, cada circunscripción de la CAV (Araba, Gipuzkoa y Bizkaia) tiene el mismo número de representantes (25), con el resultado de que en el Parlamento de Gazteiz, un diputado por Araba es elegido por seis mil votos, mientras que uno por Bizkaia necesita cerca de ochenta mil. Esto desvirtúa la representatividad del Parlamento, en el que las opciones estatalistas están claramente sobredimensionadas.

Incluso desde una perspectiva burguesa de la democracia, la situación en la CAV es profundamente irregular. La ilegalización de candidaturas se suma a un sistema con graves carencias en cuanto a representatividad. En un contexto electoral de choque entre un bloque “nacional” y otro bloque estatalista, la mayoría social está claramente adulterada.

1.3. Los votos nulos

La apuesta por el voto nulo es dura y arriesgada. Dura porque se incita a miles de vascos a hacer continuo testimonio de su voluntad política, sin que ésta tenga posibilidad de concretarse en praxis; y arriesgada porque, perdido el carácter inicial de sorpresa, está creando un cierto poso de desilusión en personas que ven pasar los ciclos electorales, sin que se vislumbre solución alguna al problema de la representatividad de más de cien mil vascos. Porque, a pesar de todo, más de cien mil vascos de la CAV han dado su apoyo a la alternativa más combativa y ello no puede, ni mucho menos, despreciarse.

Una apuesta de este tipo en otro lugar, despertaría la admiración y la solidaridad de todos; sin embargo, aun entre la izquierda más combativa del estado, se sigue despreciando esta actitud política, cuando no aceptando como si fuera consecuencia de los errores de la misma Izquierda Abertzale. Más allá de las objetivas diferencias estratégicas que tenemos con la Izquierda Abertzale, desde una perspectiva comunista revolucionaria no queda sino aplaudir la determinación de esas miles de personas que, a pesar de todas las dificultades, continúan apostando por un modelo social y nacional nuevo.

2.- La postura de Euskal Komunistak-PCPE

A pesar de hacerse en el último momento, ya es conocida la postura de Euskal Komunistak-PCPE: el apoyo al voto más combativo, al voto rebelde que no se contabilizaba. Nos consta que este posicionamiento ha sido recibido con agradable sorpresa por aquellos que esperaban de Euskal Komunistak-PCPE lo que ha sido histórico en el “comunismo” estatal, es decir, posturas jacobinas en defensa de la unidad del estado, haciendo abstracción de la necesaria implicación de los marxistas-leninistas vascos en defensa de la democracia, la libertad y las condiciones de la clase trabajadora y clases populares. La muy reciente y escasa implantación de Euskal Komunistak-PCPE en Euskal Herria hace suponer la escasa incidencia cuántica que ha tenido nuestra postura en el montante general de los votos nulos; sin embargo, consideramos que cualitativamente Euskal Komunistak-PCPE ha dado un paso que ha de ser irreversible en la defensa de posturas combatientes y comprometidas.

No se trata, evidentemente, de hacer seguidismo de ninguna estrategia. Nuestra solidaridad no puede confundirse con adhesión o difuminación. No. Euskal Komunistak-PCPE lo que ha querido y logrado ha sido colocarse en el lado justo de la barricada que le corresponde. Hemos querido junto a nuestro modesto mensaje (por lo que a difusión se refiere, no en cuanto a claridad y contundencia) alzar la bandera roja del comunismo, en la convicción de que es necesaria esta alternativa, de que hay un sector combativo vasco que espera de marxistas-leninistas vascos actitudes de coherencia y compromiso, lejos de aquellos que, siendo herederos de la historia del EPK-PCE, han acabado dormitando a la sombra de la derecha, contando sus monedas de oro y haciendo las cuentas de la lechera.

La defensa del Derecho de Autodeterminación no puede ser solo un slogan; por eso hemos querido apostar por el voto combativo. La defensa del Socialismo no puede ser un arco iris de mil colores que difumine el rojo hasta hacerlo irreconocible; por eso, la apuesta de Euskal Komunistak-PCPE la consideramos adecuada. Y la defensa de la República Socialista como nuevo modelo de estado que supere la reaccionaria monarquía que acatan los demás, ha de recobrar el prestigio perdido debido a aquellos que recuerdan solo un día al año qué modelo de estado necesita la clase obrera para poder recobrar dignidad y libertad.

3.- Retos de Euskal Komunistak-PCPE

Euskal Komunistak-PCPE apareció ante la sociedad vasca de forma tímida el pasado año cuando presentó en Araba, Bizkaia y Nafarroa sus candidaturas al Congreso y Senado de Madrid. No pudimos estar presentes en Gipuzkoa, lo que dejaba en evidencia nuestras limitaciones, pero el paso dado fue importante. De todas formas, la campaña fue modesta tanto por las limitaciones organizativas como por la coyuntura política en la que se mezclaban ilegalizaciones junto a unas elecciones de marco estatal.

Ese primer paso ha conocido un segundo. Cierto es que decidimos no presentarnos pero la decisión política, sustentada en un análisis de la coyuntura vasca, y con el añadido de la apuesta por la petición de voto combativo supone un nuevo paso en aras de conseguir la necesaria referencialidad entre los comunistas vascos. Y ahí radica, en nuestra opinión, uno de los retos de Euskal Komunistak-PCPE: superar el desprestigio de lo “comunista estatal”, muy difundido en Euskal Herria y herencia directa de la labor anticomunista y antirrevolucionaria que ha desempeñado especialmente el EPK-PCE en las últimas décadas, hasta llevarle a su virtual desaparición en una Ezker Batua totalmente descafeinada.

Pero nuestra aparición no ha sido únicamente electoral, sino que ésta última ha sido la consecuencia de nuestra incipiente lucha en distintos frentes y movimientos sociales. Reivindicamos un modelo de militante de calle, un cuadro comprometido con las luchas sociales y de la clase obrera. La batalla electoral, aunque útil, no debe ser más que un altavoz que fortalezca y difunda las luchas desarrolladas por el partido, por sus aliados y por los movimientos en los que participe. El sentido unitario de nuestro trabajo y nuestra propuesta de un frente de izquierdas, son nuestras señas de identidad. Sólo así se avanza hacia la sociedad nueva, sin caer en el peligro de que la posible presencia en las instituciones corrompa a los representantes de la organización y al mismo partido.

Euskal Komunistak-PCPE ha dado sus primeros pasos, lentos pero seguros. Vamos agrupando a personas de diferentes procedencias ideológicas que quieren construir una nueva referencia, que reivindique sin complejos el marxismo-leninismo, su compromiso con la clase obrera vasca y con los sectores populares combatientes. Euskal Komunistak-PCPE tiene que reflexionar sobre la alternativa a ofrecer a la juventud y a la clase obrera vascas, a la vez que queremos aportar a nuestro partido nuestros análisis de la realidad vasca para con el objetivo último de que todo el Partido Comunista de los Pueblos de España sea capaz de desarrollar una política claramente revolucionaria, comunista también en Euskal Herria. Estamos seguros de que los próximos meses serán prolijos en acontecimientos.

Euskal Komunistak-PCPE

Euskal Herria, 4 de marzo de 2009


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