José Fernando Mota Muñoz

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José Fernando Mota Muñoz – juliol de 2022


10 de agosto de 2006

por José Fernando Mota Muñoz


Hoy toca de nuevo visita a Ramala, donde hemos concertado algunas entrevistas. De nuevo pasar el check-point, el soldado armado pidiendo papeles y la llegada al bullicioso centro de la capital administrativa de Cisjordania.

Nos entrevistamos primero con el representante de Defence for Children International, que nos narra la difícil situación de los niños presos. Son más de trescientos los menores encarcelados en prisiones y centros de detención israelíes que reciben el mismo maltrato que los presos adultos (palizas, vejaciones, etc.), son interrogados sobre sus familias, lo que viola la legislación internacional, y no reciben el tratamiento sanitario adecuado, de hecho una cuarta parte de ellos sufre algún tipo de enfermedad, sobre todo heridas de bala y metralla.

Por la tarde nos encontramos con el doctor Mahmud Sehwail, director del Treatment & Rehabilitation Center for Victims of Torture, un centro encargado del tratamiento a torturados y sus familias. Este amable doctor nos explica, en un perfecto castellano -ya que ha estudiado y vivido bastantes años en Zaragoza- las torturas que se aplican en las comisarías y prisiones israelíes a los detenidos palestinos y los devastadores efectos que tienen sobre ellos. Uno de los métodos más duros y peligrosos consiste en sujetar al prisionero por el cuello y zarandearlo con fuerza durante un minuto, es un método que no deja marcas externas, pero que ha producido alguna muerte en comisarías israelíes. También nos comenta como los israelíes han pasado de aplicar toscas torturas físicas a refinadas torturas psicológicas.

De nuevo salimos al ruidoso centro de Ramala. Nos vemos sumergidos en su mercado de fruta, que desprende un dulce olor, pero que es un inmenso griterío, con los comerciantes anunciando sus precios y ofertas a voz en grito. En el centro de la ciudad los bajos de los bloques son tiendas de todo tipo, a las que hay que sumar los puestos callejeros, lo que convierte esta zona en un bullicioso zoco al aire libre.

Paseando por las calles se puede ver bastante gente con la imagen del Che en camisetas y gorras, un símbolo de resistencia. Del Che se venden pósters en los puestos callejeros, al lado de los del asesinado líder de Hamás, el jeque Ahmed Yasín o del mismo Nasrallah, líder Hezbolá. Está mezcla política también se ve en puestos callejeros de libros de segunda mano, donde se pueden encontrar textos integristas o biografías del mismo Che Guevara, al lado de traducciones del "Mein Kampf" de Adolf Hitler.

Durante la visita también vemos lo que queda de la Muqataa, la sede del gobierno de la ANP, bombardeada por el ejército israelí cuando la habitaba Arafat. Ahora es un montón de ruinas sobre las que se distinguen algunas tiendas de campaña que acogen a policías y algunas dependencias administrativas, un gesto de resistencia más.

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Tiendas de campaña sobre los restos de la Muqataa de Arafat

A las 18 h. nos acercamos de nuevo a la concentración contra la guerra. Hay menos asistencia que a la de ayer, parece ser que al no estar convocada por partidos no moviliza a tanta gente.

El último encuentro del día es con Mahmoud Zyadeh, responsable del Democracy & Worker’s Rights Center (DWRC), fundada en 1993. El DWRC tiene como objetivo fortalecer a los colectivos de trabajadores organizados al margen del sindicato oficial, la Federación General de Sindicatos Palestinos (PGFTU) y del débil sindicato ligado a Hamás. Da apoyo a comités de empresa, estructuras de base, sindicatos independientes, mediante formación y asistencia legal. Tiene una visión política de izquierdas pero desde los intereses de los trabajadores, no desde la agenda de los partidos políticos. Para esta organización la lucha contra la ocupación y por un estado palestino no puede servir de excusa para postergar las reivindicaciones sociales y laborales, para ellos los derechos económicos y sociales deben ser un elemento central en la construcción del nuevo estado palestino. Nos explica que la PGFTU responde a las cuotas políticas que funcionan en la OLP, cada facción tiene su gran o pequeña parcela de poder. La dirección es escogida por los partidos más que por los afiliados. Ante está situación han ido surgiendo entre profesores universitarios y de secundaria, en el sector de salud, entre los parados, en telecomunicaciones, electricidad, etc. comités de base y sindicatos independientes al margen del oficial.

Para el DWRC los principales problemas laborales palestinos son el paro, que afecta, según sus datos, a más del 30% de la población, y la inexistencia de un salario mínimo, lo que hace que, por ejemplo, haya mujeres trabajando en la industria textil por menos de dos euros al día. Nos explica Mahmoud que el 90% de los puestos de trabajos son en empresas de menos de cinco trabajadores, que no tienen seguridad social. Tampoco hay ninguna ley sindical y sólo existen convenios colectivos en grandes empresas y el sector público. Desde el DWRC han ayudado a promover huelgas en demanda de reivindicaciones salariales en el sector sanitario. Precisamente en esos días estaban en lucha los conductores de ambulancias.

El DWRC recibe ayudas de algunas ONG y sindicatos europeos. Su modesta sede en Ramala está bastante alejada de las más suntuosas que hemos visitado instaladas en bloques de oficinas.

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Mural en Ramala

De vuelta a Jerusalén, en el control de entrada, al niñato armado de turno le da está vez por llevarse todas las tarjetas de identificación de los palestinos del autobús, los pasaportes de los extranjeros no. Humillación tras humillación. Tras una pequeña espera, mientras la policía los revisa, regresamos a la ciudad vieja.

Por la noche un helicóptero sobrevuela la ciudad con una gran foco. Pensamos que se pueda tratar de la vigilancia de la manifestación del día del orgullo gay, amenazada por integristas judíos y musulmanes (en eso si ponen de acuerdo). También nos enteramos que este mismo día el ejército israelí ha realizado una incursión militar en un barrio de Ramala. La dispersión de la ciudad es tal que nosotros, estando allí, ni nos hemos enterado.


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