CEPRID

Bolivia apuesta por la profundización del proceso de cambio en democracia

Adalid Contreras Baspineiro

Lunes 27 de octubre de 2014 por CEPRID

Alai

Los bolivianos residentes en Ecuador pudimos, por primera vez, ejercer nuestro derecho al voto fuera de las fronteras de nuestro país. Acompañé el conteo de los votos en la sede de nuestra Embajada en Quito, y la experiencia, más allá de los resultados, me reinstaló en las inolvidables jornadas electorales en Bolivia, donde los momentos del conteo suelen ser tan concurridos como los de la votación. Ubicadas codo a codo, las mesas electorales se arman de un pizarrón o un papelógrafo de fondo donde se registran uno a uno los resultados de cada papeleta de la manera más transparente y participativa. La lectura en voz alta del vocal y la validación del presidente de mesa se acompañan de un coro de ilusiones o desilusiones, voceando cada voto y cada cifra, hasta que una ovación saluda el triunfo de los ganadores y la jornada de todos los ciudadanos. Algo parecido (re)vivimos en el festivo y cívico domingo 12 en nuestra Embajada.

Horas más tarde de ese domingo 12, con la expectativa incrementada que produce la distancia, seguimos los acontecimientos saltando nuestra búsqueda televisiva entre Telesur y la CNN. Esta experiencia de zapping ratificó la certeza que los medios construyen sus propias realidades desde sus propias opiniones y las de los opinadores que entrevistan. Eran dos hablando de un mismo proceso, pero parecían dos hablando de mundos distintos. Entre las idas y venidas de uno a otro canal, minutos antes de la hora convenida para la divulgación de los resultados obtenidos a boca de urna, la CNN anunció la primicia: “Resultados a nivel nacional: El MAS de Evo Morales 49%, UD de Samuel Doria Medina 38%...”. No sé si luego en este canal se aclaró que estos datos correspondían al departamento de Santa Cruz y me imagino que se disculparon por el desliz tan propio de los estilos sensacionalistas.

Hacia la medianoche nos concentramos, con preocupación y decepción, en la vana espera de los prometidos datos oficiales que nunca llegaron. No sólo por el cambio conceptual del Estado Plurinacional a Estado Plurinominal, ni tan sólo por la promesa incumplida de la información oportuna, sino también por las observaciones de la OEA y de ex vocales de la Corte Electoral, así como el descontento ciudadano y de la totalidad de partidos que participaron en la contienda, desde la distancia asumimos que una jornada histórica como la vivida no se merecía los errores técnicos, administrativos y políticos del Tribunal Supremo Electoral. Nada debería empañar la voluntad popular expresada en las urnas.

La vocación democrática del pueblo boliviano

Es un hecho innegable: el pueblo boliviano tiene vocación y conciencia democrática. Su participación en procesos electorales es una muestra, acaso el rostro visible de una práctica organizativa arraigada en los sindicatos, asociaciones, centros y redes reivindicativas, que con el gobierno del Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), se han incorporado al campo político, formando parte del bloque de poder sin perder su propia constitución comunitaria, sino proyectándola en el rumbo de las políticas nacionales.

La población boliviana tiene hábito y memoria en el ejercicio de su derecho electoral, que además de diseñarlo pacífico, festivo y masivo, lo ha convertido en un acto incremental en la medida que le encontró sentido y correspondencia con sus desbordantes expectativas, unas veces estratégicas, con proyectos de país, y otras veces pragmática con esperanzas para superar sus condiciones concretas de vida, o acaso, mejor, ambas visiones juntas, combinándose. En realidad, la presencia de una u otra, o ambas, depende de los procesos históricos que dinamizan el momento de las construcciones democráticas. Hoy por hoy, la politicidad de las demandas ciudadanas está dependiendo de la capacidad de respuestas para las expectativas en la superación de la pobreza, para garantizar la inclusión y superación de la desigualdad neocolonial, y para legitimar haciendo sostenible la complementariedad economía-sociedad y sociedad del vivir bien, que resumen las reivindicaciones contenidas en la Constitución Política del Estado Plurinacional. Con esto, puedo afirmar que, hace tiempo ya, en Bolivia el voto ha dejado de oscilar en los aspectos formales del marketing electoral que suele jugar con imágenes de candidatos y sociedades fantasiosas. Con esto, puedo afirmar, que más que las promesas que construyen castillos en el aire, en el ejercicio del voto ha primado una evaluación pragmática y estratégica sobre la situación de Bolivia y sus proyecciones.

El voto en Bolivia es obligatorio y a esta condición se le suele atribuir sus bajos porcentajes de ausentismo. Acaso esto sea cierto en parte, pero es más evidente que el incremento de la participación, y la consecuente disminución del ausentismo, son productos del tránsito de una democracia pactada a otra participativa. Veamos algunos datos que argumentan lo afirmado: El año 1993, digitado por la megacoalición conformada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y la Acción Democrática Nacionalista (ADN), que permitió una sucesión rotativa de gobiernos de sus partidos miembros, la participación ciudadana fue del 72,16% y un proporcional 27,84% de abstención se arriesgó a las sanciones por incumplimiento de la obligatoriedad del voto. En ese tiempo de dominio del pacto neoliberal, parecía pesar más la desilusión manifiesta en los partidos tradicionales y su desempeño en el poder ejecutivo y el legislativo, que la obligación sancionaría. Es así que el año 2002, en elecciones también orquestadas por la megacoalición, los porcentajes no cambian sustancialmente y el ausentismo sube unos décimos colocándose en un 27,94%. La modificación de esta rutina empieza a operarse en el 2005, cuando el MAS aparece como una opción de gobierno con un programa que recoge las demandas centrales de las organizaciones sociales; pareciera entonces que para el pueblo boliviano el sentido del voto era, más que obligatorio, garante de sus esperanzas en cambios sustanciales; por eso la participación sube al 84,51% y la abstención baja al 15,49. Y ya en las elecciones del año 2009, en el marco de la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional, es decir de consagración legal de las demandas ciudadanas, los niveles de politización se profundizan, los ciudadanos bolivianos saben que cada voto vale y un inédito 94,55% de la población habilitada ejerce su derecho al voto, dejando la abstención en apenas un 5,45%. Este 2014, la participación superior al 90%, confirma la importancia de la vocación y conciencia democrática del pueblo boliviano.

Las elecciones del 2014 -pese a las fuertes críticas al Tribunal Supremo Electoral por errores que no puede cometerlos- han avanzando además en tres hechos de suma importancia: la ampliación del voto en el exterior a 33 países; la presencia de observadores nacionales y comunitarios además de los internacionales; y la posibilidad de una segunda vuelta con votación popular en el caso que ninguno de los partidos alcanzara el 51% de los votos, o un 40% además de 10 puntos de diferencia por sobre el inmediato inferior. La ampliación del voto en el exterior responde a una demanda añeja, al refuerzo de la identidad y al sentido integracionista de la democracia boliviana; los veedores nacionales y comunitarios amplían los procesos participativos; y la segunda vuelta con voto popular supera las componendas que se tejían en el Congreso con inexplicables pactos donde el interés del país se sometía al interés por la silla presidencial.

Una geografía electoral a la altura del Estado Plurinacional

Cuando se mira el mapa de la organización electoral en Bolivia, las primeras ideas que acuden para calificar su particular composición, son la originalidad y la complejidad. Es que ciertamente, se trata de una estructura entreverada que, sin embargo, lejos de enredar los procedimientos y representaciones, se pone cerca de la misma compleja formación social boliviana cimentada en su característica diversa de Estado Plurinacional.

En esta geografía compleja se dibujan los distintos ámbitos de elección. Por una parte, para un período de cinco años, se elige al binomio de Presidente y Vicepresidente. Y por otra, siendo la estructura legislativa bicamaral, se eligen 36 Senadores, 4 por cada uno de los 9 Departamentos en los que se divide el país; y 130 Diputados.

La elección de los Senadores está articulada a la del binomio Presidente – Vicepresidente; es decir, que el voto por el binomio arrastra el porcentaje de votos para los miembros de la denominada Cámara Alta, siguiendo el principio de proporcionalidad. En cambio la composición de la Cámara Baja o de Diputados es más compleja. Por una parte está compuesta por 60 representantes Plurinominales electos también por la cifra repartidora de la elección del binomio Presidente – Vicepresidente. 9 de estos Diputados, 1 por Departamento, representan al país en Organismos Supraestatales (Parlamento Andino, Mercosur, Suramericano, Indígena…).

Por otra parte, 63 Diputados Uninominales son electos directamente por la ciudadanía, en listas que representan a igual cantidad de unidades territoriales que se constituyen en base a la población y extensión y afinidad territorial con continuidad geográfica dentro de los límites departamentales. Además, se elige también de manera directa a 7 Diputados de Circunscripciones Especiales Indígenas Originario Campesinas (CEIOC).

Esta composición diversa, ya lo dijimos, refleja la complejidad del Estado Plurinacional, a la vez que posibilita la diversificación de la elección, saltando el voto “en plancha” que suele caracterizar a otros esquemas donde el voto por el Presidente arrastra la nominación de los distintos representantes legislativos. En este sistema complejo, la posibilidad del voto cruzado está abierta porque además de organizaciones políticas se eligen ciudadanos representantes de territorios definidos. Con este sistema, en un territorio específico uno puede ser el voto para Presidente y Vicepresidente y otro distinto para los representantes territoriales.

La distribución de legisladores por departamentos está sometida a una cifra repartidora que opera en función al número de habitantes establecido en el último Censo Nacional del año 2012. De acá resulta, para las elecciones del 2014, la siguiente distribución de Diputados por Departamentos: La Paz 29, Santa Cruz 28, Cochabamba 19, Potosí 13, Chuquisaca 10, Oruro 9, Tarija 9, Beni 8 y Pando 5.

De manera sumamente importante, la Ley Electoral establece además un criterio de equivalencia y alternancia de género, para garantizar listas legislativas donde hombres y mujeres tienen participación equitativa. En estas elecciones, el 52% de candidatos son mujeres.

La dinámica partidista, menos son mas

Las lecturas más optimistas hablan de un proceso encaminado hacia el bipartidismo. Es posible que no sea el momento para augurar este destino, pero es el tiempo para evaluar un proceso de autodepuración partidista que en la última década ha señalado estas cifras: en las elecciones del año 1993 participaron 17 binomios presidenciales; cuatro años después, el 1997, el número de frentes electorales se redujo levemente a 14; siguiendo en el tiempo, el 2002 participaron 11 aspirantes a la Presidencia; en las elecciones del año 2005 fueron 10; el año 2009 participaron 8; y este 2014 la depuración selectiva propuso 5 partidos.

En una rápida descripción de estos cinco grupos políticos, tenemos una historia de consecuencias y reconversiones. Veamos. El Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) que postula el binomio Evo Morales – Álvaro García Linera experimenta su tercera elección. La Unidad Demócrata (UD) tradicional agrupación de centro derecha desprendida originalmente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, postula al empresario Samuel Doria Medina y al ex Gobernador del Beni Ernesto Suárez. El Partido Demócrata Cristiano (PDC) presta sus siglas al binomio Jorge Quiroga, ex Vicepresidente del dictador Hugo Banzer y luego presidente representante de los núcleos oligárquicos de extrema derecha, acompañado por Tomasa Yarwi indígena del departamento de Chuquisaca. El Movimiento sin Miedo (MSM), ex aliado del MAS postula al ex Alcalde de La Paz Juan del Granado y la líder cruceña Adriana Gil, planteando radicalizar las políticas estatales. Y el Partido Verde de Bolivia (PV), desprendido del MAS con una inclinación ecologista, postula el binomio Fernando Vargas y Margot Soria.

Por esta composición tenemos al MAS como expresión oficialista; y una oposición heterogénea con una tendencia centro-derecha (Doria Medina), otra de extrema derecha (Jorge Quiroga) y dos más inclinadas a la izquierda (MSM y PVB), que nunca pudieron ponerse de acuerdo ni en un programa y menos en candidatos que se unan en un solo frente para dar lugar a una arquitectura electoral bipartidista. Esta posibilidad fue imposible para estas elecciones y seguirá siendo difícil en la nueva gestión legislativa. Hay intereses encontrados.

La depuración partidista contiene mutaciones de siglas que nos parece importante mostrarlas para entender la dinámica de la oscilación de los votos. Solo como referencia veamos cómo el año 2002, en pleno desarrollo de las políticas de ajuste estructural, los votos se concentraban mayoritariamente en la derecha, pero dispersándose en un sinfín de variantes o representaciones políticas. Para mencionar las principales, el MNR de Gonzalo Sánchez de Lozada, ganador de las elecciones en voto definitorio en el Congreso, alcanzó el 22,3% de los votos, NFR de Manfred Reyes Villa el 20%, el MIR de Jaime Paz Zamora el 16,3% y la ADN el 3,4% de los votos. Estos grupos aparecían dispersos a pesar de su similitud programática, con la certeza que sus individualidades se transformaban en una megacoalición neoliberal que operaba para la votación de desempate por simple mayoría en el Congreso, asegurando la rotación de sus gobiernos, y garantizando una distribución mistura de cargos en el manejo del aparato estatal. El año 1990 ganó por este mecanismo el MIR de Jaime Paz Zamora, el 94 el turno le correspondió a Sánchez de Lozada con el MNR, el 98 al dictador Banzer y el 2002 nuevamente al MNR de Sánchez de Lozada. Éste fue el último año de las componendas pactadas, porque el MAS de Evo Morales, surgido desde las organizaciones sociales disconformes con las medidas neoliberales que los empobrecieron en grado sumo, con un discurso antineoliberal y anticapitalista tuvo la osadía de salir segundo con un 20,9% de los votos, descomponiendo la normalidad neoliberal y su rutina rotativa de grupos de un mismo frente.

Entre el 2002 y el 2005 la emergencia popular estalla su descontento en múltiples demandas y sectores que se tejen en una reivindicación única y compartida, que cuestiona la raíz y estructura del modelo neoliberal. Las organizaciones sociales instalan la demanda de la nacionalización de los recursos naturales como su agenda reivindicativa, por la que lucha y gana protagonismo político provocando primero la caída de Goni Sánchez de Lozada y la sucesión presidencial por parte de Carlos Mesa; luego la ascensión de Rodríguez Veltzé que como recurso de superación de la crisis política convoca a elecciones el año 2005. En paralelo a la agenda de las organizaciones sociales, los grupos oligárquicos, especialmente de la denominada “media luna” compuesta por los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, bastión inexpugnable de la derecha, instala también la agenda de las autonomías regionales, que en algunos espíritus separatistas es leída como agenda de la soberanía e independencia regional.

Por esto las elecciones del año 2005 no son las mismas de las dos últimas décadas en las que partidos se turnan para administrar la privatización del Estado y su entrega al mando de las multinacionales. El 2005, el MAS de Evo Morales, que transforma en su programa la agenda de las nacionalizaciones, gana claramente con un histórico 53,72% de los votos, vaciando el voto raptado por la derecha hacia su movimiento. Una nueva cartografía electoral expresa las características de la democracia. La derecha se relega a un nicho del 35 a 40% distribuido en la extrema derecha representada por PODEMOS de Jorge Quiroga con un 28% de los votos y una tendencia de centro derecha liderada por Samuel Doria Medina que logra el 7,81% de los votos con la Unidad Nacional (UN).

En las elecciones del 2009 la tendencia que define la nueva cartografía se mantiene, el MAS de Evo Morales se consolida en el gobierno con el 64,22% de los votos ampliando su base electoral; pero la derecha mantiene su núcleo duro, puntos abajo, entre el 30 á 35%, esta vez distribuido entre Plan Progreso para Bolivia - Convergencia Nacional de Manfred Reyes Villa con el apoyo de la ADN de Jorge Quiroga, alcanzando el 26,46%, en tanto la UN de Samuel Doria Medina baja al 5,65%.

Estas tendencias, que se definen en el marco de la Constitución del Estado Plurinacional, legitiman un sistema político social en el que temas como la nacionalización de los recursos naturales y las autonomías regionales, que marcaron las fisuras que provocaron situaciones de crisis y una transición estatal a otro bloque de poder, quedan resueltas. Es por esto que en el 2014, los programas de los partidos de oposición no responden a otras propuestas de sociedad, sino a demandas con otro tono, porcentaje y ritmo en relación a los logros estatales. Así por ejemplo enfatizan como crítica y como necesidad políticas para enfrentar la inseguridad ciudadana, encarar acciones contra la corrupción, superar el extractivismo y la informalidad, promover la diversificación del aparato productivo, prever mecanismos de sostenibilidad productiva, y otros que tal como se los plantean parecieran no reconocer los procesos y avances alcanzados y que, tal como lo dijimos no representan programas de nuevas estructuras sociales sino variantes formales de la agenda gubernamental.

Resultados electorales: sin sorpresas, pero con novedades

Nos basamos en los cómputos oficiales del Tribunal Supremo Electoral, que al 18 de octubre publicó los resultados del 99,09% de las actas computadas, con estos resultados: El Movimiento Al Socialismo (MAS), liderado por el presidente Evo Morales, obtiene una victoria en primera vuelta con el 61,04% de los votos. Unidad Demócrata (UD), de Samuel Doria Medina obtiene el segundo lugar con el 24,49%, seguido por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) liderado por Jorge Quiroga con 9,07%, el Movimiento Sin Miedo (MSM) de Juan del Granado con 2,72% y el Partido Verde de Bolivia (PVB) de Fernando Vargas con 2,69%. Los votos válidos, según el TSE, suman el 94,19%, los votos en blanco 2,01% y los nulos 3,80%. El MSM y PVB, cuya magra votación se coloca incluso por debajo de los nulos, si no alcanzan al menos el 3% de los votos perderían sus personerías jurídicas.

Más allá de los números, estos porcentajes encierran tendencias que es necesario analizarlas para desentrañar la dinámica del proceso democrático explicable a través de las elecciones. De manera indicativa, para facilitar este ejercicio, vamos a separar dos grandes grupos: el gobierno y la oposición.

A nivel de gobierno, es decir la situación del MAS-IPSP, se observa en primer lugar que en relación al 2009 decrece en aproximadamente 3 puntos; pero sin embargo su poder político crece en extensión y en profundidad. Este crecimiento paradójico se explica en estos factores relacionados:

El MAS-IPSP rompe el poder de las oligarquías y de la derecha tradicionalmente enquistados en la denominada “media luna” que comprende los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. En las elecciones del 2009, había logrado ya ganar en Tarija y avanzar porcentualmente en los otros departamentos que, un año antes, el 2008, propiciaron un golpe “cívico-prefectural”, enarbolando las banderas de la autonomía cuando no de la independencia. Este 2014, reflejando la nueva distribución de poder, que representa una histórica transformación, Evo Morales gana en Santa Cruz, en Pando y en Tarija y queda segundo en el Beni sin embargo con un notable crecimiento que lo coloca muy cerca del primero donde gana la UD de Samuel Doria Medina de donde es oriundo Ernesto Suárez, su candidato a Vicepresidente.

Esta expansión que le concede al MAS el triunfo en 8 de los 9 departamentos, le permite crecer en el número de Senadores y Diputados, lo que podría provocar que alcance los dos tercios en el Congreso, con lo que garantizaría que para la aprobación de medidas legislativas no requeriría acudir a alianzas, sino a encaminar a la oposición a una tarea propositiva para profundizar los cambios que propone en democracia.

El elemento de fondo que explica esta expansión, radica en el hecho que en Bolivia se ha instalado un nuevo Bloque Histórico de Poder que trastoca la tradicional estructura semicapitalista que sostenía a las élites de la agroindustria, de la minería, de la ganadería, de un empresariado rentista de Estados prebendalistas y de una burocracia y ejército funcionales a sus intereses. El punto de bifurcación es la Constitución del Estado Plurinacional que establece un nuevo Bloque de Poder constituido por una coalición popular conformada por organizaciones sociales y una nueva intelectualidad; en torno a ellos un nuevo ejército y policía, y un empresariado con responsabilidad social y ambiental, diseñan una nueva correlación de fuerzas.

El Estado Plurinacional obedece a un cambio de paradigma con la vigencia del Suma Qamaña (Vivir Bien), que privilegia la vida en comunidad mediante el retorno al camino de la armonía y un sistema estatista-comunitarista que encamina importantes nacionalizaciones, así como políticas soberanas e integracionistas. El desarrollo de un Estado en transición visibiliza un cambio simbólico basado en la inclusión de una bolivianidad diversa, descentralizada y descolonizada; además de un cambio constitucional basado en la vigencia de los derechos humanos y de la naturaleza promoviendo la participación social.

Por el lado de la oposición, se destacan las siguientes tendencias:

La derecha decrece también unos puntos que la consagran en un promedio del 33% del electorado sin preferencias regionales claras. Es una derecha que tiene un corrimiento de la extrema al centro. Si recordamos las anteriores elecciones, el porcentaje entre uno y otro era proporcionalmente diferente al actual. Samuel Doria Medina oscilaba entre un 5 y un 7% de la preferencia y Tuto Quiroga y Manfred Reyes Villa entre un 28 y 26%. Ahora el PDC de Jorge Quiroga desciende al 9% y la UD de Doria Medina sube al 24%.

¿Qué explica este corrimiento? En gran medida, que los programas de gobierno de la oposición giraron en torno al del MAS, sin lograr plantear nada por fuera de la necesidad de la profundización, de la celeridad, de la eficiencia o de la mayor amplitud de las políticas de gobierno. Doria Medina supo explotar bien en su espacio esta posición intermedia, pero no logró dejar de ser oscilante cuando en el fragor de la campaña se sumó a los globos de ensayo que lanzaba don Jorge Quiroga, develando más una aspiración de restauración conservadora que de programa de gobierno. Un pasaje de coincidencias se produce cuando Doria Medina, replicando a Quiroga, propone devolverle a las empresas multinacionales hasta el 50% de regalías, siendo que la nacionalización propiciada por Evo Morales las dejó en un 20% de un anterior 80%. Acaso este planteamiento sea el único que señalaba atisbos de un nuevo orden social, o de una transformación estructural del sistema estatal y que podía haber definido una oposición con proyectos comunes a una derecha que en Bolivia ha sido minimizada.

Samuel Doria Medina sube 18 puntos en relación a su anterior votación. Para su propia historia partidista es un porcentaje importante porque como ya lo dijimos, cataliza los votos que antes los detentaba la extrema derecha. Con esta votación logra colocarse en una situación expectante para nuevos procesos electorales regionales y municipales, que sin duda será el ámbito en el que la oposición intente reconstruirse. Para su incidencia en la profundización de las políticas estatales, o un pretendido rol fiscalizador, su participación tendrá que reconvertirse de contestaría en propositiva.

Si logra superar el 3% y no se elimina del padrón electoral, el Partido Verde liderado por Fernando Vargas, podría encaminar las aspiraciones de la opción ecologista que en sus extremos no encuentra asidero en las políticas estatales. Sorprende la baja votación del MSM, que ganó holgadamente la Alcaldía de La Paz donde tiene un buen desempeño. El candidato, Juan del Granado, es un reconocido ex Alcalde y abogado que enjuició al dictador García Mesa. Acaso la frustración de esta tendencia electoral esté relacionada con el hecho que las elecciones regionales y municipales son un síntoma, pero no un indicador de las elecciones presidenciales. Los criterios de la elección ciudadana, en procesos de cambio que están encaminando otros destinos estratégicos más allá de los cotidianos, son distintos.

¿Cómo se explica el amplio triunfo del MAS-IPSP?

La explicación al contundente triunfo del MAS-IPSP hay que buscarlo más allá del proceso y más aún de una funcional campaña electoral. El resultado de las elecciones es el resultado de una evaluación de los nueve años de gestión del binomio Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera y de las posibilidades de profundización de la revolución democrática y cultural. Esta la clara victoria desmiente las corrientes que afirman un desgaste natural de los procesos largos, cuando en realidad los desgastes son producto de los resultados y naturalmente, de los criterios cada vez más críticos y exigentes a medida que pasan los años de gestión gubernamental, en la medida que las expectativas ciudadanas van ganando también en profundidad y alcance.

Entre las razones más visibles para la victoria del MAS-IPSP están la hegemonía de un nuevo bloque de poder conformado por las organizaciones sociales; el buen manejo de la bonanza económica; el carácter social del manejo de la economía; la ampliación de la participación en las políticas públicas; y la propuesta programática de largo alcance.

Ya mencionamos que la transformación del bloque de poder cuenta con la participación militante de las mayorías ciudadanas organizadas en movimientos sociales, conformando un bloque popular que instaura un gobierno de los movimientos sociales. Ciertamente, el MAS no es un partido en sentido estricto, sino una gran coalición de una diversidad de organizaciones que se aglutinan en la Coordinadora Nacional de Movimientos Sociales para el Cambio (CONALCAM), que ejerce un sui generis sistema de cogobierno y control político-social.

Evo Morales Ayma, que proviene de estos sectores y sigue perteneciendo a ellos, con acierto desarrolla su mecanismo gubernamental bajo la consigna de “mandar obedeciendo”, que en realidad se diseña en una permanente relación de escucha con las organizaciones sociales en sus propios territorios, para definir desde allá políticas sectoriales y nacionales.

La adecuada gestión de la bonanza económica se basa en la nacionalización de los recursos, la redistribución del ingreso con creciente participación del Estado en la economía y un marco institucional que favorece la remuneración al trabajo articulados a la recuperación de la capacidad para decidir soberanamente políticas públicas en un marco de estabilidad política.

En la gestión del MAS se alcanzan significativos logros económicos. Para muchos analistas esto es producto de las características del mercado internacional y los altos precios para las materias primas. Esto es en parte cierto, digamos como contexto favorable, porque la clave para el crecimiento económico se encuentra en las características de las políticas internas, particularmente la nacionalización de los hidrocarburos. Hasta el año 2005 el reparto de la renta gasífera y petrolera dejaba en manos de las transnacionales el 82 % de lo producido mientras que el Estado captaba apenas el 18 % restante, con Evo Morales esa relación se invierte y posibilita de este modo que el PIB pase de 9.525 millones de dólares en 2005 a 30.381 en 2013, o que el PIB per Cápita salte de 1.010 a 2.757 dólares entre esos mismos años. En el período de los gobiernos neoliberales las cuentas fiscales estaban sometidas a un déficit crónico en tanto el superávit para el 2013 es de 14.430 millones de dólares en reservas internacionales; este mismo año se constata un incremento del gasto fiscal en 26% y una disminución significativa del discrecional gasto corriente; en tanto se mantiene la inflación en un dígito (6,11)

Con estas medidas y logros Bolivia se genera no solamente un crecimiento con complementariedad, sino que también se construye un colchón que le permitirá afrontar nuevos y mayores desafíos que no dependan solamente de los precios favorables de las materias primas, porque el manejo del mercado internacional tiende a empujar a la reprimarización de la economía, en tanto Bolivia, a contracorriente, se ha propuesto cambiar la matriz productiva impulsando procesos de industrialización y sustitución con desarrollo tecnológico endógeno. Acometer un desafío de esta naturaleza en Bolivia supuso desarrollar un modelo económico social comunitario y productivo que promueve la superación de la economía de mercado, así como del saqueo de los recursos naturales.

Así mismo, el modelo estatal impulsa un desarrollo equilibrado con estabilidad política y crecimiento económico basados en las nacionalizaciones y diversificación productiva, donde la recuperación de un rol protagónico del Estado en la economía marca los procedimientos para el manejo de la reactivación de la demanda interna; un incremento en los ingresos; la generación de empleos; el incentivo del ahorro y la diversificación económica potenciando áreas estratégicas como energía, producción industrial, artesanal, alimentaria, conocimiento; y la industrialización y promoción de la MIPYMES, de las empresas estatales y de las privadas, incrementando las exportaciones de productos con valor agregado que se promueven con un incentivo al desarrollo tecnológico.

Otro factor que juega a favor del favoritismo electoral por el MAS-IPSP, es el desarrollo de una economía con carácter social basada en el incremento de la inversión pública de 600 millones a 6 mil millones de dólares y de la inversión social en 500%. Esta base se complementa con la redistribución equitativa de la riqueza con resultados en la reducción de la pobreza desde un 38% en el 2005 hasta un 20% el 2014; así como la reducción de la desigualdad que el año 2005 estaba en 128 veces entre el sector más rico y el más pobre, bajando 46 veces en el 2014. Por otra parte, el desempleo urbano se reduce del 8 al 3%; el salario básico sube de 63 á 169 dólares mensuales; Bolivia es declarada país libre de analfabetismo en el 2008; la ampliación de servicios básicos y de salud es significativa y el ingreso per cápita anual sube de 1735 a 2800 dólares.

En relación a la ampliación de la participación, ésta es en realidad una condición para la autotransformación nacional en democracia, puesto que ésta debe perfeccionar procesualmente su representación desde la complejidad institucional y comunitaria de las diversidades regionales e indígenas, propugnando la unidad nacional y la construcción de una ciudadanía intercultural. En este camino, el MAS-IPSP debe progresivamente construir alianzas cada vez más amplias. Entre éstas, se debe destacar el acercamiento al empresariado nacional y a actores importantes de la dirigencia regional ampliando su círculo de adhesiones políticas. En definitiva, para las elecciones del 2014 el MAS-IPSP es un esquema que se presenta abierto a la confluencia de electores más heterogéneos y diversos territorial e ideológicamente.

Finalmente, otra razón que explica la contundente y amplia victoria del MAS-IPSP, es su proyección programática y estratégica con una propuesta al 2025 (año del Bicentenario de la Independencia), superando de lejos –a diferencia de los otros partidos- el cumplimiento de un programa electoral para el 2014.

En efecto, la estrategia programática del MAS responde al dinamismo histórico del proceso de cambio que sigue una línea incremental en los alcances, densidad y profundidad de sus propuestas. Sólo de modo indicativo, señalemos entre otras metas al 2025: la reducción de la extrema pobreza al 2% y de la pobreza al 15%; la industrialización de los recursos naturales superando el extractivismo en gas, minerales, litio y alimentos; la universalización de los servicios básicos y de infraestructura; la concreción de una economía del conocimiento, la ciencia y la tecnología; la profundización de la agenda del Vivir Bien o de desarrollo armónico con respeto a la Madre Tierra; la conversión de Bolivia como potencia continental energética; y la consolidación de la integración continental en función del Vivir Bien de los pueblos y la paz continental.

De aquí para adelante

Un nuevo contexto internacional atenta contra la prosperidad y nuevas fuerzas regresivas aspiran a una restauración conservadora de las fuerzas del capitalismo. La economía mundial quisiera eternizar nuestro continente en procesos de reprimarización de la economía. Los precios de los minerales están de bajada, así como los del gas y el petróleo. Y Obama anuncia un plan para promover la formación de nuevas organizaciones.

Se trata de un contexto en el que el gobierno del MAS-IPSP tiene que seguir profundizando el proceso de cambio, haciéndolo sostenible, pero atendiendo al mismo tiempo las demandas que empezarán a surgir de los sectores más afectados por el nuevo entorno económico mundial. Bolivia está en mejores condiciones para afrontar estos contextos adversos. Hasta ahora, el proceso de cambio se evalúa comparativamente en relación al pasado neoliberal. A partir de ahora tendrá que aprender a mirarse más en sus propias metas, con resultados en un contexto que requiere como condiciones para su profundización mayor celeridad y la ampliación de la unidad y de la participación nacional, con la misma energía que el fortalecimiento de los esquemas de integración continental. Bolivia está en camino.

Adalid Contreras Baspineiro. Sociólogo y comunicólogo boliviano. Ex Secretario General de la CAN.


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