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EEUU: La ciudadanía y las barreras a las coaliciones negra y latina en Chicago

Martes 25 de enero de 2011 por CEPRID

Claudia Sandoval

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¿Por qué no hay una coalición fuerte entre los latinos y los afroamericanos? ¿Por qué no tienen estos dos grupos, que comparten tanto en común -bajo nivel socioeconómico, tasas de desigualdad de la encarcelación, brutalidad policial, entre otras desigualdades- no son capaces de sostener alianzas políticas y sociales a largo plazo? (1).

Algunos estudiosos concluyen que la competencia por la escasez de recursos económicos contribuye a la animosidad entre los grupos. (2) Otros afirman que es el interés de estos dos grupos es formar alianzas políticas con los blancos, lo que sugiere que la mayoría de los beneficios, tanto para los afro-americanos como para los latinos, sólo puede lograrse cuando se alinean con los blancos, en vez de uno con el otro. (3)

Pero la idea de que las relaciones entre negros y Latinos es un juego en el que “el ganador se lleva todo” deja pocas oportunidades para que estos dos grupos conceptualicen las afiliaciones, lo que les lleva a centrarse en la lucha por unas pocas “migajas”, sobre todo de recursos, en lugar de buscar una coalición mucho más importante. Aunque la cuestión de los recursos es importante, la historia no termina ahí. Para entender la forma de las relaciones entre afroamericanos y latinos tenemos que empezar a discutir el papel del estatuto de ciudadanía.

Chicago es un lugar especialmente interesante para abordar estas cuestiones, ya que es conocida como una de las ciudades con más segregación racial en los Estados Unidos (4). Pero también fue el lugar de uno de los primeros ejemplos de una alianza política entre los latinos y los afroamericanos. En 1983 los votantes de ambas comunidades llevaron a la alcaldía a Harold Washington, el primer alcalde afroamericano, más de dos décadas antes de que una coalición similar ayudase a Antonio Villaraigosa a convertirse en el primer alcalde latino de Los Ángeles desde 1872. Washington ganó porque estaba dispuesto a romper con la maquinaria política tradicional de la ciudad y estableció alianzas con activistas como el organizador laboral Rudy Lozano, clave en la movilización de los votantes latinos. Washington logró el 75% de los votos latinos y apenas fue votado por los blancos. Poco después de su muerte, en 1987, la alianza entre los líderes latinos y negros se rompió por desacuerdos sobre la distribución del poder.

Hacemos un avance rápido hasta el presente y nos encontramos con que la coalición negra y latina en Chicago es tan frágil como siempre, pese al nuevo contexto demográfico y al aumento de la xenofobia anti-immigrante. Hay una nueva inmigración latina hacia el Medio Oeste, que ha aumentado considerablemente desde mediados de la década de 1990 al tiempo que han disminuido las oportunidades de empleo en los destinos tradicionales como Nueva York, Houston y Los Ángeles. Como consecuencia, los nuevos destinos en el Medio Oeste y el Sur han visto aumentada de forma muy marcada la población latina (5).

En 2009, la encuesta de población de los EEUU estima que hay más de un millón de residentes latinos en el Condado de Cook, el 23% de la población, con un aumento del 10% respecto a 1990, mientras que el porcentaje de afroamericanos se mantuvo relativamente igual, en el 24%. Mientras tanto, el discurso en todo el país contra los inmigrantes en los medios de comunicación y en la política ha planteado un reto de gran alcance para la política de la coalición negro-latina ya que los grupos de Chicago, blancos, junto con los afroamericanos en su categoría de trabajadores legales, definen como delincuentes y extranjeros a los otros latinos. A pesar que afroamericanos y latinos tienen problemas comunes en Chicago, dado el grado de segregación residencial el discurso nacional de ciudadanía amenazada amenaza con provocar la animosidad de los barrios que no se relacionaban antes.

En 2004 la xenofobia contra los nuevos inmigrantes fue la corriente principal de la campaña electoral de Jim Oberweis, candidato al Senado, blanco, que publicó un anuncio de televisión en el que se decía que “los extranjeros ilegales vienen aquí para quitar los empleos a los trabajadores de EEUU, bajar los salarios y aprovecharse de los beneficios del gobierno, como la atención médica gratuita”. “Y usted paga”, añadió. Aunque dirigido a todos los habitantes de Chicago, este discurso tiene como objetivo introducir una cuña entre los “extranjeros ilegales” y “las familias trabajadoras” de cualquier raza, y el mensaje puede ser atractivo para los afroamericanos de Chicago, que en 2007 tenían una tasa de desempleo que duplica la tasa nacional (6).

Los efectos de este discurso eran evidentes en 2006, año en que los activistas latinos de todo el país pusieron en marcha masivas marchas durante el mes de Mayo en contra de un proyecto de ley de inmigración draconiano. El día después de las marchas de Chicago, un grupo de unos 10-15 hombres afroamericanos realizaron una manifestación frente a una planta de procesamiento de carne al grito de “ilegal” contra los trabajadores latinos. (7) La manifestación fue organizada por Rick Bieseda, cofundador de los Proyecto Minutemen de Chicago, y el reverendo Anthony Williams, un prominente pastos en Englewood, un barrio predominantemente negro.

El agosto de ese año, algunos sectores de la comunidad negra de Chicago atacaron a Elvira Arellano, una madre soltera indocumentada que desafió en público al gobierno a que la presentara ante el tribunal para ser deportada a México. Buscó refugio en la Iglesia Metodista Unida Adalberto, en el barrio de Humboldt Park, junto a su hijo de ocho años, Saúl. Su historia atrajo la cobertura de los medios de comunicación nacionales y provocó un acalorado debate en Chicago. Arellano habló con los medios en un esfuerzo por ganarse la simpatía y el apoyo, pero en algunos casos se ganó más adversario. En especial, cuando dijo “yo soy fuerte, he aprendido de Rosa Parks y no voy a ir en la parte trasera del autobús; la ley está mal”. Eso enfureció a algunos afroamericanos.

La columnista Mary Mitchell, del Chicago Sun Times, dijo que Arellano había utilizado a Rosa Parks para “comprar más tiempo” en EEUU. (8) Otros como Timothy Thomas Jr, un funcionario local, dijo en el mismo periódico que la comparación era “ofensiva” porque “Rosa Parks era ciudadana de EEUU y Arellano no; ha entrado en EEUU bajo el manto de la ilegalidad, con documentos ilegales ya hora se niega a obedecer una orden judicial de entregarse y salir del país (9)”.

No obstante, Arellano también recibió el apoyo de líderes afroamericanos, que expresaron su solidaridad con ella y los derechos de los inmigrantes latinos. (10) Una de ellas, Jacqueline Jackson, esposa del reverendo Jesse Jackson.

Arellano fue deportada en 2007.

Este caso pone de manifiesto cómo un discurso anti-inmigración puede conducir a sentimientos que impidan la comprensión mutua y la creación de coaliciones entre latinos y afroamericanos. Algunos afroamericanos, consciente o inconscientemente, se sumaron a los intereses de los estadounidenses blancos, a la creación de un orden racial en el que se colocan por encima de los latinos en virtud del derecho de la ciudadanía pese a que en el siglo XXI los afroamericanos siguen luchando por ella para asegurar de facto sus derechos. El discurso xenófobo ha sido decisivo en los últimos años para desalentar la unidad negra y latina. Este discurso reconoce estratégicamente a los blancos y a los afroamericanos como ciudadanos de EEUU y les define como una categoría única contra la criminal, y ajena, de otros inmigrantes. Esto es lo que hace significativa la protesta ante la planta de procesamiento de carne: cómo un grupo extremista-nacionalista como el Proyecto Minuteman se acercó a los afroamericanos y reclutó a algunos de ellos para servir como cara públicaal sentimiento anti-inmigrantes en Chicago. (11) Así, los latinos perciben a los afroamericanos, y no al Proyecto Minuteman, como sus antagonistas.

De manera similar, la situación jurídica de Arellano dividió a latinos y afroamericanos. Su acto de desobediencia civil tocó los nervios de blancos y afroamericanos precisamente porque ponía de manifiesto qué es lo legal y lo ilegítimo dentro de la desobediencia civil. Ellos lo tenían claro: la ciudadanía.

El politólogo Marcos P. Sawyer ha sugerido que algunos afroamericanos tienen dificultad para comprender o apreciar la difícil situación de los latinos en los EEUU y que, además de racismo, hay “falta de voluntad de los americanos africanos para reconocer las experiencias de los grupos raciales que no sean los negros”, lo que contribuye a los problemas entre las coaliciones. (12) Si esto es cierto, puede darse el caso que el discurso anti-inmigrante y la definición negativa de la ciudadanía sea capaz de reproducir un orden racial que mantiene a los blancos en la parte superior y a ambos grupos marginados, sin beneficios reales tanto para los negros como para los latinos.

Dentro de este discurso, los negros, independientemente de su estatus de ciudadanía, son vistos como afroamericanos y, por tanto, ciudadanos de EEUU mientras que los latinos en todos sus grupos étnicos pueden ser percibidos como inmigrantes ilegales y no estadounidenses. A través de este marco, los afroamericanos tienen la ventaja de pertenecer simbólicamente a la -blanca- sociedad de los EEUU porque cualquier acción que los afroamericanos asuman en el debate sobre la inmigración no cambia la actual estructura racial de la dominación blanca y mucho menos se traduce en cambios sustantivos en su vida. Esta alineación blanco-negro puede hacer que los argumentos anti-inmigrantes de los estadounidenses blancos de derecha parezcan no racistas, al mismo tiempo que exacerba las tensiones entre negros y latinos.

El sentimiento anti-inmigrante gana terreno en Chicago y en todo EEUU, que la cuestión de la ciudadanía y la pertenencia –y la xenofobia- se utiliza para dividir a las comunidades y esto es de vital importancia. Esta es una discusión nueva que no se suele escuchar en las discusiones sobre las relaciones raciales o las razas. Pero es una discusión que debe tenerse en cuenta a la hora de hablar de las alianzas multirraciales.

Notas:

(1) Karen Kaufmann, “Grietas en el Arco Iris”, Cuadernos de Investigación Política, junio 2003. Véase también Marcos P. Sawyer, “La política racial en los EEUU multiétnicos: identidades y coaliciones negras y latinas”, Palgrave Macmillan 2005.

(2) Hubert Blalock, “Hacia una teoría de las relaciones entre minorías”, 1967.

(3) Karen Kaufmann y James G. Gimpel, “¿Sueño imposible o ralidad a distancia? Los esfuerzos republicanos para atraer a los votantes latinos. Centro de Estudios de Inmigración, agosto de 2001.

(4) Santa Clara Drake y Horace Cayton Roscoe, “Metrópolis negra: un estudio de la vida del negro en una ciudad del norte”, University Chicago Press 1993.

(5) Manuel A. Vásquez, “La inmigración latina en el sur: tendencias y temas críticos”, ponencia presentada en la Conferencia Jesuita Instituto de Investigaciones Sociales “La gente en movimiento”, febrero de 2010.

(6) Austin Algernon, “El desempleo en blanco y negro, testimonio sobre el desempleo crónico antes del caucus negro”, 17 de marzo de 2010.

(7) Mark Brown, “Minutemen recluta negros contra los inmigrantes ilegales”, Chicago Sun Times, 3 de mayo de 2006.

(8) Mary Mitchell, “Activista inmigrante encerrada en la iglesia no es Rosa Parks”, Chicago Sun Times, 22 de agosto de 2006.

(9) Timothy Thomas JR, “Tú no eres Rosa Parks”, Chicago Sun Times, 21 de agosto de 2006.

(10) Oscar Ávila, “Clero negro respalda lucha contra la deportación de inmigrantes”, Chicago Tribune, 25 de agosto de 2006.

(11) Southern Poverty Law Center, “Grupos nativistas extremistas”, Informe de Inteligencia 137, primavera de 2010.

(12) Sawyer, “La política racial en los EEUU multiétnicos”.

Claudia Sandoval hace el doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago.


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