José Fernando Mota Muñoz

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José Fernando Mota Muñoz – juliol de 2022


8 de agosto de 2006

por José Fernando Mota Muñoz


Hacemos un tour con Ayman Abu-Zulof de la ATG. Se trata de un palestino cristiano, con pintas de Jesucristo, melenas rizadas, barba cuidada y nariz aguileña, las mujeres del grupo quedan encandiladas con él. Más tarde sabremos que ha debutado como actor en la película "La última luna" de Miguel Littín. La primera parada que hacemos es para ver los estragos que está causando la construcción del muro y las carreteras militares que lo rodean. De momento aquí no ha llegado el cemento, hasta que llegue ese momento se han conformado con montar una valla cortante y electrificada, rodeada de arena, para que si alguien salta deje sus huellas, y seguida de la carretera por la que patrulla el ejército israelí. El muro se ha convertido en una nueva forma de confiscar tierras más allá de las fronteras de 1967, tierras donde se están instalando nuevos asentamientos para judíos, de hecho enormes barrios. El que divisamos, prácticamente finalizado, tiene viviendas para unos 13.000 habitantes y rodeando la zona árabe de Jerusalén hay ya instalados 180.000 colonos. El objetivo es separar Jerusalén este de las ciudades palestinas cercanas (Belén, Beit Sahour, Ramala, etc.) construyendo el muro y interponiendo asentamientos judíos. La confiscación lo es sobre todo de tierras de cultivo (en esta zona básicamente olivos), así que es también un ataque económico. Tras espantar al turismo, principal ocupación económica de la zona, se ataca a la agricultura, segunda fuente de ingresos de la región. Además habría que añadir el efecto que tienen las confiscaciones en el aumento del precio de la vivienda que ya hemos comentado.

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El muro pegado a las casas

El siguiente alto en la ruta furgonetera es el campo de refugiados de Dheisheh, inserto en la difusa trama urbana de Belén. En el campo viven 11.000 refugiados -es el segundo más grande de Cisjordania-, con las mismas problemáticas que hemos visto en los otros campos. En este campo las primeras casas que se construyeron, que sustituyeron a las tiendas de campaña, tenían una medida de tres por tres metros. En estos 9m2 se alojaba una familia, que en el caso palestino podía estar formada por bastantes miembros. Poco a poco, a medida que la población del campo aumentaba, se han ido construyendo casas más grandes y, como ya hemos visto en los otros campos, se les han ido añadiendo pisos encima. Las calles son estrechas, se aprovecha el poco terreno para construir, y encontramos zonas en reconstrucción, pues el campo fue bombardeado por el ejército israelí en el 2002. El campo está al pie de la carretera que une Jerusalén con Hebrón y durante la primera intifada los niños aprovechaban para lanzar piedras a los convoyes militares que pasaban. El ejército israelí decidió entonces vallar todo el campo, dejando una sola puerta que cuando había toque de queda, de 7 de la tarde a 7 de la mañana, quedaba cerrada, convirtiendo a los refugiados en prisioneros en su propio campo. Durante el toque de queda estaba prohibido incluso abrir las ventanas. Más de un refugiado murió tiroteado por militares israelíes por esa causa.

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Vista del campo de refugiados de Dheisheh

Tras la visita al campo nos toca la parte más turística del tour, la basílica de la Natividad, el supuesto lugar donde nació Jesús. Pasamos con la furgoneta por el casco antiguo de Belén, todo restaurado, con ayuda europea, curiosamente muchas calles tienen puesto el nombre en castellano, seguramente por la aportación económica que hizo la cooperación española a la restauración. Todo esta listo para recibir a peregrinos y turistas, unos peregrinos y turistas que huyeron tras la primera intifada y que no han regresado. Así que la mayoría de las tiendas mantienen sus verdes puertas cerradas y las pocas que abren tienen una muy escasa clientela. En la iglesia no hay ninguna cola, ni aglomeración para su visita. La iglesia fue primero una cueva sobre la que fue creciendo el templo, destruido y reconstruido. Su oscuro interior está bastante abandonado, quizás la parte bajo custodia católica está más cuidada, ya que seguramente recibió más fondos para preparar la visita papal que hubo en el año 2000. Impresionan los agujeros dejados por las balas israelíes en los muros de sus patios. Fueron tiroteados durante la segunda intifada por las tropas israelíes, cuando milicianos y población civil se refugiaron dentro para huir de la ocupación militar de Belén. Los tiradores no respetaron ni los mosaicos de la época de los cruzados. La iglesia fue rodeada por unas grúas, que hacían de atalaya desde la que el ejército israelí disparaba a los patios interiores del recinto. También elevaron unos globos con cámaras para vigilar el interior, la alta tecnología puesta, una vez más, al servicio de la represión.

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Belen: tiendas cerradas y la Natividad al fondo

Por la tarde visitamos la delegación de Belén, la primera que hubo, del Palestinian Prisioners’ Society, una asociación de ayuda a los presos políticos palestinos impulsada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP). El objetivo de esta organización es informar y defender a los presos políticos en cárceles israelíes y ayudar económicamente a sus familias. Su director, Basem Sbaih, nos explica, enfáticamente, acompañándose de golpes en la mesa, los duros interrogatorios a que se ven sometidos los detenidos, el maltrato que reciben en las prisiones, la indefensión jurídica que supone la existencia de la detención administrativa, una orden de detención, que puede ser firmada por cualquier mando del ejército israelí, sin pasar por ningún juez y por la que puedes estar seis meses en la cárcel sin juicio. Estos seis meses son prorrogables y se han dado casos de gente que pasó hasta 8 años en detención administrativa, sin ser juzgado. Actualmente esta asociación poco puede hacer económicamente pues dependen de la ANP, que sigue con sus finanzas bloqueadas.

Por la tarde retornamos a Jerusalén.


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