José Fernando Mota Muñoz

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José Fernando Mota Muñoz – juliol de 2022


17 de agosto de 2006

por José Fernando Mota Muñoz


Hoy toca levantarse temprano, objetivo Hebrón. Partimos para esta ciudad cisjordana en autobús de línea palestino. A los lados de la carretera podemos ver la cantidad de asentamientos de colonos que rodean el Jerusalén este y que por esta zona hacen una especie de pasillo hasta Hebrón. Algunos son recientes, todavía son casas prefabricadas. La presencia militar en esta ruta es constante: el check-point de rigor, caravanas de camiones y jeeps, torres de vigilancia blindadas a la entrada de cada población palestina que atraviesa la carretera.

El bus de línea sólo puede llegar hasta un rock block donde se debe desviar y dar la vuelta hacia Jerusalén. Nos vemos obligados a cambiar de transporte y el resto del trayecto lo hacemos en un service. El service se interna en Hebrón por una carretera secundaria para evitar el control policial de entrada, ya que somos ocho pasajeros en una furgoneta en la que, en teoría, sólo pueden viajar siete.

Hebrón se ve una ciudad grande, con la dispersión habitual de la ciudades palestinas y con esos bloques de pisos grises, muchos a medio construir. Hemos quedado con un miembro del FPLP para que nos explique sus experiencias como prisionero político. Vamos a un pequeño salón que tiene en el altillo de su taller. Nos pone música revolucionaria, nos la traduce, nos explica su vida en la cárcel y las razones de su militancia. Una persona maja. Alguien que lo conoce nos dice que es una de las personas más abiertas de Hebrón, ya que estamos en una ciudad profundamente conservadora, que más que islamista es tribal, lo que cuenta es de que familia eres, entendiendo familia en el concepto amplio que se estila por aquí.

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Centro histórico despoblado por la presión sionista

Tras la entrevista partimos en grupo a ver la tumba de los patriarcas, donde se supone que esta enterrado, entre otros, Abraham, un lugar disputado por musulmanes y judíos. Desde que Baruch Goldstein, un sionista de extrema derecha, un colono americano venido de Brooklyn, con estudios universitarios, entró en la mezquita en 1994 armado hasta los dientes y disparó sobre los fieles que se encontraban rezando, matando a 29 de ellos, la mezquita esta dividida en dos, dos quintas partes son mezquita y el resto sinagoga. Algunos días del año, según la celebración religiosa que toque, el edificio se convierte todo en mezquita o todo en sinagoga por unas horas.

Goldstein, después de vaciar sus cargadores fue linchado por la multitud. Hoy este asesino tiene una estatua conmemorativa de su "hazaña" en el asentamiento de Kiryat Arba, el más antiguo y grande de Hebrón.

Para entrar a la mezquita hay que pasar tres controles. En el primero hay observadores internacionales miembros del TIPH, una fuerza multinacional con representantes daneses, italianos, noruegos, suecos, suizos y turcos, que desde la matanza de 1994 vela porque los palestinos que entran a la mezquita no sean "excesivamente" maltratados por los militares israelíes en el control de acceso. Dos controles más nos esperan antes de acceder a la mezquita, antiguo templo pagano. La supuesta tumba de Abraham se encuentra en el centro del recinto, se puede ver desde las dos partes, de hecho desde la ventana de la mezquita vemos a los que se asoman desde la sinagoga.

Precisamente la existencia de esta tumba ha provocado diferentes conflictos y ha atraído a Hebrón a colonos radicales, sobre todo franceses y yanquis, que consideran la ciudad tierra santa judía. Desde hace unos años, además de las megacolonias que rodean Hebrón, existen asentamientos en el mismo centro de población. Son unos 400 colonos que han forzado la desertización del centro histórico. Pasear por las calles cercanas a la mezquita es como hacerlo por una ciudad fantasma. Unas rejas protegen a los palestinos que se aventuran por ellas de lo que lanzan desde los pisos superiores estos colonos sobre ellos (basura, productos químicos, botellas, etc.).

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Rejas de protección

La presión de los colonos, los militares israelíes que los "defienden" y los frecuentes toques de queda han forzado a muchos palestinos de la zona a dejar sus casas y comercios. Una asociación, financiada con ayuda española, cuida de la restauración del centro de la ciudad y ayuda económicamente a los palestinos que, a pesar de todo, deciden mantener abierta su tienda en esta zona, una forma de evitar el despoblamiento total.

Por la tarde visitamos el asentamiento que se ha instalado en el centro de Hebrón. En realidad son diferentes asentamientos con nombres diversos según el edificio que han ocupado: Beit Hadassa, Beit Romano, Avraham Avinu, Tel Rumeida... Tras pasar un check-point y mostrar nuestra documentación europea accedemos a otra ciudad fantasma. Paseando por la calle sólo topamos con una patrulla de soldados israelíes, que nos paran y nos vuelven a pedir los pasaportes, y con algún internacional, miembros del ISM, que nos advierte que vigilemos porque los colonos acostumbran a lanzar botellas a los visitantes de la colonia. Hay miembros del ISM de forma permanente para denunciar los abusos de los colonos a la policía, ya que a pesar de la presión todavía hay palestinos viviendo dentro de la zona del asentamiento, palestinos que se resisten a ser expulsados de sus casas y que han de pasar cada día los check-point para entrar y salir de sus domicilios. A pesar de lo desértico de las calles se percibe la tensión en el ambiente, avanzamos lentamente y en silencio.

En el asentamiento hay pintadas del partido Kach, un grupo sionista de extrema derecha al que pertenecía Goldstein, que está ilegalizado desde 1994 y considerado terrorista por el mismísimo gobierno israelí. También hay edificios que lucen una estrella de David pintada en sus puertas. Lo que hacían los nazis para señalar los domicilios de los judíos aquí lo hacen los colonos para reclamar las propiedades árabes.

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Pintada del partido de extrema derecha Kach

Cruzamos todo el asentamiento y salimos de él por otro control situado al final de la calle que recorre la colonia. Salimos a una zona de aparcamiento donde llegan autobuses de turistas judíos que vienen a visitar la tumba de Abraham.

Mientras esperamos el taxi podemos ver como los soldados del check-point tienen parados a dos jóvenes palestinos. Les gritan y les obligan a subirse la camisa y el pantalón. A uno de ellos lo ponen de cara a la pared y le abren las piernas a patadas. La indignación nos invade y les gritamos cuando vemos la violencia con que se aplican, ellos nos contestan a voces que nos marchemos. Decidimos esperar hasta que dejan pasar a los dos palestinos, pero pronto tienen a otros dos parados y puestos contra la pared. Es la humillación diaria que han de pasar los palestinos que todavía viven dentro del asentamiento. Los soldados, con unas posturas chulescas, nos vuelven a gritar que nos vayamos. Pensamos que es mejor marchar porque nuestra defensa de los palestinos puede mejorar el trato inmediato pero no el futuro y ellos se quedaran y tendrán que volver a pasar ese control, mientras que nosotros mañana ya no estaremos allí.

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Check-point del asentamiento

El taxi nos acerca hasta el punto donde las autoridades militares dejan llegar a los autobuses. Un jeep militar tiene parados a algunos palestinos, pero marchan pronto. De regreso a Al-Quds, en el control militar de entrada, por primera vez nos hacen bajar del autobús, sólo a los varones, nos piden la documentación y nos envían de nuevo para dentro del bus.

En Jerusalén tenemos concertada una entrevista con Sergio Yahni, un disidente israelí de origen argentino, miembro del Alternative Information Center, que nos expone, entre cerveza y cerveza, la situación actual del movimiento antimilitarista y el movimiento anticolonial de Israel, como han vivido sus organizaciones el reciente conflicto en el Líbano y Gaza. Es un tema que como antimilitaristas nos interesa especialmente. De sus explicaciones extraigo estos apuntes para colgar en laweb del CASC.

Los principales colectivos de objetores e insumisos son Yesh Gvul [Hay un límite] organización de refuseniks (insumisos) selectivos. Se niegan a servir fuera de las fronteras israelíes de 1967, en los territorios ocupados, cárceles, etc. Aunque también aceptan los insumisos totales, los que se niegan a servir en el ejército. No niegan la necesidad de un ejército y defienden que este sea de leva. No se posicionan al respecto del sionismo; Seruv [Coraje para rechazar] Organización de refuseniks selectivos, no aceptan insumisos totales. Quieren salvar al ejército de sí mismo impidiendo que se utilice en los territorios ocupados. Consideran que negándose a servir en los territorios ocupados están defendiendo el sionismo. Algunos de sus miembros participaron última campaña en el Líbano al considerar que era una guerra defensiva; Breaking the silence [Rompiendo el silencio] Organización de soldados que hicieron el servicio militar en los territorios ocupados, sobre todo en Hebrón, y que han decidido dar testimonio de los maltratos a palestinos, torturas, vejaciones, etc. que presenciaron o en las que participaron. En abril de 2006 estos tres grupos formaron "Combatientes por la paz" como lugar de encuentro entre objetores, excombatientes israelíes y palestinos, más como lugar de reflexión interna que de denuncia.

Además existe New Profile [Nuevo perfil], un colectivo feminista y antimilitarista. Apoya a los jóvenes que se niegan a ir al servicio militar. Cuestiona el ejército y tiene el objetivo de romper la cultura militarista mediante un trabajo educativo y político y un movimiento autogestionado, colectivos como Shministim y Free the Five, de jóvenes estudiantes que cuando están en último año de secundaria, antes de ser llamados a filas, hacen pública una carta donde informan que se niegan a ir al servicio militar.

Algunos colectivos pacifistas contrarios a la ocupación son Gush Shalom [Bloque por la paz], grupo pacifista formado alrededor de Uri Avnery, Anarquistas contra el muro, que se dedican especialmente a practicar acciones directas no-violentas contra el muro, ahora básicamente las manifestaciones de los viernes en Bil’in, en los territorios ocupados, donde participan palestinos, israelíes e internacionales, Mujeres de negro, un colectivo de mujeres israelíes que desde 1988 salen cada viernes a un cruce de calles de ciudades israelíes con pancartas contra la ocupación. (Pronto las conoceríamos un poco), el Comité israelí contra la demolición de casas (ICAHD), dedicados a la denuncia y la acción directa no-violenta contra demolición de casas de palestinos y el mismo Alternative Information Center, que ya habiamos conocido.

El movimiento contra la guerra y anticolonial, que es como se llama en Israel al movimiento de disidencia interna que se posiciona contra la guerra y la ocupación, está formado por decenas de pequeñas ONG, colectivos contrarios a la ocupación como los propios New Profile, Anarquistas contra el muro ..., además de organizaciones políticas de la izquierda antisionista, sobre todo Hadash [Frente democrático para la paz y la igualdad, frente popular del Partido Comunista Israelí, 3 diputados] y Balad [Asamblea democrática nacional, izquierda nacionalista árabe-israelí, 3 diputados]. Han llegado a movilizar 10.000 personas en las manifestaciones contra la actual guerra del Líbano, cuando antes como mucho reunían a 300. Diferenciados del Meretz-Yachad [Vigor-Juntos, izquierda sionista, 5 diputados] y Shalom Ajshav [Paz Ahora], los dos grandes grupos pacifistas israelíes que defienden un proyecto de paz, pero aceptan las colonias de los territorios ocupados y rechazan el diálogo con Hamás. Estos dos grupos se posicionaron inicialmente a favor de la guerra en el Líbano por considerarla defensiva, pero ante la presión del movimiento contra la guerra terminaron criticando la expansión de esta guerra.

También nos explica Sergio el nivel de corrupción que hay en el gobierno israelí y la difícil situación en que ha quedado tras el alto el fuego acordado con Hezbolá. Teme que la situación sea capitalizada por movimientos populistas de extrema derecha.

Como hemos quedado con él en la zona de bares de Jaffo, en la parte judía de la ciudad, decidimos seguir de copas para relajar toda la tensión acumulada con la visita a Hebrón. Entramos en un bar que podríamos asimilar a los que visitamos en Barcelona sino fuera por la pregunta que nos hace el vigilante de la puerta: ¿llevan armas?. Podría ser el típico bar modernillo de Barcelona, con el mismo tipo de gente (sólo vemos un cliente con kipá), la misma música sonando, el mismo ambiente nocturno, ... pero reflexionando te das cuenta que esos jóvenes que vemos charlando y bailando en el local pueden ser los mismos que estén mañana o pasado mañana en un control humillando palestinos o haciendo incursiones militares en los territorios ocupados. Se da uno cuenta de las grandes contradicciones de este país y de las nuestras mismas. Por una parte venimos a dar apoyo a los palestinos, pero son estos israelíes que vemos en el bar los más parecidos a nosotros, a nuestro estándar de vida. Por otro lado estamos en una local que parece europeo, pero si cruzamos dos calles hacia la derecha entramos en un barrio como el de cualquier ciudad árabe y si vamos dos calles más arriba encontramos a unos judíos que viven como si estuvieran en un gueto alemán o polaco de los años treinta. ¡Una locura!


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